Hace unos meses, un Tesla Model 3 Performance me llevó de mi Airbnb a un 7-Eleven sin que tuviera que hacer mucho. El Autopilot hizo todo. Comparado con mi experiencia hace cinco años con un Model X, que intentó salirse de la carretera en una vía de doble sentido, el avance es impresionante.
Ese era el Elon Musk que alguna vez respeté: el que innovaba en tecnologías en las que nadie creía. Pero con los años, Musk se convirtió en otra cosa. Un personaje con un ego descomunal, que vende castillos en el aire y manipula la narrativa para que todo gire en torno a él. Su historia con Tesla es el ejemplo perfecto.
Porque aquí va una verdad incómoda: Musk no fundó Tesla. Su impacto en la compañía es innegable, pero la tecnología que la convirtió en un éxito ya estaba en desarrollo antes de que él entrara en escena.

Los verdaderos fundadores de Tesla
Tesla nació en 2003 con Martin Eberhard y Marc Tarpenning al frente. La idea era clara: demostrar que los autos eléctricos podían ser más que simples experimentos de nicho. En ese momento, los vehículos eléctricos eran pesados, lentos y con una autonomía ridícula. La industria los veía como una curiosidad ecológica, no como una alternativa real.
La innovación que cambió el juego no vino de Musk. Fue la apuesta por las baterías de iones de litio en módulos cilíndricos, una tecnología tomada de la industria de las computadoras portátiles. Hasta ese momento, la mayoría de los intentos con autos eléctricos usaban baterías de plomo-ácido, pesadas y poco eficientes. Este cambio permitió que un EV tuviera una autonomía y un rendimiento que no se habían visto antes.
Lo que Tesla no tenía era dinero. Como cualquier startup, necesitaba inversión, y aquí es donde Elon Musk entra en escena.
Elon Musk y su entrada en Tesla
En 2004, Musk invirtió 6.5 millones de dólares en Tesla, convirtiéndose en el mayor accionista. Su interés en los autos eléctricos era más teórico que práctico. Antes de Tesla, había investigado supercondensadores en Stanford con la idea de aplicarlos en vehículos eléctricos, pero nunca desarrolló una tecnología concreta.
Elon Musk no inventó el Tesla Roadster. Cuando entró en la empresa, el modelo ya estaba definido: un chasis modificado del Lotus Elise y la tecnología de baterías que ya estaba en desarrollo antes de su llegada.
Lo que sí hizo fue algo que se le da muy bien: vender la idea. Convirtió a Tesla en un proyecto con una visión más agresiva, atrajo inversionistas y empujó la producción del Roadster. Pero Musk no es un ingeniero revolucionario. Su verdadero talento es construir relatos en los que él es el centro de todo.

La guerra interna en Tesla: Musk vs. Eberhard
Para 2007, Tesla enfrentaba retrasos en la producción del Roadster. Musk decidió que era el momento de tomar control total de la empresa.
Lo primero que hizo fue forzar la salida de Martin Eberhard, el verdadero fundador. Eberhard fue destituido como CEO y eventualmente expulsado de la compañía. En 2009, demandó a Tesla alegando que Musk quería borrar su papel en la historia de la empresa.
El conflicto terminó en un acuerdo legal donde cinco personas fueron reconocidas como cofundadores: Martin Eberhard, Marc Tarpenning, Ian Wright, JB Straubel y Elon Musk.
Musk nunca fue un fundador original, pero logró que la historia lo reconociera como tal. No es el primer empresario en reescribir su legado, pero pocos lo han hecho con tanta efectividad.
Musk: El maestro de la narrativa
El mito de Musk como el “gran innovador” no se limita a Tesla. Ha hecho lo mismo con todas sus empresas.
El Hyperloop fue una distracción que nunca pasó de renders futuristas. Neuralink prometió avances en neurotecnología, pero en años de desarrollo apenas han implantado un chip en un voluntario. El Cybertruck lleva años de retraso y cuando finalmente llegó, lo hizo con un diseño final que poco tiene que ver con lo que se prometió.
Su gran habilidad no es inventar tecnología. Es vender el futuro como si ya estuviera aquí. Crear una expectativa tan grande que, cuando el resultado final no cumple con lo prometido, la conversación ya ha cambiado a su siguiente gran idea.
Con Tesla lo hizo a la perfección. Llegó a una empresa con una base tecnológica ya establecida, le imprimió su visión y su estilo agresivo, y construyó la idea de que él fue quien lo hizo todo.
Conclusión: Tesla, ¿de quién es el mérito?
Musk no creó Tesla ni inventó su tecnología clave. Pero fue la persona que la convirtió en la automotriz más valiosa del mundo.
Sin Musk, Tesla tal vez habría sido una startup prometedora que nunca escaló. Sin Tesla, Musk habría encontrado otra empresa para moldear a su estilo.
La pregunta no es si Musk es el fundador de Tesla. La verdadera pregunta es: ¿cómo logra siempre que todos piensen que lo es?
[centrar lectura]
***
No te pierdas el mejor contenido de Código Espagueti a través de nuestro canal de YouTube.






