Tanta expectativa creada, tanta polémica buscada y ahora, por fin, entre masas de espectadores, todos podemos ver de lo que tanto se hablaba.

Con el estreno de The Interview se acallaron por fin las amenazas de grupos de procedencia dudosa, los miedos de bomba y la histeria colectiva. Porque todo esto estaba llegando al punto del miedo por la caricatura de Mahoma o del inminente ataque nuclear soviético. Y bueno, después de ver la película, ¿qué nos queda? ¿Presenciamos la mayor obra de polémica estadounidense que haya existido? ¿Ésta es la afrenta más provocadora a un dictador norcoreano? ¿Por qué no se ganaron amenazas de bomba Matt Stone y Trey Parker? ¿Por qué causó más odio y conmoción lo hecho por Franco y Rogen?

Y bueno, no es que podamos responder a todas estas preguntas –ni es lo que pretendemos–, pero sí creo que podemos comentar algunas cuestiones interesantes en torno a una polémica que ladra mucho y apenas muerde. Ésta es la historia de un enorme mecanismo de publicidad política torpe o mal orquestado, de una polémica que no tendría razón de existir, de una afrenta que ofende a las superficies evitando siquiera rozar el fondo.

Autoparodia y todo lo políticamente incorrecto

The-Interview-1

Desde hace ya cierto tiempo la comedia americana de calidad se ha alimentado, aún en su mainstream, de la autoparodia. Todo pasa por el azote al modo de vida americano, por el repudio jocoso a las convenciones deprimentes de una sociedad decadente, por la burla comprendida sobre toda comedia, sobre todo lo que rodea la cultura popular y sus ramificaciones más evidentes. Ahí tenemos el imperio de Los Simpson con la burla inteligente sobre todo el modo de vida familiar americano: un programa del malestar común en una cultura que se junta con la ternura verdadera de identificación con personajes entrañables. Y de ahí todo se ramifica a mecanismos similares. Está South Park y el modo de observar la estupidez cotidiana de Norteamérica desde la perspectiva de los únicos personajes lúcidos en un pueblo de Colorado: cuatro niños en edad de primaria. Y de ahí también se ramifica, en la autoparodia, toda la incorrección política que se necesita para mofarse del sueño americano.

No hay nada que distinga más el espíritu culposo medio americano que su terror de ofender con comentarios racistas o con desatinos prejuiciosos. En Estados Unidos se vuelven cuestión jurídica los crímenes de odio, se construyen museos de la tolerancia, se crean más eufemismos que en tiempo del preciosismo barroco y a Spike Lee no le cansa andar regañando todavía a todo el mundo. De ahí la burla tan poco comprendida que hizo Harmony Korine en Spring Breakers (2012) del sueño masturbatorio americano de encontrar a un gánster cantando Britney Spears y a dos jóvenes rubias de futuro universitario derrotando a los mafiosos afroamericanos más malotes de Florida. Todo está en la idea de que el nuevo sueño americano reposa en robarle lo cool a la cultura afroamericana; intentando, al mismo tiempo, de puntitas y con aparente trauma, no ofender a nadie. En toda esta aparente consciencia racial, en este robo cultural discreto y en estos traumas culposos raciales está lo fascinante de la comedia americana contemporánea. Todo gira en torno a la autoburla empujada al límite por la incorrección política.

¿No parece evidente lo que digo? Regresen entonces a echarle un ojo no ya a grandes hitos culturales de referencia evidente como son South Park y Los Simpson, sino a cosas más recientes. El primer capítulo de The Office tiene a Michael Scott marchando como militar e imitando a Hitler. La última temporada de Louie, con toda la genialidad que la caracteriza, trata con sutileza y sorna el tema de la violación. Chris Rock no ha parado de hablar con tino insolente de sus consideraciones sobre las mujeres y el matrimonio. John Stewart ha confrontado, una y otra vez, en su programa, el asunto de la disparidad racial. Y bueno, aunque no sea un comediante americano, queda su burla como el ejemplo más violento de Estados Unidos frente a sus prejuicios en comedia: Sacha Baron Cohen y su genial Borat fueron un parteaguas en la forma de autoparodia americana que reposa en la incorrección política.

Una comedia inocente para temas demasiado grandes

The-Interview-2

Y de ahí podemos ir a lo que sucedió con The Interview. Porque ni Seth Rogen, ni James Franco, a pesar de ser comediantes brillantes con una larga carrera de relajo característico detrás de ellos, han llevado nunca su comedia a los parajes extremos que cité anteriormente. Lo suyo es más una bufonería de situación que, como buena comedia promedio y aleccionadora, acaba bien después de dos horas de buenas risas. Desde sus papeles memorables en la serie de culto Freaks and Geeks, Franco y Rogen han arriesgado más en la forma de sus comedias y en diálogos vulgares excelentemente escritos que en contenidos verdaderamente insolentes. Por más innovadoras que hayan sido estas formas de comedia, nunca cruzaron la línea política. Ni Superbad (2007), ni Pinapple Express (2008), ni This is the End (2013) tienen connotaciones polémicas notables. Todo aquí son buenas risas, excelente escritura en forma innovadoras de guión y viejos esquemas de comedia gastada en buddy films, comedias románticas y temáticas stoner.

