Reseña: Xbox Series S – El aterrizaje accesible a la 9na. generación de consolas

| 5 de noviembre de 2020
Que no te engañe su precio, esta consola es el salto técnico que la novena generación de consolas de videojuegos prometió.

¿Te has puesto a pensar en lo surreal que es considerar que desde los tiempos del Color TV-Game 6 de Nintendo hasta los del Xbox Series S solo han pasado nueve generaciones de consolas de videojuegos? Es alucinante, diría yo.

Con la llegada de la Xbox más pequeña de la historia, se anuncia el nacimiento de otra generación de consolas, misma que se espera, le dará la bienvenida definitiva a los gráficos de 4K, normalizará tecnologías como el trazado de rayos (o RT) en tiempo real, sombreado de tasa variable, tasas variables de refresco y latencia ultra baja, entre otras cosas que mejoran nuestra experiencia como videojugadores.

Para quienes me han preguntado si vale la pena comprar la versión más económica de ambos Xbox, intentaré ser claro y breve, ya que estoy seguro que prefieres pasar más tiempo buscando tu plataforma de videojuegos, que leyendo una reseña larguísima.

Que quede claro que la Xbox Series S es una consola de novena generación por donde la mires, y que virtualmente todas las tecnologías que tanto su “hermana mayor” como el PlayStation 5, han anunciado con bombo y platillo, estarán presentes en esta plataforma que se vende en 299 dólares.

Las únicas diferencias entre la Series S y la X son el precio, el tamaño, el diseño exterior y algunos elementos técnicos que para el jugador normal, pasarán completamente desapercibidos.

La Series S es un producto físicamente 60% más pequeño que el Series X, que se vende a un precio más accesible para mucha gente y que se mantiene como una consola tres veces más potente que el Xbox One más actualizado a la fecha.

Las pequeñas diferencias entre Series S y Series X

Por dentro vemos un CPU AMD Zen 2 de ocho núcleos con frecuencia de 3.6 GHz de siete nanómetros y que en modo SMT en el que un solo núcleo del procesador activa una modalidad que le permite hacer dos tareas a la vez, alcanza los 3.4 GHz.

El Xbox Series X tiene virtualmente el mismo procesador (AMD Zen 2 de ocho núcleos) con tan solo .2 GHz de diferencia en el número de activaciones por segundo.

¿Que qué distinción hay entre una cosa y otra? En primer lugar, los GHz no definen la potencia de un procesador y para ser sinceros, que la diferencia entre uno y otro sea de decimales, es algo que ni vas a notar. En este sentido, tanto la consola más completa com su contraparte económica, son casi idénticas.

La Xbox Series S cuenta con arquitectura gráfica RDNA 2 con soporte para trazado de rayos por hardware, al igual que el Series X.

La memoria interna de la consola más económica de Microsoft para 2020 es SSD NVMe personalizado, al igual que la Series X, con una velocidad de transferencia idéntica: 2,4 GB/s (sin compresión), 4,8 GB/s (comprimido).

Cabe mencionar que la misma tecnología de expansión de SSD que Microsoft propone junto con Seagate, será compatible para ambas consolas.

Ambos aparatos usan un cable HDMI de alta velocidad -2.1 (4K/120Hz, 8K, VRR)- para conectarse a la televisión, por lo que en este aspecto no tenemos queja alguna. Quienes tengan una Series S, obtendrán casi lo mismo que lo que ofrece la Series X.

Un aspecto poco conocido es que en temas de audio, ambas plataformas contarán con la misma tecnología y compatibilidad con sonido espacial 3D y Dolby Atmos.

Saliendo del tema técnico de los números, los teraflops y todo eso, podemos decir que agradecemos que Microsoft le permita al Xbox Series S, ejecutar videojuegos con HDR y a una sólida tasa de 120 cuadros por segundo que, luego de hacer un par de benchmarks, vimos que se mantienen estables incluso en las escenas con mayor acción en pantalla.

Eso sí, consideremos que los juegos que probamos fueron versiones optimizadas de títulos diseñados con la arquitectura del Xbox One en mente, que son los mismos que la mayoría de los gamers probará el día del lanzamiento de esta consola, principalmente.

Agradezco que esta plataforma cuente con la retrocompatibilidad más completa de la novena generación, que incluye títulos de Xbox, Xbox 360 y Xbox One, que además, mejora ligeramente su desempeño, resolución y estabilidad en la tasa de cuadros por segundo.

