Hace unos días publiqué en este mismo espacio un texto: Cómo NO usar redes sociales, que contaba muy básicamente la historia de cómo había yo intentado iniciar un diálogo con el delegado Leonel Luna (@leonel_luna) a través de Twitter para que me respondiera una simple pregunta con respecto a cómo se había gastado el dinero en la delegación en la que vivo y que él gobierna. Lo subí y a los pocos minutos comenzaron a llegarme comentarios de la gente que estaba leyendo el texto. Aunque recibí mensajes de muchos tipos (incluyendo algunos cuasi-cavernarios), hubieron dos que me llamaron poderosamente la atención: aquellos que coincidían conmigo y compartían sus propias experiencias y frustraciones tratando de comunicarse con funcionarios públicos vía redes sociales y aquellos que creían que un funcionario público no tiene por qué responderle a un ciudadano a través de estas herramientas.

A los primeros no puedo decirles mucho, más que: lo sé. Es frustrante, pero tenemos que seguir insistiendo, seguir cuestionando y seguir haciendo preguntas relevantes a nuestras autoridades. Esa, además de votar, es una de las responsabilidades que tenemos viviendo bajo una democracia.

Con el segundo grupo la cosa es más compleja. ¿Por qué creo que un político me debe responder algo que yo le pregunto a través de Twitter? Por varias razones. La primera, porque si ellos abren esa vía de comunicación y nos bombardean cotidianamente con su propaganda política, –los ciudadanos– tenemos el derecho (y la obligación, como decía hace unas líneas), de usar ese canal para responder, criticar y debatir. En segundo lugar, porque las redes sociales han demostrado ser una herramienta útil para la participación ciudadana. Y no estoy hablando de la Primavera Árabe ni del movimiento de Occupy Wall Street, dos de las más recientes muestras globales de la eficacia del guatsapeo, posteo y tuiteo. No… aquí en México han habido ejemplos muy claros de que cuando los ciudadanos nos organizamos en torno a cosas que nos importan y usamos las redes sociales para avanzar nuestras agendas, podemos abrir caminos de diálogo con nuestros políticos.

Internet-Necesario
Foto: phylevn

Hace unos años tuve la oportunidad de co-editar el libro CiudadanosMX: Twitter y cambio político en México (DeBolsillo, 2011), en el que logramos documentar algunos de los casos más emblemáticos del buen uso de Twitter como herramienta de participación e influencia ciudadana. Los casos de #InternetNecesario o del debate –trasladado también a redes sociales– sobre la legalización del #MatrimonioIgualitario en el DF, por ejemplo, hacen evidente que las redes –Twitter, en este caso– se ha convertido en una verdadera plaza pública en la que la gente, los ciudadanos, hacemos oír nuestras voces, y en la que las autoridades (algunas, al menos) escuchan, debaten y acuerdan.

Por eso, más que entrarle al tema de “por qué crees que te iba a responder” o “tú quién crees que eres para que te conteste”, lo que creo que es importante es que creérnosla… es decir, informarnos sobre casos en los que los ciudadanos sí hemos logrado frenar un acto de autoritarismo, cambiar una política, o hacer más transparente la actuación de nuestros políticos, y actuar. Usar las redes a nuestro favor, no dejar de cuestionar, ni de exigir una respuesta. Pasar de una posición reactiva frente al poder y sus acciones, a una activa que nos permita aportar y ser mejores ciudadanos para nuestro propio beneficio. En un país en el que no hay muchas puertas para la participación ciudadana, cerrarnos ésta nosotros mismos es el peor de los escenarios. ¿No creen?

* Imagen de portada: Kooroshication

temas