La Región Salvaje de Amat Escalante es una enorme cinta que rebasa, por mucho, las fronteras de la ciencia ficción mexicana.

Lo más injusto que le pueden hacer a La Región Salvaje es lo mismo que le hicieron a Possession de Andrzej Zulawski: decir que es una película sobre una mujer que se coge a un pulpo. La premisa monstruosa de esta cinta se extiende mucho más allá del valor de impacto. Lo que logró hacer Amat Escalante es ciencia ficción evocativa, un horror psicológico agudo, un drama romántico de lo familiar y lo siniestro.

La Región Salvaje es una exploración del deseo en “esa vulgar forma geométrica que es el triángulo amoroso” (como escribió el mismo Zulawski). Desde ahí, desde los celos y la batalla del deseo contra sí mismo, Escalante logra hacer un retrato profundamente humano de lo que nos condena a vagar insatisfechos en esta tierra.

No podemos negar la importancia de los más viejos clásicos mexicanos de ciencia ficción, de Piporro y El Santo; no podemos decir que no se hayan hecho una docena de intentos, más o menos fallidos, de abarcar este género desde que René Cardona hiciera La Horripilante Bestia Humana hace 50 años; no podemos tampoco decir que la ciencia ficción tiene un lugar preponderante en el cine nacional. Pero tampoco podemos dejar de decir que esta cinta es la mejor película de ciencia ficción que se ha hecho en México en décadas.

Más allá de la ciencia ficción, más allá del retrato social mexicano, esta cinta explora los límites de lo humano, trasciende el género y rebasa todas las ambiciones.

La región

“Impactó en la Tierra y dejó un cráter… los animales empezaron a llegar, ellos que están más en contacto con sus necesidades, con su instinto. Lo que está allá, en la cabaña, es la parte primitiva de todos, lo básico en su estado más puro, materializado… nunca se va a extinguir, sólo se va a perfeccionar.”

La Región Salvaje se centra en Verónica (Simone Bucio), joven nómada que encuentra, por un llamado interno instintivo, la cabaña en donde se aloja una criatura al cuidado de una pareja de científicos hermitaños. La criatura llegó del espacio y provocó algo, un surgimiento de deseo puro, en animales y hombres, para proporcionarles un placer infinito, absolutamente inhumano.

Los que entran en contacto con la criatura experimentan la satisfacción más pura, algo que borra todo odio, todo resentimiento, toda necesidad… por un breve espacio de tiempo. La existencia misma de un ente que puede satisfacer el deseo de forma tan completa, tan perfecta, comienza a irrumpir en las vidas caóticas de una familia a la que Verónica encuentra por azar.

La Región Salvaje se centra en Verónica (Simone Bucio), joven nómada que encuentra, por un llamado interno instintivo, la cabaña en donde se aloja una criatura al cuidado de una pareja de científicos hermitaños.

Alejandra (Ruth Ramos) tiene dos hijos con Ángel (Jesús Meza) y trabaja en la fábrica de dulces de su suegra. Los padres de su esposo son empresarios medianos, conservadores, tradicionales. Y nadie sabe que Ángel tiene relaciones sexuales con Fabián (Edén Villavicencio), el hermano de su esposa. En lo público, Ángel desprecia a Fabián  –“Es mejor que no venga tu hermano, no se les vaya a pegar lo jotito a mis hijos”–; en lo privado, es el único con el que tiene acercamientos tiernos, en donde se ve vulnerable, deseoso, cariñoso, juguetón, feliz.

La criatura causa placer insostenible y, quienes la conocen, pueden llegar a entregarse completamente a ella, hasta la aniquilación. Porque tiene caprichos, se harta de las personas, exige nuevos cuerpos deseantes. La criatura ya no quiere a Verónica, sus encuentros son cada vez más violentos, el rechazo es patente. Y ella, para no dejar de alimentar lo que la mantiene viva, le presenta a Fabián.

Esta relación disrumpe todo el triángulo amoroso de la familia de Alejandra y todo empieza a derrumbarse en una espiral de celos, escapes y sueños lúcidos de deseo. La criatura crea un elemento disruptivo en la lucha silenciosa de los deseos, las traiciones y las convenciones sociales de un Guanajuato que esconde los placeres secretos en las esquinas oscuras de sus estrechos callejones.

Lo salvaje

La Región Salvaje empieza con una toma en el espacio de un meteorito que se mueve lento, en la luz perdida y silenciosa del espacio. El título de la cinta se materializa con letras incompletas, estilizadas como los trazos geométricos del principio de Alien. Y la referencia no es gratuita.

La relación con la obra maestra de Ridley Scott va en el sentido psicológico del guión de Dan O’Bannon. Alien puede ser vista como una cinta sobre violación: un monstruo fálico que penetra, sobre todo, a los hombres, los capitanes, los ingenieros, los líderes de una tripulación. Es el retrato terrorífico de un deseo encapsulado, escondido en los clósets, que se violenta aquí con la llegada de un “sobreviviente, no ofuscado por conciencia, arrepentimiento o ilusiones de moralidad”.

