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Reseña – El Perro Samurái: La leyenda de Kakamucho, mucho ladra el que no muerde

| 11 de agosto de 2022
El Perro Samurái es una película infantil que tiene algunos momentos entretenidos y divertidos, pero en realidad aporta poco.

El Perro Samurai: La leyenda de Kakamucho (Paws of Fury: The Legend of Hank) es una película de animación dirigida por Rob Minkoff y Mark Koetsier, escrita por Ed Stone y Nate Hopper y distribuida por Paramount Pictures, la cual ya está en la cartelera de los principales cines del país.

Inspirándose narrativamente en Blazing Saddles (1974) y con guiños visuales a lo que vimos en las película de Kung Fu Panda , esta mezcla cruda de humor ramplón y batallas samuráis logra algunas risas dispersas, pero en general, estamos frente a una aventura que es poco inteligente, conmovedora o encantadora.

Imagen: Paramount Pictures

Entiendo perfectamente el público al que la película está dirigido, siendo un elemento que tengo muy en cuenta al momento de compartir mis impresiones. De hecho, tuve la fortuna de ver la película en una sala repleta de niños, que son los jueces más imparciales ante un largometraje o serie animada, por lo que en las siguientes líneas intentaré expresar mi idea y opinión sobre El Perro Samurái, pero también daré espacio a estas reacciones que tuve de primera mano.

Un canino entre felinos

Siendo un perro en un mundo de gatos, el héroe de la película (con la voz de Michael Cera en inglés y la de Juanpa Zurita en español) es un extraño y un completo rechazado desde el principio.

Este perro solo tiene un sueño en la vida: convertirse en un ágil y orgulloso samurái. Es así, que termina en una aldea de gatos del oeste bajo el ataque de un malvado señor de la guerra llamado Ika Chu (Ricky Gervais en inglés y Faisy en español latino), que ve en el colmilludo y orejón aventurero una oportunidad ideal para llevar a cabo un macabro plan que tiene como epítome un retrete inmenso.

Imagen: Paramount Pictures

El pueblo necesita un samurái, y el torpe y optimista Hank quiere ser uno, excepto que no sabe pelear. Además, como canino entre felinos, todo mundo sospecha de él. Este caos y falta de seguridad en el pueblo lo convierten en el blanco perfecto para bandidos. La destrucción es el objetivo de Ika Chu, y el perro es totalmente incapaz de hacer algo al respecto.

La desesperación hace que Hank encuentre a Jimbo (Samuel L. Jackson en inglés y Gerardo Vásquez en el doblaje latino), el ex samurái del pueblo. El antiguo y legendario guerrero está en total decadencia: es alcohólico, vive con un terrible trauma y está más interesado en menospreciar a Hank que en entrenarlo. Eventualmente, deben encontrar un objetivo en común para salvar a su comunidad de la destrucción.

A pesar de la dificultad que a priori ya existen al intentar adaptar el material original de Blazing Saddles a casi 50 años del estreno de esta obra cinematográfica de Mel Brooks, El Perro Samurai encuentra otro tipo de escollos de mayor repercusión, como tirar demasiado del humor escatológico que no o hace tanta gracia, ni siquiera entre los niños, y conseguir mantener un ritmo adecuado para que se sucedan los chistes con una velocidad pertinente.

Imagen: Paramount Pictures

Prácticamente todos los diálogos son líneas cargadas de clichés, refranes populares y chistes típicos sobre perros y gatos, así como eufemismos traviesos que parecen más apropiados para adultos. Es una variedad de juegos de palabras obsoletos y referencias laboriosas de la cultura pop.

Es así que una película que en un principio parece divertida se va tornando aburrida. Los recursos de romper la cuarta pared para interpelar la audiencia, emular una sala de cine para hacer que los personajes se salgan de la pantalla, verlos tropezar con butacas y mencionar el tiempo de duración exacto en un par de ocasiones como parte del humor, podrían funcionar mucho mejor si la película encontrara el tono y fuera más ágil, pero es demasiado consciente de sí misma como para lograrlo.

