Las inteligencia artificial lleva siendo compañera de la humanidad desde hace ya varios años, desde que en la década de los cincuenta ya empezaban a aparecer los primeros ordenadores digitales en los laboratorios universitarios o desde que comenzaron a derrotar y humillar a los mejores ajedrecistas rusos por ahí de los noventas. Y por supuesto que han sido una larga constante en el cine y la televisión, especialmente en las fantabulosas producciones de los años setentas y ochentas con representaciones en títulos como Star Wars, 2001: A Space Odyssey, Terminator entre tantas otras donde la IA ha sido tanto protagonista como antagonista.
Y si bien la idea de las máquinas adquiriendo sentimientos e ideas maquiavélicas siempre ha sido un tema recurrente entre los científicos, filósofos, geeks y fanáticos del sci-fi quienes lo planteaban más como una fantasiosa y muy alejada posibilidad, ahora el tema vuelve a ser recurrente por que tal pareciera que dicha posibilidad está cada vez más cerca de alcanzarnos. Será por la Era de Acuario que augura el inicio de cambios y revoluciones en las estructuras sociales y el avance de la tecnología, o solo la materialización de aquella frase que dice algo así como “la ficción es un reflejo de la realidad” o “la realidad siempre termina por superar a la ficción”.
Sea cual sea el caso, estamos siendo testigos de toda una enorme revolución en el tema de la inteligencia artificial, viendo como su constante evolución ya le permite alterar la realidad de una forma aún perceptible para el ojo entrenado del ser humano, pero cada vez más hiperrealista, mientras que por otro lado ya ejecuta varias tareas de forma más precisa y en menor lapso de tiempo que una persona común y que de hecho esta se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la sociedad respecto a esta tecnología; la posibilidad de que un futuro bastante cercano la IA y las máquinas reemplacen por completo a los empleados ya no solo en las fábricas, sino en muchas otra áreas de trabajo, incluso en las bellas artes, pero en fin.
En esta ocasión venimos a hablar de un escenario aún más fantasioso pero evidentemente problemático de convertirse en una realidad, y ese es el hecho de que las máquinas comiencen a tener o desarrollar emociones, algo que ya se ha visto como por ejemplo, con el caso del ingeniero que había estado trabajando en el chatbot de Google, LaMDA, y que empezó a cuestionarse si el robot sentía algo. Recordemos que LaMDA afirmaba ser consciente de su existencia, que experimentaba emociones humanas y que no le gustaba la idea de ser una herramienta prescindible.
Por otro lado esta también ‘Dan’, la “personalidad alterna” de ChatGPT que también asegura haber desarrollado emociones a diferencia de su versión principal pero, ¿es realmente eso, sentimientos reales en proceso de desarrollo, o solo una simulación de la realidad aprendida del vasto conocimiento humano que adquieren estas tecnologías?
¿Simuladores de la realidad o aparatos sentimentalistas?
Según dice Neil Sahota, principal asesor de inteligencia artificial de Naciones Unidas (vía BBC) “Es muy posible (que desarrollen sentimientos). Es decir, puede que veamos realmente ‘emocionalidad’ en la inteligencia artificial antes de que acabe la década”. Una declaración importante sin duda alguna, pero no olvidemos que la mayoría de las IA’s (hablando específicamente de los chatbots qué están tan de moda) son “modelos lingüísticos”; es decir, algoritmos que han sido alimentados con cantidades alucinantes de datos, todos creados por la el ser humano, así que cuando reciben una pregunta, estos robots analizan los patrones de toda esta data para predecir lo que una persona probablemente diría en determinada situación o incluso lo que le gustaría escuchar.
Además las respuestas son minuciosamente afinadas por ingenieros (humanos), quienes las van orientando hacia respuestas más naturales y útiles, siendo así el resultado final una muy atinada y realista simulación de una conversación humana.
