Una película mala, pero entretenida, como la mayoría de las películas que ponen en los autobuses o en los aviones.

Una vez viajaba en un autobús rumbo a casa para ver a mi madre. En el camino pusieron un interesante documental sobre la vida marina y, posteriormente, una película tan fútil que su título se me escapa, pero básicamente trataba de un niño que se muere en un hospital y que luego vuelve a la vida para decirle a su madre y a su padre, que es pastor, que Dios existe y que hay vida después de la muerte. La trama, entonces, se desenvuelve en un drama simplón lleno de filosofía de aeropuerto sobre lo importante que es amar al prójimo y a la familia. En resumen, la película era mala, pero entretenida, como la mayoría de las películas que ponen en los autobuses o en los aviones (aunque debo aceptar que a veces ponen cosas muy buenas. Una vez vi Manchester in the Sea en un viaje a Oaxaca).

¿Por qué los aburro con esta soporífera introducción? Porque más o menos eso es precisamente Tolkien, la película dirigida por Dome Karukoski, quien obtuvo cierta notoriedad por Tom of Finland –película centrada en la vida del polémico artista homosexual Touko Valio Laaksonen–, sin embargo parece que esta vez el director equivocó el rumbo.

(Fox)

Otra película de escritores

Es cierto que vivimos en una época en la que las biopics y las bioseries se encuentran rindiendo frutos para la industria hollywoodense, pero el fenómeno de la non fiction alcanza también a expresiones como la literatura (pienso que tal vez el poder imaginativo de J. R. R. Tolkien no sería tan valorado si sus libros se publicaran actualmente), este fenómeno se debe, entre muchas otras explicaciones a que la exasperante cantidad de información audiovisual y escrita que circula actualmente nos permite imaginar cada vez menos. Por supuesto que estoy generalizando, pero a veces hay que partir de este tipo de generalizaciones para encontrar la virtud en los casos particulares.

Si a este hecho sumamos la idea de que al cine le encanta llevar a la pantalla la vida de los escritores (aunque la mayoría son francamente malas), entonces la película de Tolkien encuentra cabida perfectamente en las salas de cine, sin embargo, ahí donde trabajos recientes como A Storm in the Stars (inspirada en la vida de Mary Shelley) o Genius (que hace una revisión de la historia del famoso editor Maxwell Perkins y su relación con el escritor Thomas Wolfe) tienen ciertas virtudes dentro del género, Tolkien es un despliegue de melcocha republicana que enaltece valores como el amor tradicional y romantiza la amistad con un sólo propósito, tratar de hacer de cada minuto de la vida del escritor inglés un momento equiparable a cualquier pasaje que aparece en sus libros.

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En un agujero en el suelo vivía un Tolkien

Pocas cosas tan memorables como cuando uno lee “En un agujero en el suelo, vivía un hobbit…” por primera vez porque es la forma en la que nos adentramos a un mundo distinto al nuestro, porque es como Alicia cayendo por un agujero llegando al país de las maravillas. Creo que toda la saga de El Señor de los Anillos se trata de eso, de la importancia de contar una historia, por eso también Peter Jackson lo refleja en sus películas, (aunque la trilogía de El Hobbit no sea tan buena) porque para J. R. R. Tolkien eso era lo importante, transitar a través de la lengua de un lado a otro, de aquello que nombramos como realidad y aquello que nombramos como fantasía para salir de un mundo que estaba oprimido por cambios sociales tremendos como lo fue I Guerra Mundial, un suceso que sacudió no sólo geográficamente al mundo, sino también paradigmáticamente.

La primera mitad del siglo XX es un momento crucial para la humanidad, incluso hay quienes afirman que el siglo pasado comenzó hasta 1914 y terminó en 1989, con la caída del muro de Berlín. Y es que, durante ese año aparecieron nuevos significados en el mundo del arte, las letras y las ciencias. Al tiempo que el mundo estaba devastado nuevas imaginaciones surgieron para paliar los acicates de la nueva modernidad. Ahí es donde entra John Ronald Reuel Tolkien.

Y es que durante la primer Gran Guerra, los jóvenes estaban entusiasmados con salir al frente porque desconocían los horrores que les deparaban. Para J. R. R. Tolkien la única alternativa de hacer frente al nuevo orden mundial era necesariamente inventado el propio. Un universo (La Tierra Media) donde el amor por la vida y lo justo prevalecen.

