Esta película es una arriesgada propuesta en un año que no ha sido particularmente amable con las encarnaciones de Batman.

¿Cómo hablar de una adaptación de The Killing Joke? Ya tenía esta pregunta en la cabeza mucho antes de entrar a la sala. Traté de olvidar todas las críticas prematuras; las reacciones enojadas por la animación y ciertas escenas polémicas; fui con mente abierta y ojos emocionados; quise entender las dificultades de adaptar esta gran novela gráfica. Porque sí, el cómic de Alan Moore es un hito contemporáneo en la historia del Caballero de la Noche y de su máxima contraparte, el Joker. Es más, a pesar de que Alan Moore reniegue de su historia, ésta sigue siendo una de las máximas referencias para entender la complejidad de ese espectacular némesis carnavalesco de Batman. Sin The Killing Joke, finalmente, en complemento con The Dark Knight Returns de Frank Miller, sería imposible entender la historia más reciente en la escritura del Vengador de Ciudad Gótica: es aquí en donde se definen sus rasgos característicos más contemporáneos como un vengador al borde de la locura, jugando con el abismo y tentado por la misma oscuridad que prometió combatir.

Y bueno, ¿qué les puedo decir? La película tiene momentos interesantes, logra definir ciertos rasgos certeros en los personajes y muestra un profundo respeto hacia el material original. Sin embargo, hay algo que falta y mucho que sobra. Esta película tiene algunos méritos certeros que, sin duda, es necesario reconocer pero, en general, termina decepcionando profundamente. Aquí había posibilidades para mucho más. Y, ahora, el problema es que, para hacer esta reseña como se debe, es necesario que cuente toda la historia, que revele muchas cosas que los lectores de la novela gráfica no conocen aún y que evidencie varios giros en la trama que, tal vez, algunos quieran ver por sus propios ojos. Así que quedan advertidos, a partir de ahora, habrá un completo festival de SPOILERS tratando de desmenuzar una de las películas geek más controversiales del año. Que el Caballero Oscuro se apiade de nosotros.

Discúlpanos Babs

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Como muchos de ustedes ya sabrán, esta película tiene una estructura bastante particular. De entrada, parecía extremadamente complicado que alguien lograra hacer un largometraje (incluso si éste dura, solamente, hora y cuarto) inspirado en un cómic de 64 páginas. Los productores Alan Burnett y el experimentado Bruce Timm se reunieron, entonces, con el temperamental guionista Brian Azzarello para discutir las posibilidades narrativas que les daba este espacio libre de tiempo: entre todas las consideraciones, jamás se pensó en hacer un cortometraje. Y la decisión que tomaron tiene muchísimo que ver con la enorme cantidad de críticas que ha tenido la novela original de Alan Moore. La gran mayoría de éstas se refiere, particularmente, al trato que se le dio a Barbara Gordon. Para estas lecturas, la icónica hija del comisionado fue tratada, en The Killing Joke de 1988, como un mero mecanismo narrativo sobresexualizado. La crítica, entonces, reside en que el único personaje femenino de la trama sirve solamente para sufrir violencia y vejaciones sexuales como excusa para avanzar la trama del enfrentamiento entre dos hombres. Y bueno, sin meterse mucho en los particulares detalles de estos cuestionamientos, incluso Alan Moore llegó a explicar que no le gusta esta historia y que le parece que el cómic resultó demasiado crudo, corporal y sexualmente violento.

Así que Timm, Burnett y Azzarello decidieron hacer una doble apuesta: mantener la violencia original de la novela gráfica y el trato hacia Barbara Gordon, al mismo tiempo que buscaban calmar los ánimos de la corrección política en boga con una historia de origen para un personaje femenino fuerte. El problema con el que se toparon entonces es algo muy sencillo y evidente: ¿cómo, al hacer de Batgirl un personaje más fuerte, evitas que ésta sea, de todas maneras, un simple detonante para la pelea entre Batman y el Joker? Y bueno, resulta evidente, al ver la película, que nunca supieron sortear muy bien este primer obstáculo lógico a sus intenciones reparadoras. Además de que, al tratar de disculpar la novela gráfica por su uso del único personaje femenino, estos escritores embrollaron bastante las cosas y tomaron algunas de las decisiones más polémicas que se hayan visto en mucho tiempo.

