Wolfenstein Youngblood es un llamado de atención para Bethesda.

Cuando me enteré que Wolfenstein: The New Colossus (2017) tendría una expansión en 2019, mi alma decepcionada por un título enclenque cargado de justicia política forzada y mecánicas de juego empantanadas, tuvo la esperanza de que las cosas fueran a salir mejor.

Spoiler Alert: No sucedió así.

Esta vez MachineGames, desarrollador de Wolfenstein: The New Order (2013) y su bombástica pero anticlimática secuela, The New Colossus, decidió pasarle la batuta a Arkane Studios, subsidiaria francesa de ZeniMax Media, responsable de títulos de acción y sigilo bastante decentes.

Los coleccionables están cagados (Código Espagueti).

Esta colaboración resultó en un título que sitúa al jugador unos 20 años después del blandengue final de The New Colossus, justo en una época en la cual Estados Unidos fue liberado del yugo de los Nazis gracias a las proezas de B.J. Blazkowicz y sus amigos: el estereotipo de la negra rezongona pero de gran corazón, la enorme teutona rubicunda de rosadas mejillas, fanática de los bombones y el chocolate; la leona que hará todo lo posible por defender a sus crías y el judío irónico pero inteligentísimo que salva al mundo gracias a sus conocimientos en las ciencias ocultas del Da’at Yichud, entre otros personajes que sí, sí llegan a ser queridos y hasta extrañados.

En este mundo, vemos que el producto del amor entre B.J. y Anya Oliwa, su interés romántico durante los juegos anteriores, adquirió la forma de dos adolescentes genéricas que solo se distinguen entre sí por su corte y color de pelo, ya que su personalidad es tan parecida, que no solo se convierte en una caricatura de cualquiera con un hermano gemelo, sino que me hace pensar que ambas comparten las pocas neuronas que les quedan.

Con estas piezas sobre la mesa, comenzamos un título que, a pesar de anunciarse como una aventura cooperativa que se desarrolla en las calles del París ocupado por los Nazis, pero de 1980 (rebautizado en este mundo como Neu-Paris), peca de aburrido y disfuncional.

Cada quest es más aburrido que el anterior (Código Espagueti).

No solo la opción de disfrutar este juego en solitario está algo oculta en el menú inicial, sino que es difícil encontrar un compañero en línea que esté dispuesto a jugar tan seriamente como tú.

En un título que requiere tantas acciones cooperativas como jalar una palanca doble al mismo tiempo o presionar dos botones en perfecta sincronía, el juego cooperativo falla tanto a nivel técnico como en el estético.

Al inicio del juego se te obliga a abrir una cuenta en Bethesda.net y luego te pide buscar a alguien en línea para comenzar a jugar, y vaya que el netcode del juego falla aquí, porque los glitches de animación y las fallas de sincronía entre los jugadores salen a relucir desde los primeros minutos del juego.

Esto acaba por arruinar el resto de las mecánicas del juego, ya que a lo largo de la aventura tendrás que depender casi al 100% de tu compañera para sobrevivir, ya sea para darle ánimos con el fin de añadirle más puntos a su armadura, o para pedir un boost de vida una vez que recibiste una gran cantidad de daño.

En este punto me adelanto para decirte que tu personaje comparte “vidas” con su hermana, y que una vez agotadas las tres, pierdes y vuelves al punto inicial de la misión, sin checkpoints ni nada.

Pocas veces un compañero en línea te será útil o hará algo (Código Espagueti).

Arkane Studios y MachineGames hizo un pésimo trabajo al recrear una capital francesa ocupada por los Nazis, ya que todos los distritos del mapa, mismos a los que puedes acceder a través de la red del Metro (¿por qué funciona libremente en un mundo tan opresivo como el que nos dibujan?), lucen todos iguales.

Las pocas landmarks de cada distrito no impresionan, mientras que el resto de los callejones y casas de este mundo semiabierto lucen similares e inertes.

En contraste, The Old Blood (que salió en 2015), se desarrolla en el pueblo de Wulfburg y al interior del mismísimo castillo Wolfenstein, lo que ofreció una gran variedad de escenarios con una personalidad y lore propios que se volvió fascinante incluso en la tercera o cuarta vez que repasé el juego.

En Youngblood existen algunas quests menores que puedes ir cumpliendo a lo largo de tu aventura en Neu-Paris, pero muchas se sienten repetitivas y acaban por volverse monótonas por culpa del mundo gris en el que toman lugar.

Al menos el departamento artístico de MachineGames y Arkane Studios le echó ganitas al world-building (Código Espagueti).

Los enemigos que habitan esta ciudad estéril en la que no hay ciudadanos comunes “porque fueron evacuados debido a una insurrección fomentada por la aún existente Resistencia Francesa”, fallaron en impresionarme debido a que todos lucen iguales y que entre ellos existen pocas variantes.

Unos son esponjas de balas con la inteligencia artificial de un nabo y otros son simples grunts que no hacen sino estorbar en el camino.

Los creadores del juego quisieron sazonar un poco la acción al introducir elementos de juego de rol a Youngblood, como desarrollo de habilidades de personaje (inconsecuente, créeme), pimpeo de armas (inevitable y aburrido), y una especie de juego de Piedra, Papel o Tijeras en el que en lugar de haber tres factores a tomar en cuenta, solo hay dos.

