A Cure for Wellness, Verbinski, La cura siniestra, reseña

A Cure for Wellness es una película de gran esplendor visual que no lleva a absolutamente nada.

En algún momento me dejé engañar y pensé que Gore Verbinski traía algo. No sé, tal vez fueron mis primeras ilusiones, tal vez creí que un director que podía lograr dos joyas tan distintas como The Ring y Rango, podía hacer cualquier cosa. También, por ahí, la primera película de Pirates of the Caribbean tenía una cierta frescura, era algo nuevo, entretenido, sinceramente divertido.

Pero, después de estos éxitos momentáneos, esparcidos en una carrera de veinte años que nunca superó realmente los videos de Bad Religion, ¿qué nos ha dado Verbinski? ¿Las horriblemente innecesarias secuelas de Pirates of the Caribbean, la espantosísima nueva adaptación de The Lone Ranger, y el malogrado drama de The Weatherman cuentan para algo? ¿Es hora de rendirse con este director?

Fui a ver A Cure for Wellness con la mejor voluntad. El trailer parecía algo bastante interesante: la premisa tomaba elementos de horror gótico y estética rebuscada del siglo XIX, los actores parecían bien elegidos y, francamente, nos hacía falta un buen estreno de horror cienciaficcionoso. Pero el resultado fue peor de lo que jamás soñé: ésta es una de las peores películas que me ha tocado ver en un buen rato. Y no es que no haya visto mucha basura (no lo niego) sino que ninguna de esa basura previa fue tan vana, pretenciosa y desprovista de sustancia como este débil intento de esteticismo banal.

A Cure for Wellness
Ésta es una cinta de gran esplendor visual pero que carece, completamente, de una mínima inteligencia autocrítica.

 

El bienestar maligno

La nueva cinta de Verbinski comienza con unas tomas imponentes de edificios en Wall Street. De entrada, esta apertura extremadamente cuidada, de contrapicados frente a las imponentes estructuras, todo iluminado con luz fría, muestran una realidad opresiva. Cuando pasamos al interior de uno de estos edificios, vemos a un hombre que trabaja en reportes financieros morir sólo, depresivamente, junto al garrafón de agua de la oficina.

Y ahí comenzamos a entender el punto: esta película se perfila para ser una crítica al confort moderno, a la búsqueda angustiante de éxito, al capitalismo aberrante y su desprecio de lo humano. En todo caso, desde ese principio entendemos a qué se refiere el título: una cura para el bienestar supone que hay un bienestar enfermizo que se puede erradicar con una cura; que hay una solución para el bienestar del banquero de Wall Street que muere sólo, ahogado por el trabajo.

La muerte de ese pobre oficinista de Wall Street que lucía orgulloso en su foto de empleado del mes abre entonces la puerta a un problema dentro de la enorme firma financiera en la que trabaja: uno de los socios partió a un balneario en Suiza y descubrió el aberrante camino de su ambición. Curado, manda una carta a sus socios para que dejen de buscarlo. Pero la empresa necesita su firma para lograr una importante adquisición.

Entonces, los terribles empresarios chantajean a un joven empleado para que vaya a rescatar, al costo de su propia carrera, al viejo socio. Al llegar al sanatorio suizo que flota en las nubes y que Verbinski se empecina en comparar con el de La Montaña Mágica de Thomas Mann, el joven corredor de bolsa se da cuenta que no todo marcha bien. Y pronto no podrá dejar un lugar que se muestra, cada vez, más ominoso.

Cure for Wellness
La nueva cinta de Verbinski comienza con unas tomas imponentes de edificios en Wall Street.

A Cure for Wellness

A Cure for Wellness: una historia de anguilas inmortales

Para no hacerles el cuento largo, al parecer el castillo convertido en sanatorio esconde un pasado tenebroso en el que unos campesinos quemaron a un barón o un duque -o algo así- por tener relaciones sexuales con su hermana. Y Lockhart, el joven corredor de bolsa, comienza a descubrir que esas raíces macabras de la fundación del sanatorio siguen vivas.

Entonces, aquellos que van a curarse a este castillo resultan ser el blanco de terribles experimentos para prolongar la vida de una familia a la que le gusta el incesto porque renunció a Dios. Y aquí la cosa se pone más enredada. Todo el asunto empezó porque el duque -o barón- tuvo relaciones sexuales con su hermana, los quemaron vivos por eso y aventaron al feto, fruto de la unión prohibida, al agua.

