Reseña: Borat: Subsequent Moviefilm – No es la película que querías, pero sí la que necesitas ver

| 27 de octubre de 2020

Borat: Cultural Learnings of America for Make Benefit Glorious Nation of Kazakhstan (Borat: lecciones culturales de Estados Unidos para beneficio de la gloriosa nación de Kazajistán) o Borat: Subsequent Moviefilm,  se ha estrenado en Amazon Prime Video para beneplácito de los fans (que son muchos) de este periodista ficticio inventado por Sacha Baron Cohen y de la gente que lo odia (que es más). La película llega 14 años después de su predecesora y aunque es menos punk es igual de igual de corrosiva o más que la de 2006. Incluso más necesaria.

A estas alturas ya todos ya habrán escuchado sobre esa famosa escena con el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, pero la película es más que eso y vamos a hablar de ella a continuación procurando no darles spoilers (o al menos no tantos).

Borat: Cultural Learnings of America for Make Benefit Glorious Nation of Kazakhstan

Borat Sagdiyev (Sacha Baron Cohen), el famoso reportero de Kazajistán, es condenado a trabajos forzados luego de haber puesto a su país en ridículo en su primer documental. Catorce años después es puesto en libertad para cumplir llevar un regalo del jefe supremo de Kazajistán a Michael Pence, uno de los políticos más poderosos de Estados Unidos, y así lo ingresen al club de los hombres malvado del mundo, en el que están Donald Trump, Jair Bolsonaro, Kim Jong-un y otros mandatarios malignos.

Borat lo ha perdido todo mientras estuvo preso. Su esposa lo dejó, sus hijos no lo reconocen y lo odian y su vecino se quedó todas sus cosas. Sólo le queda su hija, Tutar (Maria Bakalova), quien vive encerrada en el granero y no en una lujosa jaula, como toda mujer kazaja comprometida o casada a los 15 años debe hacer.

El reportero debe llevar un simio a los brazos de Michael Pence, pero las cosas salen mal y debe cambiar su plan. Ahora debe entregar a su hija como regalo a Rudolph Giuliani, ex alcalde de Nueva York y abogado de Trump. Con esto en mente Borat y Tutar inician un viaje de aprendizaje en el Estados Unidos profundo, donde la pederastia, la misoginia, el racismo y la ignorancia viven confortablemente. Todo esto mientras la pandemia por el Covid-19 se apodera del mundo.

Borat lecciones culturales de Estados Unidos para beneficio de la gloriosa nación de Kazajistán

Kalashnikov, Kalashnikov

En la primera película, Borat era un extranjero peculiar entendiendo Estados Unidos, en esta segunda es un icono cultural y todo mundo lo reconoce en la calle, así que ponerlo en situaciones extravagantes ya no iba a funcionar. Por eso Borat casi no aparece como tal en Subsequent Moviefilm. Se la vive disfrazado y su papel es más de impulsador de la historia, no de protagonista. Ese puesto recae en Tutar, su hija. ´

Subsequent Moviefilm nos cuenta el viaje de transformación de esta niña de 15 años que pasa de ser un objeto sin valor a un ser humano con alma y deseos, en un mundo lleno de malas intenciones.

La película no pretende mostrar que Estados Unidos es malo y el resto del mundo no lo es. Parte del hecho que el mundo está lleno de maldad y sólo queda subir peldaños para estar a la par de los más malvados. La gente de Kazajistán es horrenda.

Tutar es el conducto a través del que se nos muestran lo natural que es la misoginia y el odio hacia el otro en el mundo. Ella vive en una realidad en la que es natural que un hombre pregunte a otro “¿Cuánto crees que vale mi hija en billetes?”. O lo bien, en la que es normal ver cómo alguien compra una jaula para meter a otro ser humano en ella. Es todo tan natural que asusta. En una de las escenas más aterradoras podemos ver a un pastor cristiano decir claramente que no es bueno que una mujer aborte un feto, aunque este haya sido engendrado en la mujer por su propio padre.

Tutar es un objeto, sin derecho al amor, la libertad, el placer o conocimiento alguno en Kazajistán o Estados Unidos.

(Foto: 20th Century Fox)

Negar el holocausto es ofensivo hasta para los Nazis

Borat: Subsequent Moviefilm no es como la primera. Es diferente, menos hilarante porque en 2020 todo es feo, lleno de gente horrible que fue puesta en una situación al límite y que, pese a que existe una pandemia, decide ser imbécil y no pensar en los demás. El humorista de oficina que se acerque a ella esperando la carcajada fácil pensando que está viendo un programa de Facundo u Omar Chaparro se sentirá decepcionado.

Sacha Baron Cohen no vive en el pasado, ni siquiera se esfuerza en repetir la gloria de la primera Borat, porque está es una película política y reconoce que la política del 2020 es irrisoria, parte del chow bisne. Por esa razón ya no resulta raro que Kanye West quiera ser presidente de Estados Unidos ni ponemos en duda que lo vaya a lograr.

