Justo un año después de la creación del primer chip de nanotubos de carbono, ahora los científicos han logrado construir la primera computadora con un procesador central hecho a base este material. En otras palabras, esto significa que la industria de la electrónica acaba de conseguir un dispositivo más pequeño, más eficiente y mucho más rápido.

Construido por un grupo de ingenieros, la computadora es relativamente básica comparada con lo que usamos en estos días. De hecho, según Suhasish Mitra, de la Universidad de Stanford y co-líder del proyecto, sus capacidades son comparables a un Intel 4004, el primer microprocesador de esa marca lanzado en 1971. Este nuevo chip, puede alternar entre tres tareas básicas, como contar y organizar números y enviar datos a una memoria externa, pero eso es prácticamente todo. Por supuesto, la lentitud se debe en parte al hecho de que el equipo no fue construido exactamente en las mejores condiciones, el MIT Technology Review explica:

“Esto es sólo el primer paso. El año pasado, IBM demostró que los transistores de nanotubos de carbono pueden correr alrededor de tres veces más rápido que la variedad tradicional de silicio. El futuro [de esta tecnología] parece muy brillante.”

Teóricamente, la computación de nanotubos de carbono podría tener una velocidad mayor que lo que hemos visto hasta ahora con cualquier material. Y puesto que los nanotubos de carbono natural disipan el calor a un ritmo increíble, las computadoras hechas de este material podrían llegar a velocidades más vertiginosas. Así que los límites de velocidad que tenemos con el silicio, que no soportan tan bien el calor, podrían ser completamente superados con mucha eficacia.
 

Computadora nanotubos de carbono 2
Max Shulaker, uno de los miembros principales del grupo de investigación en Stanford.

Todo parece genial, sin embargo, uno de los problemas con los nanotubos es que crecen de manera general, al azar, y algunos de ellos incluso vienen con propiedades metálicas que podrían provocar un cortocircuito. Para superar estos desafíos, los investigadores de Stanford han diseñado algoritmos que funcionan independientemente de los problemas de alineación de los nanotubos, y utilizaron electricidad para vaporizar cualquier rastro metálico en ellos.

Ahora el reto es llevar esta tecnología de laboratorio a un nivel industrial, algo que a pesar de las limitaciones actuales, en un futuro podría ser el primer clavo en el ataúd de silicio.

vía MIT Technology Review