El feto causó entonces que el agua se volviera milagrosa prolongando la vida de unas anguilas. Y gracias a las anguilas -que el barón da de comer, de manera bastante violenta, a sus pacientes- los cuerpos de las víctimas sirven para filtrar el agua mágica. Entonces el agua sirve para prolongar la vida de los hombres y no nada más de las anguilas. Ahora el barón -o duque- puede prolongar su vida y la vida de los que él quiera.

Cure for Wellness
Todo en esta cinta es sexualidad mal emplazada y anguilas.

A Cure for Wellness

Así que le da agua mágica a gente para sobornarla, la toma él y la toma su hija (porque, al parecer, la sacó del pozo antes de que muriera y después de que le diera poderes sobrenaturales al manto freático -o algo así-). Y en todo este proceso, de alguna forma, la gente torturada por el barón pierde la cordura y todos empiezan a convertirse en zombis chimuelos que bailan.

No estoy mintiendo, ésta es la premisa al fondo de la película ¿Algo de esto les parece coherente? No se preocupen, a mí tampoco, a la lógica más sencilla tampoco y le preguntaría al sentido común pero, desde hace rato, se aventó por la ventana.

Las influencias torcidas de Verbinski

Todo el problema principal de la película de Verbinski era -o eso creíamos- el meollo de la cura al bienestar. Porque el inicio nos daba a entender que lo que se combatía en ese lugar de curas milagrosas eran las presiones y el estrés relacionado al mundo moderno. Pero, en verdad, el alejamiento del mundo moderno significa, en este contexto, una forma de convertir a los ricos y poderosos en zombis sin ninguna voluntad -a pesar de que adquieren buenos dotes coreográficos-.

Cure for Wellness
El alejamiento del mundo moderno significa, en esta cinta, una forma de convertir a los ricos y poderosos en zombis con buenos dotes coreográficos.

A Cure for Wellness

Todo esto nos dice, entonces, que el hecho de alejarse de las presiones del mundo, de escapar a la ambición terrible del mundo financiero significa una trampa mortal. Al olvidar el mundo moderno regresamos, de cierto modo, a los peligros góticos del siglo XIX que incluyen las maldiciones por practicar incesto (como buena muestra del fin del poder de la aristocracia) y los experimentos científicos innovadores y francamente inhumanos.

Este regreso nostálgico a la estética gótica funciona de manera bastante torpe para señalar, en contrapunto, que no hay nada mejor que el mundo moderno y civilizado. Porque según esta trama informe, en el pasado sólo se ocultan horrores recurrentes. A menos, claro, de que te alimenten unas anguilas y te tumben unos dientes. En ese caso, bendito hippie nuevamente convertido, toma la mano de la damisela en peligro, agarra una bicicleta y huye de las presiones de la ambición contemporánea.

Fuera de los sinsentidos constantes, el horror gótico que pretende mostrar esta película está horriblemente desfigurado. Y, entre las claras influencias de Verbinski, parece evidente que muchos otros lo han hecho mucho mejor: las nostalgias de cuentos de fantasmas incestuosos son mucho más llamativos e interesantes en Crimson Peak, por dar un ejemplo reciente; el horror gótico alocado de Mario Bava en Operazione Paura, es mucho más encantador que este bodrio; el body horror aquí no podría ser cronemberguiano o acercarse a Stuart Gordon ni por mal cálculo y casualidad; la sensación de persecución opresiva no le llega ni a los talones a las más tranquilas muestras del french extremity, a Shutter IslandDark City o ya, tirándole al lado b, a The Banshee Chapter.

Entonces, en una película que toma muchas cosas de muchas partes, parece difícil desenterrar algo nuevo e interesante. Digo, si el villano termina siendo un Red Skull diluido (sí, el de Captain America, The First Avenger) ya pueden imaginarse el resto. Y, sin embargo, el mayor problema de A Cure for Wellness no es el ridículo argumento o las influencias mal definidas. No, lo peor de esta cinta está en los momentos en que trata de ser original. Es por esos momentos de pretensión, por ese vacío terrible de sustancia, que la nueva cinta de Verbinski merece un lugar especial en el olvido.

Cure for Wellness
Lo peor de esta cinta está en los momentos en que trata de ser original.

