Científicos descubren que la toxina presente en el veneno del escorpión inhibe el dolor del ratón saltamontes.

La especie se llama Onychomys torridus, mejor conocido como ratón saltamontes, habita en el desierto de Sonora y en las tierras áridas del suroeste de Estados Unidos, es el único ratón carnívoro de América del Norte. El ratón es inmune al doloroso veneno del escorpión, así que rompe la pinza del escorpión contra el suelo, le arranca la cabeza, lanzándola hacia atrás y se lo come.

Estos roedores tienen una mutación, que evita que la señal del dolor llegue al cerebro, haciéndolos resistentes a veneno de escorpión. Los investigadores ahora saben exactamente cómo la mutación del ratón bloquea las señales del dolor e incluso pruebas recientes demuestran que el veneno funciona como un analgésico en dichos roedores.

En la Universidad Estatal de Michigan, la neurobióloga Ashlee Rowe y su equipo, inyectaron una cantidad muy pequeña de veneno de escorpión en la pata de un ratón saltamontes y en la de un ratón común. El ratón saltamontes sólo lamía su pata, por lo que se sugiere que el veneno era menos doloroso para él.

En un segundo experimento, los investigadores inyectaron veneno de escorpión a ratones domésticos y a ratones saltamontes y luego con formol, una sustancia química que causa dolor. Los ratones saltamontes lamieron sus patas menos que los ratones domésticos, lo que sugiere que el veneno bloqueaba la capacidad de los ratones saltamontes de sentir dolor.

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Los investigadores identificaron la manera en que el veneno actúa en dos de los más conocidos receptores del dolor en los mamíferos, los canales de sodio NaV1.7 y Na­V­­­1.8. Para sorpresa de los científicos, la toxina del escorpión activaba el canal NaV­1.7 en los ratones comunes mientas que en el ratón saltamontes no sucedía nada. Paralelamente, la respuesta del canal Na­V1.8 se producía en términos parecidos y el veneno actuaba bloqueando temporalmente la respuesta del dolor en los roedores, produciendo incluso un fenómeno analgésico.

Thomas Park, un neurocientífico de la Universidad de Illinois en Chicago encontró un mecanismo de resistencia al dolor similar en la rata topo (Heterocephalus glaber) del este de África, que soporta las concentraciones de CO2 de los túneles en los que vive, y presenta la misma mutación.

La investigación publicada en la revista Science, ofrece una pista para desarrollar nuevas estrategias contra el dolor, especialmente desde el punto de vista farmacológico.

vía Nature

fuente Science

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