Nace un nuevo capítulo en el universo expandido de J. K. Rowling y, hay que decirlo, es una grata sorpresa.

Hace unos años parecía imposible establecer otra franquicia del calibre de Star Wars o Star Trek. Los universos expandidos demandan una cantidad de información, paciencia y comprensión bastante considerable para los espectadores. Por algo son considerados como una parte fundamental de la cultura geek: son esos rincones que sólo habitan los más necios escapistas del mundo, los verdaderos buscadores de cosmogonías distintas, los exploradores de los reinos imposibles. Pero, tenía que suceder, Hollywood ya está empezando a comprender el valor monetario y la inversión fiel que pueden producir estos enormes universos. Así, no nada más tenemos, en nuestra época, el renacimiento de las dos franquicias clásicas de las estrellas, sino que estamos presenciando el desarrollo del más grande universo expandido de la historia con el Universo Cinemático de Marvel.

En este contexto, no nos pareció particularmente sorprendente cuando se anunció que la franquicia de Harry Potter regresaría a la pantalla grande, después del final de la saga principal, con un spin-off coordinado por la mismísima J. K. Rowling. Lo que faltaba ver era cómo se relacionaría este universo con la historia del famoso mago huérfano y qué tanto serían capaces los productores de lograr el mismo alcance, el mismo impacto cultural o, al menos, tomar algo de la emoción que siempre causó Harry Potter. ¿Iba a ser esto nada más un stunt para sacar dinero? ¿Tendríamos el mismo dolor horrible que tuvimos al ver las decepcionantes entregas del Hobbit de Peter Jackson? ¿Se puede continuar esta saga sin el carisma de su personaje principal?

Todas estas respuestas quedan opacadas, de algún modo, al ver esta cinta. Fantastic Beasts and Where to Find Them es una experiencia sorprendentemente agradable de fantasía familiar que logra capturar el carisma de la saga principal sin depender demasiado de ella. Con un excelente reparto, grandilocuencia visual y un juguetón ingenio político en el mensaje de trasfondo, esta película es mucho más de lo que se podía esperar de un reboot tan mediático.

Cuestión de científicos y magos

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Esta película busca regresar a los orígenes del mundo mágico de Harry Potter. Con los orígenes, claro, me refiero a las relaciones históricas inmediatas: en la larguísima historia de la hechicería, Fantastic Beasts se sitúa en los años treinta del siglo pasado, época de apogeo para la generación de Dumbledore y, claro, para los terrores de Gellert Grindelwald. En este marco histórico, la película pretende contar una parte mínima de la historia intrigante de Newton Artemis Fido “Newt” Scamander, alumno insigne de Hufflepuff, expulsado de Hogwarts y, claro, escritor del bestiario de criaturas fantásticas que se menciona, de paso, en Harry Potter and the Philosopher’s Stone.

Cuando digo que se cuenta una parte mínima de la historia de este personaje (protagonizado, aquí, por Eddie Redmayne) quiero hablar de una de las grandes virtudes de esta cinta. Con bastante gracia, Fantastic Beasts entiende lo que el público sabe del mundo mágico de Harry Potter, comprende qué debe explicar y qué debe dejar en el misterio y establece así una trama sencilla que no deja de ser intrigante en sus posibles ramificaciones. No nos enseñan nada del pasado de Newt Scamander, no nos enseñan gran cosa del contexto de la hechicería en Estados Unidos, no nos vuelven a repetir cómo funcionan los conjuros, los movimientos o las habilidades de los magos. Todo queda en un balance bastante consecuente entre la información previa y la historia que queda por contar en las siguientes películas (que pueden llegar a ser cinco).

La historia comienza entonces cuando Newt Scamander llega a Nueva York. Su misión, primero desconocida, es regresar a un animal fantástico que rescató del mercado negro a su hábitat natural en Arizona. Pero, apenas llegando, comienzan los problemas: un muggle o no-Maj, como les dicen en este lado del charco, se inmiscuye en sus asuntos y, sin quererlo, roba la maleta en la que Newt transporta un repertorio considerable de criaturas; una detective desgraciada dentro de la organización de control mágico en Estados Unidos (MACUSA) lo persigue por su falta de cuidado en la exposición pública de magia; y, finalmente, acaba siendo arrestado. Con sus criaturas corriendo libres por la ciudad de Nueva York, Newt debe liberarse de las autoridades americanas y aliarse con el muggle bonachón y la despistada detective para rastrear, controlar y salvar a los fantásticos animales que se dedicaba a resguardar. De paso, cuando un nuevo mal acecha a la Gran Manzana, Newt debe ayudar a los americanos a enfrentar lo que acecha desde las sombras.

