Murder Mystery muestra el agotamiento creativo de Adam Sandler y el tipo de comedia deprimente que Netflix hace para vender distracciones fáciles.

Digan lo que digan, Adam Sandler es un pilar esencial de nuestra cultura noventera. En un momento que ya tal vez muchos olvidaron, Sandler hizo joyas populares como Billy Madison, Happy Gilmore y The Wedding Singer. Es cierto, con el tiempo, el talento repetitivo del actor comenzó a volverse cansino, pero el comediante siempre tenía un forma de volver a llamar la atención.

En el 2002, Sandler actuó en una comedia romántica absolutamente atípica y maravillosa a cargo del gran Paul Thomas Anderson, llamada Punch Drunk Love. En 2009, de nuevo, apareció en un papel que satirizaba su propia vida en la genial comedia azotada de Judd Apatow, Funny People. En 2017, cuando todos pensábamos que iba a desaparecer en el olvido, Sandler regresó con una maravillosa actuación para el rey del mumblecore Noah Baumbach, en The Meyerowitz Stories (New and Selected). Finalmente, este año, sin que nadie lo previera, Sandler fue seleccionado para protagonizar la próxima película de los hermanos Safdie después de la increíble Good Time.

En medio de todas esas agradables sorpresas, sin embargo, Sandler ha hecho más de lo mismo. Sus películas parecen reproducirse en cadena, una tras otra, sin gran inspiración y con los mismos tropos de siempre: un hombre normal e intrascendente se encuentra con situaciones extraordinarias que lo llevan a valorar su vida mediocre o a encontrar el verdadero amor o a entender el valor de la amistad. Y, entre todos estos bodrios, Sandler consiguió varios jugosos tratos con Netflix para hacer comedias insulsas que funcionan sorprendentemente bien en la plataforma de streaming.

Su más reciente producción, Murder Mystery, no es ninguna sorpresa y entra perfecto en esta categoría. Esta película no es, ni siquiera, una de sus comedias más terribles. Murder Mystery es, simplemente, el resultado de una producción dictada por el mercado y el algoritmo: todo está planeado para apelar a ciertos públicos (no por nada aparece ahí Luis Gerardo Méndez en un papel de quince palabras) y no por nada Netflix sacó la billetera para regresar, con nostalgia millennial, a Jennifer Aniston junto a su antiguo compañero de escena. El resultado es una somnoliento y deprimente película en la que nadie quiere estar y que no destaca en absolutamente nada.

(Netflix)

Agatha Christie se retuerce en su tumba

Murder Mystery se centra en la deprimente vida de una pareja neoyorkina: Nick Spitz (Adam Sandler) es un policía que no logra pasar el examen de detective y Audrey Spitz (Jennifer Aniston) es una peluquera frustrada por la normalidad estancada de su relación. Ahora, en su quinceavo aniversario, Audrey quiere exigirle a Nick que cumpla su promesa de matrimonio y la lleve a viajar por Europa. Nick no puede pagar el viaje soñado y, además, debe continuar ocultándole a su esposa que no logró pasar el mentado examen de detective. Sin embargo, lleno de vergüenza y para evitar una confesión más dolorosa, Nick termina comprando un vuelo barato a Europa y un tour raquítico para visitar Italia.

En el camino, se encuentran con el distinguido y guapo lord inglés Charles Cavendish (Luke Evans) que los invita a pasar el fin de semana en su yate privado en el mediterráneo. Ahí, los Spitz se darán cuenta que todo se trata de una retorcida trama para perturbar el orden familiar en la fiesta de cumpleaños del patriarca, Malcolm Quince (protagonizado por el legendario Terence Stamp). Pero las cosas se ponen mucho peor cuando el multimillonario octogenario declara que quiere heredar todo su dinero a su nueva novia, la ex-pareja de su propio nieto Charles, Suzi Nakamura (interpretada por la bellísima Shiori Kutsuna).

De pronto, después de un repentino apagón, todos los invitados de esta peculiar fiesta se dan cuenta que el patriarca ha sido asesinado y que no alcanzó a firmar su herencia. Ahora, antes de que los culpen a ellos por un crimen que no cometieron, los Spitz deben resolver el misterio y descubrir quién es el asesino. ¿Será la flamante actriz Grace Ballard (Gemma Arterton)? ¿O tal vez el hijo homosexual y resentido (David Walliams)? ¿Será el apuesto nieto Charles? ¿El millonario maharaja (Adeel Akhtar)? ¿El misterioso coronel africano (John Kani)? ¿O su imponente guardaespaldas ruso (Ólafur Darri Ólafsson)?

Como pueden leer, esta película toma mucho prestado de la famosísima novela de Agatha Christie, And Then There Were None, y la adapta siguiendo los esquemas básicos del whodunit del popular juego Clue. Como en la famosa novela detectivesca, el patriarca invita a un grupo heterogéneo de personajes que no parecen estar relacionados y entre los cuales se esconde un asesino. Como en un juego de Clue, los personajes son estereotipos coloridos que tienen motivos diversos. Como en cualquier trama choteada de detectives, los malentendidos se acumulan y los retruécanos buscan un final sorpresivo.

Sin embargo, a diferencia de la novela de Christie, esta película está lejos de ser sorpresiva. el humor que emplea Sandler para adaptar lo detectivesco a lo hilarante, es tan básico, se repite tanto y funciona tan poco, que pronto sientes que ya viste esta película. Cuando, finalmente, llegamos al desenlace, el enorme agotamiento de tanta estupidez te deja impávido y completamente indiferente. Eso es un síntoma grave para una comedia y un pecado irreparable para una trama de detectives.

