Downsizing es visualmente impresionante, tiene grandes actuaciones e ideas geniales… por eso es tan frustrante la mediocridad final de la cinta.

Alexander Payne nos tiene acostumbrados a películas íntimas, moralmente tortuosas y que muestran, con una ternura particular, la horrenda humanidad de sus protagonistas. Sin embargo, con Downsizing, Payne trató de ir a otros extremos.

Ésta es su película más ambiciosa hasta la fecha y la exploración de Payne pasa por la soledad, el abandono, el apocalipsis, la culpa ecológica, la culpa burguesa, la culpa gringa, la sexualidad de Matt Damon como blanco traumado, el activismo, la responsabilidad humana y el pensamiento de la especie frente al individuo.

Son demasiadas cosas para balancear en el límite frágil entre la comedia ligera, las burlas raciales y la solemnidad de culpa liberal. Es por eso que Downsizing es la película más frustrante de Payne: con todos sus aciertos, con todas sus propuestas, el resultado final es mediocre y molesto.

Esta película pudo ser un clásico de culto… pero lo que nos queda después de verla es la molestia de una culpa ajena y la sensación de un regaño moralino que nunca nos correspondió.

Una idea genial

La cinta de Payne se divide en dos hilos narrativos que terminan por unirse. Por un lado, tenemos la historia de unos científicos noruegos que cambiarán la historia del mundo logrando reducir al 0.03% la masa corporal de cualquier ser vivo. Esto podría sonar como una ociosidad imposible porque… ¿quién quiere medir doce centímetros en este mundo?

El asunto de la reducción de masa corporal se justifica, sin embargo, como una forma de salvar a la humanidad de su propia extinción: 36 personas viviendo cuatro años en una comunidad cerrada crea una cantidad de desperdicios no reciclables que caben en media bolsa de basura. Es decir que, si toda la humanidad decidiera reducirse, podríamos solucionar el problema de sobrepoblación y escasez de recursos, acabar con el cambio climático y reducir el impacto ambiental del hombre en el planeta.

El segundo hilo narrativo de la cinta se centra en el personaje de Paul Safranek (Matt Damon), un hombre frustrado con las decepciones de la vida. Cuando era apenas estudiante de medicina, su madre cayó enferma y tuvo que comenzar a cuidarla. Después, sólo pudo estudiar para convertirse en terapeuta ocupacional en una cadena de restaurantes.

Frente a las presiones económicas, Paul decide explorar un poderoso motivo para reducirse: al volverse de 12 centímetros, tus ahorros se multiplican y un patrimonio de 150 mil dólares te convierte en millonario. Esta solución parece que salvará su matrimonio pero, al momento de reducirse, su esposa (Kristen Wiig) lo abandona y se divorcia de él quitándole, de paso, todo su sustento.

Solo, frustrado, pobre y minúsculo, Paul tendrá que buscar la redención ayudando a una disidente vietnamita (Hong Chau) que fue reducida por su gobierno y que logró, milagrosamente, escapar ilegalmente de Asia para llegar a Estados Unidos.

Un hermoso concepto de políticas moralinas

Todo este concepto, como se imaginan, es bastante genial y visualmente hermoso. Las imágenes de Payne retratan con una vivacidad increíble y un sentido del humor único un mundo futurista en el que conviven los seres de talla normal y los humanos reducidos.

En todo el diseño de producción de Downsizing, en la fotografía y los efectos especiales vemos el toque humorístico de comedias como Honey, I Shrunk the Kids, la ciencia ficción clásica de Fantastic Voyage y los guiños al maquetazo encantador de The Thunderbirds en la televisión sesentera. Todos estos efectos de miniaturización evidente, de escalas en las construcciones y de juegos con las proporciones son absolutamente encantadores.

Esta creación visual se acompaña, además, por todo una propuesta de contexto en el universo que fabrica Payne. Porque sus ideas van mucho más allá del juego cómico o la fantasía para instalarse, en pleno, dentro de la ciencia ficción seria: no se trata aquí de una excusa para agrandar objetos cotidianos sino que existe un verdadero trasfondo político.

