Dr Strangelove o cómo dejar de preocuparse para amar el fin del mundo

Dr Strangelove cumple 55 años desde su estreno. Aunque parezca increíble, es de las mejores explicaciones de la política nuclear durante la Guerra Fría.

Hace 55 años, Stanley Kubrick estrenó un filme controvertido -como no podía ser de otra manera-, cargado de humor negro, casi sardónico. Una película que es más didáctica de lo que muchos podrían imaginar, y que, a pesar de que el mundo parece haber cambiado, lo que nos enseña Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb tiene vigencia.

Y con didáctica, nos referimos a que todo lo que necesitan saber sobre la estrategia nuclear durante la Guerra Fría, lo tienen en Dr. Strangelove. Kubrick hizo un trabajo excepcional en retratar la realidad de esa época, mientras explicaba con suma sencillez algo tan complejo como las teorías en las que se basaron los gobiernos de Estados Unidos y Rusia para evitar una guerra nuclear. 

Es por eso que es posible afirmar que todo lo que hay que saber sobre la Guerra Fría y la política nuclear, se puede aprender viendo Dr. Strangelove.  

Concibiendo Dr. Strangelove

El desarrollo de la Guerra Fría a fines de los años ’50 e inicios de los ’60, no podía hacer otra cosa que llamar la atención de Stanley Kubrick. Al director estadounidense, que se hizo famoso por filmes como A Clockwork Orange, 2001: A Space Odissey, Full Metal Jacket, The Shining, entre otros, le interesaban particularmente todo lo relacionado con la guerra y como manejaba el ser humano sus emociones –tan complejas como primitivas– estando inmerso en una situación de tal tensión. En este caso, la tensión era nuclear, con todas sus terribles y destructivas implicaciones.

Por lo tanto, no es de extrañar que, primero como un ciudadano preocupado por su bienestar y el de la humanidad en general, y después como cineasta, Kubrick buscara plasmar su inquietud por una posible guerra nuclear, comenzando así a concebir al que sería uno de los filmes más significativos de la Guerra Fría y cuyos elementos representados en la pantalla nos permiten analizar profusamente la estrategia nuclear en dicho periodo.

Stanley Kubrick (Wikipedia)

Kubrick era obsesivo y perfeccionista. Para poder llevar su idea a un guión, se puso a leer todo el material que tuvo a su disposición para poder comprender las teorías sobre disuasión nuclear, estrategia nuclear y la carrera armamentista. Tras darse cuenta de la precariedad de las mismas, supo que el filme trataría sobre un accidente nuclear, en el que tuvieran que verse involucrados tanto políticos como militares, al ser los responsables directos del uso de armas.

Lo que acabó de definir el rumbo que tomaría Dr. Strangelove, fue la novela Red Alert (Alerta Roja) de Peter George, un antiguo oficial de inteligencia de la Royal Air Force británica. También conocida como Two Hours to Doom (Dos Horas para la Destrucción), asombró gratamente a Kubrick.

Red Alert (1958) trataba de manera seria un ataque nuclear accidental. El éxito de la novela subyacía en que acercaba al público a un escenario de como podría iniciar una guerra nuclear, incluso si era por un accidente. Era la primera novela que trataba el tema y tenía un mayor impacto al ser escrita por alguien que tuvo acceso a información ultra secreta y privilegiada.

Kubrick se convenció que era el texto ideal para llevar a la pantalla. Se puso en contacto con la editorial de Red Alert y estableció comunicación con Peter George. Los derechos fueron comprados e iniciaron con el proceso de adaptación, con George colaborando con Kubrick para elaborar el guion.

Mientras trabajaban en el guión, Kubrick tenía ideas disparatadas que lo hacían reír y no consideraba pertinente incluirlas. Sin embargo, se dio cuenta que esos disparates eran los más fidedignos, porque retrataban a la perfección lo que buscaba relatar.

Es importante recordar que el humor y la comedia son algo inherente en el ser humano, y la sátira es la expresión, el arma más potente contra amenazas como la guerra y aquellos que la generan. Al retratar los vicios sociales y humanos, la sátira es la manera ideal para representar las contradicciones y el absurdo de la estrategia nuclear. Después de todo, la sátira nos recuerda que el hombre es torpe y primitivo por naturaleza, y ambas se refuerzan con el acceso al poder.

De tal manera, los personajes también tendrían que ser exagerados, rozando el ridículo, el absurdo, para que de tal manera, se aproximasen más a la realidad. Se convertirían en la muestra perfecta de la estupidez humana en un momento bélico o ebrios de poder.  Así no excluía detalles ni comportamientos, por más triviales que pareciesen y daba congruencia a la locura que se desataba.

