La nueva Misión imposible tiene una trama floja, pero es absolutamente obsesiva con los detalles de la acción.

22 años después de la primera aparición de Ethan Hunt, Tom Cruise sigue haciendo de las suyas. Mientras nosotros no podemos soportar una cruda de dos días, este pedazo de Hollywood destilado en músculo irredento salta de cornisas, derriba helicópteros y escala muros de roca sin cuerda a sus 56 años.

Basada en la exitosa serie de finales de los sesenta, Mission: Impossible encontró en Cruise a un héroe de acción inagotable que, en la segunda década de los dosmiles, de la mano de Brad Bird (The Incredibles) y Christopher McQuarrie (Jack Reacher) ha mantenido una promesa imposible de entretenimiento. Porque ésta no es la era de las cintas de acción.

Ya no existen héroes como alguna vez lo fueron Seagal, Van Damme, Norris, Stallone o Schwarzenegger. Ya no se puede hablar inocentemente de terroristas y las películas hollywoodenses no pueden apañarse fácilmente la xenofobia típica de la guerra fría. Pero el género muerto de la acción sigue pataleando a través de un héroe insospechado de eterna necedad sadomasoquista.

Mission: Impossible – Fallout es la sexta entrega de una franquicia que, sobre los esfuerzos de Brian De Palma, J.J. Abrams y John Woo, se ha mantenido como un dinosaurio extraño que se niega a la extinción. Frente a los fracasos recientes de la franquicia de Jack Reacher, de la franquicia agotada de Jason Bourne y los esfuerzos horriblemente estériles de Jason Statham en The Transporter, podemos decir que Tom Cruise es verdaderamente uno de los últimos grandes héroes de acción. Un héroe que, antes de irse, nos ha dejado un legado impresionante de sana diversión madreadora.

Ésta no es una película inteligente, no es una película bien escrita y no es una película particularmente ingeniosa. Pero es una cinta hecha con inmensa pasión, tremendamente filmada, brillantemente editada y que, sobre todo, entiende qué es lo que quiere y cómo quiere lograrlo. Como una de las mejores cintas de acción gringa que se hayan hecho en los últimos años, Mission: Impossible – Fallout merece una mirada sin prejuicios que sepa reconocer el logro demente de filmar un salto HALO con una cámara IMAX amarrada a un casco. Nada más, es cierto, pero nada menos.

(Imagen: Paramount Pictures)

El mundo está siempre en peligro

Mission: Impossible – Fallout empieza con una secuencia onírica: Hunt está parado, en una orilla, frente a Julia, su esposa perdida. Se observan amorosamente mientras Solomon Lane, el demente terrorista que capturó en Ghost Protocol, oficia una ceremonia de bodas. Horrorizado, Hunt observa cómo explota lejanamente una bomba nuclear que arrasa con todo. Como Sarah Connor años atrás, el personaje interpretado por Tom Cruise se levanta bañado en sudor y dudas.

A partir de ahí, la cinta expone claramente cuál es el meollo: los Apóstoles de Lane siguen activos a pesar de la captura de su jefe. El IMF sabe que estos terroristas radicales encontraron a un iluminado científico nuclear que tiene la capacidad de fabricar tres bombas ultrapotentes. El intercambio de los núcleos radiactivos se hará pronto en Berlín.

Así que Hunt y su equipo se encaminan para allá. Pero la misión sale horriblemente mal: para salvar a Luther Stickell (Ving Rhames) de una muerte segura, Hunt pierde los núcleos y ahora el mundo está en serio peligro.

El equipo de Hunt tendrá que hacer una búsqueda frenética para encontrar las armas nucleares y desarmarlas antes de que empujen a la frágil geopolítica global hacia un desastre. Pero el IMF está bajo estricto control y Hunt deberá aceptar la vigilancia de August Walker (Henry Cavill con el famoso bigotillo), un asesino de la CIA cuyos métodos son algo menos discretos que los de Hunt, Stickell y Benji Dunn (Simon Pegg).

