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Reseña: Sam’s Story (DLC de Metro Exodus) – “Atmosférico y divertido”

| 18 de febrero de 2020
Sam le pone sazón extranjera al gris y radioactivo mundo de Metro Exodus.

Sam’s Story cuenta la historia de Sam, un ex-marine estadounidense que se quedó varado en Rusia cuando las bombas atómicas devastaron gran parte de su territorio.

Su aventura comienza luego del holocausto nuclear, en una desesperada búsqueda por un medio que lo lleve de vuelta a San Diego, California.

A los pocos minutos de iniciado el juego, nuestro protagonista descubre que su boleto de regreso a casa es un submarino nuclear estadounidense, el USS Mayflower, que es comandado por un compatriota, Tom, quien necesita la ayuda de Sam para conseguir personal que lo ayude a salir del puerto de Vladivostok.

La misión de Sam será sobrevivir a los bandidos y bestias postapocalípticas que habitan el desolado puerto ruso, y conseguir todo lo que necesita el USS Mayflower para hacerse a la mar y llevarlo a casa.

De vuelta al mundo abierto

A diferencia del DLC pasado, The Two Colonels, Sam’s Story se desarrolla en un mundo abierto lleno de cosas que ver, descubrir y hacer.

De hecho, la gente de 4A Games, responsables tanto del juego original como de este DLC, no perdona a quienes quieren seguir una línea recta, ya que el que no explora se quedará sin las útiles modificaciones de armas o esos preciosos recursos (balas, químicos y piezas para armar explosivos o accesorios), que se hacen imprescindibles para tu supervivencia.

Por ello, el mapa de Vladivostok tiene que peinarse con paciencia, ya que sin que el juego te prevenga, cada uno de sus rincones esconde algo que necesitarás en el futuro, ya sea gafas mejoradas de visión nocturna o un filtro extra para sobrevivir a la radiación.

Te adelanto, el juego no te pone frente a ti esas mejoras de armas que necesitas para enfrentar a los enemigos más fuertes, así que si quieres tener una ametralladora mejorada o una pistola con cargador extendido y silenciador, deberás buscar en cada rincón del juego para encontrarlos. Es un pain in the ass, pero supongo que es algo realista.

Sin embargo, hay partes del juego en las que sin importar cuán preparado te encuentres, te tomarán por sorpresa, pero más por lo mal ejecutadas o presentadas que están, que por decisión de los diseñadores.

Por ejemplo, al inicio del juego se te enfrenta a una especie de murciélago mutante al que no sabes si matar, observar o escapar de él. El juego simplemente no te dice que hacer y en ocasiones, algunas animaciones te confunden haciéndote creer que son parte de la aventura cuando en realidad, se activaron porque fuiste derrotado.

Esto revela las rebabas que tiene esta experiencia, mismas que debieron haber sido pulidas con tiempo antes de haberse lanzado el producto final.

Me habría gustado que la gente de 4A Games mejorara los controles de Sam, ya que el personaje se sigue sintiendo torpe al momento de realizar tareas complejas como disparar a múltiples enemigos, saltar plataformas, escabullirte en una base militar o escapar de algún monstruo.

El sigilo en Sam’s Story sigue siendo tan errático como en el resto de los juegos de la saga: algunos enemigos son tontos como piedras y otros te escuchan y descubren a decenas de metros de distancia.

Este tipo de mecánicas sin cuajar harán que optes por siempre avanzar de noche, cuando la I.A. de tus contrincantes es más propensa a ignorarte.

En esta aventura Sam cuenta con armas nuevas: una escopeta improvisada, una carabina de asalto de apariencia más “estadounidense” y una “escuadra” Colt M1911 que ha visto mejores días, así como una especie de fusil de francotirador.

Este cambio de arsenal supone una bocanada de aire fresco a los Kalashnikovs y fusiles rusos de los juegos anteriores.

Al poco rato de juego descubres que tu enemigo más letal es el reloj (en el juego llamado “detector universal”) que no deja de sonar en toda la aventura, sin especificar si estás cerca de una mina antipersonal, un mutante, un enemigo o un área radioactiva.

Resulta irritante estar escuchando al maldito detector sin descanso. El ejemplo más creativo que se me ocurre para ilustrar este detalle, es la alarma “Todo está bien” que Homero Simpson diseña para sonar cada tres segundos a menos que algo no esté bien.