La venganza del hombre común

Como en tantas películas de Adam Sandler, esta cinta quiere poner al hombre común y aburrido que ve Netflix en su cama en el lugar de una increíble aventura, de un increíble lujo, de increíbles especímenes de belleza física. Para lograrlo, como siempre, Sandler interpreta a un completo perdedor lleno de corazón al que le suceden cualquier cantidad de locuras y que necesita pasar un cierto número de pruebas para encontrarse a gusto con su mediocre vida.

Lo sabemos, en muchas películas de Sandler, esta sensación de cercanía con el hombre común puede funcionar. En esta cinta, sin embargo, se convierte en algo insultante. Sandler es una de las personas con más dinero en Hollywood y cada vez se nota más lejano de la interpretación de un tipo ordinario. Al punto en que esta interpretación se convierte en una caricatura burda de la depresión ordinaria. Sandler parece estar haciendo todo con una infinita flojera y su personaje lo refleja: lo que motiva a Nick Spitz es comer, dormir y, por momentos, tirar chistes burlones que nadie aplaude.

Como Clark Kent es la representación de lo que Superman considera el hombre promedio, éste es el hombre ordinario en la mente de Sandler: un ser estúpido, burdo, sin motivaciones y que tiene apenas funciones motoras para atascarse de langostinos y roncar. Con Jennifer Aniston es lo mismo, aunque menos burdo. Su interpretación de una peluquera común es tan torpe y afectada que nadie puede creer su sorpresa frente al lujo. Ninguno de estos actores cree lo que hace y lo que logran representar no es una identificación con nuestra banalidad, sino una burla despreciativa de hombre y mujeres con los que, desde hace tiempo, no tienen ningún contacto.

En medio de este insulto constante, es doloroso ver que Sandler y Aniston creen que tienen algo de química. Se nota que son amigos, se nota que se entienden, pero su relación de pareja es tan tibia y desubicada que drena de sensualidad todo lo que aparece en pantalla. De la misma forma, el elenco secundario está lleno de grandes actores que cumplen roles estereotípicos con la más mínima libertad. Y sí, de acuerdo, Luis Gerardo Méndez llega a tener momentos simpáticos; y sí, de acuerdo, Luke Evans tiene una enorme personalidad; pero nada de eso basta para levantar una comedia insultante de su propia ineptitud.

Al llegar al final de esta película, quedé un momento completamente incrédulo: parece que todo fue un stunt publicitario para que Sandler, Aniston y compañía se pasearan gratis por Montecarlo pretendiendo ser ordinarios. Porque nadie parece estar haciendo esta película con gusto, porque todos parecen estar pasmados en un trance soporífero, porque en vez de un director, esta película tiene como creador al algoritmo. Murder Mystery es exactamente lo que quiere Netflix: una película con cierta nostalgia millennial, con cierto apelativo para el mercado mexicano y, sobre todo, lo suficientemente estúpida y autoexplicativa para que se pueda verla con el rincón del ojo mientras pasas historias de Instagram. Por eso, esto no es una película, es un cálculo, una apuesta segura, una inversión por lo intrascendente. Y no, no espero nada de este tipo de películas, pero, al verla en cine, me dí cuenta de que este producto no está hecho para que le prestes atención, no está hecho para verse en pantalla grande, no está hecho para reflexionar. La experiencia de Murder Mystery fue una verdadera tortura, porque puedo aceptar comedias malas, pero es más difícil tragarse algo tan cínico, tan apático, tan desidioso y tan brutalmente cansado.

Lo bueno
  • Algunos momentos simpáticos.
  • Que un compatriota como Luis Gerardo Méndez tenga chambas variadas.
  • Que estas películas de relleno sirven para que Netflix apueste por comedias más arriesgadas.
  • Que no tengo que volver a verla.
Lo malo
  • Que Adam Sandler parece haber agotado su veta más creativa.
  • El cinismo de este producto producido por algoritmo.
  • Que una comedia, debe, al menos, ser simpática.
  • Que se desperdicie el talento de tantos actores.
  • El trabajo paupérrimo del director.
  • La enorme estupidez del guión.

(Netflix)

Veredicto

El guionista de esta película es el mismo guionista que escribió Zodiac de David Fincher. Y ese dato debería bastar para deprimirnos. Claro, estos guiones siempre son retrabajados por quince manos y los codiciosos productores que quieren vender a mercados específicos. Por eso, ningún talento en esta película está aprovechado: ni el talento gastado de Adam Sandler, ni el talento olvidado de Jennifer Aniston, ni el talento dudoso de Kyle Newacheck (que hizo la terrible Game Over, Man!), ni el talento ocasional del guionista James Vanderbilt, ni el talento opacado de todo el reparto. En vez de eso, este producto plástico para ver de reojo es el perfecto ejemplo de lo que necesita Netflix para vender números antes que calidad. Y sí, a muchos puede gustarles este tipo de humor diluido, pero, al menos en lo personal, esta comedia me deprime más de lo que me gratifica.

Título: Murder Mystery.

Duración: 97 min.

Director: Kyle Newacheck.

Elenco: Adam Sandler, Jennifer Aniston, Luke Evans, Gemma Arterton, Adeel Akhtar, Luis Gerardo Méndez,David Walliams, John Kani, Shiori Kutsuna, Ólafur Darri Ólafsson, Erik Griffin, Molly McNearney, Dany Boon, Terence Stamp.

País: Estados Unidos.

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