Asimismo, Kubrick diría en una entrevista a la revista Life :

¿Por qué tenemos que tratar a la bomba con respeto? El respeto puede ser un estado de mente paralizante. Para mí, el sentido cómico es una reacción eminentemente humana a los misterios y paradojas de la vida. Sólo espero que algunos de estos se iluminen por las exageraciones y el estilo del filme. No veo porque un artista tiene que hacer algo más que producir la experiencia artística que refleja su pensamiento.

Tras elegir al reparto, con un Peter Sellers extraordinario encarnando a tres personajes, incluyendo a Dr. Strangelove, el proceso de grabación transcurrió sin mayores dificultades. No obstante, el asesinato del presidente John F. Kennedy, el 22 de noviembre de 1963, hizo que el estreno se postergara hasta el 29 de enero de 1964. Es por ello que antes de enviar las copias a las salas cinematográficas, se realizaron cambios a algunos diálogos, como cuando el Mayor King dice: “Con esto se podría pasar un fin de semana en Las Vegas”. El diálogo original decía “Dallas”, la ciudad donde ocurrió el mortal atentado contra el presidente Kennedy.

En la escena perdida de la guerra de las tartas, que estaba proyectada a ser el final, pero que finalmente fue eliminada, se exclama: “¡Caballeros! ¡Nuestro joven y galante presidente ha sido abatido en la flor de su vida!” Se rumorea que fue otro de los motivos por los que no quedó en la edición definitiva.

Cualquier parecido con la realidad, ¿mera coincidencia?

En Dr. Strangelove hay muchas similitudes entre los personajes y actores reales de la cúpula de poder estadounidense de la época, tanto en el campo político como en el campo militar. Al buscar darle el toque de realismo, era inevitable que Kubrick y compañía tomaran esas características para completar el perfil de los personajes en el filme. Aunque en el texto introductorio del filme:

Además, debe de hacerse notar que ninguno de los personajes retratados en este filme supone representar a ninguna persona real viva o muerta.

Kubrick configuró al General Buck Turgidson –Buck está relacionado con lo masculino, mientras que Turgidson viene de turgde, que significa hinchazón– como contraparte del General Curtis LeMay, Jefe del Mando Aéreo Estratégico de Estados Unidos (SAC por sus siglas en inglés). Habrá incluso cierto parecido físico entre ambos.

LeMay ha pasado a la historia como un personaje controvertido, por su eficiencia y agresividad, ya que fue el creador de la estrategia de poner aviones constantemente en el aire cargados con bombas nucleares, un método de disuasión y una de las premisas principales de Dr. Strangelove.

El controvertido LeMay también tuvo conflictos constantes con John F. Kennedy. La frustración que sentía el uno por el otro era notoria. LeMay pugnaba por tácticas más agresivas contra la URSS, mientras que Kennedy optaba por las negociaciones diplomáticas. Cuando se dio la crisis de los misiles en 1962, LeMay presionaba por bombardear Cuba y se mostró visiblemente decepcionado cuando el conflicto se resolvió por una vía pacífica. En el filme, esta relación es muy similar, por no decir igual, a la relación que sostiene Turgidson con el presidente Muffley.

Dr. Strangelove (Columbia)

Otro personaje retratado es el General Thomas S. Power, representado en el filme por el General Jack D. Ripper. Power era Vicecomandante de SAC y después reemplazó a LeMay como Comandante en Jefe. Power era el protegido de LeMay –como Ripper lo era de Turgidson–, y es sabido que era un sádico y mentalmente inestable.

Cuando se sugirió una estrategia que evitara generar daños en las poblaciones civiles rusas, Power diría: “¿Moderación? ¿Por qué están preocupados por salvar sus vidas? La idea es matar a los bastardos. Al final de la guerra, si hay dos estadounidenses vivos y un ruso vivo, ¡nosotros ganamos!” . Este discurso será similar al que maneje Jack D. Ripper –que inevitablemente nos remite al famoso y misterioso asesino decimonónico, Jack The Ripper, Jack el Destripador– quien será presentado como mental y emocionalmente desequilibrado. Lo suficiente como para pasar por sobre la autoridad presidencial, como lo haría el protegido de LeMay.

Dr. Strangelove, quien es el asesor científico del presidente Muffley. Como él, tomará elementos y actitudes de diferentes científicos y estrategas nucleares de la época, siendo así una amalgamación de: Herman Kahn , John von Neumann , Werner von Braunn y Edward Teller.

