Poco a poco ha ido despareciendo el estigma de que los drones sólo tienen un uso bélico. Prueba de ello es la instalación creada por Elevenplay y Rhizomatiks, dos compañías japonesas que decidieron unir arte y tecnología en mismo espectáculo.

Se trata de un show en el que unas bailarinas montan una coreografía junto con un grupo de drones, artefactos que son capaces de seguir los movimientos de sus pares humanos e incluso de “inventar” sus propios pasos. Todo esto es posible gracias al uso de cámaras y sensores de movimiento, los cuales envían la información a un software que se encarga de realizar el análisis de datos, para luego determinar el desplazamiento de las máquinas.

¿Será que un futuro veremos algún robot en el ballet Bolshoi?