Viejos amigos, nuevos enemigos y fantasmas del pasado recorren las 2 horas 27 minutos de pura adrenalina que dura la película. Una verdadera oda a la acción noventera más despreocupada y a la serie que le dio vida, hace cincuenta años.

(Imagen: Paramount Pictures)

El eterno modelo

Las series de televisión clásicas no tenían nada que ver con el modelo de Netflix. La serialización estaba hecha para que la gente reconociera, cada semana, a los mismos personajes y a las mismas situaciones sin perderse en arcos narrativos demasiado amplios. Por eso, Mission: Impossible tenía una estructura tan reconocible: empezaba con una mecha prendida e imágenes del episodio para luego pasar a la típica escena del informe grabado (“Tu misión, si decides aceptarla…”, “… este mensaje se destruirá en cinco segundos”), tenía unas cuantas secuencias de planeación y de selección de los agente que integrarían la misión y terminaba con las convulsas secuencias de engaño y acción.

Todos los episodios mantenían esta estructura para no confundir a los fanáticos de la serie, para ganar nuevos adeptos y para hacer inmediatamente reconocible una identidad. Cuando Brian de Palma y Tom Cruise decidieron llevar la serie a la pantalla grande, mantuvieron muchos gimmicks de esa identidad pero, también, volvieron la atmósfera de Mission: Impossible algo mucho más oscuro, contemporáneo y violento.

Con las secuelas de John Woo y J.J. Abrams, el lazo con la serie original se perdió un poco en la acción convulsa y la caracterización, cada vez más profunda, de Ethan Hunt. Porque, desde Mission: Impossible III, Hunt dejó de ser un James Bond frío y despiadado para tener una debilidad: el amor hacia Julia, su prometida.

Ahora, con esta sexta entrega, McQuarrie logra continuar el balance perfecto que cristalizó Brad Bird en Ghost Protocol: Ethan Hunt es un héroe humano, peligroso pero frágil. Aquí encontramos la debilidad de Hunt por los seres que quiere y que amenaza cada vez que emprende sus misiones suicidas. Y, de hecho, toda la cinta será una demostración de cómo Hunt es el más grande héroe porque no puede tomar la decisión de sacrificar una vida para salvar a millones.

Así, junto a esta visión de Hunt creada por Abrams, tenemos toda la acción de John Woo, el vértigo de Brad Bird, la oscuridad de De Palma y el recuerdo siempre vivo de la serie original. De hecho, creo que esta cinta es la que mayor honor le hace a los tropos sesenteros de Mission: Impossible. Desde la secuencia de créditos vemos la intención de hacer referencias hasta lo ridículo: por ahí tenemos las escenas de engaño elaboradísimas (una de ellas incluye un cameo raro pero cada vez más frecuente a Wolf Blitzer), quid pro quos, disfraces, mensajes grabados que se autodestruyen, escenas de exposición absolutamente falsas y líneas de guión forzadas para explicar gadgets.

Parece que esto fuera una crítica negativa. Pero, conforme más pasa tiempo, me doy cuenta de que, en verdad, esto es lo que hace a Fallout tan extrañamente original. No oculta los sinsentidos que le dieron vida a la trama original y, de hecho, quiere hacerle homenaje a las cuestiones más ridículas de la serie. En ese sentido, no se compromete a ser algo más de lo que es; no tiene pues, las pretensiones más serias de Ghost Protocol o la primera cinta y se deja llevar por una historia algo ridícula para encadenar, una a una, secuencias de acción cada vez más dementes.

(Imagen: Paramount Pictures)

La acción ante todo

Todos saben que a Tom Cruise le gusta hacer sus propios stunts. Parte de los grandes actos de publicidad de todas sus películas es ver el placer casi sexual que le da poner su vida en peligro en el set de filmación. En una cinta escaló el edificio más alto del mundo, en otra se amarró a un avión gigantesco mientras despegaba. Después de esos dos trucos demenciales parecía que se le habían acabado los stunts dementes. Pero no, a Cruise nunca se le acaban los stunts dementes.