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El héroe al centro de esta historia es un geek absoluto, un científico incomprendido, torpe y carente de habilidades sociales.

Para presentar esta historia en el contexto del bestiario que había escrito y publicado Rowling en 2001, la trama tenía que girar sobre dos ejes principales: la historia de Newt Scamander en relación con lo que ocurrirá, 70 años después, en Hogwarts; y las múltiples bestias coloridas que habitan este universo. Esta fórmula ya había sido empleada antes, en el cine de aventura noventero, por ejemplo, para conocer a los dinosaurios del Jurassic Park a través de la emoción del Dr. Grant o para que el barbudo y abandonado Alan Parish anunciara las calamidades de las criaturas increíbles que habitaban la jungla de Jumanji. Así, la película está pensada para presentar una cacería guiada por el personaje interpretado por Redmayne, el único experto en un tema que muchos desconocen, temen o desprecian.

Esta idea retoma, en cierta medida, el desprecio que después tendrán muchos magos por las criaturas que Luna Lovegood y su padre consideran absolutamente reales. Dando un valioso contexto a estas creencias en ocasiones más que acertadas (por ahí veremos a un adorable Nargle, por ejemplo), Scamander mantiene una lucha estoica contra los prejuicios de su tiempo. Entendemos, por el contexto, que las criaturas fantásticas que habitan este universo son perseguidas por contrabandistas, masacradas por sus atributos (como los rinocerontes que siguen muriendo por la venta esotérica de un cuerno pulverizado), temidas por sus poderes y desconocidas, en general, por la población de magos. Scamander cuida a estas criaturas y las aprecia a todas en sus aspectos únicos.

Es un zoologista paciente, con la misma formación curiosa, meticulosa y clasificatoria que impulsó a Darwin a explorar los fósiles del mundo a bordo del HMS Beagle. Porque todo en los animales fantásticos de esta película es clasificación, todo son características, carácter y personalidad animal que el humano generoso, a través del respeto, puede usar a su favor. Newt persigue así a los animales no como un guardián de zoológicos sino como un conservador: establece relaciones de cercanía con ellos, busca reintegrarlos a sus lugares de origen y describir sus comportamientos y constituciones salvajes. El hecho de que su persecución lo lleve a destruir un zoológico dice bastante sobre esto: la relación que mantiene con los animales que captura, por más instrumental que llegue a ser, es siempre una relación de respeto y protección. Es por eso, también, que se dan intercambios espontáneos: animales que él llegó a salvar lo salvan, a su turno, en diferentes momentos de la película.

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Newt persigue a los animales no como un guardián de zoológicos sino como un conservador

Como le sucedió al padre del naturalismo moderno, Scamander se tiene que enfrentar, primero, a la incomprensión e, incluso, a la franca hostilidad de sus colegas. Por el lado más humano, más comprensivo, de las instituciones mágicas de Inglaterra, Scamander es visto como una persona que arriesga a sus congéneres al mantener bestias salvajes en recintos escolares; de ahí su expulsión de Hogwarts. Desde el punto más conservador y paranóico del traumado Congreso de Magia estadounidense, Newt está poniendo en riesgo la secrecía de la magia y el fino balance que creen mantener los magos, en el anonimato, frente a una posible guerra contra la humanidad.

En ambos casos, el rechazo parece estar basado en miedo e incomprensión. La filosofía de Scamander, que nunca tiene que explicar abiertamente pero que se entiende, en sus gestos, preocupaciones y acciones, tiende hacia la divulgación: si la gente supiera qué hacen, cómo se comportan y cómo viven estas criaturas, tal vez no las tratarían como las tratan. La idea es presentarle al mundo un panorama de los seres que habitan su universo para evitar accidentes, persecuciones, extinciones y comercio en el mercado negro de asuntos mágicos. Es una misión abnegada que se basa en la curiosidad científica y la generosidad de pensamiento. Y, en ese sentido, el héroe al centro de esta historia es un geek absoluto, un científico incomprendido, torpe y carente de habilidades sociales.

