Por fin se estrenó la anticipada nueva adaptación de Los 4 Fantásticos. Y no tardaron en llover las críticas: Rotten Tomattoes la tiene en una puntuación más baja que Pixels –para que midan las aguas– y todo sitio geek ha prendido alarmas altisonantes por la nueva propuesta de Marvel.

Como no queremos quedarnos atrás en esta larga letanía de mentadas de madre –unas más justificadas que otras– les queremos compartir aquí nuestra opinión de una película que empieza con toda ambición y que se va derrumbando en su caótico e impreciso descenso hacia el sinsentido irrespetuoso.

Alguna vez hubo esperanza

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La premisa de Fantastic Four toma muchísimo de la serie Ultimate Fantastic Four que publicó Marvel hace más de diez años bajo la tutela de Brian Michael Bendis (Old Man Logan), Mark Millar (Chrononauts) y Adam Kubert (The Amazing Spider-Man: Renew Your Vows). Y claro, esta serie tuvo una recepción bastante buena aunque siempre se comparaba, para su desventaja, con esa época maravillosa de Marvel en que tantos personajes fueron creados y Stan Lee hacía un equipo invencible con el mítico Jack Kirby. La premisa de esta serie tenía a los mismos personajes legendarios pero que, como es el caso común de los reboots de Ultimate, aparecían mucho más jóvenes y con una historia de fondo radicalmente distinta. Aquí no tenemos al Ben Grimm piloto que es empujado por Reed Richards y su enamorada Sue Storm para pilotear una nave que se encuentra con rayos cósmicos, sino a un muy joven Reed que llama la atención de mandos militares en una feria científica de primaria por crear una forma de teletransportación que utilizaba un portal hacia otra dimensión.

Así que 20th Century Fox trajo a un grupo de guionistas para darle forma a esta adaptación basándose mucho en Ultimate y algo más en las corridas recientes de los personajes, sin dejar de lado, en principio, los increíbles orígenes de los personajes que pusieron a tono Kirby y Lee allá en los gloriosos sesenta. En algún momento de la producción todo sonaba increíble y parecía que esta adaptación iba a ser definitiva, dejando atrás los últimos bodrios, las tremendas actuaciones anteriores, los malos chistes, al Capitán América en llamas, a Jessica Alba púdicamente encuerada y a Galactus convertido en roca parlante. Se decía incluso por ahí que la película tendría mucha influencia del body-horror clásico del maestro Cronenberg en una producción que resultaría en algo así como una mezcla de Spielberg con Tim Burton (¿?).

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Todas las piezas estaban ahí para crear un gran reboot para personajes muy queridos a los que el cine les había hecho poca justicia.

Aunque la parte de Cronenberg emocionaba, eso de la mezcla de Spielberg con Burton empezó a causar serias dudas. Y cómo no. Pero bueno, salieron los primeros tráilers y todo parecía tomar buena ruta: había misterio sobre Dr. Doom, se empezó a hablar de un crossover con los X-Men, el legendario compositor Phillip Glass (The Hours) se unió al asunto y los críticos sintieron ese viento fresco de optimismo que, por profesión, nunca parece bastarles. También servía para calmar las aguas el hecho de que contrataran a un joven director como Josh Trank, que había hecho una espectacular entrada al mundo de la ciencia ficción independiente con la sorprendente mezcla de Akira y problemas hormonales de adolescentes americanos en found footage que fue Chronicle (2010). El elenco también era bueno: compuesto principalmente de jóvenes actores probados como Kate Mara (House of Cards), Milles Teller (Whiplash), Jamie Bell (Nymphomaniac) y, claro, el polémico nuevo Johnny Storm, Michael B. Jordan (Chronicle).

Todas las piezas estaban ahí para crear un gran reboot para personajes muy queridos a los que el cine les había hecho poca justicia; todos esperaban con ansias la continuación de los éxitos de Marvel después de los logros taquilleros y críticos que fueron Guardians of the Galaxy, Avengers: Age of Ultron y la increíble Ant-Man. Y bueno, no sé qué fue lo que pasó, pero en el camino algo falló desastrosamente. Esta película empieza con buenas intenciones, siguiendo más o menos a la letra los primeros números de Ultimate Fantastic Four y creando el ominoso aspecto de una dimensión paralela cada vez más al alcance de la mano. Pero de pronto la historia de origen se alarga sin consecuencias, los personajes no logran crear ninguna empatía y ninguna profundidad de carácter, la película se pierde en las marañas de un guión deficiente y lleno de errores hasta llegar a un desenlace rápido, inconsistente, flojo y banal que, francamente, nadie esperó tan desastroso.