En esta cinta, Cruise protagoniza, junto a Henry Cavill, un salto HALO (High Altitude Low Opening) a más de 30 kilómetros arriba de la superficie terrestre. Es una maldita locura. Pero aún más demente es cómo filmaron el salto: el reconocido fotógrafo aéreo Craig O’Brien grabó el salto amarrando un lente IMAX a su casco. Todo se siente pulcro y real. Al punto en que, cuando llegas al trepidante final de la cinta, con un cronómetro en una bomba nuclear en Cachemira y Tom Cruise saltando de un helicóptero en movimiento a otro, ya nada te sorprende.

Como un recuerdo de las más pura locura de acción noventera, esta cinta no se preocupa mucho por el fondo y se deja llevar por las persecuciones en motocicleta, las madrizas interminables (incluyendo una secuencia en un baño que le hace todo el honor al primer James Bond de Daniel Craig) y la acción cada vez más alucinante. El resultado no nada más es divertido sino que es extrañamente refrescante.

Hace tiempo que no veía una buena película de acción como antaño se hacían, hace tiempo que no sentía que podían existir grandes héroes de acción, hace tiempo que no experimentaba vértigo real y suspenso al filo del asiento. Mission: Impossible – Fallout es una película hueca, mal escrita, banal y, si se quiere, totalmente estúpida. Al mismo tiempo, está fabricada con precisión de relojero, un gusto hermoso para filmar películas de acción y un exuberante sentido de sus propias posibilidades.

En ese sentido, es todo lo que necesita ser una buena película de acción: Fallout se basta a sí misma y destruye toda posibilidad de una crítica más profunda. Esto es diversión que se entiende como tal, que se hizo como tal y que vivirá en el recuerdo como una de las últimas grandes cintas de acción de nuestra generación.

(Imagen: Paramount Pictures)

Lo bueno
    • La absoluta falta de pretensiones
    • La acción trepidante
    • Ver que Tom Cruise todavía rifa el físico para sacar una buena cinta de acción
    • Los stunts dementes
    • Sean Harris siempre
    • Henry Cavill con pura presencia física sin mamencia de Superman
    • Que Simon Pegg y Ving Rhames son todavía adorables
    • Que no tiene ningún sentido fuera de su propio sentido
Lo malo
    • Que sí está escrita con las patas
    • Que es una cinta bastante básica
    • Que es predecible como el regaño de una madre
    • Que corresponde más al formato de la serie que al de una cinta
    • Que también está en el horrible 3D que nadie deja morir
    • Que tiene momentos de romance francamente ridículos

(Imagen: Paramount Pictures)

Veredicto

Un crítico de Indiewire comentaba que Ethan Hunt es un personaje único porque es el último héroe chapado a la antigua que se sacrifica, sin chistar, para salvar hasta la última vida humana. En ese sentido, Tom Cruise también se está sacrificando, una y otra vez, para mantener vivo un género que ya todos dábamos por muerto. Se amarra a aviones, tumba helicópteros, salta de la maldita estratósfera. En honor al sacrificio masoquista que Cruise hace gustoso, debemos decir que, si esta cinta descuida todo lo que podría darle más peso (guión, historia, personajes), es absolutamente obsesiva con los detalles minuciosos de la acción. Fallout sabe lo que quiere, sabe lo que prometió y sabe que lo entrega. Por eso, con creces, es la cinta más vacía y más divertida de toda la franquicia.

Título: Mission: Impossible – Fallout.

Duración: 2 hrs 27 min.

Director: Christopher McQuarrie.

Elenco: Tom Cruise, Henry Cavill, Ving Rhames, Simon Pegg, Rebecca Ferguson, Sean Harris, Angela Bassett, Vanessa Kirby, Michelle Monaghan, Alec Baldwin y Wolf Blitzer .

País: Estados Unidos.

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