Con todo, la sencillez de los esquemas y la complejidad alocada de los diálogos lograban comedias –como las tres citadas anteriormente– que perduran en la memoria y que causaron saludables risas. Ese era el lugar seguro en donde podían anclar su comedia Rogen y Franco. Ahí aplicaba particularmente bien la escritura de Seth Rogen y Evan Golberg. Pero con The Interview todo parece habérseles salido de las manos. Y no es que la película no tenga sus buenas risas y momentos inteligentes, aunque contados. La cosa es que ésta no es una gran sátira política y ni siquiera se acerca a los buenos momentos de incorrección y crítica a los que nos tiene ya acostumbrados la comedia americana. Ésta es más bien una excusa bufonesca para volver a juntar a Rogen y Franco en una situación increíble. Todo lo demás es un poco superfluo: la crítica al régimen norcoreano no es algo muy lejano al conocimiento común que todos tenemos, a lo lejos, sobre un país inaccesible; la megalomanía de un líder emocionalmente inestable por la imposición de una imagen paterna imponente no es nada muy original; y el fanatismo del líder supremo por hitos culturales occidentales es algo bien conocido –¿no era, justamente, su padre el que gastaba cantidades estrepitosas en coñac y películas hollywoodenses?

The-Interview-3
La crítica al régimen norcoreano no es algo muy lejano al conocimiento común que todos tenemos

Todo esto lleva a otra comedia de situación cuyo trasfondo político es tan inconsistente como superfluo. Aquí no importa la ideología sino la megalomanía de un líder contrapuesta al ego de un presentador de televisión; aquí no importa el choque cultural sino la construcción de cada uno y el afrontar, eventualmente, los fantasmas de nuestros padres; aquí no hay reflexión sobre la estupidez americana o la estupidez norcoreana sino que toda estupidez se da como algo entendido para el contexto de la comedia ligera.

La bronca entonces de esta película no está en lo político que se desató hasta volverse una causa patriótica; el verdadero problema está en que la escritura original de Rogen y Golberg y la bufonería de los protagonistas se queda algo corta esta vez. Aquí no están las mismas risas causadas por diálogos impresionantemente absurdos pero perfectamente atinados que encontramos en Pinnaple Express o This is the End; aquí la comedia de pastelazo es muy evidente en fajes sin manos, artefactos escondidos en traseros inesperados y un líder defecando en público; aquí, finalmente, la controversia política demostró, con creces, la falta de profundidad crítica de la cinta y su completa inexperiencia en un campo polémico más amplio de lo habitual. Chaplin se atrevió, con The Great Dictator (1940) a parodiar en un momento de tensión política –cuando Estados Unidos todavía no entraba en la guerra– a Hitler y a Mussolini. Y lo hizo con clase y desparpajo mezclando su bufonería natural con una palpable inteligencia política. Pero esto sólo lo podía lograr uno de los más grandes bufones del cine mundial; y, aún así, la polémica que causó fue considerablemente menor a la lograda por The Interview.

The-Interview-5
La controversia política demostró la falta de profundidad crítica de la cinta

Y tal vez ahí esté la mayor crítica que se le puede hacer a una película que nunca quiso ser más que bufonería sin consecuencias: hay que dejarle a la comedia mayor los temas de polémica y quedarse tal vez en el reino de lo íntimo, de lo conocido, de la crítica cultural limitada. Esta película enseña finalmente, con su propio ejemplo, que no hay vergüenza en apuntar bajo, y que puede ser considerablemente dañino creerse a pecho las canciones de Katy Perry.

Lo bueno

  • Algunas buenas risas en ciertos diálogos bien logrados.
  • El volver a utilizar a personajes reconocidos para mofarse de ellos: aquí, el caso que sí funciona, es ver a Eminem admitiendo su homosexualidad.
  • Las esperanzas que debería mantener este tipo de películas desde un inicio: se trata de comedia ligera, nada más buscado, nada más logrado.
  • La presencia de Rogen y Franco que siempre hace química y logra simpatía.
  • Que enseñe, con sus errores, sobre los peligros de las canciones de autoayuda de Katty Perry.

Lo malo

  • Todo lo externo: que se desatara una polémica infértil alrededor de la cinta; que Corea del Norte emitiera comentarios aleccionadores y Sony doblara las manos con la distribución; que generara olas de respuesta patriótica en miedo o aprobación.
  • Que con todo lo externo es difícil no sentirse algo decepcionado por la poca profundidad en crítica política de la película.
  • Que tampoco cumple con las expectativas de una película de comedia ligera como nos tenían acostumbrados Rogen, Franco y Goldberg: demasiado pastelazo y poco diálogo inteligente.
  • Que todo fue mucho ruido para tan pocas nueces.

Veredicto

The-Interview-4

Ésta resulta la película más floja de la dupla Goldberg/Rogen. La enorme expectativa desatada por una controversia política francamente estúpida sólo generó una sensación decepcionante frente a una comedia sin profundidad y que pierde mucho del carisma de sus creadores en pastelazos caricaturescos. En general, quedamos con la esperanza de que esta experiencia desafortunada no limite en un futuro las posibles empresas de Rogen, Goldberg y Franco. Si estos se quedan en el límite de sus conocimientos, en la crítica cultural ligera y la comedia de situación en temas conocidos, siempre podrán seguir produciendo pequeñas joyas como los fueron Superbad, Pinnaple Express y This is the End. Esperemos que resulte así y que no creen en un futuro una crítica de Fidel Castro a través de canciones de Justin Bieber. Que queden mejor los temas espinosos en el cuidado insolente de los comediantes espinosos; y que se mantengan Franco y Rogen para la empatía simpática y los abrazos entre compadres mariguanos.

The-Interview-poster

Título: The Interview

Duración: 112 min.

Fecha de estreno: 25 de diciembre de 2014

Director: Seth Rogen, Evan Goldberg

Elenco: Seth Rogen, James Franco, Lizzy Caplan, Randall Park

País: Estados Unidos

Ver más
Otras reseñas