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Una historia obvia y reduccionista

La película ahonda poco en estos pequeños detalles que podrían haberla enriquecido muchísimo en lugar de llegar a reduccionismos y simplezas tales como cuando Tolkien es niño y entonces la sombra de un árbol que entra en la noche y parece cobrar vida lo inspiraron para crear los Ents. O que todo lo que sucede en la película evoca a su imaginación inmediata y tiene repercusiones directas con su obra. Lo terrible es que este método es el más socorrido en este tipo de películas, y sólo ofrece una versión edulcorada de la vida del escritor, quien en todo momento se nos presenta como una especie de héroe con muy pocos defectos y más bien lleno de virtudes.

Más interesante hubiera sido que Dome Karukoski se detuviera en detalles como la polémica sobre el racismo del escritor para quien, según sus críticos, los blancos eran los buenos y los negros, los orcos, los malos. Aunque Christine Chism diferencia las acusaciones de en tres categorías distintas. A saber: racismo intencional, un prejuicio eurocentrista inconsciente, y una evolución de un racismo latente en sus primeras obras. Aunque algunos consideran que la visión del escritor no era así de sencilla como los blancos son buenos y los negros malos, pues incluso después del horror de la I Guerra Mundial, Tolkien tachó de orcos tanto a los aliados como a los nazis en el conflicto posterior de 1939.

Más entretenido, incluso, hubiera sido explicar sus inclinaciones ecologistas o, en definitiva, prestar más atención al desarrollo de las lenguas que invento como el sindarin y quenya, las cuales son muy populares hoy en día. La película brilla por poner todo el servicio de la imaginación tolkiana a la pretensión de casarse con Edith.

Entonces, se obvian cosas como el congreso de esperantistas al que acudió el escritor y dijo que si se quería propagar una lengua era importante crear historias en torno a éstas y contarlas, porque sólo así se asegura su perduración. Y esta podría ser la génesis de toda la película, pero parece que cada minuto se afana no sólo por distorsionar los hechos de la vida de J. R. R. Tokien, sino acomodarlos a conveniencia de una historia simplista y moralina.

No puedo negar que existen momentos en los que a uno se le estremece un poco el corazón, sobre todo cuando se tocan a profundidad temas como la amistad o, incluso en algunos momentos románticos de la cinta, pero no nos engañemos, esto sucede porque estamos acostumbrados a este tipo de efectivos efectos sentimentales en pantalla.

Al final, la película resulta entretenida para quien tiene cierta curiosidad por acercarse a la vida del escritor e incluso ofrece una narrativa amena, sin complicaciones y complaciente para el espectador. En resumen, no hay mucha diferencia entre el niñito que se muere y vuelve para avisarle al mundo que hay vida después de la muerte y la película del escritor inmaculado al que nos acerca Dome Karukoski.

(Fox)

Lo bueno
  • Algunos momentos emotivos.
  • La actuación de Nicholas Hoult, Lily Collins y Anthony Boyle.
  • Puedes pasar un rato entretenido viéndola en un autobús o en un avión.
  • Que se perderá sin pena, ni gloria en el montón de películas que existen sobre escritores.
Lo malo
  • La historia es moralina.
  • Aunque lo intenta, no describe a un Tolkien humano con defectos y virtudes.
  • Es más cursi que cualquier poema de Manuel Acuña.
  • Que se desperdicie la vida de un escritor tan grande en una representación tan pobre.
  • Que la familia de Tolkien siga sin querer mostrar más detalles sobre la vida del escritor para crear una cinta mejor.

(Fox)

Veredicto

A Tolkien le falta y le falta mucho, es una película plana que sirve para adoctrinar y deslumbrar a quien quiera verse complacido con una historia llena de cosas fantásticas, tragedias que en lugar de ser profundas se muestran superfluas, y que tiene cierto grado de fan service que resulta deplorable. De cualquier manera, si vas por ahí viajando y no tienes nada en qué entretenerte verla en el autobús te ayudará a hacer más llevadero el camino.

Título: Tolkien.

Duración: 1 hora 52 min.

Director: Dome Karukoski.

Elenco: Nicholas Hoult, Lily Collins, Colm Meaney, Craig Roberts, Harry Gilby, Laura Donnelly, Adrian Schiller y Guillermo Bedward.

País: Estados Unidos.

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