La exploración espacial dio un paso gigantesco este año. Rosetta llevó por primera vez un aparato fabricado por la raza humana a un cometa y su odisea bien merece un recuento.

No cabe duda de que Rosetta dio un salto gigantesco hacia el futuro. La Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) celebró este 2014 el cumplimiento de una de las misiones más emocionantes de su existencia. A pesar de que no se obtuvo todo lo que se esperaba, la hazaña de la ESA queda para la historia. Por eso vale la pena recordar a detalle lo que ocurrió a lo largo del 2014 con Rosetta.

Un largo despertar

La aventura comenzó en 2004, cuando la sonda fue lanzada al espacio. Hace cinco años cayó en un estado de hibernación que se mantuvo hasta principios de este 2014. En un proceso que duró alrededor de seis horas, Rosetta despertó, enfiló sus páneles solares y recargó sus baterías. Su intención, se nos decía en ese entonces, era alcanzar lo impensable: aterrizar en un cometa.

Rosetta
Sonda Rosetta

El elegido era “67P/Churyumov-Gerasimenko” y la cita debía cumplirse en noviembre. A partir de su despertar, el 20 de enero a las 12:18 horas, nuestra sonda comenzó un viaje para encontrarse con el viejo cometa.

El virtuoso encuentro de dos puntos distantes en el universo

Hay algo extraordinario en la reunión de dos objetos en este basto universo. Tienen que alinearse muchos esfuerzos y muchas coincidencias cósmicas para que un objeto nacido en la pequeña Tierra alcance a un incansable viajero de galaxias. El 6 de agosto, y después de viajar 6,400 millones de kilómetros, Rosetta tocó la órbita de “67P/Churyumov-Gerasimenko”  y nos envió la primera imagen de su superficie.

Como si de un encuentro amoroso se tratara, a partir de entonces ambos comenzaron una sutil danza. Rosetta realizó algunos movimientos irregulares para por fin orbitar alrededor del cometa. A tan sólo 100 km de “67P/Churyumov-Gerasimenko”, Rosetta seducía al viajero.

Selfie de Rosetta a 50 km del cometa
Selfie de Rosetta a 50 km del cometa

Durante más de un mes, los dos extraños continuaron moviéndose juntos, a 4,500 millones de kilómetros del Sol; mientras el equipo en tierra de la ESA decidía el sitio exacto en el que por fin se tocarían. Los días pasaban y Rosetta y “67P/Churyumov-Gerasimenko” se acercaban. Cuando estaban a tan solo 50 km de distancia la sonda nos envió una de las fotos más compartidas del año. Casi como si Rosetta tuviera vida propia, nos mostró una selfie en cuyo fondo el cometa se regodeaba.

Philae y la historia

El 15 de septiembre por fin se supo la zona exacta en la que la humanidad tocaría un cometa por primera vez. Un mes después, antes de que Rosetta cediera el protagonismo a la pequeña sonda que guardaba en su interior, una nueva selfie nos llegó a la Tierra. Hasta entonces era la foto más impresionante que teníamos de un cometa.

A partir de ese punto, Philae fue quien acaparó los titulares. Se trataba de una pequeña sonda del tamaño de una hielera y con 100 kg de peso. Ella sería, propiamente, el dispositivo humano que tocaría a “67P/Churyumov-Gerasimenko”. Después de meses de espera, este nuevo Cristóbal Colón tocó su objetivo el 12 de noviembre de 2014, un día histórico para la humanidad, casi como el 21 de julio de 1969.

Momento en el que Philae se despega de Rosetta
Momento en el que Philae se despega de Rosetta

La hazaña nos quitó el aliento y las imágenes del cometa dieron vuelta a la Tierra.

El accidentado Philae y un nuevo sueño

En medio de la emoción por la primera vez que tocamos un cometa, hubo un extraño anuncio. El mismo día en el que Philae alcanzó la superficie de “67P/Churyumov-Gerasimenko”, supimos que sus ganchos no habían sido lanzados como se había planeado. Así comenzó el prematuro final de la pequeña “hielera”.

Tan solo tres días después de que Philae saliera de las entrañas de Rosetta, la sonda se quedó sin batería. Los problemas de propulsión al momento de su lanzamiento fueron su condena. Después de tocar al cometa por primera vez, Philae rebotó tres veces y quedó lejos del lugar que se había planeado y lejos de la luz solar. En dicha posición, sus baterías no pudieron recargarse y cayó en un profundo sueño.

Philae
Philae sobre el cometa

Quizá Philae seguirá dormido en el seno de “67P/Churyumov-Gerasimenko” por incontables años. Quizá algún golpe del destino le permita recargar sus baterías y mandarnos alguna señal. Probablemente sus restos permanecerán atados al comenta mucho más tiempo del que nosotros permaneceremos atados a este planeta.

La herencia de Rosetta y Philae

Antes de que perdiéramos la señal de Philae, sus datos fueron descargados. Esos datos son la prueba palpable del éxito de la misión. Desde el despertar de Rosetta, la ESA nos anunciaba que era posible que después de su odisea sabríamos más acerca del origen del Sistema Solar, el origen de la vida en la Tierra y nuestro propio origen.

Cometa-67P-3
“67P/Churyumov-Gerasimenko”

Aún esperamos a saber qué es lo que los datos de Philae nos dirán sobre el cometa y nuestra propia historia. Por lo pronto, sabemos que se ha descubierto agua en “67P/Churyumov-Gerasimenko”, pero esa agua es distinta a la de la Tierra por sus valores de hidrógeno. De forma que estamos cerca de descartar la hipótesis de la panspermia, que supone que la vida en nuestro planeta fue traída por un cometa. Kathrin Altwegg, investigadora principal del proyecto, declaró que bajo estos nuevos datos es más probable que el agua haya provenido de un asteroide y no de un cometa.

El año de Rosetta

Cuando pase el tiempo y miremos atrás, al 2014, recordaremos vivamente a Rosetta y a su increíble aventura. Rememoraremos este importante paso en la investigación espacial y diremos que el 12 de noviembre derribamos una barrera más en nuestro conocimiento del universo. Esta pequeña raza que ha nacido y crecido en la Tierra ha logrado cosas extraordinarias, y la odisea de Rosetta es sin duda una de ellas.

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