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Cuando se anunció que había una secuela directa a Breath of the Wild, muchos se preguntaban lo siguiente: ¿cómo le va a hacer Nintendo para superar lo previamente hecho en uno de los mejores juegos de la historia? La respuesta la tenemos aquí, con The Legend Of Zelda: Tears Of the Kingdom, el cual vino a mejorar todo lo de su antecesor; posicionándose como uno de los mejores videojuegos de esta generación y hasta de la historia.
La frase “Todo juego tiene una historia, solo uno es leyenda”, dicha cuando lanzaron The Wind Waker es tan cierta: en la industria no hay uno que haya revolucionado tantas veces la manera en que nosotros percibimos los videojuegos, dado que si no fuera por Link, la princesa Zelda y compañía, las cosas serían muy diferentes. En esta última entrega, veremos cómo han superado las expectativas, aunque también arrastra cosas de su antecesor, por lo que veamos todo lo que esta obra maestra nos ofrece.
Las segundas partes sí son buenas
Antes de cualquier cosa, es importante entender la línea del tiempo en la cual está Tears Of The Kingdom. Este juego es una secuela directa de Breath Of the Wild, situándose tiempo después de la calamidad que hizo Ganon. Todo comienza cuando Zelda y Link están investigando una sustancia que está causando enfermedad, la cual se encuentra debajo del castillo. Durante este inicio, podemos ver a nuestro héroe con todas las mejoras que llegó a tener del juego, tales como: todos los corazones, la espada maestra en su máximo esplendor y la barra completa de stamina.

La suerte de ambos cambia cuando al descender más profundo en el subterráneo del castillo de Hyrule, encuentran restos de la cultura Zonai, por lo que deciden seguir bajando hasta que encuentran el cadáver momificado de Ganondorf que tenía un brazo verde misterioso encima de él. Al momento de caerse dicha extremidad, los restos reviven y ataca a ambos. En dicha pelea, Link termina con el brazo derecho bastante dañado y corrompido; además de que pierde todos los corazones, quedando con únicamente tres y con la Master Sword completamente destruida.
En eso, el castillo de Hyrule se eleva por los cielos por toda la malicia de Ganon, haciendo que haya un derrumbe y Zelda cayera en las profundidades, para sí desaparecer. Por otra parte, Link es rescatado por ese mismo brazo, para después saber que era de Rauru, un antigüo Zonai. No voy a contar más detalles al respecto de la trama, ya que tienes que vivirla por ti mismo, pero es de esta manera donde empieza una gran aventura que te da las posibilidades infinitas y que sin duda alguna es mejor que su predecesora.

El recuerdo brota, pero no es igual
Al haber jugado Breath of the Wild y ahora Tears of the Kingdom, puedes sentir que todo el proceso de ambas obras maestras es similar: tienes muy pocos poderes, tienes un mini tutorial para saber y entender las mecánicas, para de ahí tener todas las libertades de hacer y deshacer lo que quieras. A diferencia de su predecesor, el inicio es a nivel de dificultad mucho más rudo, teniendo una curva de aprendizaje mucho más marcada y compleja que BOTW, esto más por todas las mecánicas nuevas que hay. De la misma manera, el no tener varias armas ni corazones suele en este caso ser más difícil, pero cuando entiendes cómo son las cosas en este título, la vas a pasar muy bien.
Algo que yo he criticado mucho de Breath Of the Wild eran los controles, ya que a mi juicio (puede que un poco manco) se me hacían bastante confusos. Además, las cuestiones que involucraban forzosamente el sensor del movimiento afortunadamente en TOTK no se ven más, aunque sí se mantiene un poco esa confusión de los controles y más al inicio en lo que te acostumbras.

Otras de las cosas que tiene similar, pero diferente son los santuarios (shrines en inglés), los cuales arreglaron todo lo que podían mejorar de antecesor, haciéndolos de cierta manera mucho más creativos, poniendo a prueba nuestro ingenio para poder pasarlos de varias maneras, aunque, debo advertirles, hay algunas que pueden ser no tan ortodoxas, pero la libertad que hay en este juego es brutal.
Posibilidades prácticamente infinitas
Siguiendo la línea de que Hyrule es igual, pero distinto, para los que pensaban que este juego era un DLC de 70 dólares, aquí tenemos dos nuevas zonas para explorar además del plano terrenal: el cielo y el subsuelo. La parte de arriba del mapa nos permite explorar varios lugares sobre el origen de Hyrule y conocer a los ancestros. Aunque el cielo es un elemento que podemos visitar, me hubiera gustado que se pudieran hacer más cosas en él.
Por el otro lado, tenemos la penumbra del subsuelo. En esta parte tenemos que tener mucho cuidado por tres razones. y es que en el subsuelo hay oscuridad y no podemos ver nada, los enemigos que se presenten, siendo difícil vencerlos por la debilidad visual que se nos presenta y la cuestión del líquido rojo con negro que se presenta como la malicia, la cual drenará toda tu energía hasta la muerte. Como el juego nos lo ha presentado, podemos lidiar ante estos problemas con bastante ingenio, esto por la libertad otorgada, aunque también, ante también es importante que tengas conciencia de tus limitaciones.