La cinta comienza con una panorámica de la ciudad y la narración retrospectiva, en voz en off, de Barbara Gordon. Así, de entrada, uno podía entender la decisión de los guionistas: al darle la voz narrativa principal a Barbara, esta trama quería enfocarse más en su trágica historia que en la confrontación final, a medio camino entre puñetazos y filosofía, de Batman y el Joker. Esta primera parte que dura, aproximadamente media hora, es el prólogo añadido de los guionistas y muestra a una joven Barbara aprendiendo todos los secretos de Batman y luchando, junto a él, como Batgirl, para acabar con el crimen organizado de Ciudad Gótica. La subtrama noir detectivesca va muy bien con el tono que quieren darle a la cinta en general, a medio camino entre la historia de Alan Moore con su villano espectacular, y la continuación de las caricaturas de los noventa que, entre sus “monstruos de la semana” tenía un arco narrativo más grande de lucha mafiosa por territorios. De hecho, todo el colorido de la cinta, la animación y los trazos, recuerdan mucho más a Batman: The Animated Series que a los maravillosos dibujos de Briand Bolland y a los colores originales espectaculares de John Higgins. Es más, para acabar las relaciones entre la caricatura televisiva y esta cinta, sólo hay que ver el modelo de Batimóvil. Si fueron niños noventeros, sabrán de lo que hablo.

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Podemos entender, a través de estos diálogos privados, las necesidades de inclusión que sintieron los guionistas: tratar de convertir, en media hora, a Barbara Gordon en un personaje tridimensional.

En cualquier caso, tenemos a Batgirl y Batman luchando contra un narcisista, sociópata y misógino joven mafioso que quiere destronar a su poderoso tío de los altos mandos del crimen organizado de Ciudad Gótica. Este joven delincuente con ambiciones desmedidas –y llamado, por extraña resonancia, Paris Franz– empieza a desarrollar un interés desmedido por Batgirl, provocándola, disminuyéndola y seduciéndola de la manera más torcida. Al entender este juego, Batman, como padre protector y mentor, intenta alejar a Barbara de un caso que comienza a tener tintes personales. Pero Babs no entiende razones. Entre su necesidad de comprobarse como vigilante capaz y un secreto enamoramiento hacia la figura paterna que representa Batman, Batgirl se siente menospreciada. Y sabemos de sus sentimientos encontrados, de su atracción desmedida hacia Bruce Wayne, a través de las conversaciones que mantiene con un amigo gay del trabajo. Estas conversaciones, sin duda, tienen su carisma y logran algunos de los tonos cómicos más atinados de la primera parte de la película. Sin embargo, ya hay algo extraño que se cocina ahí.

Podemos entender, a través de estos diálogos privados, las necesidades de inclusión que sintieron los guionistas: tratar de convertir, en media hora, a Barbara Gordon en un personaje tridimensional, al mismo tiempo que cumplen con la corrección política de incluir un personaje abiertamente homosexual en una cinta de Batman. Y eso podría estar, en un principio, muy bien, si no fuera por la pendiente resbalosa a la que los conduce este camino. Porque, la única solución que encontraron para darle más peso en la historia a Barbara fue la de imputarle una atracción sexual hacia su padre-mentor, Batman. La cosa, aquí, se pone entonces muy extraña. Después de varias confrontaciones y regaños sucede esa extrañísima escena pivote en la que Batgirl y Batman comienzan a luchar en una azotea hasta que el Hombre Murciélago termina tirado en el piso, sometido por el cuerpo de Barbara que lo observa contrariada, lo besa apasionadamente y deja que las manos del vengador oscuro recorran sus caricaturescas curvas. Acto seguido Batgirl se quita la máscara y blusa para señalar que los dos icónicos personajes tienen sexo en una azotea mientras los observa una gárgola tan petrificada como el pobre público.

