Ya salió la nueva entrega de Assassin’s Creed, el juego de las sociedades secretas y los ataques furtivos. En esta ocasión seguimos los pasos de Edward Kenway, quien finge ser “asesino” pero que en realidad es un pirata, y que además resulta ser abuelo de Connor, protagonista de Assassin’s Creed III. Así pues, se trata propiamente de una precuela ambientada en la Época Dorada de los Piratas.

Al parecer las secuelas son el arte de hacer muchas veces lo mismo con la condición de que parezca diferente. Al menos es lo que nos ha probado la serie Assassin’s Creed hasta ahora. Pero seamos justos, si bien la propuesta del juego no ha cambiado mucho desde el principio, su narrativa es suficientemente poderosa como para mantener seis títulos perfectamente. En lo que respecta a esta nueva entrega, diremos que hubiera pasado desapercibida si no fuera porque se trata de una aventura de piratas en el Caribe, ni más ni menos.

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Por si no están familiarizados con esta saga, podemos decir que se trata de un juego de acechanza, en donde lo fundamental es asesinar a objetivos específicos. Para ello cuentas con una serie de movimientos especiales, una generosa colección de armas y muchos lugares para ocultarte. Una de las marcas más características de estos juegos es que el personaje puede hacer parkour y atravesar tejados y árboles para perder o alcanzar a sus enemigos.

Estos juegos no tienen nivel de dificultad, pero sí muchas misiones y elementos complementarios. De manera que puedes elegir entre pasar el juego entero con apego a la historia o recolectar todos los objetos y visitar todas las locaciones ocultas como un obsesivo compulsivo (supongo que existe una opción intermedia, pero no me consta).

¡Al abordaje!

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La segunda parte de la saga contaba con una ambientación brillante: el Renacimiento. No sólo podíamos ver la hermosa arquitectura de la época e inmiscuirnos en la complejidad social de entonces, sino que se trataba de un periodo apasionante que había sido poco (o nada) explorado en los videojuegos.

Por su parte, el tercer título (que en realidad fue el quinto, pero no nos meteremos en esas sutilezas) fue decepcionante en ese sentido. En esta ocasión la historia se desarrollaba en el marco de la Independencia de los Estados Unidos. De entrada, ya nos perdíamos los fantásticos ambientes urbanos de los títulos anteriores; además, el excesivo patriotismo constantemente era empalagoso y un poco molesto. Nadie niega que se trató de un acontecimiento importante, pero no más importante que la Revolución Francesa, por ejemplo. De manera que el interés que podría despertar este título estaba demasiado circunscrito a los Estados Unidos (no creo que nadie más se haya emocionado por encontrarse a George Washington en el juego, y a lo mejor ni siquiera los estadounidenses).

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En la cuarta parte de la serie corrigieron el camino y dan un paso atrás, antes de la Independencia de las Trece Colonias, a la Época Dorada de los Piratas. Sin duda es un movimiento astuto. Si bien hemos visto piratas en todas partes, no deja de ser una apuesta segura. En esta ocasión daremos nuestras vueltas por el Caribe, conoceremos ciudades como La Habana y Kingston en el siglo XVII y visitaremos montones de islas pequeñas y misteriosas.

Ciertamente el ambiente urbano es más limitado que el de la Florencia del Quatrocentto, pero los espacios naturales, la navegación y el misterio de los puertos piratas compensan todo. Esta época no sólo concierne a los estadounidenses, todos los países que tienen salida al Caribe y todas las potencias europeas estuvieron inmiscuidos en ella. Por otro lado, el anarquismo, avant la lettre, de estos personajes aporta un matiz interesante a la filosofía de los asesinos que defienden a ultranza el libre albedrío.

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Por su parte, Edward es un personaje más interesante que Connor, pues su condición de pirata le otorga autonomía moral. En otras palabras, se rige por su propio código de ética y con él se opone al mundo entero y a las conspiraciones que lo rodean. Antes que nada, Edward busca la libertad, y aunque en ocasiones la ambición lo ciega, su voluntad es tan grande que no deja de ser contagiosa. Ya era tiempo de que esta generación de videojuegos se tomara en serio el tema de los piratas.

Historia

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La historia de Black Flag nos pone en medio, una vez más, de las disputas entre templarios y asesinos, dos sociedades secretas que se supone conspiraron una en contra de la otra desde la Edad Media hasta nuestros días. El tema de las sociedades secretas es apasionante, y en esta saga Ubisoft ha sabido llevarlo, aún cuando ya no es lo que está de moda (gracias a dios que se olvidó aquella abominación del Código Da Vinci).

