Edgar Wright nos presenta una filme entretenido, pero está lejos de ser una de sus mejores películas.

En mi adolescencia, en la época de oro de MTV y cuando la radio musical todavía era verdaderamente importante, podía pasar horas escuchando canciones de lo más variado, como muchos otros chicos de mi edad. En ese entonces, después de perderme en el éxtasis de riffs de guitarras machacantes, solos de teclados o voces envolventes, comenzaba a inventar historias en mi cabeza que iban teniendo picos de emociones: efímeros guiones improvisados siempre bajo la influencia de la música que sonaba en la TV o la radio.

Sentí que estaba viendo una de esas historias cuando me senté en la sala de cine a ver Baby Driver, una historia que parece un videoclip de dos horas salido de la mente de un adolescente obsesionado por la música, el cine acción y las películas de Tarantino. ¿Eso es algo malo? Absolutamente no, y sin embargo, por más fan que sea de la obra del director Edgar Wright, la cinta tampoco es lo memorable que podría haber llegado a ser.

Y eso es algo decepcionante. Sobre todo porque este proyecto estaba en la cabeza de Wright desde hace más de dos décadas, tiempo suficiente para que madurara de la forma correcta, y no permaneciera como la idea seminal de un joven de 20 años, ahora que Wright ya supera los 40 y está a nada de comenzar a pintar canas en su abultada cabellera. Pero, ojo, a pesar de que la película no es ni de cerca lo mejor que ha hecho Wright, tiene momentos épicos y emocionantes (así como grandes chistes) que serán del agrado de los fans del cine de acción.

Un proyecto que nació hace 20 años

En 1995, cuando Edgar Wright comenzaba sus andanzas en el mundo del cine, logrando la hazaña de vender su primera película –A Fistful of Fingers, una parodia del género western de bajísimo presupuesto– a un canal de cable inglés, era, como muchos jóvenes que rondaban los 20 años, un obseso de la música. En ese entonces escuchó en la radio una canción que le voló la cabeza: era pegadiza, tenía un ritmo genial y no podía sacarla de su mente. En cuanto el locutor reveló el nombre de la rola y del grupo que la tocaba, Wright corrió a la tienda de discos más cercana a su domicilio y adquirió Orange, el álbum de The Jon Spencer Blues Explosion que incluía Bellbottoms, la canción que lo obsesionaría por más de dos décadas.

Si lo que cuenta Wright es cierto, desde el primer momento se dio cuenta de que Bellbottoms era la canción perfecta para una escena de persecución a toda velocidad, al estilo de las cintas de acción de los ochenta. Y así comenzó a imaginar cómo sería la mejor forma de llevar la emoción que le provocaba la canción a una serie de imágenes en movimiento. Sin embargo, el joven director dejó la idea de lado y la guardó en el baúl de los proyectos inconclusos.

Wright retomó la idea en el 2002, cuando comenzaba a despuntar como el enfant terrible de la televisión británica. Previo a su gran salto al cine con esa joya llamada Shaun of the Dead, pasó brevemente por el mundo de la música y filmó el videoclip de Blue Song, una canción de la banda Mint Royale que, parecía, le permitiría sublimar la idea original que había comenzado a fermentar casi diez años antes cuando escuchó Bellbottoms. En el video vemos a un grupo de asaltantes que están a punto de realizar un robo. El chofer (interpretado por el comediante Noel Fielding) es un Baby primigenio, y sobresale por estar más preocupado por el tiempo que tardarán en realizar el robo que por el asalto en sí mismo, buscando entre su colección de CDs la canción indicada para esperar a sus compañeros de asalto.

El video es bastante bueno, e incluye un cameo de Nick Frost, uno de los actores fetiche de Wright. Todo pudo haber quedado ahí, pero no, Wright decidió seguir adelante con su obsesión.

Música para tus oídos

Después de 20 años del primer germen del que surgió la idea, Edgar Wright finalmente nos presentó Baby Driver, una cinta que intenta ser novedosa pero que termina por chocar contra una pared. Y no es porque sea mala, pero no logra ser tan grande ni novedosa como pudo serlo, debido a dos grandes razones: James Gunn y Nicolas Winding Refn llegaron antes, y de maneras igualmente ingeniosas, en los dos temas que hacen girar a la cinta.

