Otra película que esperaba con impaciencia y que tardaba en llegar. Sin City: A Dame to Kill For era la continuación tan requerida de la tremenda adaptación a las novelas gráficas de Frank Miller que salió en el 2005 y que rompió todos los parámetros de separación entre cine y cómic. Y los rompió con elegancia, añadiéndole toques de color al casi completo y tan ambicioso blanco y negro de Miller, retomando los diálogos con precisión y pautada voz en off, con un reparto extravagante que resultó perfecto. Nadie esperaba, claro, que se superara este tremendo hito cultural, nadie creyó, después de nueve años, que esta película fuera a sorprender como la anterior.

De acuerdo, pero nadie esperaba tampoco que resultara en una cosa tan extrañamente deforme y sosa. La secuela de Sin City me recordó más por momentos a The Spirit que a la gran cinta del 2005. Y yo fui sin prejuicios, juzgando que todas las críticas terribles que había recibido en Estados Unidos, que todas las butacas vacías, eran el efecto de una sorpresa gastada en casi un década de repetitivos efectos en pantalla verde. Pero la decepción fue mucho más allá de lo que mis ganas me permitieron imaginar. Lo digo con todo el dolor del mundo y desde un inagotable cariño por el trabajo en papel de Miller: otra vez, entre una dirección complaciente y una pluma que se siente cada vez más gastada, esta leyenda de las viñetas falló en el traslado.

Una adaptación dolorosa

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Podemos empezar por cualquier parte pero, para seguirle el camino a la creación, vayámonos primero con la adaptación de la historia que le da nombre a la película. A Dame to Kill For fue la segunda entrega en las novelas gráficas de Miller. Y aquí el creador incansable estaba en su cúspide: había encontrado un nicho para poner todo su cariñoso homenaje hacia las novelas de Chandler y, sobre todo, de Mikey Spillane; tenía, como lo mencioné en otra nota, una correspondencia nutrida y enriquecedora con sus lectores; denunciaba y comentaba la industria del cómic desde su columna; y, encima de todo, escribía y dibujaba lo que yo sigo considerando como su obra maestra.

Con esta segunda entrega que siguió a la aclamada The Hard Goodbye, Miller acabó de recolectar aplausos: la historia, tal vez menos violenta que la anterior, tenía una profunda oscuridad psicológica en los trastornos de Dwight y las manipulaciones de una genialmente retratada, caricatura sin bordes, femme fatale. La trama ocurría antes y durante los acontecimientos de la entrega anterior, relacionando algunos personajes, algunos momentos y ampliando así el universo de la ciudad pecado, del lugar cloaca que es Basin City.

Parte del gusto maravilloso que tiene Sin City como un todo, es esta posibilidad de entretejer tiempos e historias, de mostrar, con algunos lugares que se repiten, con caras familiares, que el mundo bajo de esta ciudad de noche es vasto; que, en él, caben toda clase de perversiones y violencias. El reencuentro con el glorioso personaje de Marv en esta segunda entrega mostraba bien que se podía explotar una línea temporal fija en idas, regresos, pasados y futuros; que la condena de muerte no impide el regreso de un personaje en aventuras anteriores; que Miller había creado un mundo y lo estaba utilizando a su antojo. En este sentido, la película del 2005 logra perfectamente la traducción: mientras se desarrolla una historia, vemos en el trasfondo a personajes de otra anécdota, se cruzan miradas y reconocimientos con naturalidad, y la podredumbre sigue sus caminos bifurcados.

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Ava (Eva Green) y Dwight (Josh Brolin)

Y acá empiezan los problemas en la adaptación: en esta secuela cinematográfica toda la gloria de la unidad temporal en anécdotas independientes parece tirarse al catre. El regreso de Marv, con la inclusión de la historia corta Just Another Saturday Night que viene en el volumen apéndice Booze, Broads and Bullets, está bien, sin más; y su aparición en A Dame to Kill For es evidentemente necesaria respondiendo al cómic. El problema aquí es su papel en una historia inédita que escribió Miller para la pantalla y que, además de carecer completamente de carisma y profundidad, amuela todo el asunto cronológico en un relajo que se siente perezoso. ¿Cómo es posible que Nancy mate al senador Roark mientras Marv sigue vivo? ¿No estaba vivo Roark, justamente, cuando lo fríen? ¿Por qué no –y a eso me refiero cuando digo perezoso– tomar otro personaje, o encontrar a Nancy en un abandono más profundo por la pérdida de dos figuras protectoras, Marv y Hartigan? Y digo, si ya estamos en esas, ¿por qué no escribir un nuevo personaje?