Detengámonos un momento para considerar esto. ¿Por qué resultaba absolutamente necesario para mejorar los aspectos tan criticados de la novela de Moore incluir este extrañísimo encuentro sexual? De acuerdo, en la historia de estos personajes ha habido varios momentos de mutua atracción. En particular, con toda su inocencia y como bien señaló Bruce Timm, en la serie de Adam West de los sesenta. También, por ahí, se sugiere esta relación en la serie animada de Batman Beyond. Pero nunca habíamos tenido una escena tan explícita en un momento tan incómodo. La imponente figura paterna que representa Batman, en esta primera hora de película, vuelve algo incómoda –por decir lo menos– la relación sexual con Batgirl. Más aún si consideramos que el encuentro sexual no es entre Barbara y Bruce sino entre sus alter egos, después de una pelea, en la oscuridad de la noche, sobre un tejado de la ciudad que juraron proteger. Si bien hemos visto, en pantalla y en papel, momentos en que Batman aparece como un ser sexual, generalmente esta parte se señala, discretamente, como algo a cargo de Bruce Wayne y su fachada de playboy millonario. La idea misma de ver al Caballero de la Noche como un ser sexual es algo extraña: esa es la identidad secreta que tomó, es la máscara del miedo y del trauma, es la coraza oscura e impenetrable que lo defiende, finalmente, de todo acercamiento a una realidad más íntima. Aquí, sin embargo, Batman no tiene mucho empacho en desnudarse en un lugar público para tener relaciones sexuales con su alumna-hija protegida.

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La imponente figura paterna que representa Batman, en esta primera hora de película, vuelve algo incómoda –por decir lo menos– la relación sexual con Batgirl.

Sí, por donde sea que lo vean, esta escena es bastante extraña y, en el cine, levantó más de un murmullo de desaprobación. Después de la relación sexual, Batman se muestra distante con Barbara y ésta hace berrinches aventando a anónimos machines en la calle por encima de arbustos, contándole todo a su amigo del trabajo y, finalmente, machacándole la cara al villano misógino que termina deteniendo salvando, de paso, la vida de Batman. Todo esto señala, de forma bastante burda, las intenciones de los guionistas: mostrar a Batgirl como una heroína fuerte y capaz, que rebosa de una sexualidad propia, que no se somete simplemente al deseo masturbatorio masculino y que, a la menor provocación, es capaz de destrozarle la cara a cualquier macho que se encuentre en el camino.

De hecho, antes de ser reventado a golpes, el engreído Paris Franz le dice a Barbara “éste debe ser ese momento del mes”. Terrible línea que muestra, con toda evidencia, las intenciones reivindicadoras de unos guionistas muy poco sutiles. Todo esto para darle más peso al personaje de Batgirl y mostrar que, si hubiera tenido la posibilidad, ella también le habría roto la cara a puñetazos al Joker. Pero, finalmente, como bien sabemos, eso no ocurre en la trama de Moore y todo regresa al mismo punto: con esta pesada historia detrás, Barbara sigue siendo, simplemente, un instrumento narrativo de burda intención de corrección política, para llegar al enfrentamiento de dos hombres después de una agresión sexual que la marcará de por vida. Tanta cosa para tropezar con la misma piedra.

Historia de un malentendido

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Hay algo que creo que es necesario aclarar de entrada. Entiendo perfectamente las críticas feministas que se han hecho a la novela de Alan Moore. Estoy absolutamente de acuerdo con que Barbara Gordon no es, en esa novela, más que un mecanismo narrativo sobresexualizado que sirve para plantear el triángulo necesario, en la mitología del Caballero de la Noche, entre tres hombres-instancias: Gordon como la ley, Batman como el vigilante, el Guasón como el criminal. Sin embargo, creo que estas críticas, en su empecinamiento por comprobar el machismo esencial de las historias de superhéroes se olvidan de cómo se retrata este machismo, intrínsecamente, en las páginas del cómic. Y de ahí la importancia de la broma final en la novela de Moore. El chiste fatal, que mata, que disuelve las fronteras es también ese chiste sobre dos hombres que se escapan de un manicomio y que discuten, en la azotea, sobre el rayo de luz que les ayudará a cruzar el vacío. Esta broma es de suma importancia para entender la novela gráfica y creo que, en muchos casos, ha sido completamente pasada por alto por las críticas al uso narrativo de Barbara.