Las grandes diferencias con Xbox Series X

La principal diferencia del Series S respecto a su hermano mayor es su tamaño físico, que he de decir, es minúsculo, incluso comparado con las versiones más actualizadas de la generación anterior de consolas.

Además, destaca la enorme parrilla de ventilación de la consola, que promete mantenerla a una temperatura adecuada para funcionar, sin hacer mucho ruido.

El Xbox Series S tampoco trae lector óptico de discos, así que todos los juegos tendrán que descargarse en la tienda virtual de Microsoft, por lo que quienes tengan esta consola, se despedirán de una vez por todas de los puntos físicos de venta.

En lugar de correr videojuegos a 4K nativo, esta consola manejará resoluciones de 1440p con upscaling a 4K, mientras que la memoria interna, en lugar de ser de 1 TB (como nos habría gustado que fuera), será de 512GB con capacidad de expansión.

En temas de velocidad, podemos decir que el Series S sí ofrece una experiencia mucho más ágil al salir y entrar de apps y juegos, y que la interfaz de usuario es mucho más veloz que en la octava generación de consolas de Microsoft.

Sin embargo, si comparamos la Series S con la Series X, no podemos dejar de notar los sacrificios que la compañía de Redmond hizo para mantener un precio bajo en su alternativa más económica para 2020: la RAM, que a pesar de ser GDDR6 (al igual que el Series X), es de 12GB en lugar de los 16GB de su hermana mayor.

Esto se traduce en una velocidad “un poco” menor comparada con el Xbox Series S, pero que para fines prácticos, será imperceptible a menos que pongas ambas plataformas a trabajar juntas.

Eso sí, la RAM de ambas consolas sí nos quedó a deber, ya que en PC, lo mínimo ya es 16GB, por lo que habría esperado ver al menos 24GB en la RAM del Xbox Series X y 16 en la Series S.

Otra de las principales diferencias que uno ve entre ambas Xbox de esta generación, es el tema de los teraflops de su GPU, que dicho sea de paso, es un trecho enorme entre ambas.

La Xbox Series X cuenta con una potencia de GPU de 12.15 TFLOPS, mientras que el Xbox Series S solo mantiene 4, lo que a primera impresión parece decir que a nivel gráfico, la versión económica de esta consola no tiene nada que hacer contra el Series X, sin embargo, al ser este GPU uno que obtiene más rendimiento por teraflop que, digamos, el del Xbox One X, obtenemos una potencia gráfica mayor en la Series S que en la One X.

Sí, la Xbox One X tiene 6 TFLOPS y la Series S “solo 4”, pero recuerda que esos 4 TFLOPS hacen más que los 6 de la consola más potente de la generación anterior y por ello, los juegos que probamos en la Xbox Series X no solo se ven mejor, sino que se ejecutan con mayor agilidad.

Incluso si no me creyeras en este punto, la Series S y la Series X serán compatibles con los mismos juegos de lanzamiento de la novena generación, mientras que un Xbox One S no podrá ejecutarlos con trazado de rayos activados, tasa variable de refresco o más de 60 cuadros por segundo.

En pocas palabras, Xbox Series S es, al igual que el Series X, el salto tecnológico que Microsoft prometió respecto a las consolas de octava generación, incluso si los specs de la versión más barata parecen palidecer ante “su hermana mayor”.

Experiencia general con la Xbox Series S

Bajamos un par de juegos disponibles en el Xbox Game Pass Ultimate como Resident Evil VII, Doom: Eternal, Nier: Automata BECOME AS GODS Edition, y otros optimizados para recibir la novena generación de consolas como Gears 5 y Forza Horizon 4.

En todos los juegos, los tiempos de carga se han reducido bastante, mientras que a nivel gráfico, se experimentan mejoras gráficas leves, pero evidentes.

Aún no hemos podido jugar Assassin’s Creed: Valhalla o Cyberpunk 2077, que deberían poner a prueba los alcances técnicos de esta consola, pero Microsoft promete que lucirán y correrán como uno esperaría en una consola lanzada a finales de 2020.

Hemos podido probar la Reanudación Rápida que nos permite saltar entre un juego y otro, y para ser sinceros, funciona mejor de lo que esperábamos, en especial con Doom: Eternal y The Witcher 3: Wild Hunt.

Valdría esperar un par de meses para probar juegos especialmente diseñados para esta generación de consolas, para ver lo que puede lograr la arquitectura que proponen en Redmond, en especial con The Medium y Halo Infinite.