Todo esto considerado, no es ni siquiera el desfase temporal que más me molesta, sino, entre tantas cosas, la completamente acartonada y desairada actuación de Jessica Alba. Digo, desde Sin City, cuando tenía unos muy creíbles 24 años, no ha hecho un solo papel significativo que guarde algún peso en la memoria colectiva. Y ahora, a Miller se le ocurre ponerla a hacer un papel de profundidad acartonada en el que tiene que pegarle a la locura con vodka apurado y automutilarse con un espejo roto mientras alucina a Bruce Willis trasformado en Cásper. Si la idea es mala, el resultado es aún peor. No le crees nada, ni ella misma se cree y cuando camina tambaleante apurando una patona no puedes más que sentir en las entrañas que adentro de la botella no hay más que alguna agua fina, triplemente purificada.

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Jessica Alba ofrece una actuación completamente acartonada y desairada

Pero no hay que tirarle toda la culpa a Alba. Lo que aquí duele profundamente es una combinación terrible de malos factores. A la actuación fallida se suma una dirección deficiente, autocomplaciente, sin ninguna pasión, la escritura de dos tramas nuevas bastante decepcionantes y la adaptación deficiente de las grandes historias que ya habían sido publicadas. En A Dame to Kill For se simplifica con brutalidad el desarrollo del cómic, restándole cachos a la investigación policiaca y quitando un personaje secundario que me parecía interesante para balancear los conflictos internos de Dwight entre su trabajo asqueroso de fotógrafo indiscreto y su pasado monstruoso: Agamemnon el griego –recuerdo, por nombre, de la gloria épica desgastada hasta la figura de un comedor compulsivo con cara de sapo. Y el resultado es una pérdida considerable de dramatismo en la traición de Ava, en el homicidio-suicidio de Mort y en la esperada transformación de Dwight.

Cosa que se suma al resultado es que la película acaba de arruinar los personajes con la terrible dirección que apenas logra hacer, con dos actores tremendos como son Brolin y Eva Green, dos personajes inocuos e incómodos. Siempre se agradece ver a Green en toda su cachondés natural pero, díganme algo con sinceridad los que vieron la segunda parte de 300, ¿no creen que ahí sí se robaba la pantalla? En esa película Green fue todo y aquí, teniendo un personaje mucho más interesante, acaba siendo anecdótica. Además, el cambio final de la cara de Dwight no sorprende a nadie, le quita todo el suspenso al final de la historia utilizando, en vez de regresar a Clive Owen o cambiar, de plano, al actor, un maquillaje prostético de lo más torpe sobre el pobre rostro inexpresivo de Brolin.

Y lo que queda

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The Long Bad Night podría haber sido algo interesante. La historia de la primera derrota de Roark, la única posible –la derrota simbólica–, el regreso del hijo bastardo, la brutalidad del poder, eran elementos explotables e interesantes para la mitología de Basin City. El problema fue, de nuevo, utilizar demasiados soportes gastados: ¿Por qué razón se le ocurrió a Miller poner a jugar cartas a Roark en el mismo bar en el que se desnuda Nancy? ¿Sólo para relacionar la otra historia nueva? ¿Sólo para que reconozcan el lugar los espectadores? En realidad con todo su poder y alcance, Roark no tiene nada que hacer ahí, en los bajos fondos y todo parece demasiado construido para el propósito de una trama que ya no hace ningún esfuerzo por ocultar la falta de inspiración y su construcción forzada.

Y bueno, si además le tiras a la mezcla la completamente innecesaria y francamente desagradable presencia de Lady Gaga, ya no te queda mucho que rescatar. Tal vez el mayor logro de la película sea ese: no creo que nadie pudiera pensar que esa mujer se podía ver más fea; y mira que lo consiguieron. Con tantas historias paralelas que Miller ya había escrito, ¿no era mejor quedarse con el material original? Tal vez, si querían más de Dwight, ¿no podían quedarse con la joya que es Family Values?