Frente a esa presentación violenta del deseo reprimido, Escalante propone otra criatura, más allá de la moral humana y las representación de la normalidad sexual, que produce una entrega única en quién se le ofrece. No hay violación aquí, sino la rendición a un poder superior al deseo, que puede lograr satisfacer lo que está, por definición, incompleto.

“Primero pensarás que estás alucinando, sentirás que tu cuerpo y mente se desconectan por un momento, vas a perder la voluntad y la razón quizás…”, explica el científico a Alejandra, antes de que se entregue a la criatura. Y la entrega se consuma como un reflejo a la otra inspiración de esta película, la referencia más explícita a Zulawski y Possession.

Frente a esa presentación violenta del deseo reprimido, Escalante propone otra criatura, más allá de la moral humana y las representación de la normalidad sexual, que produce una entrega única en quién se le ofrece.

En la cinta del director polaco, una criatura tentacular, sedienta de sangre y deseo, se alimenta de la maldad, la locura y la violencia de un matrimonio que se desmorona. Provoca así una espiral de violencia que consume a todo y a todos a su paso, creando, en el fuego de las perversiones consumadas, una nueva versión, limpia, mejorada, de ellos mismos.

En La Región Salvaje, la relación con la criatura tentacular es otra: el extraterrestre despierta también un deseo oculto, que nunca se relaja, que nunca se muestra completo, que se dosifica en su entrega. Al abrir el placer humano más allá de los confines humanos, el extraterrestre da algo que no es de este mundo: la satisfacción completa, el amor total que borra todo odio, la ausencia de tormentos, paz.

Y el humano no puede lidiar con eso, no puede conocer el deseo completo y luego parcializarlo de nuevo, volverlo a ocultar, regresar a los juegos de roces y coqueteos frustrados. Hombres y mujeres enfrentados a la criatura se entregan completamente a ella, como una adicción, hasta aniquilarse por completo. Porque, para vivir, necesitamos vagar insatisfechos, enfrentados a la sensualidad de lo que nos rodea, de la naturaleza siempre renovada, del deseo ajeno, del placer de los otros, con necesidades frustradas. La paz, la ataraxia, la ausencia de problemas, la satisfacción completa, por esencia, no nos pertenece.

Lo real

Amat Escalante es un maestro de un realismo que se señala con el dedo. No es el realismo al que estamos acostumbrados en México. Ese realismo que, para decir pertenencias, lucha de clase, denuncia de inequidad, necesita imitar acentos, esencializar roles sociales, crear estereotipos.

Los personajes de Escalante, representados en Los Bastardos y Heli, por actores primerizos o completamente amateur, hablan un lenguaje propio, incómodo, torpe, ajeno al ensayo, que se sabe ficción y que por eso mismo es un reflejo más preciso de lo real. En ese sentido, este director está mucho más cerca del realismo mexicano de Carlos Reygadas en Batallas en el Cielo que del realismo mexicano de Alejandro González Iñárritu en Amores Perros.

Aquí, Escalante dirige de forma genial las emociones contenidas de sus actores, el lenguaje que se dice guión y que parece brotar de otra parte de la ficción, de una realidad pasmosa, de un contexto apabullante. La nostálgica ausencia de Simone Bucio, la sensibilidad reservada de Ruth Ramos, la violencia mal contenida de Jesús Meza, la ternura frágil de Edén Villavicencio, permiten explorar lo impensable en algo que nos es absolutamente cercano.

Esta cinta fue considerada por la crítica como “una denuncia del machismo mexicano”. Y sí, puede ser que lo sea. Pero eso no es todo, ni es el punto final: aquí se juega un relato que va mucho más allá de la conservadora sociedad guanjauatense, de las relaciones violentas de género en México, del trauma masculino en nuestra historia. Porque a través de las relaciones de estos personajes, de sus actuaciones impactantes, de la dirección magistral, se cuenta una historia de ciencia ficción alrededor del elemento mínimo del deseo.

Lo humano

La Región Salvaje es un reflexión sobre lo humano desde lo extraterrestre. El elemento aquí que define la ciencia ficción no es un avance tecnológico, sino una taxonomía biológica. ¿En qué forma un organismo completamente ajeno, que sólo podemos entender desde nuestras clasificaciones animales, disrumpe un ecosistema afectivo?

Esa premisa general es totalmente cercana de Solaris, la incomparable novela de Stanislaw Lem. En ese hito de la ciencia ficción mundial se explora una taxonomía, un intento de clasificación de algo absolutamente inhumano, incomprensible e inasible: un planeta que muta físicamente para sobrevivir la fuerza de gravedad de otros cuerpos celestes. En contacto con el humano, el planeta reacciona de formas distintas hasta que establece una comunicación recreando a los seres queridos fallecidos de los astronautas que lo interrogan.

La exploración psicológica de este relato, como una reflexión sobre deseo, añoranza y luto se realiza perfectamente en la adaptación de Andréi Tarkovski. La exploración psicológica de la entrega, del amor imposible, de la fatalidad, aparece, de manera más torpe, en la adaptación de Stevem Sodeberg. Y en medio de estas tres obras, La Región Salvaje toma toda la fuerza de otra exploración del amor, de la fatalidad, del deseo y del impacto psicológico y social de lo absolutamente extraño en el microcosmos humano.