En un principio la idea política se finca, solamente, en las cuestiones ecológicas. El lugar que ocupa el hombre en el planeta es insostenible por las altas exigencias de confort que exigen los países que más contaminan. Si todo Estados Unidos, en vez de ceder al consumo responsable, redujera su tamaño, todo mundo podría ser rico y todos podrían continuar con una vida lujosa sin afectar al planeta. Es una solución elegante que encuentra, sin embargo, reticencias.

La película mucho más allá del juego cómico o la fantasía para instalarse, en pleno, dentro de la ciencia ficción seria.

La idea es que la gente no es lo suficientemente desinteresada para dejar su lugar en este mundo y entregarse al cuidado de otros. El espacio físico que ocupamos es algo que tampoco queremos ceder y se trata de la extensión más evidente y ridícula del ego. Así, Payne propone que ni siquiera con lujos libres de culpa y multiplicación de la riqueza, los humanos más egoístas de los países primermundistas aceptarían reducirse en tamaño.

Pero ahí no acaba la dimensión política del mundo creado en Downsizing. Porque los conflictos se extienden también a preguntas sociales como el derecho al voto de las personas reducidas, las proporciones en los pagos de impuestos, los problemas de tenencia de la tierra, de abandono de terrenos, de precios en bienes raíces y de odios evidentes entre los humanos normales, abandonados y pobres, y las minorías ricas que viven miniaturizadas.

Toda esta exploración social es también una exploración económica en la que, fuera de los impuestos y los valores, se observan las lógicas del mercado negro en un universo miniaturizado. Si hay equivalencia de precios, ¿cuántos habanos de un milímetro se podrían hacer con un habano de tamaño normal? ¿Y cuánto se podría ganar en este negocio de miniaturización?

También Payne quiere explorar, a través de una visión algo inocente, las relaciones de poder en el capitalismo estadounidense comparadas con un socialismo comunitario idílico en Noruega y el efecto tecnológico en otros regímenes. Y esto resulta en una exploración algo simplificada de sistemas de poder actuales. En el capitalismo americano siempre habrá minorías oprimidas que trabajan para el servicio de los ricos y los poderosos. El hecho mismo de que haya grandes comunidades privilegiadas en el mundo miniatura crea las condiciones para una nueva opresión –invisibilizada– de minorías.

A pesar de que esta inclinación hacia la ciencia ficción dura es extremadamente interesante, Payne la lleva al terreno de la política más inocente y solemne.

Por otra parte, los Noruegos logran crear una nueva empatía y balance con la tierra a través de creencias ecológicas casi religiosas y una distribución comunitaria de las riquezas. La felicidad idílica, la expansión bucólica y la libertad sexual fluyen en este lugar que parece una recreación del imaginario de Woodstock mezclado con una burla de los círculos de djembé y hacky sack de universidades liberales.

En el otro extremo, finalmente, encontramos los peligros de la miniaturización en el contexto contemporáneo de regímenes dictatoriales y amenazas terroristas. ¿Esta tecnología no permitiría, en efecto, infiltrar pequeños disidentes o extremistas en paquetes de Fedex o de Amazon? ¿No se puede utilizar la miniaturización como un castigo ejemplar y terrible para presos políticos? ¿No podría reducir efectivamente el espacio empleado para el encarcelamiento masivo?

Toda esta consistencia en la creación de un universo cambiado por un avance científico tiene, sin embargo, un lado menos interesante. Porque a pesar de que esta inclinación hacia la ciencia ficción dura es extremadamente interesante, Payne la lleva al terreno de la política más inocente y solemne. Así, se opacan las intenciones cómicas de la cinta y la burla sarcástica que no permite tomarse en serio la solemnidad del argumento se diluye en regaños moralinos…

Un resultado desigual

Alexandre Payne nunca ha ocultado sus orígenes de clase media blanca en el pleno centro de la geografía americana. Sus películas hablan, con frecuencia, sobre los problemas existenciales de una franja bastante privilegiada de la vida estadounidense (como en Sideways o The Descendants, por ejemplo). Y él no oculta su posición de poder como un exitoso director blanco de edad media, ganador de dos premios Oscar.