Una realización maltrecha

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Dentro de las muchísimas críticas que se le pueden hacer a esta película voy a empezar por las cosas más superficiales. Digo, uno va a ver una película de superhéroes de verano, un esperado home run taquillero que, por lo menos, te va a hacer atragantarte palomitas a lo lindo mientras disfrutas de acción alocada y efectos especiales alucinantes. Pero de pronto, llegas a ver esta película y no te encuentras con ninguna de estas esperadas necesidades del blockbuster a las que nos tiene acostumbrados Marvel: la acción en esta película es casi nula y los efectos son, por decir lo menos, mediocres. Digo, ya preferir al Ben Grimm convertido en roca parlante de la película que se estrenó hace diez años quiere decir que algo salió terriblemente mal. Y todo viene de terribles errores de un diseño bastante poco arriesgado, poco inventivo y, sobre todo, previsible: ni la Antorcha Humana, ni los poderes de invisibilidad de Sue Storm, ni los brazos flexibles de Reed Richards apantallan en lo más mínimo; no se puede resaltar una sola escena en que un fanático pueda gritar de emoción viendo a Mr. Fantastic enrollado con todo su elástico cuerpo encima de un alocado Grimm.

Y el diseño se pierde también en muchas otras cosas: el mundo paralelo es un desierto que brilla en la oscuridad y que tiene muy poco de las ominosas luces rojas que vemos en Ultimate; las máquinas de Richards son terriblemente sosas; los vestuarios aburridos y, lo que es muchísimo peor, el Dr. Doom parece un muñeco de cera mal encarado que no intimida en lo más mínimo. Y bueno, si todo lo demás se puede perdonar, ¿por qué no se ve un verdadero esfuerzo de diseño en los personajes? ¿Acaso no reposa todo en la forma espectacular en que llegan a la pantalla? ¿Nadie se rompió el cráneo para crear un aspecto nuevo e intrigante de Doom (como las mecánicas patas de cabra que muestra, lustrosas, en Ultimate)?

Y, más allá, la música de Glass se pierde completamente en el contexto sin llegar a causar ningún efecto emotivo en la audiencia. Claro, no le tiro la culpa directamente al mítico compositor que nos ha regalado tan tremendos soundtracks, sino a la dirección poco imaginativa de Trank que logró volver una adaptación enfocada en los personajes en algo completamente unilateral y soso. Ya para que parezca que Kate Mara está sobreactuando totalmente fuera de su ambiente, quiere decir que algo está muy mal en el apartado de dirección de la cinta. Teller quiere salvar el asunto, pero esta versión de Reed Richards es tan poco intrigante, tan moralmente floja, tan vacua que no logra levantar el asunto a pesar de todos sus bienintencionados esfuerzos. Y no hay nada que decir de los personajes de Bell y Jordan: la Antorcha Humana y Ben Grimm son aquí puro relleno sin consecuencia, sin profundidad y sin la comicidad necesaria que caracterizó siempre a estos personajes.

Una trama irrespetuosa y sin sentido

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Si algo caracterizaba a los cómics de Kirby y Lee, y a las posteriores rendiciones de sus personajes, era la enorme tensión que existía entre Richards y el enemigo número uno de los Cuatro Fantásticos, el temible Victor von Doom (o Von Damme en Ultimate) convertido en Dr. Doom. Mientras que Richards es el estereotipo mismo del científico comprometido, del genio inventivo pero ético, del poderoso hombre de ciencia que da todo para salvar al prójimo desprotegido, von Doom es el Latverdiano (¿se dirá así el gentilicio?) resentido, solitario y patán al que sólo le importa su propia fama, su propio poder, el amor que no tuvo de niño transformado en misantropía destructiva. Pero aquí esta tensión es inexistente o nula. La caracterización de Victor es de lo más pobre, su confrontación con Richards se limita a un intercambio de borradores sobre un pizarrón y una tensión inconsecuente en la pelea por el cariño de Sue Storm. Y esta confrontación, al centro mismo de la creación de Los 4 Fantásticos y del némesis de Richards es algo constante en los cómics, algo primordial y evidente que cae aquí en el completo sinsentido.