La Región Salvaje es un reflexión sobre lo humano desde lo extraterrestre. El elemento aquí que define la ciencia ficción no es un avance tecnológico, sino una taxonomía biológica.

En ese sentido, La Región Salvaje es una obra maestra de ciencia ficción que trasciende las fronteras de nuestra realidad mexicana para abrirse a la exploración del hombre y sus pulsiones destructivas y amorosas. El sello único de Escalante va en el sentido de ese contraste: para hacer ciencia ficción seria hay que saber ejercer un realismo comprometido. Este realismo se finca en la dirección de actores, primero; en el trabajo de guión, después, y en una realización que observa el mundo desde un ángulo reflexivo.

La fotografía de Manuel Alberto Claro muestra la influencia de Zulawski en los plano secuencia pacientes, que siguen el foco del deseo y del dolor en la espalda de Verónica, en la ansiedad de un perro. La evocación fílmica del contraste necesario entre realismo y ciencia ficción está en el tránsito entre los interiores (la vida familiar, la sala de comer, las fiestas infantiles, la televisión y un gol de los Pumas) y los exteriores (la naturaleza con una fuerza vibrante, los árboles que se yerguen, las raíces que penetran la tierra, el agua que fluye de los ríos, clara y seductora).

A los callejones apretados de Guanajuato, a las calles oscuras y la vida familiar opresiva, llena de recovecos y rincones, se oponen los espacios abiertos de la naturaleza sensual y terrorífica, que invitan al deseo, al goce, a la satisfacción inmediata, pero que también espantan a los niños con pesadillas de tormenta, muestran la violencia de todos, encuentran a los animales dominados por el instinto y sus fatales consecuencias. La naturaleza, con sus espacios abiertos, propone una invitación, a la exploración interna, a penetrar entre los árboles para adentrarse en uno mismo, a soñar el flujo de un río anidándose entre las piernas abiertas y los pliegues de un vestido.

La Región Salvaje es una obra maestra de ciencia ficción que trasciende las fronteras de nuestra realidad mexicana para abrirse a la exploración del hombre y sus pulsiones destructivas y amorosas.

En esta exploración de la naturaleza humana, los símbolos se responden, naturaleza y cultura, instinto y civilización. La película termina con un niño preguntándole a Alejandra: “mamá, por qué estás manchada”. Se refiere, claro, a las manchas de sangre en su camisa, de la sangre de su padre consumido por la envidia del deseo. Pero también se refiere a la otra mancilla, a aquella de la que parecía poder librarse, a la mancilla de la culpa, del pecado, incluso.

Muchos pueden juzgar esta película en ese sentido, como un retrato de los peligros del deseo desencadenado, como un cuento moral sobre las trampas del cuerpo y nuestro pendiente animal que debe someterse a una moral para crear estructura y orden. Pero la lectura cristiana de La Región Salvaje no se sostiene: la cinta no es un cuento moral. Aquí, no se trata condenar al deseo, al placer o al cuerpo, sino de explorar sus límites.

Esta película es un retrato de lo extraordinario en lo ordinario, de la ficción que habla la realidad entre sus pliegues oníricos, de lo extraterrestre, de lo extrahumano que nos resalta la vida íntima de nuestro especie, encadenada al deseo, condenada a vagar por siempre, en los confines de la tierra, buscando la satisfacción inalcanzable.

Lo bueno
  • El maravilloso score de cuerdas punzantes.
  • La fotografía evocativa que juega entre los interiores claustrofóbicos y los espacios inmensamente abiertos.
  • Las actuaciones sensibles.
  • La magistral dirección de Escalante.
  • La pura ambición de este proyecto que rebasa el género y su contexto para entregarse a la exploración de lo humano.
Lo malo
  • La falta de distribución que tuvo dos años vagando a esta cinta.
  • Que puede ser recibida como un cuento moralino cuando nunca lo es.
  • Que no es frecuente encontrar una película tan ambiciosa y tan lograda en nuestro cine.
Veredicto

En un magistral plano secuencia, la cámara sigue a un perro negro entre las ramas de los árboles. De pronto, se abre un claro y vemos el cráter, poblado de todo tipo de animales, copulando frenéticamente. La imagen bíblica, pasmosa, con animales reales, es el centro de una cinta que va mucho más lejos de su contexto. Apela a otro tipo de historia, a un pensamiento, que pasa por Guanajuato, que pasa por la ciencia ficción, y que explorar los límites posibles del placer humano. Con esto, La Región Salvaje es una obra maestra que, jugando entre Lem, Zulawski, Reygadas, la ficción increíble y el realismo crudo, crea un lenguaje propio para hablar de nuestra especie condenada.

Título: La Región Salvaje.

Duración: 98 min.

Director: Amat Escalante.

Guión: Amat Escalante, Gibrán Portela.

Elenco: Ruth Ramos, Simone Bucio, Jesús Meza, Edén Villavicencio, Andrea Peláez.

País: México, Dinamarca, Francia, Alemania.

Año: 2016.

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