Entre la primera y la segunda parte de la aventura épica de Peter Jackson El Hobbit, pasó un año entero, y por fin estamos aquí para disfrutar La desolación de Smaug. Para los despistados vale la pena anotar que esta serie de películas está basada en el libro homónimo de J.R.R. Tolkien, autor de El Señor de los Anillos, cuya adaptación cinematográfica estuvo a cargo del mismo director.

El Hobbit 2: La desolación de Smaug es sin duda alguna el estreno más esperado del invierno 2013. Los millones de fans de Tolkien alrededor del globo asaltaron, cual horda de orcos, las salas de cine para presenciar la nueva adaptación del director neozelandés. ¿El resultado? Diverso. Si esperabas una adaptación fiel al libro, ésta es la película equivocada. Si, por el contrario, simplemente no puedes resignarte a que la pantalla grande abandone la Tierra Media, entonces es probable que disfrutes mucho esta cinta.

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Los fanáticos de El Señor de los Anillos y de la obra de Tolkien en general habrán imaginado de manera particular a cada personaje, a cada escenario y a cada situación. Los que vibramos con esta historia nos permitimos todo tipo de deleites, como releer algunos pasajes o alterar la historia a nuestro gusto y conveniencia. Esto no está nada mal, si se hace es porque la obra del sudafricano ha sobrevivido el paso del tiempo y se ha vuelto parte importante de la vida de los lectores. Sin duda es un noble destino para cualquier obra de arte.

El Hobbit de Peter Jackson no es más que una interpretación particular, un forma muy suya de ver la obra de Tolkien. ¿Quiere eso decir que Jackson es un irrespetuoso y merece ser apaleado por el fantasma del escritor? Por supuesto que no. Cualquiera de nosotros hubiera soñado con involucrarse en la Tierra Media y cambiarla de acuerdo a nuestros propios gustos. El director no hace más que perseguir el anhelo de muchos de nosotros: dialogar con Tolkien sobre su propia obra.

THE HOBBIT: THE DESOLATION OF SMAUG

Debemos aceptar que en términos generales la adaptación de El Señor de los Anillos es bastante fiel, con apenas algunas desviaciones necesarias para entrar en el lenguaje cinematográfico. Digamos que el cambio más significativo fue la pérdida de cierto encanto infantil, como con la ausencia de un personaje como Tom Bombadil. El Hobbit, por su parte, sigue el mismo principio, pero como la versión escrita está mucho más perfilada hacia el gusto infantil, la película se aleja más de ella. Jackson pretende hacer películas con perfiles mucho más adultos, a diferencia de lo que pretendía Tolkien.

Lo “adulto” no quiere referirse aquí a lo “profundo” o “inteligente”. Lo infantil puede ser muy inteligente y profundo si es bien manejado, la novela de El Hobbit es prueba de ello. Lo “adulto” en las películas de Jackson se refiere a que su público son primordialmente adultos, no niños. La historia resulta bastante menos lírica (hay menos canciones y emotividad) y más épica (hay más acción y muchas más batallas). Adicionalmente, el director neozelandés no se aguantó las ganas de hacer referencia a las películas que ya había hecho, por lo que la trama se complica más allá de lo que pensaba Tolkien (algunos dirían que innecesariamente).

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Con estas ganas de hacer una película más violenta, el Bilbo Bolsón de Jackson es muy diferente al de la novela. Tolkien construyó con Bilbo un personaje conocido como trickster. Básicamente se trata de un personaje que enfrenta las situaciones con una enorme dosis de astucia e ingenio y una pizca de humor. Probablemente el mayor trickster de la historia sea Ulises en La Odisea de Homero, quien pocas veces (o ninguna) toma la espada para enfrentar las situaciones en las que se encuentra. El trickster en general no es violento y no tiene muchas habilidades para la pelea, en cambio es audaz, inteligente, atrevido y gracioso. Entre los tricksters contemporáneos podemos mencionar a Loki de las películas de Marvel, Nabooru de The Legend of Zelda: The Ocarine of Time, Bugs Bunny y el mismo Spiderman, en algunas ocasiones.

La adaptación cinematográfica respeta poco el carácter de trickster de Bilbo. Mientras que en el libro ni el hobbit ni los enanos echan mano de las armas para resolver sus problemas, en la película lo hacen constantemente. Para Jackson, Bilbo (Martin Freeman) es un tipo de héroe despistado que tiene algo de suerte, solamente en los escasos momentos en los que el guión se apega al libro (como en los encuentros de Bilbo con Golum o Smaug) conserva algo del personaje original.

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Mientras en general Tolkien elige la inteligencia por encima de la fuerza, Jackson hace lo contrario. La elección es comprensible si se toma en cuenta que el director estaba hablando en un lenguaje audiovisual, mientras que el escritor estaba en un terreno verbal donde los pensamientos y las emociones tenían la puerta abierta para desarrollarse. Jackson tenía que mostrarnos un mundo, y para hacerlo elige alargar las batallas, hacer la historia mucho más física e inventar hechos de armas. Podemos decir que el Bilbo del director es distinto o “inferior” al de Tolkien, pero como quiera que sea, en mi opinión no es malo.