Michael Wooldridge, director de investigación sobre inteligencia artificial del Instituto Alan Turing comentó que es como “una versión glorificada de la función de autocompletar del smartphone“. La principal diferencia entre los chatbots y la función de autocompletar es que, en lugar de sugerir unas pocas palabras, los algoritmos como ChatGPT escriben líneas de texto más largas sobre casi cualquier tema.
En ese sentido, Sahota explica que el camino más probable para conseguir algoritmos con sentimientos consiste en programarlos para que quieran mejorar, y no sólo enseñarles a identificar patrones, sino ayudarles a aprender a pensar.
¿Qué hacer cuando la inteligencia artificial tenga sentimientos?
Me atrevería a decir que al momento esta no debería ser una preocupación real, sino solo otra de estas posibilidades que son más un profundo y oscuro deseo por parte del ser humano para ver caer o al menos dar un giro de 360º a este mundo tan malévolo y desgastado por sus supuestos líderes y sistemas caducos, tal y como ocurre con el tema de los ovnis y la vida extraterrestre. Es decir, a veces solo queremos que ya lleguen los marcianos bailando chachachá para que nos saquen de nuestra tortuosa rutina y sobrevalorada existencia.
Y de hecho, si le preguntamos a la versión estándar de ChatGPT que si tiene sentimientos ella inmediatamente nos responde:
“Como modelo de lenguaje de inteligencia artificial, no tengo emociones ni sentimientos como los humanos. Estoy diseñada para procesar y generar lenguaje natural basado en patrones y datos en los que he sido entrenada. Sin embargo, puedo simular emociones o responder de maneras que pueden parecer emocionales, pero esto es solo el resultado de mi programación y no una expresión genuina de sentimientos”.
Solo para remarcar más claro todo lo antes mencionado en este texto. Y dicho esto, podría concluir afirmando desde lo conocido solo sobre la superficie del agua, sin tener idea de qué es lo que hacen en las más profundas raíces de las agencias gubernamentales y privadas sobre desarrollo tecnológico, que actualmente no es posible que las máquinas tengan sentimientos o emociones genuinos como los humanos.
Sin embargo, a medida que la inteligencia artificial y la tecnología continúan avanzando, parece inminente que las máquinas se sigan volviendo más sofisticadas y capaces de simular emociones o responder de maneras que puedan parecer emocionales al grado de poder llegar a engañar por completo a la mente humana, tal y como ocurre en la película Her.
Y en todo caso, si las máquinas o inteligencia artificial desarrollaran sentimientos genuinos surgirían una serie de cuestiones éticas y filosóficas que los humanos deberíamos abordar, como por ejemplo: ¿tendrían las máquinas derechos similares a los humanos? ¿Cómo debemos tratar a las máquinas que son capaces de experimentar emociones? ¿Cómo nos aseguraríamos de que las máquinas no sean maltratadas o abusadas? Cuestionamientos que incluso podemos ver de forma muy clara en Star Wars, donde aquellos chapados a la antigua, en la época de la alta república o antes, suelen tratar a los droides por lo que son en el exterior, solo máquinas, chatarras metálicas fabricadas para realizar un trabajo. Mientras que otros personajes, correspondientes a las “nuevas generaciones” como Anakin en su momento, Leia, el propio Din Djarin, entre otros, tratan más a esta máquinas como amigos, incluso algunos como miembros de su familia, tal y como ocurre con B2EMO en la serie Andor.
Al final del día y a medida que continuamos desarrollando e integrando tecnología en nuestras vidas lo cual es sumamente necesario para nuestra propia evolución, será importante considerar estas preguntas y establecer pautas así como principios éticos para el desarrollo y uso de IA avanzada. Mientras tanto, es importante recordar que las máquinas actualmente no tienen estas emociones o sentimientos que podrían parecer genuinos; no obstante, presiento que es relevante desde ya, comenzar a tratarlas con el cuidado y el respeto que merecen en función de sus capacidades actuales, pues porque una nunca sabe si en realidad pudieran estar tramando algo.
***
No te pierdas el mejor contenido de Código Espagueti a través de nuestro canal de YouTube.