Hace unos días, un agraciado compañero me hizo voltear la vista hacia esta pequeña joya de realización impecable, cariño por la ciencia ficción y realista interpretación espacial: Wanderers.

No tenemos aquí un fatalismo común o un optimismo ramplón: esto es nada menos que representaciones de una colonización futura del Sistema Solar con una voz en off atrás tan reconocible como inspiradora. Y sí, el que habla, como reaparición fantasmagórica, es nada menos que Carl Sagan.

El creador de esta belleza, Erik Wernquist, es un animador sueco que quiso mostrar cómo sería observar verdaderos paisajes de nuestro Sistema Solar desde una óptica humana; tratar de representar cómo nos veríamos en estos pasajes y cómo interactuaríamos con ellos si pudiéramos estar ahí. Sobra decir que las imágenes nos muestran en situaciones particularmente intrépidas, sin miedo a lo desconocido, recorriendo distancias ahora inexplorables. Como inspiración se encuentra claro, el mítico Sagan y su libro Pale Blue Dot: a Vision  of the Human Future in Space del cual aparecen fragmentos grabados como fondo necesario.

Dice Wernquist que el título se inspira del origen griego de la palabra “Planeta” como estrella vagabunda, y de nuestra propia capacidad de descubrimiento. Fascinado por Melville y su gusto por lo desconocido, inspirado por Sagan y basándose en mapas con representaciones pictóricas de nuestro Sistema Solar, Wernquist nos deja una mirada a un futuro osado de la humanidad que nos hace soñar despiertos. Esto es el origen de la ciencia ficción, la verdadera pasión por lo desconocido y la exploración fantástica; esto es Cyrano sentado en el Sol, es Verne viviendo aventuras imaginarias.

Esperando algún día surcar otros cielos, por ahora, sólo podemos lamentar, entre miradas atónitas y botón insistente de play, que Wanderers termine en tan pocos minutos. Un verdadero deleite intrépido e inteligente que muestra cómo, siempre, nuestra imaginación abre pautas y se adelanta a toda capacidad física: en sueños, ya estamos todos ahí.