Me explico mejor. La novela comienza, justamente, con dos hombres en un manicomio, dos hombres que quiere escapar de un círculo eterno de violencia sin sentido, de un camino fatal que los llevará al borde del abismo, digamos, de un círculo de locura. Al final del cómic, este motivo regresa en forma de broma con ese momento compartido de lucidez entre el Joker y Batman. Al querer romper ese círculo, al querer escapar ambos del manicomio, se dan cuenta de que, cada uno, desde su borde de la azotea, mirando al abismo, tira rayos de luz para salvar al otro: el Joker quiere salvar a Batman de sus propios traumas, hacerlo olvidar su pasado para que abrace la locura ordinaria; Batman quiere salvar al Guasón rehabilitándolo, dándole otra oportunidad, guiándolo por el camino que –más o menos– lo salvó a él. Entonces, el chiste final es un momento perfectamente lúcido en que Batman y su némesis comparten una carcajada que se extiende hasta la última viñeta porque ambos se dan cuenta de la irracionalidad de sus posturas. Aquí comparten un momento único en el que los dos comprenden el círculo eterno de su relación: podrán perseguirse toda la vida pero nunca romperán el círculo, son dos caras de la misma moneda, contrapartes necesarias. Uno quiere que el otro ilumine el camino del abismo para que el otro se niegue, por miedo a la traición, a cruzarlo.

¿Y qué tiene que ver esto con el personaje de Barbara Gordon?, me dirán ustedes. Pues absolutamente todo. La frialdad con la que Batman trata a Barbara Gordon, el hecho mismo de que ella sea solamente un engranaje en el círculo de locura que comparte con el Joker, muestra la cercanía entre el superhéroe y el supervillano. Lo que hizo el cómic de Moore, lo que causó tanto impacto en la forma de retratar ulteriormente a Batman, fue el hecho de mostrarlo como alguien tan cercano al Joker, tan cercano a esa locura que comparten como los dos fugitivos del manicomio en un chiste. La risa final en la que se mezcla la carcajada de Batman con la del Guasón muestra justamente esto: Batman es tan criminal como el Joker porque ambos son responsables del círculo de locura en el que, fatalmente, están destinados a perseguirse. Todos los dañados en el camino, Babs, Gordon, Robin, quién sea, son sólo peones, objetos, pequeños apéndices narrativos en la locura que estos dos personajes generan. Y sí, los hombres en el poder tienden a olvidar los daños colaterales. Y sí, el machismo esencial que sexualiza a las mujeres y las descarta como objetos es un rasgo común del poder masculino en acción. La novela de Moore no glorifica estas actitudes sino que las retrata en su proporción justa, es decir, como algo totalmente crudo, real y cotidiano: la forma en que todos somos sólo peones en un juego hombres poderosos.

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Hacer que Barbara haya tenido una relación con Batman en la película dirigida por Sam Liu vuelve muchísimo más violenta la trama.

En este sentido, hacer que Barbara haya tenido una relación con Batman en la película dirigida por Sam Liu vuelve muchísimo más violenta la trama. Porque la frialdad de Batman llega a niveles insostenibles: Babs ya no es, solamente, una víctima cercana –sin ser necesariamente íntima– en la lucha contra el Joker, sino que representa un verdadero hito romántico en su vida. La frialdad final de la risa volvería, entonces, en la película, a Batman muchísimo más peligroso y cercano a la locura del Joker. Y bueno, trazar ese camino podría ser aceptable si no mediara una incómoda competencia sexual que vuelve todo más violento. Porque, de manera extrañísima, se señala, en algún momento de la cinta, que el Joker pasa a visitar a las prostitutas mucho antes de que se sepa que escapó de Arkham. Una prostituta dice, incluso, “si no ha venido es porque tal vez encontró otra cosa”. Y esa frase, lo quieran o no, señala muy probablemente, al sexualizar al Joker, que éste no nada más desnudó a Babs para tomarle fotos sino que, tal vez, la violó. Esta sugerencia no aparece en ninguna parte de la novela gráfica original. De hecho, en el material de base, el Joker aparece como alguien que está más allá de la sexualidad: el sadismo, la humillación, el sometimiento sólo le sirven como mecanismos de poder que se satisfacen a sí mismos.