Rebelión en la fantasía

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En este mundo, los héroes no son elegidos, sino parias irredimibles, científicos tirados a lo geek que se enfrentan a todos, los hombres comunes y las mujeres que, hastiadas de escuchar los mismos deseos, se enamoran de otros pensamientos

Este enfoque en el amor por las cosas vivas, por la ciencia y por la preservación de las especies me sorprendió enormemente en una película que bien pudo tener un espectro mucho más restringido de matices. Fantastic Beasts pone en primer plano, por sus necesidades narrativas, las aventuras de persecución y de caza que le permiten presentar una muestra amplia del bestiario de Rowling. Pero también junta este recurso con un mensaje pertinente sobre el miedo humano a lo diferente, sobre nuestra naturaleza predatoria y sobre la necesidad de la divulgación de la ciencia. Y, a pesar de todas las reticencias que podía tener, David Yates logra dirigir muy bien a Eddie Redmayne en el papel que porta todo el peso del naturalista incomprendido en la lucha abnegada por el conocimiento.

Junto a Redmayne tenemos a Katherine Waterson haciendo un increíble papel como Propentina Goldstein. Ya sabemos, por el material original, que Scamander terminará sus días junto a esta mujer que será el amor de su vida. Pero, por ahora, guardando la sorpresa y la incomodidad de los primero encuentros, el personaje de Tina Goldstein tiene la justa y necesaria química bizarra con Newt Scamander. Ambos son, finalmente, perseguidos por salirse de los parámetros más conservadores del mundo mágico americano. Se comprende que este mundo está muchśimo más preocupado que las instituciones inglesas por la exposición de los magos a los ojos de los muggles: Estados Unidos sí sufrió una persecución y quema de brujas terrible durante los peores años del puritanismo.

En este sentido, la irresponsabilidad torpe de Newt al dejar escapar sus criaturas es equivalente a la irresponsabilidad de Tina que intervino en una disputa doméstica de no-majs causando un enorme escándalo. Pero tanto Newt como Tina defienden posiciones justas y están dispuestos a correr los riesgos terribles de un servicio de justicia paranóico y arcaico con tal de evitar el genocidio animal o que una madre golpee a cinturonazos a su hijo. En este sentido, la película propone también, más allá del mensaje sobre la preservación animal, un mensaje político sobre cómo el miedo a la diferencia puede causar que instituciones bien intencionadas se tornen en oscuro cobijo de autoritarismos fanáticos.

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Guiados por el miedo que les heredó una historia de persecuciones, los magos de Estados Unidos prohíben cualquier tipo de relación con los humanos y mantienen un riguroso control de la magia.

El hecho mismo de que Grindelwald estuviera oculto en el seno de MACUSA en un puesto de importancia, el hecho de que pueda mandar a matar magos por traición, que pueda manipular todas las reglas para incidir en su radical propuesta del bien común y que sea, finalmente, un ser respetado en su disfraz, ya muestra algo del peligro que se esconde en la muy rígida institución americana. La idea es que, guiados por el miedo que les heredó una historia de persecuciones, los magos de Estados Unidos prohíben cualquier tipo de relación con los humanos y mantienen un riguroso control de la magia. En ese sentido están siguiendo, sin quererlo, los lineamientos de las familias mágicas más conservadoras de Inglaterra que promueven la pureza de sangre como máximo estandarte. El miedo paraliza a las instituciones en reglas severas y castigos terribles, el miedo los convierte en arcaicos defensores de leyes que se adaptan poco y mal a un mundo cambiante.

Así, Fantastic Beasts dice mucho más de lo que parece decir. En ella vemos una lectura, a través de la cultura popular, de los cambios que puede sufrir un sistema político si se instala en él un miedo histórico y la imposibilidad de adaptarse a un nuevo mundo. Curiosamente, este sistema rígido, junto al sistema mágico inglés que lo tolera, es el sistema americano. Ni el Brexit, ni la victoria de Trump pasan de lado, entonces, a esta idea que sugiere el peligro del miedo en cualquier institución política. En particular del miedo al otro, a lo diferente, a lo que, potencialmente, puede confrontar un modo de vida a través de la guerra o la cultura. El punto de Rowling se fortalece, incluso, con el personaje del muggle casual, profundamente neoyorkino, que interpreta Dan Fogler.