Ahora, si hablamos acerca de la amplia gama de cosas por hacer en TOTK, algo que nos da posibilidades infinitas de gestionar nuestra partida es el hecho de poder fusionar armas, objetos y poder regresar el tiempo en su uso. Como un spoiler alert: todos los artefactos que vas a encontrar están corroídos por la malicia. ¿No tienes tanto poder en tu espada oxidada? No te preocupes, puedes fusionarla con una roca para tener mucho más poder gracias a la Ultramano, algo que se agradece, ya que las combinaciones que tienes son prácticamente infinitas, no habiendo juegos que te permitan hacer eso y mucho menos con unas físicas tan reales y exactas.
Otra cosa son los medios de transporte: gracias al poder de fusionar objetos, puedes combinar tablas de madera con artefactos Zonai como ventiladores, cohetes, bombas de tiempo y demás por decir algunos, los cuales te permitirán avanzar en tu aventura de una manera bastante creativa. Puede que al inicio te cueste entender su funcionamiento, pero una vez que lo dominas y dejas que la creatividad fluya, no hay nada que te detenga.

Un mundo inmenso e impresionante
Desde tiempos inmemorables, Nintendo ha sabido explotar y exprimir cada uno de sus hardwares y softwares. ¿Quién no recuerda lo que llegó a pasar con Pokémon Oro y Plata (1999)? Dichos juegos estaban siendo problemáticos para poder meter más contenido, pero encontraron la solución, demostrando la magia de la Gran “N” al momento de crear, por lo que en Tears of The Kingdom la cosa no es distinta.
Este mundo tan abrumador al inicio que llega a asustar por tanta libertad y cosas por explorar, es increíble que todo esto cupiera en un poco más de 16 GB, siendo el peso del juego. Nintendo y Monolith Soft hicieron un trabajo increíble en esto; sin embargo, hay ciertas cuestiones que sí hay que destacar como puntos bajos.
El primero es la música, lo cual lleva siendo un problema que arrastró desde Breath of The Wild. El problema es que no es que sea mala, ya que la cuestión minimalista que usaron es formidable; la gran bronca es que comparado con otros juegos y composiciones previas de entregas anteriores, no son memorables. Éste, al ser secuela directa y usar varios elementos del mismo, se quedó corto en vez de que se pudiera experimentar más allá.

Otro de sus contras son sus cuestiones técnicas. Antes de cualquier cosa, Nintendo hizo una cosa formidable en hacer que este juego se vea y luzca excelente, puliendo cualquier apartado en ese aspecto de su antecesor, luciendo brutalmente precioso y encantador; sin embargo, la realidad es que las limitaciones que tiene la Nintendo Switch ya se notan demasiado, esto al ser una consola de hace siete años. Comparándolo con BOTW, hay mucha mejora y estabilidad, pero hay que tener en cuenta que estamos viendo el tope técnico de la consola híbrida, haciendo que existan ciertas caídas de cuadros por segundo bastante marcadas.
Otro punto que veo flojo de esta entrega es la historia: aunque en ciertas partes es mucho más estructurada que el juego anterior, no hay esa profundidad en los personajes como tenía BOTW, algo que les puede molestar a varios. Eso sí, se agradece que hayan vuelto las mazmorras temáticas de juegos anteriores, recordando el templo del fuego, del viento y el tan temido templo del agua, demostrándose como la obra maestra que es.
Cabe destacar la adicción que genera este juego, ya que de una vez que empieza, no puedes parar de jugarlo hasta que puedas explorarlo todo, pero déjame decirte que morirás varias veces, por lo que vete mentalizando en esos episodios de frustración, pero que serán recompensados con una aventura sin igual.

Lo bueno
- Muchas cosas por explorar en esta magno aventura, tanto el extenso mapa terrenal, así como el cielo y el subsuelo.
- Puedes jugar mucho tiempo y no vas a sentirlo por la grata experiencia.
- La libertad y la creatividad que tienes al hacer las cosas es gratificante y te invita a seguir probando.
- Los nuevos poderes de Link que le sirvieron para reinventarse.
Lo malo
- Puedes sentirlo muy abrumador por momentos.
- En ciertas cosas puede sentirse como un “Breath of the Wild 2.0”.
- Los controles son algo confusos y torpes.
- Se nota que es un juego nuevo en una consola de casi una década, lo cual necesita otros apartados técnicos por sus caídas.
Veredicto
Con todo lo anteriormente expuesto, puedo decir que The Legend Of Zelda: Tears Of The Kingdom es sin duda alguna una de las obras maestras de los videojuegos, no solamente de esta generación, sino también de la historia. Cuando se pensaba que Breath of The Wild era insuperable, TOFK llega y le dice “quítate que ay te voy”.
Como lo hizo el antecesor, éste también viene a marcar un antes y un después en el entretenimiento; dejando la vara muy alta para lo que pueda venir en un futuro. De nueva cuenta, Nintendo demuestra que no necesita un hardware muy poderoso para poder crear aventuras AAA de esta magnitud de calidad, aunque sí hay que recordar que el Switch se empieza a quedar corto. No importa qué otros juegos salgan durante 2023, sin duda alguna el Game Of The Year está aquí.
Esta reseña fue escrita por Francisco Zapién.
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