Hablando de minas, si algo hay en Vladivostok son explosivos ocultos que descubres cuando ya es demasiado tarde.

No puedes escapar de ellas y es difícil verlas. Vaya, esto resulta realista, claro. Las minas no deberían ser fáciles de descubrir, pero cuando todo el mapa tiene al menos un explosivo en tu camino, la experiencia de ir mirando el suelo de cerca con cada paso que das, se vuelve ridícula.

Presentación tan “Metro” que enamora

Ya explicamos porqué Sam anda dando vueltas en la Rusia postapocalíptica, pero si algo nos atrae al mundo de Metro es su ambientación oscura y melancólica, y Sam es algo que no encaja del todo.

Tu personaje, al ser estadounidense (supongo) no para de hablar o realizar comentarios creativos con cada descubrimiento que hace o enemigo que mata.

Esto hace sentir la experiencia tan rusa de Metro, como una película de acción chafa de Hollywood, en la que el protagonista es un “todo lo puedo”, narcisista, burlón y extremadamente confiado.

Se entiende que Sam, siendo extranjero, sea un poco más animado que los rusos que tienen que vivir en esa tierra envenenada porque es su hogar, pero creo que su personaje choca con el mundo que personajes silenciosos o meditabundos como el que el Coronel Miller, Artyom o el Coronel Slava Khlebnikov, habitan.

No sé. A algunos les gustará este detalle, pero a mí no me convenció.

Por otro lado, el resto de la presentación del juego sigue siendo tan orgánica y artesanal como siempre.

Cada personaje tiene peso y es divertido de escuchar y el mundo tan triste que nos pinta Sam’s Story tiene mucha congruencia con el que conocimos en el resto de la saga Metro.

Me gustan los harapos que los personajes visten, su humor ácido, la apariencia de las armas y los vehículos, así como el rostro del Vladivostok postapocalíptico que nos pinta Sam’s Story.

De hecho, el submarino nuclear USS Mayflower, siendo la última esperanza de escape para muchos de los personajes del juego, luce prístino, casi etéreo, cuando se le compara con el resto de los fierros oxidados del resto del mundo que habitan todos los personajes del juego.

La atmósfera del juego se sigue sintiendo real y creíble, con su propio peso, y eso es algo que me hace volver al mundo de Metro una y otra vez. Hay detalles que revelan un poco más de cada uno de sus personajes, que no están a la vista de todos, solo para quienes se toman el tiempo de descubrirlos. ¡Es maravilloso!

Aquí, ninguna queja y menos cuando tomamos en cuenta lo realistas, cansados y pesados que se sienten los sonidos que cada vehículo, enemigo, criatura, arma y escenario de Vladivostok, hacen.

Las gráficas de esta aventura siguen viéndose tan bien como siempre, incluso en Xbox One, aunque estas sean saboteadas constantemente por distintos glitches que rompieron en más de una vez mi sensación de inmersión.

Por cierto, experimenté muchos glitches en la IA y el gameplay que 4A Games o Deep Silver tienen que arreglar a través de un parche inmediatamente. No son fallas serias, pero tampoco son menores.

Lo bueno
  • Se trata de una experiencia a mundo abierto
  • Dura lo suficiente
  • Trae un arsenal diferente y más “gringo”
Lo malo
  • Constantes glitches gráficos y de IA
  • Un personaje que no encaja con el mundo de Metro
  • El juego tarda demasiado en darte el control
  • Esos horrorosos tiempos de carga de más de un minuto
Veredicto

Cuando haces a un lado los glitches, los errores de texturas, los tiempos de carga eternos y los controles pesados y torpes, te encuentras con una experiencia inmersiva y entretenida que disfrutas mucho y cuyo final no quieres que llegue.

Cabe recordar que a pesar de que Sam’s Story es una historia protagonizada por un extranjero, el mundo que este habita sigue siendo el mismo que en juegos anteriores, así que aquí no habrá más munición ni recursos que los que vimos en The Two Colonels y Metro Exodus, así que te recomendamos no dejar de buscar en cada rincón del mundo, porque siempre necesitarás “ese último filtro para tu máscara de gas” que no recogiste cinco minutos atrás.

En sí, esta es una experiencia que se siente muy diferente a la del DLC anterior. Solo me habría gustado que le dedicaran más tiempo para pulirla, ya que los controles siguen siendo torpes y pesados (y eso me hizo morir más de una vez) y los glitches de gráficas o IA fueron muy recurrentes.


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