La trama no es nada original, pero desde el principio sabemos que ese no debería ser el punto fuerte de la cinta. Digo, estamos hablando de una película de Edgar Wright, que ha cimentado su carrera presentando  de una forma fresca los clichés de otros géneros desde A Fistful of Fingers, su ya mencionada ópera prima donde se burla de los westerns. Aquí todo giran alrededor de Baby (Ansel Elgort), que resulta ser una especie de versión adolescente del personaje que interpretó Ryan Gosling en Drive.

Desde los primeros minutos de la película nos enteramos que Baby es un conductor sobresaliente, que ganó su capacidad de concentración por una circunstancia fuera de lo común: durante su infancia sufrió un accidente en un auto –en la que también fallecieron sus padres– que le provocó tinnitus, un zumbido constante en el oído, que solo se calla cuando escucha música a todo volumen en uno de sus iPods. Extrañamente para alguien de su edad, la mayoría de las canciones favoritas de Baby son rolas ochenteras, setenteras e incluso sesenteras; una pequeña licencia de parte de Wright para meter todas sus canciones favoritas.

Baby se gana la vida como conductor en los asaltos organizados por el poderoso Doc (Kevin Spacey), una especie de mafioso que es la mente maestra detrás de los principales robos de la ciudad, quien se dedica a reclutar a maleantes para sus planes, sin participar en ellos directamente, siendo sólo el encargado de la logística y de formular los planes que les permitirán escapar sin tener problemas con la ley. La única constante en los asaltos es Baby, que tiene una cuenta pendiente con Doc, y, por tanto, tiene que aceptar participar en todos los robos hasta que pague su deuda.

Edgar Wright no se esfuerza demasiado por volver memorables a los personaje secundarios y los clichés que representan no conectan con el público.

Wright acertó con darle el papel de Baby a Elgort, que arropado con una historia que remarca las carencias emocionales del personaje, transforma a un actor débil y unidimensional en una figura fascinante y misteriosa.

El director también intenta volver a usar con éxito la fórmula Tarantino, esa que consiste en llenar el argumento de personajes secundarios entrañables que aportan poco a la trama, pero la nutren en intensidad. A pesar de que esto no es algo nuevo en el cine de Wright (basta recordar a todos los ex novios de Ramona Flowers en Scott Pilgrim vs The World), en esta ocasión falla en el intento, pues no se esfuerza demasiado por volver memorables a los personaje secundarios y los clichés que representan no conectan con el público.

Así, Doc es la mente maestra del crimen, que no dejará que el héroe se salga de sus sucios negocio; Bats (Jamie Foxx) es el gángster violento y sin moral que sólo busca su provecho; Buddy (Jon Hamm) y Darling (Eiza González) son una copia de Bonnie y Clyde; Griff (Jon Bernthal) es un criminal que es todo músculos, rudo y sin sentimientos; mientras que Eddie No-Nose (Flea) y JD (Lanny Joon) son una especie de villanos de caricatura, al estilo Bebop y Rocksteady. 

Los pocos que tienen una participación memorables son el personaje de Foxx, que es un culero hecho y derecho; y Doc, aunque aquí se debe más a las tablas actorales del señorón Spacey que a otra cosa. Hamm, que al final de la cinta tiene más peso en la trama, nunca logra terminar por convencer en su papel de corredor de bolsa que se transforma en criminal cool, y finalmente evoluciona en vengador de su escandalosa novia.

Un gran inicio que se diluye

Baby Driver comienza de una forma trepidante, que atrapa al espectador de una manera orgánica mientras somos testigos de un robo a un banco, en el que todos los momentos están hermosamente en concordancia con los acordes de Bellbottoms (sí, otra vez, la canción que originó todo). El gran problema de empezar tan bien una película es que es complicadísimo mantener el ritmo. Una escena tan milimétricamente filmada, que se nota fue trabajada en la cabeza de Wright durante todo este tiempo, se convierte en uno de los puntos más altos de la cinta… y el resto palidece ante ella. Porque Wright no vuelve a meter el acelerador igual: incluso la escena de acción final se queda por abajo del apoteósico inicio, que bien podría ser uno de los mejores videclips de la década.

