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Reseña – Blade Runner, una melancólica reflexión sobre el tiempo, la memoria y la identidad

| 25 de junio de 2022
Sucia, lúcida y profética, Blade Runner es un clásico que asentó el imaginario visual del subgénero estrella de la ciencia ficción: el cyberpunk. Pero, ¿realmente es tan buena?

Originalmente proyectada el 23 de junio de 1982, Blade Runner, del director Riddley Scott, se presentó como una adaptación fílmica del relato ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick. Actualmente esta obra es considerada todo un clásico no solo dentro de la industria del cine, sino en general para el género de la ciencia ficción. Lo cierto es que esta cinta no se convirtió instantáneamente en la obra de culto que es hoy en día: tuvo que pasar tiempo, y el filme tuvo que atravesar distintos procesos de edición, para llegar a llegar a ser reconocida como tal. 

Adaptando a Philip K. Dick

Los primeros intentos de adaptar ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? surgieron a finales de la década de los 60, sin embargo, un guion como tal no fue escrito sino hasta bien entrados los 70. La obra fue realizada por Herb Jaffe, lamentablemente, esta adaptación no fue del agrado de K. Dick, provocando que Jaffe abandonara el proyecto. Una nueva tentativa iniciaría en 1977 gracias al guionista Brian Kelly, quien al finalizar su escrito contactó al productor Michael Deeley. Deeley se interesó en esta propuesta, por lo que llamó a Robert Mulligan para dirigirla aunque con nulos resultados. Posteriormente, Deeley presentaría el guion a Ridley Scott, el cual aceptaría la dirección de esta cinta buscando sacudirse de encima los pensamientos de su hermano recién fallecido. 

Imagen: Orion Publishing Group

Aunque las temáticas presentadas en el guión variaron considerablemente de la novela (centrándose más en cuestiones ambientales que en la reflexiones en torno a la identidad y la divinidad presentes en la prosa de K. Dick), el escritor de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? no presentó mayor queja.

Aun así, Scott y Deeley se mostraron inconformes, por lo que Kelly fue sustituido por David Pepones y se reescribió el guion. De esta manera, inició un accidentado rodaje que devino en una película no precisamente del agrado del público durante su primera proyección. Esta llevó a que Blade Runner sufriera distintas reediciones a lo largo de su historia, motivo por el cual actualmente existen hasta seis versiones de la misma película. Claramente no todas estas versiones poseen la misma calidad, y es que escenas por las cuales la cinta es reconocida actualmente ni siquiera formaron parte del ensamblaje original.

Blade Runner: el ensamblaje, la identidad y el tiempo

Así, poco a poco, Blade Runner se fue convirtiendo en un proyecto que sumaba puntos con cada cambio hecho en el material original. Por tanto, la identidad de la cinta también fue cambiando poco a poco, perfilándose más como una reflexión filosófica (propia del género de la ciencia ficción) que como el blockbuster de acción que pretendía ser en un principio. Puesto es perspectiva, este ejercer por parte del equipo de producción para nada menoscaba el valor de Blade Runner: cualquier obra es sensible a los cambios y el capricho de sus creadores, y si una nueva dirección termina por volverse un estímulo artístico, tanto demiurgos como espectadores terminan por beneficiarse.

Imagen: Warner Bros.

Entre los temas que terminó erigiendo Blade Runner como propios encontramos el del tiempo: el paso del tiempo y su repercusión en la memoria; la identidad humana: una reflexión ontológica en torno a nuestra naturaleza y aquello que nos diferencia de otros tipos de entendimiento; el sueño: como espacio de escapismo y como velo que cubre nuestras más hondas y oscuras intenciones.

Dichas reflexiones pudieron haber caído en el olvido de no haberse apoyado en la espectacularidad del imaginario visual y las interpretaciones vistas en el filme. Aunque Blade Runner se estrenó hace cuatro décadas, la imponente dirección artística y la calidad de sus actuaciones sigue estremeciendo nuestra sensibilidad.

Imagen: Warner Bros.

Probablemente, el punto más álgido de la cinta ocurre durante el discurso final de Roy Batty, el antagonista de la película:

“I’ve seen things you people wouldn’t believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched C-beams glitter in the dark near the Tannhouser Gates. All those moments will be lost in time, like tears in rain. Time to die.”

¿Cómo un androide de tan solo cuatro años de edad ha logrado expandir sus experiencias a través del tiempo y el espacio tal y como nos hace suponer Roy Batty? Por primera vez, la verosimilitud del personaje es lo menos importante en un relato: la poesía de corte marcadamente elegíaco, la reflexión final en torno al irreversible paso del tiempo y la desaparición de toda memoria destronan a nuestro corazón de cualquier posible confort. La melancolía se instala de inmediato en nuestro pecho, y la muerte del personaje se vuelve inolvidable precisamente debido al shock: la megalópolis de Los Ángeles lo sepulta bajo su tentacular presencia, pero en nuestro recuerdo su silueta se erige como grabada con fuego.

Mención especial merece la música compuesta por el artista griego Vangelis, quien logró dotar de un evanescente futurismo a sus interpretaciones empleando solamente sintetizadores. Marcando un ritmo oscuro y melancólico, el artista ambientó con música electrónica el drama noir de Blade Runner, ¡y de qué manera!

Lágrimas en la lluvia

¿Qué es mejor, la película, o la novela o el cuento o el cómic en el que se basó el argumento de la película? Generalmente, la respuesta es la obra original, sin embargo, en el caso de Blade Runner podemos diferir y salir airosos, y es que esta cinta, sirviéndose del relato base de Philip K. Dick, logró dar forma a una historia con una estructura y alcances diferentes; es decir, terminó por convertirse en un referente independiente más allá de su propia inspiración. Lejos de perderse como lágrimas en la lluvia, Blade Runner sobrevivirá en el tiempo: eso es seguro.

Lo bueno
  • Las soberbias interpretaciones de Vangelis en el soundtrack
  • Un imaginario visual que ha logrado traspasar las barreras del tiempo
  • Las actuaciones en general, destacando el performance de Rutger Hauer
  • La edición, que logró hacer de Blade Runner un clásico atemporal
  • El monólogo de Roy Batty: pieza de una sublime calidad poética
Lo malo
  • La pobre fidelidad al relato original de Philip K. Dick
Veredicto

Imagen: Warner Bros.

Blade Runner no solo es un documento que revela las expectativas que en 1982 se tenían de lo que podría llegar a ser el futuro: también es una advertencia premonitoria de lo que no debería ser: un continuo homogéneo en el que la identidad se diluye en pos de la deshumanización. No es casualidad que el mayor antagonista de esta obra también sea el personaje por el que más simpatía podemos llegar a sentir: Roy Batty es el único que ha decidido no olvidarse a sí mismo en las mareas del tiempo, peleando en contra de su reducida vida de androide para lograr erigir su yo por encima de su propia vida. En resumen: Blade Runner es una película hermosa, una que todos (sean o no sean amantes del género) deberían ver por lo menos una vez en sus vidas.

 

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