Recomendación de la semana: El Ángel

Una historia que se aleja de los prejuicios y la moralina para mostrarnos lo más oscuro de nosotros mismos.

Carlos Eduardo Robledo Puch es, quizás, el asesino serial más famoso de Argentina. La historia latinoamericana lo ubica como uno de los psicópatas más terribles de su país. Robledo Push fue condenado a cadena perpetua en 1972 por diez homicidios calificados, un homicidio simple, una tentativa de homicidio y diecisiete robos. Además, fue complice de violación, tuvo una tentativa de violación, un abuso deshonesto, dos raptos y dos hurtos. La prensa terminó por llamarlo el Ángel Negro o el Ángel de la Muerte.

La historia en sí misma es escalofriante, pero en una época donde los asesinos seriales han despertado curiosidad por una audiencia morbosa y ávida casos sangrientos que han saciado su sed con series y películas como Las Cintas de Ted Bunddy, la serie de Fincher, la película de Charles Says, la película de Tarantino, ¿cómo se podría contar una historia escabrosa sin ser –como acostumbran los gringos– morales al momento de emitir un juicio? Me parece que El Ángel de Luis Ortega nos ofrece una entretenida posibilidad.

Lorenzo Ferro encarna a Robledo Puch y lo hace de una manera formidable. Encarna el espíritu de un psicópata de manera sublime, de hecho la cinta ganó el premio Fénix a la mejor actuación masculina. La trama se desarrolla durante las andadas del Ángel al lado de su mejor amigo y compinche Ramón Peralta, protagonizado por un hipersexualizado Chino Darín.

El Ángel es producida por El Deseo, la productora de Pedro Almodóvar, lo cual explica no sólo la riqueza de colores vivos dentro de la cinta, sino los matices que envuelven a cada personaje, alejándonos de concepciones comunes o etiquetas preestablecidas. A la manera de Almodóvar, Ortega consigue que sintamos cierta simpatía por el Robledo Puch y sus terribles fechorías, poniendo a prueba nuestro criterio y falsa moral.

Aunque la historia no es perfecta y por momentos puede parecer que no existe un verdadero nudo en la trama que denote algo terrible, la película se defiende sobre otros productos que experimentan con la posición de los culpables y las víctimas. No hay una redención capitalista para el personaje, tampoco un castigo ejemplar para el mismo, más bien se trata de la reconstrucción histórica de un personaje que se aleja de los prejuicios, para que el espectador saque sus propias conclusiones.

(El Deseo)

No se trata tampoco de cintas donde los asesinos o criminales se transforman en dioses o ídolos de la afición, sino de un símbolo que nos enfrenta a nuestro lado perverso, a nuestra fascinación por estos seres humanos que representan la complejidad del espíritu humano. Tal vez porque son los perversos quienes retratan una parte maldita de la sociedades humanas, una película como El Ángel que no juzga a su protagonista es tan pertinente hoy día.

Ortega traduce mediante una exuberante combinación de imágenes los extraños actos y las tendencias inconfesables que nos habitan y que reprimimos. El Ángel no sólo es el retrato de un asesino serial, es también una muestra de nuestras pulsiones asesinas, aquellas que constituyen una parte de nuestra humanidad al exhibir lo que nosotros no dejamos de ocultar, nuestro lado más oscuro, nuestra vulnerabilidad más perversa, nuestra temible naturaleza humana.