El nombre del personaje de Slim Pickerns, el Mayor T.J “King” Kong, hace claramente referencia al simio gigantesco que aterroriza Nueva York para encontrar a su amada rubia. El Mayor Kong será un simio texano, porque no será capaz de mostrar raciocinio alguno y no cuestionará, no sopesará la legitimidad, ni mucho menos las implicaciones de las órdenes recibidas. Simplemente ejecutará la misión y tratará cumplir con su deber sólo porque eso es lo que tiene que hacer.

El Mayor Kong (Columbia)

El unir a los diferentes personajes del mundo real en los personajes ficticios del filme, será un rasgo de suma importancia en la película. No solamente por el parecido físico o facetas del carácter o la personalidad, si no por el discurso y la retórica que manejaban dichos personajes. Los diálogos de Turgidson, Muffley y Dr. Strangelove incluyen conceptos como MAD, la disuasión, el dilema de seguridad y demás aristas que conformaban la compleja estrategia nuclear. Dichos conceptos fueron acuñados en su momento por científicos como Kahn, Von Neumann, Teller.

Dr. Strangelove y la estrategia nuclear

Lo anterior nos ayuda a ver como buscó Kubrick plasmar la estrategia nuclear de la Guerra Fría y su estrategia nuclear. Toda la inspiración sirvió para que logrará explicar todo lo que podía salir mal si el poder estaba en manos equivocadas.

Esto sucede en Dr. Strangelove cuando el General Ripper ordena el ataque nuclear. Su clara paranoia anticomunista es el pretexto para ordenar el bombardeo, sin importar las consecuencias que esto pudiera tener. Kubrick deja así al desnudo el absurdo del red scare, del miedo irracional al comunismo, que era uno de los mayores males sociales de la década de los ’50 y ’60. La referencia inmediata es, sin duda, Joseph McCarthy que inició una cacería de brujas contra todo lo potencialmente comunista.

Un concepto fundamental para entender la estrategia nuclear es la disuasión. Y en Dr. Strangelove se explica de maravilla: ” “La disuasión es el arte de producir en la mente del enemigo… el miedo de atacar”.

La disuasión nuclear se refiere al intento de crear riesgos que llevan a los oponentes a no enfrascarse en determinada acción. Para que funcione la disuasión, el riesgo debe de ser desproporcionadamente más alto de lo que se puede ganar. Y es por eso que se tienen que crear precondiciones psicológicas para que se pueda cumplir.

La manera en que la disuasión es efectiva es cuando la amenaza con la que se busca producir miedo es comunicada al adversario. Sin comunicación no hay miedo, y, por lo tanto, no hay disuasión. Dr. Strangelove, es quien se encarga de señalar esto al embajador ruso, cuando este se refiere al artefacto del juicio final: “Si… pero el punto del artefacto del juicio final… se pierde… ¡si lo mantienen en secreto! ¿Por qué no informaron al mundo, eh?” Si no se informa, la disuasión se vuelve ilógica y puede el sentido.

El embajador De Sadeski, quien es invitado a participar de la reunión a pesar del berrinche de Turgidson y, tras un intercambio por demás ridículo entre el presidente Muffley y el Premier Ruso usando la hot line, el teléfono rojo , explica al presidente las razones del porqué se construyó el artefacto del juicio final:

Había algunos de nosotros que luchamos contra él, pero al final no pudimos mantener los gastos involucrados en la carrera de armas, la carrera espacial, y la carrera por la paz. Al mismo tiempo, nuestra gente se quejaba por más nylon y lavadoras. Nuestro plan del artefacto del juicio final nos costó una pequeña fracción de lo que hemos estado gastando en defensa en un solo año. Pero el factor decisivo fue que nos enteramos que su país estaba trabajando de manera similar, y temimos por una brecha del juicio final.

Más allá que la fuente de información que aceleró la decisión de construir el artefacto fue un artículo en el periódico New York Times, la motivación fue evitar que se abriera una brecha entre ambas naciones. Turgidson expresará: “Vaya, quisiera que tuviéramos uno de esos artefactos del juicio final”.

Otro ejemplo. Cuando Strangelove sugiere la idea de las minas para salvaguardar a algunos elegidos de la humanidad, una vez que se dan cuenta que no pueden detener lo inevitable, Turgidson, quien nunca estuvo de acuerdo con la presencia de De Sadeski, dirá: “[…] debemos estar… increíblemente alertas para prevenir que se adueñen del espacio de pozos mineros, para así reproducirse más prodigiosamente que nosotros, entonces, ¡derrotándonos con números superiores cuando emerjamos! Señor Presidente no podemos permitir… ¡una brecha de pozos mineros!”

