Los lectores son una especie muy particular de personas. Suele encontrárseles muy calmados en los parques, cafés y en los pasillos de las Universidades. Parece que no hacen nada, están como en trance. Otras veces se les ve en el transporte público sentados con un libro en la mano, a veces incluso están de pie y parece no importarles el caos que reina a su alrededor. Al verlos, nadie creería que estos seres que parecen idos todo el tiempo tienen un sistema neuronal más desarrollado que el común de los humanos, pero así es.

Más allá de los discursos vacíos que quieren fomentar la lectura y no hacen más que el ridículo, leer es un hábito que realmente nos ayuda a desarrollar nuestras capacidades cerebrales. El neurocientífico Manuel Carreiras dirigió un estudio que sugiere que el cerebro de los lectores construye redes neuronales más firmes y contiene una mayor concentración de materia gris (que comunica a los dos hemisferios). Para ello, midió la actividad neuronal de un grupo de adultos recién alfabetizados con la de otro grupo de lectores veteranos.

Aunque los lectores parecen estar en trance, lo cierto es que en esta simple tarea involucran gran parte de su cerebro. Por ejemplo, para la construcción de imágenes se usa el lóbulo frontal; mientras que para la asociación de símbolos (los símbolos escritos relacionados con el lenguaje) echan mano del lóbulo occipital.

Lectura

En realidad, comprender las palabras de un libro es una tarea ardua para el cerebro. Si bien nacemos con una predisposición para aprender una lengua; la escritura es una tecnología muy antigua para la que necesitamos entrenamiento. De manera que leer implica un dominio del lenguaje, pero también la habilidad para descifrar los símbolos gráficos y la capacidad de construir imágenes entorno a ellos. Todo esto debe llevarse a cabo en cuestión de segundos.

Finalmente, sería equivocado pensar que da lo mismo leer cualquier cosa. Un texto demandante estimulará mejor nuestras neuronas, y un libro conformistas no nos ayudará a pensar mejor. Digamos que el hábito de la lectura nos aporta una predisposición a crear relaciones mentales de mayor calidad, pero también es importante considerar qué tipo de información vamos a colocar en tales conexiones.

vía Revista Ñ

fuente Nature

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