Este sinsentido se puede confrontar aún más allá: al final de la cinta, von Doom explica que no estará satisfecho hasta que la Tierra deje de existir y él quede solo en el planeta-dimensión que lo adoptó violentamente. Entonces, ¿hizo todo por resentimiento y fama para luego ser rey del desierto? ¿Quiere venganza y reconocimiento sin siquiera molestarse por revelarse al mundo y gritar su plan macabro? ¿Busca aniquilar a todos para que le aplaudan las rocas? Las inexplicables motivaciones de este Dr. Doom se suman a sus inexplicables poderes. Al principio vemos que puede manipular la materia por una telequinesis bizarra que lo lleva a una secuencia más del sonado pasillo de Elfen Lied que retomó también Besson en Lucy: camina sin molestarse mucho por las balas haciéndole explotar el cerebro a quién se le ponga enfrente. Pero después parece no tomar mucha ventaja de este poder explotador de caras y confronta a Los 4 Fantásticos aventándoles piedritas. ¿El hombre de poder infinito que puede alimentar agujeros negros y reventar cerebros a voluntad decide enfrentarse a cuatro poderosos enemigos con rocas? ¿A nadie le parece completamente extraño esto? ¿A nadie se le ocurrió algo mejor para ese anticlimático desenlace?

Y los problemas del desenlace sólo son un remanente de los problemas en otras partes del guión. Como dije antes, si algo caracteriza a Reed es su integridad ética como científico. Y claro, en un pequeño diálogo de lo más acartonado tenemos a Richards diciéndole a Sue que él no está en esto por la fama sino por ayudar a la humanidad. Con todo y todo, a pesar de su noble corazón, el científico más éticamente responsable decide, después de unos cuantos tragos de whisky en la pacha más pequeña del planeta, subirse a su máquina para ir a explorar una dimensión desconocida. Y, es más, le llama a su amigo de infancia que no tiene ningún tipo de entrenamiento para que, en su noche de juerga, se suba a bordo de su máquina considerablemente peligrosa. Ya no digo que Reed entendería las razones que tiene la NASA para formar equipos en los que cada individuo tiene un papel fundamental (los programadores programan, los ingenieros construyen, los físicos calculan y los astronautas ejecutan), porque eso sería, en toda lógica, evidente. Pero aquí Richards se pasa por el arco del triunfo todo protocolo y, sin mayor empacho, hace una travesura juvenil en una borrachera mal emplazada que arriesga la vida de las personas que más quiere… y la de toda la humanidad, ya que estamos en esas.

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La caracterización de Victor es de lo más pobre, su confrontación con Richards se limita a un intercambio de borradores sobre un pizarrón y una tensión inconsecuente en la pelea por el cariño de Sue Storm.

Esta historia de origen no tiene entonces el elemento del error humano o de la curiosidad científica desbordada sino de la pura inconsecuencia juvenil y la irresponsabilidad del científico que, en todas sus caracterizaciones, es el más responsable del universo Marvel. Tony Stark puede ser un prepotente descuidado, Hank Pym puede estar totalmente amolado de la cabeza por sus complejos de inferioridad (¡ja!), pero Richards siempre fue conducente, responsable, pausado y eminentemente ético: es el tipo que sigue en todo las reglas. Entonces, ¿qué pasó aquí? ¿A quién se le ocurrió pervertir así al personaje? ¿Quién fue el genio que pensó que así se podría crear la tensión siempre necesaria entre Doom y Mr. Fantastic? No tengo idea de lo que quisieron hacer en este guión pero algo me queda absolutamente claro: esta caracterización no nada más es mala y sin sentido, sino que está muy cerca de la falta total de respeto hacia un personaje que tiene cincuenta años de existencia y una larga serie de personificaciones que mantienen la misma línea de carácter.

Y las otras inconsistencias no son menores. Aquí se representa a Ben Grimm como un pobre tipo golpeado por sus hermanos que no tiene gran cosa que hacer en la vida más que seguir a Richards. Porque Grimm no tiene, en esta adaptación, ninguna personalidad propia, ningún talento (ni piloto, ni atleta) y, al parecer, ni una pizca del orgullo digno mezclado con el humor ácido que siempre lo caracterizó. En un momento incluso ponen a Grimm encerrado en la prisión militar que lo contiene (quién sabe cómo) acatando órdenes de generales y matando a más de 57 personas en cada misión encubierta. ¡Háganme el favor! Y bueno, quieren justificar este cambio radical del personaje mediando la idea de que sólo acata órdenes porque le prometen la cura a su condición… aunque después él mismo admita que nunca tuvo esperanzas de curarse. Entonces ¿por qué anda matando cristianos como si fueran enchiladas? ¿Por qué deja toda voluntad propia? ¿Por qué se resiente con Richards si él mismo eligió este camino?