Debido a que la interfaz de usuario de esta consola se mantiene casi idéntica respecto a la de la anterior, pasar de la octava a la novena generación, será mucho más sencillo.

Me habría gustado, sin embargo, que el catálogo de lanzamiento hubiera sido más potente, ya que actualmente, Microsoft depende demasiado de juegos de éxito probado en Xbox One, para atraer al público a su nueva apuesta para 2020 y más allá.

Si no quieres quedarte sin qué jugar en Xbox Series S o X, sí recomendamos ampliamente el Xbox Game Pass Ultimate, ya que brinda al menos una centena de buenos juegos (de generaciones pasadas, por ahora) y clásicos modernos que te mantendrán ocupado en lo que salen los verdaderos lanzamientos para esta consola.

El control y su compatibilidad con accesorios

La interfaz física con la consola o el control con el que viene en su caja se presenta en un plástico blanco con acabado corrugado, que es un poco más pequeño que el del Xbox One, tiene texturas que prometen un mejor agarre y un botón dedicado para compartir instantáneamente capturas de pantalla o videos enteros.

¿Me gusta? Sí, debido a que no se separa mucho de los diseños anteriores. Aunque si algo quiero destacar es que su conexión alámbrica adopta un súper necesario formato USB tipo C.

No sé si es porque el control es nuevo, pero también creo que sus gatillos y botones son más silenciosos. Aspecto que me gusta bastante.

Por otro lado, si algo me alegra de todo esto es que Xbox Series S (y Series X), incluye compatibilidad con accesorios de su predecesor, lo que alegrará a toda la gente que no quería gastar extra en un control nuevo (si ya tenía alguno para Xbox One).

Lo bueno
  • Es básicamente lo mismo que la Xbox Series X
  • Trazado de rayos, gameplay a 120 cps, compatibilidad con Dolby Atmos
  • Moderno diseño compacto que se acomoda como quieras
  • Mismo UI que el del Xbox One que no complica la transición generacional
  • Control bonito, robusto y sencillo en un atractivo color blanco mármol
Lo malo
  • Catálogo de lanzamiento algo flojo que depende demasiado de títulos viejos
  • Me habría gustado ver más RAM y VRAM en este aparato
  • ¿Qué hago si quiero ver un BluRay en mi Xbox Series S? Tal vez tenga que encender el Xbox One para hacerlo
  • Según algunos desarrolladores, no todos los juegos tendrán RT en el Series S
  • 512GB de almacenamiento interno ya no bastan en 2020
Veredicto

Quiero darle tiempo de cuajar a esta consola para que me demuestre lo que puede hacer, y para ello, hará falta probar juegos diseñados específicamente con su arquitectura en mente, como Cyberpunk 2077 o Scorn, por ejemplo.

Como alguien que supera los 30 años de edad y que tiene que dividir un salario medianamente competitivo entre una renta, el servicio de telefonía móvil, internet y muchas otras cosas más, puedo decir que me siento como el tipo del público al que va dirigida esta consola, que ofrece virtualmente lo mismo que la alternativa más costosa, solo que a un precio menos agresivo.

No tengo una pantalla 4K (aunque pronto conseguiré en préstamo una de última generación para probar el Xbox One S) y todavía no me sumerjo en esta tecnología, así que con 1440p de resolución a estables 120 cuadros por segundo, me bastan para mantenerme vigente en el mundo de los videojuegos de consola hasta que por fin pueda hacer el salto definitivo al UHD.

Mientras tanto, creo que la Xbox Series S sí se mantiene como una buena alternativa para jugar los títulos que vengan de aquí a 2025 y para abandonar de una vez por todas el formato físico que de por sí, ya iba de salida.

No soy de la gente que preordena consolas ni de la que muere por jugar el título de novedad la noche de su lanzamiento, pero sí de la que aprecia una plataforma confiable que se venda a buen precio a cambio de ciertos sacrificios técnicos que solo el verdadero clavado podría notar (o le interesaría saber).

Por tanto, para mi perfil, la Xbox One S es la consola que más se adapta a mis necesidades. Ya depende de ti, querido lector, definir cuál te gusta más, pero cualquiera que sea tu elección, ambos podremos echarnos una buena partida en Halo Infinite o Call of Duty Black Ops: Cold War. Mi gamertag es borrokapr0troll (sí, con un “0” como “o” porque soy de la vieja guardia XD).

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