Existen otras diferencias importantes que hasta el momento son difíciles de valorar. Lo más notorio es la inclusión de un personaje como Legolas (Orlando Bloom), quien en esta ocasión parece un poco menos frío y heroico, y la completa invención de Tauriel (Evangeline Lilly). Ésta última constituye la parte romántica de la trilogía (una obra más infantil, como la de Tolkien, entre otras cosas, no necesita una parte “romántica”). Como decía, es difícil valorar estos personajes porque su participación en la trilogía aún está incompleta y aparentemente tendrán un protagonismo significativo en la tercera película.

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No obstante, podemos hacer algunos comentarios que tendrán que quedarse en lo preliminar y podrían ser corregidos con la tercera entrega. Tauriel es un personaje que Tolkien jamás hubiera creado. Si somos sinceros, es imposible negar que este autor anglosajón tenía sus puntas de misógino y racista, por lo que las mujeres en su obra no pasan de meros objetos y pocas veces hacen algo (con la única y breve excepción de Éowyn en El retorno del rey). Por otra parte, el enamoramiento de la elfa con Kili, el enano, casi hubiera sido considerado por Tolkien como una aberración, por aquello de la mezcla de “razas”. Tauriel puede ser vista como el intento de Jackson de modernizar un tanto la historia en términos de participación de la mujer y convivencia interracial.

Por otro lado, hasta ahora tal enamoramiento parece ser traído de los pelos. La primera reacción de un enano frente a un elfo es de desconfianza y algo de odio en el universo tolkiano. La única excepción es la amistad entre Gimli y Legolas, pero nada más. En La desolación de Smaug no hay razón palpable para que Tauriel se enamore de Kili y no de cualquier otro enano, y tampoco hay razón para que Kili se enamore de ella y no de cualquier otra persona. En fin, faltará ver qué ocurre en la tercera película para aclarar este asunto, pero hasta el momento no se perfila nada bien.

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Por su parte, la inclusión de Legolas parece un mero pretexto para poner en la pantalla a Orlando Bloom. Es decir, es cierto que si se planeaba insertar un elfo a la acción era mejor hacerlo con uno que ya fuera conocido y apreciado por la audiencia. Pero si nos detenemos un poco en ello, parece que hay razones frívolas detrás. En la novela infantil de Tolkien no tiene por qué haber romance o gente bonita, mientras que la película elige atraer de manera facilona la atención del público con un romance y pone en escena a un galán como Bloom y a una chica guapa como Lilly. En suma, parece que Hollywood no ha madurado lo suficiente como para hacer grandes producciones sin gente bonita.

Ahora abordemos uno de los aspectos que han causado más polémica: la extensión de la trilogía. El Hobbit: La desolación de Smaug dura dos horas y media, y sólo es la segunda parte de tres, de manera que podríamos calcular rápidamente que la obra de Jackson dura aproximadamente ¡siete horas y media!, tiempo más que suficiente como para leer el libro. Para lograr tal hazaña, Jackson alargó el relato con muchísimas escenas de acción y la inclusión de personajes y situaciones nuevas. Ahora bien, ¿está mal?

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Frecuentemente he escuchado que la gente supuestamente entendida dice que la trilogía de Jackson y su alargamiento responde a motivos comerciales. ¡Vaya!, es como descubrir el agua caliente. Por supuesto que tiene motivos comerciales, como toda superproducción hollywoodense. Si alguien quiere ver una película que ponga “lo artístico” muy por encima de lo comercial no tiene por qué acercarse a El Hobbit. Obviamente pensaron hacer tres películas para vender más, esto no es malo por sí mismo, así es el cine en Hollywood. Lo que hay que valorar, en todo caso, es si la trilogía está constituida por buenas películas o no.

Hasta ahora la trilogía ha logrado crear escenas entrañables y construir personajes que se quedan en la memoria de la audiencia. Los efectos visuales superan a El Señor de los Anillos mientras que la calidad del guión, el vestuario y la música se mantiene. Debo decir que para mí la interpretación de Martin Freeman no es la mejor del mundo, pero el resto de los actores lo hace bastante bien. La historia es consistente y el conflicto crece lo suficiente como para mantenernos atentos durante estas dos horas y media y para dejarnos con ganas de ver de inmediato la tercera parte.

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Si eres un fan from hell de Tolkien no creo que te guste la adaptación. Se nota que Peter Jackson respeta la obra del gran escritor anglosajón, pero le gusta tanto que no se aguanta la tentación de estar dentro de ella, de influir, de ponerle su estilo y proyectar en la pantalla los sueños que ha tenido con ella. En particular soy escéptico con la inclusión de Legolas y Tauriel, pues no me parece justificada, pero aún queda ver lo que hacen en la última película. Si pudiera elegir, diría que me gusta más el Bilbo de Tolkien que el de Jackson, pero éste último tampoco me desagrada.

En suma, la trilogía de El Hobbit enfrenta el doble reto de adaptar un libro amado por muchos y de continuar el legado de una de las trilogías cinematográficas más exitosa de todos los tiempos. En esta segunda entrega se cumple con creces. Podría ser mejor a mí gusto, pero estoy muy lejos de opinar que es mala, por el contrario es muy disfrutable.

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Título: El Hobbit 2: La desolación de Smaug

Duración: 162 min.

Fecha de lanzamiento: 13 de diciembre de 2013

Director: Peter Jackson

Producción: MGM/New Line Cinema

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