El personaje de Jakob Kowalski es el hombre promedio americano en medio de la crisis de los años treinta: sueña con conseguir lo que su país le vendió como sueño, un negocio propio, la oportunidad de mostrar su talento único, de ganarse el pan vendiendo pan. Pero los bancos, recelosos y miedosos, le niegan un préstamo necesario. Cuando conoce a Queenie (Alison Sudol), la hermana de Tina, la hechicera leedora de mentes queda fascinada con él. Es un hombre promedio, no es el más agraciado y no corresponde al estereotipo gallardo de los únicos que encuentran el amor en el cine de Hollywood. Pero ella queda fascinada por su sencillez humana, por ese estatuto de hombre único y promedio que se mezcla, en lo retrógrada del sistema, con un ideal prohibido.

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Esta peligrosa criatura nace en un niño, hijo de magos, humillado y maltratado por una madre adoptiva fanática que emprende una cruzada contra la magia.

Él es la otra parte de un mundo acordonado; es lo intocable, lo peligroso, lo nuevo. Su ser promedio es aquí extraordinario no por la posibilidad nula de que haga magia, no por sus talentos como panadero, sino simplemente por ser un tipo único, como todos. Y ésta es una nueva forma de crear héroes anónimos en Hollywood. La historia de Kowalski no es la del elegido sino la del hombre cotidiano, un hombre como todos que tiene posibilidades de ser querido sin ser extraordinario. La idea de este ayudante, de este Sancho Panza lleno de bonhomía pragmática, es tan inesperada como excelente. Así, las dos parejas incómodas, con una certera química en pantalla, crean lazos afectivos interesantes, a pesar del poco desarrollo de los personajes. Y sus relaciones muestran la belleza estética y liberadora de la resistencia frente a un régimen retrógrada y conservador.

Ciencia contra superstición, naturalismo deductivo contra miradas cortas, amor contra prohibiciones políticas y sociales, relaciones entre mundos contra aislacionismo. Todos estos temas contrastantes se dan cita en esta película que, en realidad, pasa como una muy encantadora aventura familiar. Los aspectos cómicos de la cinta funcionan muy bien, los efectos especiales, por momentos demasiado abrumadores, son, sin embargo, espectaculares, la trama mantiene un ritmo agradable e intrigante. Con todo y algunas torpezas narrativas en el final de la cinta (que llega a alargarse innecesariamente), la película es ligera y encantadora. El mundo que ahí se crea tiene un sustento durable y el diseño de las criaturas, por maś previsible que pueda parecer, logra convencer de su realidad fantástica en hábitats reales.

Newt teme por sus animales en el mundo humano, un mundo predatorio, lleno de violencia. Y Newt debe pasar por encima de todas las instituciones estadounidenses para intentar salvar a una criatura más, una bestia poderosa que mata niños, que consume a magos a los que la sociedad les prohíbe ejercer su magia. Esta peligrosa criatura nace de las instituciones sociales humanas, de la intolerancia que siempre renace, del gusto por las turbas enardecidas, la quema de brujas, la creación de chivos expiatorios; nace en un niño, hijo de magos, humillado y maltratado por una madre adoptiva fanática que emprende una cruzada contra la magia.

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Ésta es una trama que versa sobre la constitución de un mundo complejo, con muchas aristas, regulaciones y bajos fondos (habitados por un genial Ron Perlman, a propósito).

El enemigo real de la película no es un sólo personaje maniqueo que representa toda la maldad. Aquí, el antagonista, el temible Grindelwald, es solo una arista en un sistema complejo que se crea entre las instituciones mágicas americanas, la represión religiosa de los hombres y el fanatismo de un mago que cree luchar por el bien común de su especie. Newt está atrapado en una guerra que enfrenta, básicamente, la ciencia, el debate, el amor y la tolerancia, contra el totalitarismo, la vigilancia, la represión, el silencio y el miedo. Puesto así, claro, esto suena como otro tipo de maniqueísmo gastado. Y, sin embargo, es algo que se maneja, en esta película, con un carisma certero que funciona muy bien.