Así se desarticulan todas las tensiones fundamentales que funcionaron durante tantos años en el cómic: no hay tensión real entre Reed y Ben que se pueda explicar, no hay tensión real entre von Doom y Richards, no hay tensión sexual entre Sue y Mr. Fantastic, no hay relación conflictiva entre La Mole y  la Antorcha Humana (fuera de un terrible chascarrillo al final de la película). Sin todas estas tensiones que caracterizaban el funcionamiento interno de este grupo de superhéroes (como la tensión entre Stark y Capitán América lo hace en los Avengers), sin los problemas familiares internos, sin la competencia entre enemigos naturales ¿qué nos queda de estos personajes? Muy poco a decir verdad. Y la impresión que permanece después de ver la película es de menor duración que el mínimo luto de los hermanos Storm por el asesinato de su padre.

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Grimm no tiene, en esta adaptación, ninguna personalidad propia, ningún talento (ni piloto, ni atleta) y, al parecer, ni una pizca del orgullo digno mezclado con el humor ácido que siempre lo caracterizó.

En una película de dos horas que toma tres cuartas partes de su trama para hacer una historia semi-creíble de origen para los personajes, que desprecia los efectos especiales y que tiene acción nula para un desenlace rápido y flojo, el desprecio por el conflicto interno de los caracteres es sólo el último clavo en un ataúd completamente maltrecho. Yo no sé si Trank es lector de cómics, pero esta película muestra un completo desprecio por los personajes, una ambición mal emplazada que no llega absolutamente a nada y una escritura de guión a nivel crayola que mata más neuronas que el etanol puro. El mismo director acabó tuiteando sobre la decepción final que fue la cinta. Nosotros, desde la completa sorpresa por tan tremendo fracaso en tantos aspectos, sólo podemos unirnos al unísono a todas las otras voces críticas: Fantastic Four es la peor propuesta de películas de superhéroes en mucho tiempo… y eso que tenemos de dónde escoger.

Lo bueno
  • El principio de la cinta que parece prometer algo más interesante.
  • El intento de actuación seria de Miller que pronto se desvanece.
  • Que en algo lograron su cometido: la quiero volver a ver para poder encontrar algo bueno.
Lo malo
  • El terrible guión irrespetuoso.
  • La dirección completamente apática e inexperta de Trank.
  • La horrible dirección de arte y el espantoso diseño de producción.
  • El desenlace final tan poco original (otro hoyo en el cielo) y tan absolutamente banal.
  • La hora cuarenta minutos de creación de personajes que no llega a nada.
  • El desperdicio de los talentos de Glass en la música.
  • Que ocupa demasiadas salas de cine.
Veredicto

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En Fantastic Four #10 y luego en el King Size Annual del 65 que nos mostró la boda de Sue Storm y Reed Richards, Stan Lee y Jack Kirby se representaron a ellos mismos en las aventuras de sus personajes. En el primero son rehenes del Dr. Doom, en el otro son los colados a la boda de Mr. Fantastic. Estos juegos de inclusión continuaron en el Universo Cinematográfico de Marvel (MCU) con las apariciones constantes de Lee en cameos más o menos inventivos. El hecho de que esta película no tenga un cameo oficial de Lee, que no forme parte del MCU y que no tenga escenas entre créditos muestra bien que Marvel no está apostando a lo grande por las cintas a la periferia de su gran universo cinemático. Y eso se nota. Esta entrega está lejos de las técnicas de fusión de universos de Lee y Kirby, lejos de la consciencia despierta de creadores apasionados, lejos de toda emoción ambiciosa. Fantastic Four es una muy entrega sin pies ni cabeza que sólo se recordará por ser aún peor que las terribles entregas anteriores. Al menos las otras eran ridículas: esta cinta es solemnidad sin recompensa, futilidad sin relleno, acción sin sentido y sin humor; fondo vacío, esperanzas huecas, decepción completa.

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Título: Fantastic Four

Duración: 100 min.

Fecha de estreno: 07 de agosto de 2015

Director: Josh Trank

Elenco: Milles Teller, Kate Mara, Michael B. Jordan, Jamie Bell

País: Estados Unidos

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