No hablo de la sustracción de clase de Payne o de su vida privada para juzgar su cinta desde la biografía del director. Simplemente, considero lo que hace en Downsizing como una postura discursiva extrañamente incómoda. Hay aquí un aire de superioridad paternalista, moral y regañona que me incomoda mucho desde el lugar en donde habla el director. Es un poco como los blancos liberales del Colorado de South Park que se sienten profundamente aliviados con ellos mismos por manejar un coche eléctrico.

Hay un momento en donde el discurso de Payne en esta cinta se siente como un alivio de culpa blanca burguesa frente a la destrucción del planeta. Y el problema no es el discurso en sí, sino que se siente una voluntad de convencer y educar. Si algo no puedo soportar es una película es que trate de educar al espectador.

Hay aquí un aire de superioridad paternalista, moral y regañona que me incomoda mucho desde el lugar en donde habla el director.

Downsizing, en este sentido, me incomoda profundamente. Porque da a entender, muy rápido, que su punto es mostrar cómo la empatía inmediata y no las soluciones tecnológicas van a salvar al mundo del apocalipsis. O, también, cómo el humano se va a extinguir por un fundamental egoísmo que no necesariamente está en su naturaleza y que él mismo puede superar culturalmente. El asunto aquí es que, al tratar de educar, el director y escritor de la cinta se posiciona en una postura paternalista y aleccionadora que quiere utilizar al cine como un vehículo pedagógico.

Esta torpeza no es, sin embargo, la razón principal por la que considero que la película de Payne es mediocre. Creo que esta cinta es fallida, más bien, por algo muchísimo más atípico en el cine de este autor: el mal manejo del tono. Con esta banal intención aleccionadora, Downsizing se pierde entre su voluntad de divertir con una ingeniosa comedia romántica y la solemnidad que requiere el ambicioso argumento apocalíptico.

A pesar de la encantadora actuación de Hong Chau y la increíble historia que logra construir al centro de la comedia romántica que es su relación con Matt Damon (perfecto para un papel tan patético), la cinta se arruina en una solemnidad apocalíptica. Entre la seriedad de los argumentos y las necesidades de comedia Downsizing pierde toda eficacia argumentativa y se siente como una reflexión sosa, autocomplaciente, indecisa, demasiado ambiciosa y finalmente mediocre y banal.

Downsizing es una gran oportunidad desperdiciada que llega solamente para decirnos que deberíamos abrazarnos más. Y pues háganme el jodido favor.

Lo bueno
  • La enorme actuación de Hong Chau y el elenco de reparto.
  • Matt Damon siendo patético con kakis y polo.
  • La comedia romántica que es el verdadero espíritu de la cinta.
  • El concepto apasionante.
  • El diseño de producción.
  • El contexto profundo de ciencia ficción seria (a pesar de que, como bien me señaló una bióloga, no consideran a las bacterias).
Lo malo
  • La desigualdad del tono cómico logrado con la solemnidad del argumento.
  • La inocencia política.
  • La intención moralina y aleccionadora.
  • Lo burdo que resulta el argumento al final.
  • Que se desperdicie una oportunidad brillante.
Veredicto

Downsizing nos recuerda viejos sueños de ciencia ficción en un contexto absolutamente contemporáneo. Es una cinta que, con un universo minuciosamente fabricado, podía hablar de tolerancia, ecología y supervivencia con una soltura cómica única. Es una película que pudo ser un clásico instantáneo de culto y es una película que, desafortunadamente, se quedó al margen de sus propias pretensiones.

La solemnidad de las lecciones que expone no es tan inteligente como Payne cree y el resultado es un panfleto mediocre de culpa blanca privilegiada. Una verdadera lástima porque Downsizing, con todas sus posibilidades queda entre lo peor que ha hecho este gran director. Roguemos porque algún día regrese, lejos de los grandes debates mundiales, a las pequeñas miserias íntimas que tan bien supo retratar antaño.

Título: Downsizing.

Duración: 135 min.

Director: Alexander Payne.

Guión: Alexander Payne, Jim Taylor.

Elenco: Matt Damon, Hong Chau, Christoph Waltz, Kristen Wiig.

País: Estados Unidos.

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