Imagen: Paramount Pictures

Del western al anime

Si Blazing Saddles tomaba como punto de partida el western americano, El Perro Samurái opta por cambiar de hemisferio y traslada la trama al Japón feudal, valiéndose de ciertos aspectos del lenguaje del manga e incluso haciendo uso de distintas técnicas de animación (rollo tebeo para los flashbacks, por ejemplo) y movimientos de cámara más propios del anime.

Los cinéfilos también van a encontrar guiños escondidos a películas reconocidas como El bueno, el feo y el malo (el tono del western nunca se pierde del todo) o West Side Story, pero están bastante repartidos por la trama y habrá a quien le pasen hasta desapercibidos.

Sobre todo si hablamos de una película que a priori está hecha para niños, para quienes por supuesto este tipo de referencias son intrascendentes. Cómo les mencioné estuve en una función repleta de niños, y las risas que escuchaba solo eran de los adultos. Los más pequeños se mantenían dispersos, con momentos de atención intermitentes que provenían más que nada de la ternura que emanan algunos de los personajes secundarios y de las escenas de acción samurái, dónde vale decir, hay coreografías muy bien logradas.

Imagen: Paramount Pictures

Recargado de trampas y bromas vulgares, además de una pizca de ternura, el guion es completamente predecible y nunca reúne muchos incentivos para la inversión emocional. La autoconciencia ocasional cuando la película marca los clichés no cambia el hecho de que todavía es un cliché.

Además, sin mucha información significativa sobre las leyendas o tradiciones culturales, termina por entregarse a algunos de los mismos estereotipos que pretende satirizar. Es decir, había oportunidad de profundizar mucho más en aspectos y elementos que distinguen a los samuráis y al Japón de aquella época, lo que habrían ayudado a generar una historia más rica y llena de matices para el espectador. Sin embargo, los escritores optaron por el humor en todo momento.

De hecho, la película funciona mejor cuanto más se aleja de su punto de partida y vuela por las áreas que pertenecen a un segundo plano: muchos de los personajes secundarios están desarrollados con mayor detalle e incluso le roban el show a los principales como es el caso de Emiko y los gatitos que la acompañan, el gigantesco guerrero Sumo o los hermanos sonsos del pueblo que no saben leer.

Imagen: Paramount Pictures

Los niños pueden responder de forma más favorable a la animación colorida y las travesuras de animales hiperactivos, además de que en este tipo de películas siempre se agradecen las lecciones fáciles de digerir sobre el trabajo en equipo, la aceptación y la perseverancia.

Sin embargo, estas buenas intenciones y atisbos de virtuosismo se ven totalmente opacados por una montaña de clichés, chistes malos y una historia poco emotiva que no logra entusiasmar a los más pequeños ni logra tener la atención del público adulto.

Imagen: Paramount Pictures

Lo bueno
  • Personajes secundarios
  • Calidad de la animación
  • Algunas escenas de acción
  • Exaltación de valores positivos
Lo malo
  • Guion previsible
  • Humor referencial que no funciona
  • Trama repleta de clichés
  • No hay un tono emocional que conmueva
  • Poca información significativa sobre las leyendas o tradiciones culturales
  • No logra mantener un ritmo adecuado para que se sucedan los chistes
  • Abusa del recurso de romper la cuarta pared
Veredicto

El Perro Samurái es una película infantil que pese a tener uno que otro momento entretenido, aporta poco. Se queda con algunos aspectos de la comedia en la que se inspira, llenándose de un humor absurdo e incluso autoreferencial que solo funciona en ocasiones y que no logra cautivar al público.

Bien dicen por ahí que perro que ladra, no muerde, y este largometraje animado queda sepultado entre un montón de diálogos sin sentido que no agregan emoción ni profundidad a su historia, quedando a mitad del camino en una obra que no termina de cuajar para los niños, y mucho menos para los adultos.

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