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Huawei tiene una verdadera cámara de tortura medieval para celulares.

En el Laboratorio de Dispositivos de Huawei en Pekín, China, vimos cómo se tiran, calientan, congelan, doblan, tuercen y golpean decenas de smartphones, para asegurarse de que el que llegue a tus manos, no vaya a explotarte en la cara.

Cuando uno compra un smartphone nuevo, lo cuida como a la niña de sus ojos: le compra una carcasa, lo mete con cuidado al bolsillo y lo coloca con ternura sobre la mesa para evitar que su cámara o pantalla se rayen prematuramente.

Luego de unas semanas de uso, volvemos a usar nuestro teléfono como si fuera cualquier cosa y si resiste este tipo de abusos, es por pruebas de resistencia como las que hacen en el Laboratorio de Dispositivos de Huawei que visitamos en Pekín, capital de China.

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Esta máquina prueba al máximo la sensibilidad de las pantallas (Huawei).

Allí, además de desarrollar nuevos sistemas para implementar en los smartphones que la marca ofrece en el mercado, también se simulan diferentes situaciones geográficas para probar hasta dónde llega la conectividad de sus productos usando la mayoría de los protocolos de comunicación que se usan en el mundo.

También se usan enormes cámaras anecóicas diseñadas para absorber la mayor cantidad de sonido, para probar la calidad de las llamadas de voz en distintas situaciones, desde lo alto de una montaña hasta las profundidades de un búnker (es en serio, también simulan esta situación).

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Nunca van a ser suficientes pruebas de sonido (Huawei).

Pero lo que más nos llamó la atención fue la cámara de tortura medieval en la que someten a decenas de teléfonos Huawei a distintos tipos de horrorosos abusos.

Una enorme máquina con “dedos” presiona distintas partes del display de un P20 durante días enteros para ver cuánto uso constante resiste antes de dejar de registrar órdenes táctiles, mientras que un horno especial calienta teléfonos encendidos a 55 grados centígrados solo para ver qué pasaría si un desafortunado día nos encontramos en una situación similar.

A veces congelan teléfonos para ver cómo se comporta su batería y componentes internos, mientras que en otra cámara se bañan con agua durante horas para averiguar cuánto tiempo resistiría un teléfono encendido, a mitad de una llamada, debajo de una lluvia torrencial.

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¿Qué pasa si alguien de 80 kilos se sienta 20 mil veces sobre su teléfono? Esta máquina lo averigua (Huawei).

Por si esto fuera poco, también tienen máquinas que simulan unas decenas de miles de veces la presión que ejercería el peso de persona de 80 kilos posándose sobre un teléfono que tuvo la mala fortuna de permanecer en el bolsillo trasero, o que tuercen una y otra vez un teléfono con el fin de ver cuánto resiste antes de dejar de funcionar.

Imagina meter y sacar unos audífonos de 3.5 mm un millón de veces o empujar una clavija USB-C conectada a un teléfono en 20 mil ocasiones, solo para probar qué tanto pueden ser confiables sus conexiones una vez que llegan a tus manos. ¡Es alucinante!

También hay un pequeño cuarto especial en el que se tiran celulares sobre distintos tipos de suelo para simular todas esas ocasiones en las que tu teléfono se precipitó hacia el piso.

Lamentablemente no se nos permitió grabar absolutamente nada de estas cámaras de tortura para dispositivos móviles, pero ver la forma en la que abusan de tantos teléfonos con el único objetivo de hacer que los que llegan a nuestras manos resistan nuestra negligencia, es algo realmente memorable.

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