Pero aquí, al señalar la posibilidad de la violación, todo se vuelve más oscuro. De entrada, cuando comparten esa risa del final, Batman y The Joker se juntan en un momento de compañerismo en el que ambos han sostenido una relación sexual con la misma mujer. Uno de forma consensual, el otro con violencia. Al unirse los dos en esa risa, se empareja, una relación sexual deseada y una violación. Digamos, por ser indulgentes, que ese camino parece muchísimo más peligroso y denota, de entrada, algo que sucede con demasiada frecuencia en Hollywood: al querer ser más políticamente correctos, los guionistas cayeron en la trampa de sus propios deseos e hicieron de una historia violenta, una trama mucho más cruel de competencia sexual masculina, de dominación y sometimiento de la mujer que se mostró fuerte. Porque nada de lo que puede hacer Babs impide la relación sexual con su mentor y la violación del Joker. Todo el empoderamiento, toda la caracterización del principio, termina, con la risa final, en el uso de Barbara como objeto sexual por dos maniacos fríos que comparten un círculo fatal de locura sin contemplaciones por las víctimas colaterales.

La película, finalmente, a pesar de estas terribles torpezas, tiene sus méritos. Las actuaciones, en particular, son espectaculares. Hamill como el Joker y Kevin Conroy como Batman son un verdadero lujo al que se añaden, con impresionante soltura, las voces de Tara Strong como Barbara y de Ray Wise como su padre. La dirección es concienzuda, sin aspavientos, con pocos cambios a los paneles originales del cómic y con buenas secuencias de acción en el principio. Todo esto puede resultar interesante con una animación que se presenta como una mezcla entre caricaturas televisivas más recientes (Young Justice) y los viejos recuerdos de Batman: The Animated Series: una buena dosis de nostalgia se puede igualar fácilmente a un bajo presupuesto. Y sí, este tipo de animación funciona particularmente bien con los flashbacks a la historia de origen del Joker que es, tal vez, lo más acertado de la película. Las modificaciones a la trama de Moore son mínimas después de los primeros treinta minutos y resultan, muchas veces, perfectamente acertadas. Hay un momento, en particular, que vale la pena mencionar. La última confrontación entre el Guasón y Batman pasa en una parte de la feria que no está en el cómic: una cocina, muy parecida a la cocina en que se sitúan las escenas conmovedoras entre el joven Joker y su esposa, volteada de cabeza. Este escenario simbólico de las potencialidades peligrosas de la memoria y de la locura es el lugar perfecto para el diálogo final del Joker en esa confrontación filosófica y física. Una gran e innovadora idea que emplea bien los recursos del material original añadiendo visiones propias.

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El recuerdo colorido y estrafalario de las ilustraciones de Bolland y la tinta de Higgins opacan la animación parda de la cinta.

Pero todos estos logros se quedan siempre a medio camino entre las buenas intenciones y su pertinente realización. Al igual que la deformación en la historia de Barbara, la animación se enfrenta a problemas de contraste. El recuerdo colorido y estrafalario de las ilustraciones de Bolland y la tinta de Higgins opacan la animación parda de la cinta. Los tonos pasteles, los disfraces antiguos del Guasón, la falta de contrastes exaltados pueden funcionar muy bien en ciertas historias de Batman pero, aquí, hacen extrañar la profundidad desconcertante del material original. De la misma manera, los cambios ulteriores a la historia de Moore terminan por desacreditarse frente a lo desconcertante que es la trama sexual que subyace en la cinta. En todo esto, entonces, se puede observar que los guionistas se enfrentaron a un enorme trabajo, que el director se preguntó muchísimas cosas durante la producción, que los actores hicieron grandes actuaciones al prestar sus voces y que, aun así, la película causa una extraña sensación de emoción frustrada y malestar certero.