A Cure for Wellness

La vanidad más banal

Como bien señaló un sesudo crítico de The New Yorker, hay algo terriblemente vano en esta cinta. Porque Verbinski trató de apantallar al público con una cierta estética cuidada que no conduce a absolutamente nada, que no sirve de trasfondo para nada y que, finalmente, parece una trampa mal lograda. Y la trampa es un truco de prestidigitador: mientras observas la belleza de la fotografía, el cuidado diseño de producción y las increíbles locaciones exteriores, Verbinski trata de pasar, como si de nada fuese, la trama idiota que intentamos narrar hace unos momentos.

No se trata nada más de la hermosa apertura de la película a los edificios de Wall Street en contrapicado, sino del uso constante de reflejos, con superficies metálicas y ojos de agua, para desdoblar, simétricamente la imagen; de las tonalidades pastel y verde de la paleta de colores; de las grandes tomas coreográficas con decenas de actores.

Todo esto parece querernos decir algo: la frialdad imponente, aplastante, de Wall Street; el desdoblamiento de la persona, el límite de la locura, la división entre dos mundos opuestos como el reflejo y lo reflejado; la vieja sensación de balneario y hospital antiguo; la despersonalización de los sujetos a partir del tratamiento. Pero la película de Verbinski no llega a reflexionar sobre nada de esto.

Cure for Wellness
La película de Verbinski no llega a reflexionar sobre los juegos fotográficos de espejo que insistentemente muestra.

A Cure for Wellness

En ningún momento se teje una reflexión sobre el mundo moderno en oposición a “mejores tiempos”. Tampoco se traza el camino de la civilización desde la revolución industrial hasta las últimas locuras de Wall Street jugando con la vida del mundo. No vemos en ningún momento una transformación profunda de los personajes, ni entendemos el recorrido que lleva a los ricos y poderosos a entregar su vida a la experimentación de un viejo barón o duque -o algo así-.

En ningún momento vemos una reflexión poderosa sobre la vida y la inmortalidad. Y no es una cosa que estaba lejos de la premisa: todo pudo tratarse de viejos blancos y ricos que cambiaron el estrés del éxito por la promesa de la vida eterna. De ser así, hubiésemos tenido, al menos, una reflexión de la cual partir. Pero en esta cinta no hay nada: no hay pies, no hay cabeza, no hay ningún tipo de reflexión salvable, de susto divertido o de construcción loable.

Y un ejemplo terrible de lo que el crítico de The New Yorker que cité arriba llamó “la absoluta falta de gusto de Verbinski”, es la construcción del personaje de Hannah. Podría haber sido interesante la idea del descubrimiento sexual en una mujer que, apenas, está saliendo, psicológicamente, de la infancia. Una forma de mostrar una inocencia pura en un mundo corrupto de inmortales.

Pero no, Verbinski la convirtió en una marioneta de regusto sádico: todos hacen con ella lo que quieren, todos la violentan, la someten, la llevan de un lado a otro… Es el típico personaje femenino de la damisela en peligro que sale de la sartén para caer al fuego. ¿En realidad el escape ideal de esta hija traumada, que vio cómo quemaban viva a su madre, que casi fue violada por su padre, es irse con un ambicioso y egoísta corredor de bolsa que encontró en la violencia un tipo de redención?

Tal vez el enojo me haga juzgar tan severamente esta película. Pero el enojo viene de algún lado: ésta es una mala copia de muchas cintas; una obra pretenciosa, sin sustento, que se hizo para el regodeo de un director que parece no ver más allá de su nariz; un mal intento de incursión genérica que se queda, en todo lo que propone, a medio camino. A Cure for Wellness es, finalmente, un engaño elaborado que sólo muestra una sorpresa amarga detrás de cada pliego seductor.

A Cure for Wellness
A Cure for Wellness es un engaño elaborado que sólo muestra una sorpresa amarga detrás de cada pliego seductor.

A Cure for Wellness

Lo bueno
  • Diría que la fotografía y el diseño de producción… pero toda proeza técnica debe tener un punto.
Lo malo
  • La pretensión.
  • El engaño.
  • La banalidad.
  • El agotamiento.
  • La mala copia.
  • Todo lo anterior en dos horas y media de tortura vanidosa sin sentido.
Veredicto
Cure for Wellness
A pesar de su belleza y sus pretensiones, esta película es un retazo sin sentido.

A Cure for Wellness

A Cure for Wellness no es un homenaje al cine de horror gótico, no es un desplante de estilo, no es una película de suspenso, no es una historia con un mínimo de coherencia… Y, así, entre tantas cosas que no es, porque esta lista podría extenderse para siempre, sólo puedo decir que no encuentro algo que mantenga unido este retazo de pretensiones mal logradas.

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