Reseña: Final Fantasy VII Remake – Valió la pena toda la maldita espera

| 14 de abril de 2020

Lo confieso: me compré un PlayStation 4 para jugar el remake de Final Fantasy VII. Claro, he disfrutado de muchos otros juegos, pero, desde que supe que se haría este remake, corrí a comprar la consola para poderlo jugar. Eso fue por ahí de 2015. Cinco años después, cinco años de estar pendiente de las noticias sobre su lanzamiento, por fin pude jugarlo… y debo decirlo: valió toda la maldita espera.

De vuelta en Midgar

(Square Enix)

Volver a Midgar en 2020, tras tantos años de expectativa, me generó cierto recelo. El hecho de que el remake de Final  Fantasy VII esté dividido en varios juegos me hizo tener mis suspicacias. Aunque algo de mi inquietud se tranquilizó cuando Square Enix nos invitó a probar el demo, ciertas dudas persistieron.

Llegó la hora de la verdad y estar de nuevo en Midgar fue mejor de lo que esperaba. Lo más sorprendente de este remake de Final Fantasy VII es lo particular que es. En medio de una serie de elecciones de adaptación un tanto extrañas, su mayor éxito es hacer que el escenario y los personajes de esta historia mítica se sientan más humanos que nunca.

Como bien recordarán los que ya jugaron el juego de PlayStation 1, Final Fantasy VII nos cuenta la historia de Cloud Strife, un ex-SOLDIER que se ha convertido en mercenario. Strife se une a Barrett, Wedge, Biggs y Jessie, miembros del grupo ecoterrorista Avalanche, para destruir un reactor en la ciudad de Midgar. Los dueños corporativos de Midgar, Shinra, han creado una fuente de energía utilizando la corriente de vida (Mako), la fuerza vital mágica del planeta, y el objetivo de Avalanche es detenerlos a como dé lugar. Pero, pronto, nos damos cuenta que la experiencia será muy diferente a la del juego de 1997.

Esta adaptación se desarrolla enteramente en Midgar. En vez de pasar 40-50 horas recorriendo todo el planeta, ese tiempo lo invertimos en la ciudad en la que todo está ampliado y mejorado visualmente. Y ese es un aspecto esencial que debemos resaltar: las gráficas son de lo mejor que se puede ver en cualquier juego de esta generación.

Sin embargo, a pesar de la calidad gráfica y de que Midgar, Shinra y Avalanche son dignos de la atención que reciben, el enfoque tiene un efecto negativo: disminuye la escala épica del original. Aunque, como pasa con el Final Fantasy VII de PS1, esto se siente como una parte reflexiva y sustancial de una historia más grande. Así que es importante recordar que Final Fantasy VII ya era una franquicia antes del remake (Before Crisis, Dirge of Cerberus, Crisis Core, Advent Children, Last Order), para no sentir que Square nos  está timando con varias entregas de un mismo juego.

Ahora bien, donde notamos el cambio más radical, es en el gameplay.

Final Fantasy VII a la Kingdom Hearts

(Square Enix)

Aquí es donde Square Enix decidió tomar la decisión más valiente: tomó un juego de rol con un sistema de combate por turnos y lo ha convertido en un juego de acción en tiempo real, sin quitar del todo la sensación del original.

Con un sistema similar al de Kingdom Hearts, tenemos un medidor de Active Time Battle (ATB). Cuando este se llena después de que causemos daño, recibamos daño o bloqueemos el daño, podemos poner la batalla en cámara lenta para: lanzar magia, usar habilidades, usar ítems y más.

Es un sistema de combate gratificante y cargado de adrenalina. En ocasiones podemos destruir a base de puro poder. Pero habrá batallas en las que vas a necesitar ser mucho más estratégico, pausando el combate en momentos exactos para aprovechar los patrones de ataque y las debilidades del enemigo.

No es un gameplay prefecto, claro está. La cámara llega a dar problemas porque hay enemigos que se pierden de nuestro campo de visión. También es frustrante cuando los enemigos interrumpen acciones. Así, la mayoría de los ataques enemigos interrumpen acciones como la curación y el uso de objetos. Esto puede ser frustrante y a veces hace que las batallas se sientan impulsadas por la suerte.