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Eva Green, la nueva femme fatale de Sin City

Al final, ni siquiera eso que había logrado con creces la primera película–el impacto visual– termina por convencer aquí. Esta versión tiene un presupuesto mayor que la primera y las explosiones se ven peor que los rebuscadamente chuscos zafarranchos de Machete. El uso del color, que, en principio, salvo por el bastardo amarillo, no está presente en las novelas principales, se utiliza aquí con guiños mal emplazados: la dama del vestido azul es un personaje interesante en Blue Eyes y no tiene nada que ver con Ava, a pesar de ser otra figura de femme fatale. Finalmente, todos los encuadres que siguen con fidelidad el impacto cinemático del cómic acaban aquí por cansar, careciendo del ritmo y elegancia de la primera entrega. Último clavo para el ataúd: esta cinta, sin el mismo impacto visual, con una trama desfigurada, puede incluso aburrirte.

En realidad, como con cualquier película, te puedes pasar un no-tan-mal rato viendo Sin City 2. Pero esta diversión basada en ampliar las secuencias despacha-cabezas de Miho –actriz que también remplazan y no tiene el mismo carisma silencioso de Devon Aoki–, los desnudos demasiado posados de Eva Green o las invenciones totalmente innecesarias de nuevas golpizas de Marv, no puede bastar para seguir el legado de la primera entrega. Ya había yo comentado por ahí que Miller parecía demasiado preocupado por lo que la gente pensaba de él, que tal vez sus mejores años habían quedado atrás y que, con todo esto, esperaba equivocarme. Pero cada nuevo intento del viejo creador en el cine acaba manchando más su tan desgastado prestigio de los últimos años.

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Lady Gaga aparece en la película como el personaje de Bertha

Y hablo casi exclusivamente de Miller porque Rodriguez ya ha demostrado con creces que después de algo único e interesante se puede fletar cinco bodrios espantosos. En todo caso, como mancha a los criticables proyectos recientes de Miller, lo más rescatable que me queda, en esta decepción, es que me recuerda, ahora más que nunca, la gloria irrepetible de su pasado y las hermosas novelas gráficas que hizo en un apogeo lejano. Esas novelas que, al parecer, seguirán siendo el único legado intachable para la ciudad pecado.

Lo bueno:

  • A pesar de la dirección y el retrato soso, Eva Green siempre se aprecia, claro.
  • Algunos, contados, logros visuales que tampoco son suficientes para sostener la película.
  • Wallenquist que queda retratado de forma espectacular.
  • La primera adaptación de Just Another Saturday Night es pasable.
  • Ver de nuevo a Christopher Loyd en pantalla grande siendo un doctor loco en otro contexto.
  • Que después de ver esto, sólo quieres regresar llorando a adorar las novelas gráficas.

Lo malo:

  • Casi todo en la realización: la incapacidad de mantener el impacto visual, la dirección complaciente, la completa falta de sorpresa en los medios utilizados, la actuación de Alba, la presencia de Lady Gaga…
  • La adaptación de las historias tomadas de la obra de Miller que pierde mucho de su encanto original.
  • La creación de nuevas historias que son bastante olvidables y que, para acabarla de amolar, rompen con la cronología de Sin City.
  • La continua decepción de las recientes creaciones de Miller y el pensar que tal vez sus mejores días ya quedaron muy atrás.

Veredicto

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Con tanta anticipación y espera, ésta es una película que ningún fanático del cómic se va a perder. A pesar de eso y de que siempre es gratificante ver a personajes queridos del papel pasar a la carne y al hueso, muchos de estos fanáticos se encontrarán, como yo, con algo bastante decepcionante. Fuera de todo lo que ya dije, hay algo fundamentalmente mal con esta película. No puedo decirlo con precisión pero la impresión que me dio fue la de una obra realizada con desgano, porque sí, sin cuidado, a la rápida. Y cuando tienes esa sensación con una producción que tomó nueve años para realizarse es que algo no estaba funcionando desde el principio. Tal vez los creadores mismos se decepcionaron en el trayecto. Ésta es, en verdad, una mala película que ensombrece lo que todavía puede dar Miller y que aboya las expectativas de quienes esperaron tanto tiempo para recibir tan poco. Nada más que decir: nos quedan siempre, grato consuelo, las páginas en impecable blanco y oscuridad profunda.

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Título: Sin City: A Dame to Kill For

Duración: 102 min.

Fecha de estreno: 6 de noviembre de 2014

Director: Robert Rodriguez, Frank Miller

Elenco: Mickey Rourke, Josh Brolin, Jessica Alba, Eva Green, Rosario Dawson, Joseph Gordon-Levitt, Bruce Willis, Ray Liotta, Christopher Loyd

País: Estados Unidos

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