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Reseña: El Culpable (Den Skyldige) – El thriller más sorpresivo del año

| 5 de abril de 2019
Den Skyldige (El Culpable) es un genial thriller que no sacrifica la reflexión frente al trepidante suspenso.

El Culpable (Den Skyldige) es una maravilla compacta. Un thriller policiaco que no necesita más que un actor, un teléfono e intensas voces en off, para mantener el suspenso casi insoportable de su trama. Una película que, finalmente, recuerda las torturas de los personajes polifacéticos de Dostoievski; personajes en donde la culpa, el deber, el egoísmo y la empatía se entrecruzan despiadadamente; personajes complejos que desafían las morales fáciles y con los que tenemos más de un rasgo en común; humanos frágiles, falibles y equivocados.

El Culpable es el primer largometraje de Gustav Möller, un joven director danés que había trabajado muy poco en televisión y que, con esta cinta, casi acaba nominado al Oscar. El enorme talento de Möller se junta aquí con una frescura inusitada para probar los límites genéricos del thriller policiaco y hacer una cinta cautivadora e inesperada. Apoyándose casi exclusivamente en su protagonista, el brillante actor Jakob Cedergren (muy poco reconocido de este lado del charco, por desgracia), Möller plantea una historia de prejuicios, crimen y culpa sin necesitar salir de un cuarto. Un logro formal y una joya emocional.

(Magnolia Pictures)

El género telefónico

El Culpable empieza con una llamada. No es una llamada importante, a pesar de ser particularmente inquietante. Un hombre llama al servicio de emergencias de Copenhague y pide que manden una ambulancia. En su voz se nota un franco terror. El que responde a la llamada es Asger Holm, un policía cortante y paternalista. En poco tiempo, Holm se da cuenta de la situación del que llama: consumió Speed y está teniendo un ataque de angustia paranoide. En vez de mandar la ambulancia, Holm lo amenaza con llamar a la policía… el hombre drogado cuelga con pánico.

Este episodio que arranca la cinta no es importante para el desarrollo de la trama futura, pero pinta a la perfección el carácter del personaje central y la dinámica que se desarrollará. Holm está impaciente  porque, pronto entendemos, él era un policía de servicio, un detective, que por algún error grave durante su servicio, quedó confinado a responder emergencias. Por pequeños detalles, también entendemos que hizo algo grave y que lo acosan reporteros, que su mujer lo abandonó y que tendrá que testificar ante un jurado en pocas horas.

Entendemos, pues, el estrés creciente de un personaje al límite que, de pronto, recibe una extraña llamada. Con pura intuición, Holm se da cuenta que la mujer que le habla cariñosamente es una víctima de secuestro que está fingiendo hablar con su hija. Con los pocos elementos que tiene al alcance y su afinado sentido policiaco, Holm trata de desentrañar las razones detrás del secuestro. Pronto, sin saberlo, el policía paternalista y desganado se va involucrando más y más en la vida de la víctima… y lo que él asumió como verdad, comienza a desmoronarse.

(Magnolia Pictures)

Toda la cinta de El Culpable está situada en dos oficinas contiguas, con cinco actores extra en el trasfondo, un actor principal, constantemente a cuadro y las llamadas en voz en off que recibe. No hay exteriores, no hay montajes, no hay saltos temporales. Esto es tiempo real que no se diluye: lo que vemos, está ocurriendo.

Claro, este tipo de thrillers claustrofóbicos ya se habían hecho antes. Podemos recordar grandes ejemplos como Locke de Steven Knight o Phone Booth escrita por el inigualable Larry Cohen; ejemplos terribles como The Call y Kidnap con Halle Berry o Burried con Ryan Reynolds antes de Deadpool; ejemplos extendidos al exterior como el clásico Speed de Jan de Bont, El desconocido con Luis Tosar y Cellular con Kim Basinger; o ejemplos tecnológicos como la horrenda Open Window de Nacho Vigalondo, la trepidante Searching de Aneesh Chaganty o la genial Cam de Daniel Goldhaber e Isa Mazzei. Pero ninguna de estas cintas logra amalgamar de forma tan precisa la tensión como lo hace El Culpable.

La cinta de Möller es una joya de construcción narrativa precisa y dirección de actores. Porque El Culpable depende de la historia creada y del pulso de la edición, de la precisión de los encuadres, del sonido y de la enorme calidad de su actor principal. Esta cinta es, entonces, un artefacto bien engrasado.