Como parte de la oscuridad intrínseca de esta cinta, el final feliz no lo es tanto: los personajes principales no terminan fundidos en un beso con fuegos artificiales detrás; el ayudante Kowalski debe sacrificar su experiencia única y regresar a la normalidad terrible de su vida como cuello azul (a pesar de que, después, se premie su sacrificio); el mal sólo se conjura por un momento; el régimen americano continúa y la intolerancia humana puede expandirse con el sacrificio de sus mártires. Pero ese es el punto de la película y, tal vez, en eso está también su encanto: ésta es una cinta que no trata de una gran lucha entre bondad y maldad como a la que se enfrenta Potter. No, ésta es una trama que versa más sobre la constitución de un mundo complejo, con muchas aristas, regulaciones y bajos fondos (habitados por un genial Ron Perlman haciendo más monstruos), con criaturas, oscuridad acechante, maldad común y sufrimiento.

En este mundo, los héroes no son elegidos, sino parias irredimibles, científicos tirados a lo geek que se enfrentan a todos y que nunca serán congratulados en justa medida por un trabajo fundamental de divulgación; son los hombres comunes y las mujeres que, hastiadas de escuchar los mismos deseos, se enamoran de otros pensamientos; son los que no admiten los horrores y que exponen su propia seguridad para impedirlos. Estos son héroes comunes que, por su banalidad, son encantadores. Estos héroes torpes y ensimismados dan otra dimensión a la trama de Fantastic Beasts  en el contexto amplio de un universo que ya encontró una certera fórmula para expandirse. Y, si las siguientes películas mantienen la oscuridad de Yates y esta escritura fluida, segura de sí misma y crítica de Rowling, voy a estar encantado de ver cómo se desarrolla un mundo que se despierta, de nuevo, bajo renovados y fascinantes colores.

Lo bueno
  • La sólida dirección de Yates
  • El creativo guión de Rowling
  • Que relanza con confianza y originalidad una saga concluida
  • Los buenos efectos visuales
  • Las buenas actuaciones de reparto
  • Que Eddie Redmayne no es insoportable
  • El interesante e inesperado mensaje de trasfondo
Lo malo
  • Que la película llega a alargarse innecesariamente
  • Tiene algunas torpezas narrativas evidentes
  • Por momentos, puede ser forzada la forma de presentar nuevas bestias
  • Que, por prejuicios gastados, puede pasar desapercibida entre los que no son fanáticos de la saga original
Veredicto

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David Yates fue el director de las últimas cuatro películas de Harry Potter. Él es el responsable de clausurar una saga millonaria que apasionó a millones de personas. Ahora, a él le tocó la batuta para volver a lanzar el universo del mago huérfano más allá de su historia en Hogwarts. La idea es crear cinco películas que ocurren décadas antes del nacimiento de Harry. Con Fantastic Beasts and Where to Find Them, Yates no nada más logra un balance único entre el conocimiento previo de la serie y nuevas preocupaciones, sino que mantiene la oscuridad que caracteriza a las últimas cintas de Potter. Todo esto sin olvidar que se crea aquí un fuerte vínculo con el final de la saga mediante la aparición discreta de un interés por las insidiosas Reliquias de la Muerte…

Así, con una sólida dirección, un guión bien escrito por Rowling y un excelente reparto secundario, esta película explora los rincones políticos, adultos y sexuales del mundo de los magos. Se aleja de las tramas infantiles y adolescentes de los capítulos anteriores para lograr lanzar nuevos aspectos de un universo que se mantiene cercano a sus orígenes y se diferencia de toda entrega. El resultado es carismático y encantador, incluso para aquellos que no estén familiarizados con la saga de Harry Potter. Por eso, a todos los que siguen teniendo un prejuicio hacia la saga del mago huérfano, les recomiendo olvidar viejos odios, desprecios y fijaciones para darle una oportunidad a esta película que tiene mucho más que ofrecer además de bellos sortilegios y criaturas multicolores.

https://www.youtube.com/watch?v=Vso5o11LuGU

Título: Fantastic Beasts and Where to Find Them.

Duración: 133 min.

Director: David Yates.

Elenco: Eddie Redmayne, Katherine Waterston, Dan Fogler, Ezra Miller, Alison Sudol, Collin Farrel, Samantha Morton, Carmen Ejogo, John Voight.

País: Estados Unidos.

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