Lo anterior es una lástima, sobre todo porque Wright se clavó todo lo que pudo para presentar grandes escenas de acción, muchas de ellas con guiños al cine de Walter Hill, al que también rindió tributo Winding Refn en Drive. Pero la cinta sólo vuelve a tener un momento de intensidad cuando, en medio de un plan que falla por la moral de Baby, nuestro héroe tiene que escapar a pie de la policía. Ese momento, sin autos de por medio y con Baby corriendo a toda velocidad, vuelve a subir la intensidad de la cinta, y hace que se vuelva fastidioso cuando regresan a los trillados escapes en auto.

Una escena tan milimétricamente filmada, que se nota fue trabajada en la cabeza de Wright durante todo este tiempo, se convierte en uno de los puntos más altos de la cinta… y el resto palidece ante ella.

Otro de los grandes momentos de la cinta también ocurre al principio, cuando Baby va a comprar cafés después de dar un golpe, que sirve como autoreferencia por parte de Wrigth a la hermosa escena grabada en una sola toma de Shaun of the dead, en la que Shaun va por una Coca y un Cornetto a la tienda. En Baby Driver la escena es mucho más monumental y coreografiada, teniendo como telón de fondo la genial Harlem Shuffle, una hermosa canción de inicios de los sesenta. Después de los primeros veinte minutos ya sabemos de qué va la cinta, y ésta no se moverá mucho en su relato, a pesar de tener un par de giros en el argumento.

Lo sencillo de la historia y la descafeinada relación romántica –que tendría que ser muy importante, pero no termina de cuajar porque el personaje de Lily James nunca está bien definido– hacen que la cinta se sienta como una sucesión de videclips, algunos con muy buenos momentos y geniales canciones (basta decir que el soundtrack incluye rolas de Queen, T-Rex, Young MC y un genial momento con la kitch Tequila), pero sin una historia memorable a su alrededor.

Si lo vemos desde este punto de vista, podríamos estar ante un genial videoclip de dos horas, pero como película se queda como un buen intento de crear algo nuevo, pero que no se desprende de llegar tarde y por detrás de otras cintas que lo hicieron primero y mejor.

Lo bueno
  • Los primeros 20 minutos.
  • La selección musical.
  • Jamie Foxx y Kevin Spacey.
  • La escena de la carrera después del fallido asalto al servicio de correos.
  • Las referencias al cine de Walter Hill.
  • El chiste de Mike Myers-Michael Myers.
  • Grandes escenas de acción.
Lo malo
  • Que Edgar Wright no desarrolló a ninguno de los personajes femeninos.
  • Que la película llegó por lo menos 10 años tarde.
  • Que termina por parecer una unión de videoclips.
  • Que el personaje de Kevin Spacey se diluye en la segunda mitad, hasta su triste final.
  • Que no nos dejaron ver más a Flea.
  • Que no le den más uso a Brighton Rock de Queen.
Veredicto

Siendo duros con la cinta, se podría decir que Baby Driver es sólo una versión larga del ya mencionado video de Blue Song, con más profundidad en los personajes (aunque no mucha), mucha más acción, pero también mucho más cursi.

¿Es Baby Driver la cinta de autos de la década? No, ese puesto sigue estando en manos del mamonsísimo Nicolas Winding Refn y su genial Drive. ¿Es la cinta de acción que mejor usa la música pop de las décadas pasadas? No, James Gunn y Guardians of The Galaxy ya lo hicieron antes y de una gran forma, con una historia mejor amarrada. ¿Es una mala película? No, si sólo quieres ir a pasar un buen rato en el cine, no pensar demasiado, y dejarte envolver por la excelente música que la acompaña.

Después de todo, Wright reconoció que sólo quería contar una historia con algunas de las canciones que más ama en la vida, y creó una historia sencilla para unirlas. Y eso no es poca cosa.

Título:Baby Driver.

Duración: 112 min.

Director: Edgar Wright.

Elenco: Ansel Elgort, Kevin Spacey, Lily James, Jon Bernthal, Eiza González, Jon Hamm, Jamie Foxx, Flea, CJ Jones, Sky Ferreira, Paul Williams.

País: Estados Unidos.

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