Es básicamente un testigo de la podredumbre de las altas esferas de Estados Unidos, donde teorías conspirativas como el Pizza Gate pudieran ser no tan “teorías conspirativas”. Es algo real. Esas cosas pasan. La pederastia, el abuso de poder, la corrupción, el encubrimiento. Todo eso existe.

No quiero que me mal imprenten. La película sí es divertida y en algunos puntos sí  te duele el estómago de reírte (las partes con judíos siempre van a vivir en mi corazón por haberme hecho escupir lo que estaba comiendo); pero la carcajada no es el mensaje final. Los chistes tienen un espíritu de “te hago el mal y me burlo de ti porque en el fondo te aprecio y quiero que dejes de ser un imbécil”. Ya saben, como un hermano mayor que te chinga pero no te deja solo cuando necesitas ayuda.

Sacha Baron Cohen es un genio.

No hay nada grotesco en la comedia de improvisación (cuidadosamente planeada) de Sacha Baron Cohen. En serio, no lo hay. Lo que se desviven por decir que es vulgar lo hacen por defenderse, por sentirse identificados. Porque este inglés es muchas cosas menos vulgar. Es un puto genio. Borat, Bruno y Who Is America? son prueba de ello.

Evidentemente no ha estado solo en este proceso. En la primera contó con la ayuda de Larry Charles, otra mente en constante expansión que sabe sacar humor hasta de las piedras manchadas de sangre de infantes que han visto los peores horrores de la guerra. Para más referencia vayan a ver Larry Charles’ Dangerous World of Comedy, la mejor serie documental que pueden encontrar en Netflix (eviten el capítulo de Estados Unidos, porque guácala los gringos militares). También fue el director de Bruno, de ahí su enorme parecido narrativo.

Para esta secuela se unió con Jason Woliner, quien es más conocido por haber dirigido algunos capítulos de Parks and Recreation, SpikeTV y colaborar con comediantes alternativos como Aziz Ansari, Rob Huebel, and Paul Scheer. No es un kamikaze como Larry Charles, pero para las necesidades de la película funciona.

Cuando llegó el primer mockumentary de Borat los tiempos eran otros. Y evidentemente hubo quien se ofendió antes de abrazarlo (como la gente que se ofende de todo suele hacer con todo lo que es “cool”). El otro grupo, los que no se ofendieron, se limitaron a imitarlo con paupérrimos resultados. La mayoría de las cosas que surgieron de los fans fueron de tristes a deplorables. Eso pasa cuando te interesa más la forma que el fondo.

Nos reímos nerviosos de sus desgracias y las respuestas de los gringos porque somos así o porque nos incomoda que alguien sea así. O, peor aún, somos así y nos incomoda que nos digan que somos así. En fin… la democracía.

La primera Borat tenía una historia que se iba construyendo y los sketches eran un pretexto para hacerla avanzar, una novedad. La narrativa de Borat: Cultural Learnings of America for Make Benefit Glorious Nation of Kazakhstan opera de forma contraria. Va construyéndose a partir de un mosaico de bromas montadas hasta armar un panorama completo de la situación. Una serie de postales donde nos muestran lo retrograda de la sociedad sureña estadounidense (que es la norteña mexicana) hasta llegar al máximo punto, que es la escena con Giuliani en el cuarto de hotel.

Borat es el sketch llevado a su nivel más encumbrado. El sketch como forma de arte objeto gigantesco que te puede caer encima y matarte.

Lo bueno
  • Borat: Subsequent Moviefilm es un espejo sobre nosotros mismos
  • El mensaje es claro y contundente
  • Borat le hará más daño a la política de Donald Trump más que mil manifestaciones pacifistas
  • Tutar es un personaje único
  • Borat supo conservar su esencia y adaptarse.
  • La sub trama del Covid-19
  • Es un mockumentary dentro de un mockumentary
  • La forma en la que montaron todo el engaño a Rudolph Giuliani es soberbia.
  • La nueva festividad de Kazajistán

 

Lo malo
  • Les dio miedo atrapar a Rudolph Giuliani.
  • La familia de una de las señoras judías demandó a la producción cuando la señora murió.
  • No se arriesgan a llevar la broma a sus últimas consecuencias.

Veredicto

Borat: Cultural Learnings of America for Make Benefit Glorious Nation of Kazakhstan tiene el mejor nombre de una película que hayamos visto últimamente. Cuando entiendes el chiste te ríes mucho. Es verdad que no es como la primera, pero eso no es malo. Al contrario. Sacrifican frescura por corrosión y se adapta a los tiempos que corren. Más extraños y llenos de odio. No es la película que queríamos pero sí la que necesitamos. En fin. No sé qué más decir sobre ella que no puedan sacar sus conclusiones por ustedes mismos.

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