El artefacto el juicio final pudiera parecer producto de la imaginación exaltada de Kubrick y de George. Sin embargo, como se ha visto, el filme tiene una sólida base científica. Así que no es de extrañar que el artefacto del juicio del día final tenga un símil en la vida real, aunque se tratase sólo de un rumor .

Es pertinente hacer notar que las relaciones entre el poder ejecutivo y el poder militar tienen mucho peso en como se lleva a cabo la estrategia. Los políticos buscaban más el diálogo y la negociación. Los militares, por su parte, tenían ideas más agresivas de acciones más contundentes.

La importancia de estas relaciones y quien logra imponerse es para determinar quien logra tener el control de las fuerzas armadas. Controlando las fuerzas armadas, se puede conducir la estrategia tanto nuclear como el rumbo del país. En Dr. Strangelove, el retrato que se hace de las relaciones entre civiles y militares es bastante similar a las que se desarrollaron en la Crisis de Misiles.

En 1962, muchos de los militares que aconsejaban al presidente le sugerían actuar y tomar un camino de menos diálogo y más acción. Menos disuasión, más bombas. Turgidson intenta hacer lo mismo con Muffley, recomendando aprovechar el ataque inicial para arrasar e imponerse a la Unión Soviética. Esta misma recomendación la hicieron asesores militares de Kennedy. Personajes como LeMay y Power insistían en atacar.

La disuasión, por lo tanto, trae consigo avances tecnológicos, y no sólo en la cuestión armamentista, sino también la tecnología que se desarrolla para que las armas disuasorias cumplan menor su función. Nada promueve el desarrollo tecnológico acelerado como un estado de guerra. Y Kubrick aprovechará la ocasión para hacer una crítica a la sociedad moderna.

En su trabajo maduro, Kubrick regresa constantemente a uno de los graves dilemas de la sociedad moderna e industrial: la brecha entre la habilidad científica y tecnológica del hombre y su ineptitud social, política, y moral. Kubrick enfrentó este problema de manera directa en Dr. Strangelove.

(Columbia)

El hombre depende de máquinas para comunicarse, pero no es tan eficaz para manejarlas como lo hace con las máquinas que tienen finalidades destructivas. Kong y su tripulación son capaces de sobreponerse a todas las dificultades mecánicas y tecnológicas, pero Mandrake es incapaz de hacer una llamada telefónica porque no tiene cambio para el teléfono público.

Sin embargo, la lección más importante que nos deja Dr. Strangelove or how I stopped worrying and love the bomb es la naturaleza autodestructiva de la guerra. La guerra es una representación de la imperfección del ser humano, con las angustiantes dudas, las cuales ensombrecen cualquier acto de voluntad, y que siempre nos remite a la pregunta: ¿Quién debe decidir? ¿Quién se siente con la superioridad moral para decretar quien vive y quien muere? La guerra, cualquiera que sea, es un campo en el que la moralidad pública es probada de manera terrible y dramática

También nos queda claro que ninguna de las posturas presentadas por Kubrick –el militarismo cuasi fanático de Turgidson, la racionalidad tibia de Muffley y las frías y calculadoras especulaciones de Strangelove– es capaz de frenar la marcha inexorable hacia la destrucción total, hacia el invierno nuclear, hacia el fin del mundo. ¿Y cómo podrían hacerlo, cuando son personas que dejaron de preocuparse para amar la bomba, la máquina?

Kubrick busca llevar a la audiencia, tan cerca como le es posible por medio de las diversas técnicas filmográficas, a las diversas emociones que desencadenan el gran terror, la gran confusión y los múltiples peligros, los cuales disparan acciones potencialmente irracionales y que sostienen su voluntad de supervivencia… aunque esa voluntad pueda llevarlo a la destrucción.

(Columbia)

Dr. Strangelove ataca todos estos paradigmas de la humanidad y de la Guerra Fría: paranoia anticomunista, el heroísmo tan gustado por parte de los estadounidenses y tan fuera de moda y la fe casi ciega de la sociedad en la tecnología y su progreso.

Pero, sobre todo, hace una dura y acre crítica la estrategia nuclear, sus frágiles bases, y a los responsables de ejecutarlas. Ninguna de las dos naciones involucradas en el conflicto tenía el monopolio de la estupidez, porque sus estrategias militares y políticas simplemente eran ejercicios de paranoia en estado puro.

Así, en la última escena, donde vemos las bombas estallar una tras otra y Vera Lynn canta:

Nos veremos de nuevo
No sé donde
No sé cuando
Pero nos veremos de nuevo
Algún día soleado

Kubrick, más allá de sugerirnos que no nos veremos de nuevo, porque no existirá un mundo para ello, lo que busca es que la audiencia reflexione sobre lo que ha visto. Y a 55 años, sigue lográndolo.