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Reseña – Flee: un melancólico documental sobre el exilio y el autodescubrimiento

| 30 de mayo de 2022
Flee es una de esas historias que remueven cosas en nuestro interior, una de esas obras que nos permiten ejercer nuestra empatía y asombrarnos ante nuevos y genuinos sentimientos.

En las últimas décadas, el género documental nos ha ofrecido algunas de las obras más interesantes que hayamos podido presenciar en cualquier tipo medio al sobrepasar los límites de la narrativa que, en muchos sentidos, estamos acostumbrados a espectar. Retratos de una cotidianeidad lejana, pero íntima; realidades completamente ajenas a nosotros que, sin embargo, comparten puntos de vista de nuestra existencia; un escenario en donde la vida transcurre con naturalidad, aunque sin dejar de asombrarnos: así es como este género audiovisual se presenta en estos días.

Flee es una película documental animada dirigida por Jonas Poher Rasmussen que, como suelen hacer las obras de este género, nos presenta la lejana realidad de otra persona, aunque claro, no lo hace como cualquier documental. En este caso en específico nos centramos en la vida de Amin, un refugiado afgano y miembro de la comunidad LGBTQ+ que, huyendo junto a su familia de la violencia y la dictadura en su país, se nos muestra atravesando toda clase de traumáticas experiencias desde su más tierna edad.

Imagen: Vice Studios

Aunque la historia que retrata Flee es la de un hombre afgano que, junto con su familia, se ve obligado a refugiarse en naciones extrajeras, el filme es una producción danesa y fue dirigido por Jonas Poher Rasmussen. El guion, por supuesto, quedó a cargo de Poher Rasmussen y el mismo Amin.

Para su realización se ha empleado animación en segunda dimensión, la cual, tenemos que hacer hincapié en ello, no es precisamente convencional, pues se presenta de distintas formas: en ocasiones hay escenas que parecieran haber sido hechas con puro carboncillo y lápiz, otras en donde el óleo predomina sobre la imagen, y otras más en donde el dibujo digital impera.

Imagen: Vice Studios

El tiempo narrativo empleado en este documental tampoco es precisamente sencillo, y es que, aunque el filme comienza en el presente del protagonista, casi de inmediato hacemos una analepsis a sus más lejanos recuerdos; de ahí el filme va haciendo saltos temporales a distintos episodios de la vida de Amin: siempre regresando en algún punto al ambiguo presente del personaje para asentar bases.

La construcción de personajes, teniendo en cuenta que se trata de un documental, es por demás realista; sin embargo, no se trata de un relato meramente costumbrista: la mirada íntima yace en cada aspecto de la vida de Amin, presentándonos al afgano en situaciones tan melancólicas como dolorosas y poéticas.

Imagen: Vice Studios

La película en sí misma es un paseo por el autodescubrimiento que conlleva el crecimiento. Sin embargo, nuestro referente (Amin) no se trata de una persona común y corriente (¡pero qué es “común” y qué es “corriente”, te preguntarás): Amin es, como cientos de miles de Afganos que tuvieron que huir de su país a lo largo de las últimas décadas, y como cientos de miles de miembros de la comunidad LGBTQ+ que han tenido que reprimir los más bellos elementos de su propia personalidad, un permanente forastero en tierra extraña: lo es en países ignotos para él; lo es, también en ocasiones, para su propia familia.

Dicho autodescubrimiento, como toda vida, es una reflexión que se exterioriza hacia el amor, la soledad, el dolor y el anhelo. En este sentido, Flee se presenta como una odisea interna por la búsqueda de la identidad, una pesquisa que asienta sus bases en las memorias pasadas y busca la luz, como lo hacen las plantas, en el deseo de la felicidad. Amin es un hombre roto y desperdigado: alejado de su familia (la cual, como un disperso semillero, terminó asentándose en diferentes lugares de Europa), de su país y de sus amores, se conoce como un hombre al que no le pueden quitar su doloroso sentir aunque le quiten el sentido.

Imagen: Vice Studios

A mi parecer es una pena cuando una obra, del tipo que sea, se muestra como aleccionadora, no obstante, la enseñanza que nos deja Flee va más allá de cualquier moral: el dolor es terrible, pero el dolor y las malas experiencias también son las formadoras de nuestra personalidad, pues es lo que decidimos hacer con estas experiencias lo que termina por forjar nuestro carácter. En todo caso, lo único que me disgustó del filme es el lag en la animación, pues en general los diseños y la presentación de la misma me pareció extraordinaria.

Lo bueno
  • Una animación detallada y bella
  • Un relato realista, construido en experiencias tan dolorosas como conmovedoras
Lo malo
  • El lag en la animación
Veredicto

Flee es una película que amará tanto el fanático de la animación, el entusiasta de los documentales, o el espectador de a pie. Se trata de un relato que, a pesar de ser doloroso y triste, vale la pena ser experimentado por cualquiera, pues además de conmovedor, Flee es una de esas historias que remueven cosas en nuestro interior, una de esas obras que nos permiten ejercer nuestra empatía y asombrarnos ante nuevos y genuinos sentimientos.

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