“Haz planes y dios reirá” le dijo en una ocasión Chris Hegedus a su sobresaliente protegida y aprendiz Jahane Noujaim. Hablaba, claro, del estilo documental que lo volvió una figura legendaria del género, junto a su compañero D. A. Pennebaker, el cinéma vérité (cine realidad). Este particular tipo de acercamiento al documental busca integrar al espectador dentro de los acontecimientos narrados para así borrar la frontera entre el director y el receptor de la película creando una sensación de realidad y objetividad únicas. Todo lo que arropa este concepto gira alrededor de la manipulación de las imágenes ¿existe realmente una imagen pura, objetiva, distanciada, que no interprete? ¿Es posible filmar un documental sin hacer un comentario de la realidad que se retrata? ¿Puede el espectador sentirse parte de la historia, juzgarla como testigo privilegiado viéndola por una discreta cerradura?

Mucho se le ha criticado a Noujaim después de Control Room alegando que el estilo de cinéma vérité falsea sus propios planteamientos ocultando claros mensajes en su aparente objetividad. A esto Noujaim responde como toda una experimentada cineasta: “no sé si esto sea la verdad, sé que es mi verdad”. La directora egipcia-americana de The Square, película que le dio a Netflix su primera nominación al Oscar, no oculta su versión, no disimula su pasión y no se esconde detrás de la cámara. Los documentales que filma no buscan la objetividad pura –que para ella es, en realidad, una falacia- sino conmover, cuestionar y sublevar al espectador. Netflix es una opción legal y redituable para intentar llevar el documental a la mayor cantidad de personas y cumplir así con las intenciones de la directora.

El poderoso documental gira en torno a los acontecimientos de la plaza Tahrir desde la revolución que hizo dimitir al dictador Mubarak después de treinta años de totalitarismo militar. Siguiendo la lucha y las opiniones de tres personajes centrales -un popular actor egipcio británico, un revolucionario de clase popular y un conflictuado miembro de la Hermandad Musulmana- el documental se percibe íntimo, real, vivido, al punto de que, cuando la cinta comienza, uno se siente primero frente a una crestomatía: la cámara sigue los acontecimientos de forma tan depurada y cercana que la realidad cruda, vista a través de una pantalla, parece ficción y montaje. Sin embargo, este largo proyecto retrabajado y filmado durante tres años logra sumergir al espectador en el centro álgido de las protestas egipcias, en la realidad de la lucha, la abnegación, las traiciones y el dolor de un pueblo que sigue, mientras escribo, peleando sanguinariamente por ideales en conflicto.

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El esténcil que puedes descargar desde la página oficial es claro: una cámara montada sobre el gatillo de una pistola. Ésta no es la historia de lanzadores de rocas, de incendios y palos, sino la narración de una revolución en las imágenes, de una guerra mediática. En un momento un oficial militar explica las razones de la defensa férrea de la radio del Cairo: “si los militares no protegieran los medios, cualquiera podría entrar y declararse presidente”. Con esta frase, tal vez sin quererlo, el militar admite la fuerza de los medios manipulados y su relación con la legitimidad política: el que controle los medios masivos controla el poder, nombra presidentes y destrona dictadores.

Lo interesante de este documental es, entonces, la guerra entre los medios masivos de comunicación y la fuerza internacional de las imágenes transmitidas en redes sociales. Y, más interesante aún, es que esta lucha mediática trasciende el final de la película: Ahmed, un protagonista, gritó y saltó de emoción cuando le comunicaron la nominación al Oscar porque “ahora nunca se olvidarán los valores y los cambios por los que luchamos”. El documental mismo se inserta entonces en la guerra de imágenes que retrata: nos introduce a todos, como espectadores, desde las calles, en su lucha.

La objetividad como pureza no existe y este documental no intenta disimularlo. Es honesto y eficaz en sus intenciones, más allá de la realidad objetiva de sus interpretaciones. No hay narración, no hay una voz en off describiendo eventos, sólo imágenes sobrepuestas a los trazos del graffiti revolucionario, sólo opiniones encontradas entre los protagonistas, canciones entonadas frente a la tortura, corretizas, sangre, humo y fuego.

Un arma mediática

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La valentía de la documentalista ya ha sido comentada en muchas ocasiones, el coraje del documental ya creó reacciones y elogios; sus logros son evidentes y su calidad innegable. Sin embargo, tal vez es su aparente inocencia la que más puede, finalmente, perturbarnos: los revolucionarios satisfechos con el despertar de la conciencia rebelde en Egipto, los logros alcanzados hacia una difícil democracia, las sonrisas y las canciones de protesta y, sobrepuesta, una parca nota sobre los cientos de miembros de la Hermandad Musulmana masacrados por el ejército el 14 de agosto del año pasado. Las imágenes difundidas por YouTube, la idea de las revueltas populares que contagió todo el Oriente Medio, los efectos lejanos que percibimos, en nuestro país, de un regreso a la rebeldía romántica, caracterizan el mensaje de la película como promulgadora de una esperanza; pero la frase de Ahmed sigue opacando el brillo de lo logrado: “siempre estarán los de arriba masacrando a salvo y siempre serán los de abajo los que mueren”.

Desde los acontecimientos del final de la película han muerto en Egipto alrededor de 2,000 personas en represiones policíacas, militares y en atentados en todo el territorio, la mayoría de ellos islamistas que buscan regresar al Estado islámico del Dr. Morsi. Solamente en este primer mes del año murieron 114 personas de forma violenta, 64 de las cuales fallecieron en enfrentamientos el pasado 25 de enero. La situación en Egipto no es prometedora: el ejército sigue controlando el poder y las elecciones prometidas reposan sobre un completo desconcierto y división populares; los partidos políticos se multiplican y las opiniones se polarizan mientras la masacre continúa.

Y esa es tal vez la voluntad de la película, la visión que transmite Mujaim: este documental se admite también como una arma mediática, una arma que busca despertar la conciencia histórica de una sociedad atrapada entre las redes de los medios oficiales, que busca, sin tanta inocencia como la que aparenta, difundir la idea de una esperanza combativa. Sus logros quedan por percibirse, las críticas que despierta por elaborarse, su alcance por demostrarse.

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El documental, muy posiblemente, no va a ganar el Oscar. Sin embargo, su éxito mundial a través de la simple nominación ya se hizo sentir en alabanzas y discusiones. Esta breve reseña es solamente mi opinión, como cada quien la tendrá; y es, justamente, en esa capacidad de proponer una reflexión polémica que la cinta abre el camino a una observación internacional de la complicada situación que vive Egipto. Todavía le queda recorrer el camino interno y lograr su proyección en este país, todavía debe vencer censuras y cumplir su anhelo de despertar la reflexión en el pueblo que retrata con cariño y pena. Las consecuencias quedan por comprobarse, y eso es el cine realidad, ese es el impacto de las imágenes, esa es la libertad pura de la interpretación: que nadie sabe, a ciencia cierta, en que resultará. Haz planes para hacer reír a Dios.

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Título: The Square

Duración: 108 min.

Fecha de estreno: 10 de enero de 2014

Director: Jehane Noujaim

País: Egipto, Estados Unidos

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