En términos simples, cada enemigo tiene dos tipos de armadura y cada arma tiene un efecto especial sobre una de las dos. Usa una pistola sobre un enemigo con una armadura no compatible, y estás frito; usa la adecuada, y estarás bien… siempre y cuando tengas la paciencia de acribillar hordas interminables de robots y soldados Nazis con puntería perfecta.

Cada enemigo está dividido en cinco clases que van mejorando su inteligencia artificial (en teoría solamente), su arsenal y su capacidad de absorber una cantidad inmisericorde de daño.

De hueva los nuevos enemigos en Youngblood (Código Espagueti).

Esto, en lugar de añadirle reto al juego, te vuelve más dependiente de tu compañera que muchas veces, al ser controlada por la I.A. no llega a distinguir un segundo piso de una Planta Baja, y de tu paciencia, ya que pasarás mucho tiempo escondido detrás de un obstáculo buscando glitches en la Inteligencia Artificial de tus enemigos (que cada cual tiene uno que puede ser explotado para, al menos, avanzar a la siguiente área del mapa).

La variedad de armas es mínima. Sorprende que en un mundo que se desarrolla más de dos décadas después del propuesto en el juego anterior, el arsenal de los Nazis, que llevan al menos 40 años a la cabeza del Nuevo Orden Mundial, según el universo de Wolfenstein, no haya evolucionado lo suficiente como para ofrecerle al jugador una colección de armas más interesante que la que vimos en 1961 (año en el que se desarrolla The New Order y The New Colossus).

Existen opciones para ir añadiendo mejoras a cada arma, pero la verdad es que no hay suficientes razones para participar en esta dinámica.

Sin embargo, sí hay algo que me gustó mucho: los detalles del juego y el arte que hay dentro del mundo.

Las armas del juego se repiten de los juegos anteriores (Código Espagueti).

El departamento encargado de diseñar cada afiche o producto que aparece en todos los rincones del juego, debería llevarse una medalla por su creatividad, ya que hay algunos pósters que son un homenaje directo tanto al juego original de 1992 (creado por Id Software), como a los títulos anteriores de este reboot.

Otra cosa que me gustó fue el soundtrack del juego, que le da un feeling muy tech-noir que, desgraciadamente, el resto de los elementos que conforman Youngblood, no puede consolidar.

Fuera de eso, Youngblood es un tedioso proceso que te lleva de un distrito parisino a otro, sin sorpresas, ni desarrollo argumental relevante para el lore que se creó en 2013 con The New Order.

Una vez terminado el título, nos encontramos con que tus personajes no tuvieron arco narrativo alguno y que en realidad, lo que hiciste durante Youngblood no fue sino la antesala para un inevitable Wolfenstein 3.

Prepárate para no ver nada en Youngblood (Código Espagueti).

Ningún personaje del juego resalta, mucho menos las dos hermanas protagonistas, Jess y Soph, que actúan de manera casi idéntica y parecen más demonios psicópatas que no tienen empatía alguna por la vida humana, que personas normales que quieren liberar un país extranjero de un régimen que no las favorece.

Tal vez si los escritores de este juego hubieran cuestionado al jugador sobre qué tanto se justifica la violencia impune en un mundo habitado por supremacistas blancos y genocidas, Youngblood habría aportado algo, pero no fue así.

La aparición de los personajes ya conocidos no tiene consecuencia alguna y es más un guiño a la gente que tuvo que soportar The New Colossus que otra cosa.

Lo bueno
  • Un soundtrack súper tecno ochentero
  • Parte del world-building (pósters, productos) está bien logrado
  • Al principio, Jess y Soph caen bien
  • La parafernalia Nazi de esta ucronía sigue siendo titánica
Lo malo
  • La variedad de armas es ofensiva por lo limitada que es
  • Luego de un rato, Jess y Soph acaban cayendo mal
  • Los enemigos son chafones y repetitivos
  • La I.A. tanto de tu hermana como de los enemigos
  • El net code es completamente inútil
  • Neu-Paris no está bien logrado, es estéril y gris
  • Apenas se puede ver algo entre tanta oscuridad
Veredicto

¿Veremos nuevamente a Jess y Soph en un probable tercer Wolfenstein? Tal vez sí, y ¿sabes qué? Me gustaría, porque tienen mucho potencial como personajes que deben aprender a vivir en un mundo diferente al que las vio nacer.

Con escritores competentes y tal vez una mecánica de juego con menos elementos de RPG y más variedad de armas, enemigos y escenarios, Wolfenstein III podría reivindicar a una saga que va perdiendo su personalidad (arrastrando consigo a su base de fans), conforme van saliendo capítulos nuevos.

Me apena que Youngblood no tuviera tanta personalidad como The Old Blood de 2015, un juego que ofrece mucho más, que esta oportunidad desperdiciada de contarnos la historia de dos hermanas que se se atreven a involucrarse en una revolución ajena con tal de salvar a su padre extraviado.

Este juego tenía tanto potencial y me emocionaba tanto que se explorara la vida europea tras cuarenta años de régimen Nazi, que no dudé en ponerlo en mi wishlist en cuanto vi el primer avance. Qué pena que todo haya acabado en una “llamarada de petate”.

Título: Wolfenstein: Youngblood

Publisher: Activision

Desarrollador: Arkane Studios

País: Francia y Estados Unidos

Género: First Person Shooter

Plataformas: Xbox One, PlayStation 4, PC, Nintendo Switch

Fecha de lanzamiento: 26 de julio de 2019.

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