Por un lado, es increíble poder tener la oportunidad de ver la icónica obra de Moore en pantalla grande; por el otro es terriblemente frustrante ver cómo la cinta se queda a medio camino entre una realización cerebral que, a pesar de sus esfuerzos, se siente apresurada, burda y torpe. Y bueno, las adaptaciones nunca sobran. De una manera o de otra, siempre es interesante ver cómo se las ingenian los grandes estudios para trasladar, de un medio a otro, las historias que tanto queremos. Nada ofende permanentemente, nada nos quita la obra original de Moore con todas sus discusiones y controversias, con su incuestionable peso histórico y su arte invaluable. Pero, aun así, sabiendo de la importancia del cómic, teniendo la posibilidad de hacer una caricatura de superhéroes con una clasificación muy poco común en estos casos, no puede uno más que sentir la espina incómoda de la decepción frente a una adaptación que no supera ni sus propias, maltrechas, expectativas.

Lo bueno
  • La historia de origen del Joker que está excepcionalmente realizada.
  • Ciertos momentos en la adaptación, como la secuencia de la cocina de cabeza, que son geniales.
  • Las actuaciones vocales que son, sin duda, una maravilla digna de apreciarse.
  • El hecho de volver a llamar la atención sobre una polémica fecunda en torno a los roles femeninos en los cómics.
  • Poder ver otra adaptación de Moore que comprueba la dificultad de trasladar al cine su genio incuestionable.
Lo malo
  • El ritmo de una cinta de acción animada que se siente, por momentos, torpe y lenta.
  • El desatino de los tonos pardos que contrastan demasiado con los colores y la profundidad del material original.
  • El diseño de vestuario del Joker que deja bastante que desear.
  • El trasfondo sexual desconcertante que no supieron manejar los guionistas.
  • El tono, en general, bastante burdo y torpe de corrección política.
  • Que quitaron el maravilloso diálogo del hombre común.
  • Que todo en la cinta se queda a medias, a lo seguro, sin la ambición y la reflexión necesarias que exigía una adaptación de esta novela gráfica.
Veredicto

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Al final de la película, después del desconcertante corto a negros que exige ese final tan ambiguo en la novela gráfica, los realizadores creyeron necesario meter una secuencia más. En estas escenas vemos a Barbara Gordon superando el disparo fatal del Guasón y convirtiéndose, oculta e intrigante, en el gran personaje que después será Oracle. Esta intromisión del futuro de Barbara parece completamente innecesaria en el marco de The Killing Joke. Porque sí, de acuerdo, todos sabemos de la discusión crítica sobre la novela de Moore y su objetualización del único personaje femenino, todos sabemos de la historia futura de Barbara y de su rescate como Oracle, todos sabemos de los cuestionamientos de corrección política que incita una larga historia de desprecio a Batgirl en DC. Pero el hecho de enmarcar la historia de Moore con un prólogo sobre una fortaleza más que dudosamente retratada de Babs y sobre un futuro que todos conocemos, muestra la torpeza de unos realizadores que siempre tuvieron miedo anticipado de las críticas que recibirían por adaptar un material tan polémico. Esto hace que la película se sienta, en todo momento, como una disculpa burda, como un intento de justificar, una y otra vez, el camino recorrido en su realización.

Y el resultado es una cinta que se queda a medio camino entre las disculpas y las buenas intenciones, que no tiene la ambición necesaria para retratar una trama tan icónica y que, a pesar de sólidos momentos en la adaptación, falla en rendirle honor a la novela gráfica y a su polémica historia. Incluso, más allá, termina por tropezarse con sus propias intenciones apologéticas al volver aún más crudo y aún más terrible el trasfondo sexual del material original. Al querer disculparse, al fallar absolutamente en la convicción necesaria para realizar esta titánica empresa, DC desperdició, una vez más, una enorme fuente de grandeza para diluirla en expectativas frustradas y una decepción final a la que, cada vez más, nos están acostumbrando.

https://www.youtube.com/watch?v=SnTSqgJPVl8

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Título: Batman: The Killing Joke.

Duración: 76 min.

Director: Sam Liu.

Elenco: Mark Hamill, Kevin Conroy, Tara Strong, Ray Wise.

País: Estados Unidos.

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