Todo esto se encuentra enmarcado por una sospechosa empresa de entretenimiento, quienes al parecer inventaron un dispositivo de realidad virtual que te permite introducirte en la piel de tu personaje gracias a la conservación de su ADN, como si éste fuera un disco duro que no sólo guarda información genética sino también lo que nos ocurre en la vida cotidiana (?). En concreto, tú manejas a un tipo que trabaja en esta empresa y que a su vez toma el control de Edward Kenway. Este aspecto ya lo hemos visto en los anteriores juegos de la saga, pero siempre me ha parecido que está absolutamente desaprovechado.

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La idea de un juego dentro del otro (lo que podríamos llamar un “metajuego”) es por demás interesante, y ha sido fuente de grandes esperanzas y muchos desengaños por parte de los fanáticos. En concreto, en Black Flag el modo de juego en el que controlas al tipo que controla a Edward es bastante soso. Ciertamente que puedes explorar y escuchar algunas conversaciones; pero estoy seguro de que nadie se hubiera enojado si no lo ponían. En realidad sí tiene un sentido y cierta relación con las historias del resto de la saga, pero me parece de todas maneras que se toman un enorme trabajo para hacer algo que podría estar increíble, pero no lo está.

En cuanto a la historia de piratas, Black Flag sigue a sus predecesores con giros argumentales interesantes. En cierta medida, la historia empieza un poco lenta (el tutorial dura como 10 horas), pero una vez que arranca lo hace con fuerza. La verdad es que no encuentro queja al respecto, aunque hay que admitir que era muy difícil equivocarse con una historia que involucra piratas.

Lo mismo, pero diferente

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Para resumir: en gameplay, gráficos y animación, Black Flag supera a su antecesor; pero no demasiado. Edward tiene algunos movimientos diferentes y en general se siente un poco más desaliñado e hiperactivo que Connor o Enzo, los protagonistas de los anteriores juegos de la serie; esto dicho como un halago, porque finalmente se trata de un pirata. Sus movimientos y su respuesta al ambiente están refinados y se sienten más ligeros. En otras palabras, sí es distinto y mejor, pero sólo un poco.

Los gráficos se ven mejor que en el título anterior, pero la verdad es que no son nada del otro mundo. Los desarrolladores se defienden con el argumento de que las verdaderas mejoras se verán en la siguiente generación de consolas; pero la verdad es que no me parece un pretexto válido. Después de ver obras que son los pináculos visuales de esta generación, como Last of Us, Grand Theft Auto V o Beyond: Two Souls, los gráficos de este título parecen arcaicos, sobre todo en lo que se refiere a los rostros de los personajes (todavía parece que están muertos). A pesar de todo, el ambiente tiene una mejora visual bastante sensible, y los movimientos de las personas, los animales y las plantas es mucho mejor que en el título anterior sin llegar a ser espectacular.

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Lo qué sí merece mención aparte es la navegación. Ya en Assassin’s Creed III podíamos tomar el control de un barco y ocupar un sitio dentro de una batalla histórica; pero aquella experiencia no se compara ni de lejos a lo que se puede vivir en Black Flag. El movimiento del mar está mucho mejor resuelto en esta entrega, así como los ambientes adversos como tormentas o ciclones. Por otro lado, el control del barco está bastante logrado y los detalles como las canciones que canta tu tripulación hacen de la exploración marítima algo simplemente sublime.

Te aseguro que te deleitarás simplemente con dar largos paseos sin rumbo fijo, enmarcados por atardeceres rojos y la compañía fraternal de tus compañeros; de vez en vez sucumbirás a la tentación de abordar una galera inglesa o te detendrás cerca de un islote simplemente para ver la vegetación y la fauna o para buscar tesoros inciertos que te dan mucho menos de lo que inviertes en obtenerlos. Pero, después de todo, de eso se trata ser pirata, ¿no es cierto?

Veredicto

Sí, es verdad, Assassin’s Creed IV es más de lo mismo; pero no deja de ser un buen juego. Repito, la propuesta de esta saga es tan buena que puede sostenerse a lo largo de seis títulos. La elección de la época pirata sin duda es una virtud y será la fuente de todos los deleites relacionados con este juego. Probablemente ya sea tiempo de que los desarrolladores den un golpe de timón con esta serie, sobre todo si planean que dure muchos más años; pero, por lo pronto, esta entrega no desmerece en absoluto.

Si ya jugaste otros títulos de la saga o eres fanático, no hay pierde: no prometen más de lo que ofrecen, y lo que ofrecen es suficientemente bueno como para mantenerte enganchado. Será como visitar de nueva cuenta este mundo de sociedades secretas en el que no hay demasiadas sorpresas. Ahora que si vas a jugar Assassin’s Creed por primera vez, definitivamente ésta es una gran opción.

Assassins Creed Black Flag

Título: Assassin’s Creed IV: Black Flag

Fecha de lanzamiento: 29 de octubre de 2013

Plataforma: PS3, Xbox 360. PS4, Xbox One, PC

Publisher: Ubisoft

Desarrollador: Ubisoft Montreal

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