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Reseña: Nefando – Un acercamiento al horror de la deep web

| 3 de enero de 2020
Mónica Ojeda escribió una novela perturbadora que muestra también lo más oscuro de nuestra humanidad.

Hace poco platicaba con un amigo que es difícil encontrar un buen libro o película que se acerque a retratar la oscuridad de que existe la deep web y que no sea un documental o un texto de non fiction. El problema es que, si bien existen obras así, la mayoría de las veces vienen acompañadas de una carga moral que termina por tratar de aleccionar al lector o espectador. Sin embargo, al tratarse la literatura de un producto de masas menos popular que una película o una serie, hay más espacio para que un autor (o autora) explore temas que, para las buenas consciencias del capitalismo mediático, resulten por lo demás incómodos, cuando no, definitivamente, perturbadores o fuera de lugar.

Más o menos, y dicho lo anterior, podríamos decir que Nefando, de la escritora ecuatoriana Mónica Ojeda, trata de ofrecernos un relato sórdido y abyecto, a través de una novela polifónica que obedece a lo mejor de la tradición latinoamericana contemporánea como, por ejemplo, Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño. Pues, como señala el escritor español Alberto Olmos, pocos son los escritores que, nacidos en los ochenta, no sean deudores o estén encandilados con la escritura del autor chileno. Pero, ¿de qué trata esta novela publicada por editorial Candaya en 2016 y ahora por editorial Almadía en 2019 aquí en México?

En primera instancia Nefando (o Viaje a las Entrañas de una Habitación) cuenta la historia de un investigador (reportero, detective, esto realmente uno nunca lo sabe) que trata de desentrañar las razones por las cuales los hermanos Irene, Cecilia y Emilio Terán crearon un videojuego llamado Nefando, el cual estuvo un tiempo indefinido en la deep web e invita a los jugadores a indagar en su lado más oscuro y perverso valiéndose de videos snuff, pornografía infantil y, por decirlo de alguna forma, brutalidad en todos los sentidos.

La trama se nos va revelando a través de los testimonios de El Cuco Martínez, un diseñador de videojuegos que ayudó a los hermanas Terán a crear Nefando; Kiki Ortega, una escritora mexicana que compartió piso en Barcelona con los hermanos y que se encontraba escribiendo una “pornonovela”; Iván Herrera, un homosexual que vivía en el mismo departamento y que sostiene una lucha interna con sus deseos; así como de la mano de una de las hermanas Terán. Pero Mónica Ojeda también echa mano de las opiniones de los jugadores a través de foros de discusión donde se nos va mostrando todo lo que sucede cuando juegas Nefando.

La autora, que debutó con la novela La desfiguración Silva, misma que le mereció el Premio ALBA Narrativa en su edición de 2014, se apropia con mucha inteligencia del lenguaje mexicano y español para dotar a sus personajes de toda la credibilidad posible. Pero esta es sólo una de las múltiples caras que nos muestra Nefando, pues mientras vamos desmarañando la historia del videojuego, también nos acercamos a reflexiones sobre la escritura misma y la relación entre los creadores y su obra, así sea una novela, un programa digital o, un videojuego.

No estamos llenos de animalidad, somos humanos

Decir que Nefando es sólo la historia de un videojuego perverso que estaba en la deep web es, insisto, reducir la novela, pues como lectores nos encontramos también frente a una historia de abuso infantil, una historia de erotismo infantil y una historia de perversión adolescente, sólo por citar algunos de los entramados que se nos presentan en el libro. Y es que lo que Mónica Ojeda está poniendo en entredicho, y aquí retomo la idea del inicio sobre la corrección política y el capitalismo mediático, es quiénes son víctimas y quiénes victimarios, ¿desde dónde se posiciona quien ha sufrido cosas terribles en la vida para afrontarlas?

Sigmund Freud explica que para que el trauma se genere se necesita dos momentos en la vida de un ser humano. En primer lugar, que el efecto patológico concernido sea de índole sexual y, en segundo lugar, que suceda en un periodo anterior ala madurez sexual del sujeto. Una experiencia traumática desencadena en la adultez el desarrollo de la histeria que se gesta desde la misma pubertad. De este modo, y como lo explica este sitio de psiconálisis:

“En la infancia tenemos una escena de seducción que el sujeto padece, activa o pasivamente, a manos del adulto, y es tras el paso por la pubertad que la rememoración podrá tener como consecuencia un efecto patógeno. La pubertad, en el intervalo de los dos tiempos posibilita para el sujeto otra comprensión de lo sucedido”.

Entonces, según Freud, el trauma presenta una manera en la que “las palabras y los cuerpos se relacionan, una modalidad regulada por el síntoma” y, por ejemplo, un estado psíquico se expresa mediante uno corporal. En el caso de Nefando, la figura de la histeria producida por un trauma queda representada en uno de los personajes de la novela que habla poco y, a veces, decide causarse daño, pero también, en la manifestación amorosa producto del incesto.

Así, Nefando nos muestra que el horror es completamente producto de nuestra especie, y aunque puede parecer morbosa por muchos momentos, la historia se nos presenta como un espejo en el que preferimos no vernos reflejados, pero en el que de alguna u otra manera todos nos hemos contemplado, ya sea indagando en busca de videos snuff o adentrándonos en historias perturbadoras y sin poder parar, porque la mayoría de las personas tendemos al morbo sin remedio; sentimos una oscura fascinación por aquello que puede resultar desagradable, prohibido o que va en contra de la moral establecida.

Al final, nuestra pulsión de muerte, aunque en estado inconsciente, siempre está latiendo en nosotros. En le libro de Ojeda, entonces, la moral se vuelve un conjunto de prescripciones que obedecen a un estado que, en su acepción más básica, trata de alejarnos de cierta naturaleza que anida en todos nosotros. Eso no significa que todo tenga que ser una bestialidad, de hecho, uno de los mejores momentos ocurre cuando un personaje insiste a otro en que aquello que sufrió en la infancia fue una animalidad, este termina por responder, que, precisamente, no se trata de algo hecho por una animal, sino por un humano, por lo tanto no fue un acto de animalidad, sino lleno de humanidad.

La novela no trata de justificar la perversidad y la oscuridad humana, sino que las muestra como una condición, terrible, eso seguro, de nuestra constitución muchas veces ignominiosa. Además, como señala la ganadora del premio Nobel, Olga Tokarczuk: “Cada vez más, el trabajo de género literario es como una especie de molde de pastel que produce resultados muy similares, su previsibilidad se considera una virtud, su banalidad es un logro. El lector sabe qué esperar y obtiene exactamente lo que quería”, Nefando, en cambio escapa, casi todo el tiempo, a todo intento del lector por adivinar que es lo que sigue y eso, en estos tiempos, en que todo (o casi) es siempre lo mismo, bien vale la pena.

Lo bueno
  • La historia es original.
  • Nos muestra una parte de la deep web
  • Nos presenta una cara oculta de los seres humanos
  • Su escritura es ágil y nos permite leerla rápido
  • Los personajes están bien delineados
  • Hay un trabajo exigente con el lenguaje
Lo malo
  • Puede parecer muy efectista por momentos
  • Algunas partes resultan un poco cursis
  • Por momentos se puede romper el pacto de credibilidad con el lector
Veredicto

Nefando ofrece una historia oscura y de terror social que se adhiere a la mente de los lectores con una velocidad precoz. Una vez que conoces la historia de los hermanos Terán es difícil olvidarla.

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