Algo que también se siente extraño es el sistema de materia. Y es que, a diferencia del primer Final Fantasy VII, aquí se beneficia más el uso de ataques que el uso de la magia que nos brinda la materia. Esto limita un poco el valor de la magia y de la materia y hace que pierda encanto estar invirtiendo tiempo en las combinaciones.

Aún así, el cambio del gameplay es un acierto. La dificultad existe. Y estas dinámicas nos ponen a pensar en estrategias. Además, sumado al gran diseño del juego, el aspecto visual de los combates es simplemente hermoso.

No todo es maravilloso

(Square Enix)

Si bien el remake de Final Fantasy VII es mejor de lo que pensé, tiene ciertos aspectos que pueden molestar a algunos puristas del juego, y no sin razón. Por ejemplo, era un buen momento para mejorar a Barret, que 20 años después sigue pareciendo una copia de Mr T. Mientras que Biggs, Wedge y  Jessie se vuelven más entrañables, Barret sigue siendo un estereotipo de los afroamericanos que le resta un poco a la profundidad que le dieron a los demás personajes.

Otro aspecto problemático es que Final Fantasy VII pierde un poco la tensión que existía en todo el juego de 1997. Hay partes del juego que pueden aburrir a algunos. Además, algunos nuevos personajes (los NPCS) no aportan realmente demasiado a una historia que en ocasiones se siente tediosa. Probablemente ese sea el mayor problema con la historia: la falta de consistencia. Hay ciertos detalles relacionados con Sephiroth que se sienten forzados y hasta un poco incómodos. Asimismo, hay partes en las que se nota que no se les ocurrió como estirar la historia. Entran entonces en juego artilugios bastantes desagradables, que se notan como fórmulas torpes y deliberadas para alargar lo más posible el juego.

De cualquier forma, cuando todo está en orden, el remake de Final Fantasy VII  es grandioso. Así, a pesar de los baches en la historia y algunas torpezas en la cámara, éste es un remake mucho más digno de lo que podía esperar. Tanto comer ansias tuvo recompensa y, hay que decirlo, nada nos va a quitar el gusto de volver a pasear por los caminos de una fantasía interminable que siempre nos ha dado tanto.

(Square Enix)

Lo bueno
  • El aspecto visual es increíble
  • El poder disfrutar de Midgar
  • Algunos personajes reciben el desarrollo que merecían
  • Un gameplay moderno con toques de antaño
  • Una buena dificultad
  • Cuando la historia no está siendo forzada, el juego es un 10
  • Ese final
Lo malo
  • Desaprovechar la oportunidad con Barret
  • La cámara puede complicar algunas batallas
  • La materia pasa a segundo o tercer plano
  • La historia, cuando está forzada, puede ser tediosa y lineal
  • No poder usar a Red XIII
Veredicto

Final Fantasy VII: Remake cumple con las expectativas y, en sus momentos más altos, sobrepasa todo lo que esperábamos de este juego. El aspecto visual del juegos es maravilloso, con unas gráficas increíbles que no le piden nada a cualquier otro juego en cualquier consola de esta generación. Los cambios en el gameplay son en su mayoría positivos, aunque la materia queda un poco relegada… y echamos eso de menos.

Se agradece que nos permita conocer un poco más de Midgar, aunque la exploración sea limitada y lineal cuando nos acercamos al final. También, los detalles con Sephiroth o los artificios para estirar el juego pueden resultar incómodos o aburridos.  Sin embargo, la  historia se sostiene para darnos un Final Fantasy VII que es digno del original.

No sabemos cuántas entregas tenga planeadas Square Enix. Y no sabemos cuánto Final Fantasy nos quede por disfrutar. Sin embargo, el simple hecho de que genere esta incertidumbre demuestra que Final Fantasy VII: Remake agitó las inquietudes correctas. ¿Será un juego que genere un impacto como lo hizo hace más de 20 años?

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