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Reseña – Bardo, una metáfora necesariamente onírica

| 3 de noviembre de 2022
¿Es una película ambiciosa o más bien una película pretenciosa? ¿Es la onanista justificación de un hombre blanco privilegiado por ser un hombre blanco privilegiado o se trata un lúcido documento de microhistoria? Es muy difícil definir lo que es Bardo.

Hace unos días llegó a cines mexicanos Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades, y pese a los avances que Netflix lanzó sobre la cinta augurándonos lo que nos podríamos encontrar en pantalla, estoy seguro de que ningún espectador se esperaba lo que Iñarritu terminó por ofrecernos en este título, el cual, vale la pena mencionarlo, es el primero en México después de que el director filmara Amores Perros hace 20 años. Pero, ¿Bardo es buena o es mala? Bueno, eso es difícil decirlo…

Un hombre que vuela

“Quería hacer una película honesta. Sin mentiras en absoluto. Pensé que tenía algo tan simple que decir. Algo útil para todos. Una película para ayudar a enterrar para siempre todas las cosas muertas que llevamos dentro. En cambio, soy yo quien carece del coraje para enterrar cualquier cosa. Ahora estoy completamente confundido, con esta torre en mis manos”.

Imagen: Netflix

La cita la reconocerá cualquier snob, pues se trata de un diálogo de Guido Anselmi, el personaje que Marcello Mastroianni interpretó Otto e mezzo. La mención a la película de Fellini puede ser muy obvia: ¿cómo no hallar paralelismos entre Bardo y la fantasiosa ficción del maestro del neorrealismo italiano? No solo porque ambas nos presentan a un protagonista trastornado, presa de sus recuerdos y angustiado por su porvenir en un momento donde las bases de la identidad son removidas por una temporada de crisis. No.

Ambas películas comienzan con una cámara en primera persona que nos permite ver lo que ve un hombre que sueña estar volando.

Aquí llega la primera advertencia de Alejandro González Iñárritu “Bardo”: como creador, soy libre. Es decir, no solo Netflix me dio la oportunidad de filmar una obra con un sustancioso financiamiento, sino que no me veo impedido por ninguna atadura de tiempo o espacio en lo que te quiero contar. Mi protagonista vive en un sueño. Puede volar. Puede ir y venir. Nada importa.

Imagen: Netflix

Un lugar llamado México

En el fondo, Bardo es una historia muy sencilla: un hombre que ha vivido exiliado de México vuelve para recibir un premio. Pero el hombre que protagoniza Bardo, Silverio (excelentemente interpretado por Daniel Giménez Cacho), él no es un hombre sencillo, es decir, narrativamente plano. Él es un hombre normal, es decir, un ser complejo, tan traumatizado como cualquier que haya vivido más de 20 años.

Nuestros sueños son proyecciones de nuestros miedos y deseos, y en este sentido, Bardo se presenta como el lúcido sueño de un hombre que está perdido en México, a pesar de ser mexicano.

Imagen: Netflix

La naturaleza onírica del filme lo convierte de inmediato en una historia cifrada por el simbolismo, y aunque hay detalles bastante evidentes, Iñarritu nunca trata de ser alcahuete con el espectador. Podría parecer que esta complejidad no es tal: humor socarrón llega a esparcir su pintura sobre la cinta, al igual que juicios que pudieran parecer intrascendentales por parte de los personajes y licencias literarias que en otro contexto podrían haber parecido gratuitas.

Pero esto no pasa con Bardo, porque Bardo es un sueño, y cada fotograma, por más inútil o superficial que resulte, no deja de ser la proyección de un cerebro ingenuo perdido entre sus propios pensamientos. En este caso, claro, la mayor proyección es México: un fantasma de mil caras, un país distinto para cada uno de sus habitantes.

Imagen: Netflix

Pero…

Hay un par de detalles que me molestaron de Bardo: el CGI, lo que no me extraña, pues Netflix no es ningún maestro en este rubro, y la interpretación de muchos de sus personajes, la cual no es mala, pero a ratos sentía que veía teatro filmado, y no una película. Quizá esto tenga una razón de ser, pues al verse inmersos en un sueño, los fantasmas que proyectamos como personajes secundarios no son precisamente fieles a su propia naturaleza. No lo sé.

Lo bueno
  • Visual y técnicamente es preciosa.
  • El simbolismo mexicano.
  • Su manera de plasmar la naturaleza de un sueño.
  • Si no la ves en cine, te puedes esperar a que llegue a Netflix.
  • La interpretación de Daniel Giménez Cacho.
Lo malo
  • La interpretación de los secundarios.
  • El CGI.
Veredicto

Es muy difícil definir lo que es Bardo. ¿Es una película ambiciosa o más bien una película pretenciosa? ¿Es la onanista justificación de un hombre blanco privilegiado por ser un hombre blanco privilegiado o se trata un lúcido documento de microhistoria?

Bardo es una contradicción, un sinsentido, y como tal es fiel a su naturaleza de relato onírico. En el sueño nuestros egos aparentemente desaparecen porque nuestros sueños son la manifestación más pura de nuestros egos. Estamos tan cerca que no podemos ver. Y por eso Bardo puede ser tanto el reflejo narcisista de Iñarritu producido por Netflix, y filtrado por la metaficción, como el honesto discurso de hombre que es producto de su tiempo.

Antón Chéjov decía que arte era lo que a él le gustaba, y lo que no, simplemente no lo era. ¿Bardo es arte? No lo sé. Me gustó. Me disgustaron algunas cosas, pero en general me gustó.

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