(Magnolia Pictures)

La función de un artefacto eficiente

Antes que nada, El Culpable es una máquina de suspenso bien aceitada. Aquí, lo complicado no es plantear una película con un crew mínimo, en una sola locación, sin exteriores, sino poder sostener, con todas estas restricciones, una sólida trama de suspenso. Para lograrlo, Möller juega con los mecanismos más básicos del suspenso: lo que se ve y lo que se oculta; lo que está presente y lo que está ausente; lo que saben los protagonistas, lo que entiende el espectador y lo que en realidad está sucediendo.

Es en ese fino balance en el que se teje toda la trama intrincada de la cinta. Y ese fino balance sólo es posible con la elegante focalización en el personaje principal de Holm. Con planos medios, acercamientos invasivos y tomas largas para retratar los tormentos internos del personaje, Möller logra capturar, con un detalle impresionante, la titánica actuación de Jakob Cedergren. Porque, a través de estos movimientos sutiles de la cámara, tenemos que entender todo lo que sabe el personaje… y todo lo que oculta.

Con un anillo y una conversación, entendemos el desastre de su vida amorosa; con una llamada y una mirada ausente, entendemos la culpa que lo corroe; con una voz lejana y dos pastillas de alka seltzer, sentimos el estrés de la situación. Y todo lo empezamos a vivir a través del personaje. Aunque Holm nos parezca condescendiente, desagradable y moralino, imperfecto, brusco y lleno de secretos perversos, vivimos la trama a través de sus expresiones y de sus sentidos. Escuchamos todo lo que él escucha. Ésta es, por así decirlo, una focalización auditiva interna. Y es por eso, también, que no hay nada de música en esta película: todo el sonido debe ser diegético, en una oficina encerrada, en la seriedad policiaca de una central de emergencias.

(Magnolia Pictures)

Sabemos poco o nada sobre la vida del protagonista, y sabemos lo mismo que él sobre las llamadas que recibe. La realidad nos rebasa tanto al protagonista como al espectador y ambos estamos haciendo una labor policiaca constante para tratar de desentrañar el misterio del secuestro de Iben. Conforme los detalles más violentos del caso empiezan a brotar, al suspenso de lo que sabemos y de lo que intuimos, se añade el horror de lo que no vemos y de lo que imaginamos. Todos los detalles violentos nos llegan descritos por terceros, en pequeñas imágenes verbales de lo que no podemos ver. Y el efecto es terrible.

Esta cinta pudo ser una película de acción con francos elementos de gore pero resulta que, ocultando lo más tétrico, es muchísimo más efectiva. Aquí el drama es doloroso porque, a cada detalle horrendo que se revela, entendemos las consecuencias de las decisiones de Holm y cómo van afectando a los implicados en el secuestro. Estamos tratando de entender, junto a él, qué es lo que está pasando, y todos los prejuicios que muestra, todas las decisiones erróneas, son también nuestras. Así, nosotros somos tan responsables como él de cómo se van desarrollando los eventos trágicos de esta oscura historia. Y las implicaciones de esto son sumamente interesantes.

Al mover las convenciones de género, el espectador se encuentra apoyando y siguiendo las decisiones de un personaje principal que no es tan inocente como parece. Y en el camino de descubrir su culpa, descubrimos nuestras propias culpas. El personaje central es tan humano, los elementos del suspenso son tan efectivos y la historia es tan ingeniosamente sencilla que, muy pronto, nos vemos reflejados en los elementos más perversos de este juego de adivinanzas y suposiciones prejuiciosas. Éste es un thriller dostoievskiano, justamente, porque la relación entre el personaje y los espectadores es una intensa conversación de seres humanos falibles, incompletos, adoloridos.

(Magnolia Pictures)

Dostoievski en Dinamarca

A partir de aquí, para aventurar una interpretación más detallada de la película, me gustaría discutir precisamente su contenido. Como se imaginarán, aquí empiezan los spoilers. Así que, si no han visto la película, les recomiendo dar media vuelta y disfrutar plenamente todas sus sorpresas.

En El Culpable, las líneas de la moralidad sencilla se difuminan. ¿Qué es lo correcto? ¿Qué es lo moralmente aceptable? ¿Hasta dónde se puede extender el mal para hacer el bien y visceversa? ¿Cuándo dejan de ser útiles las regulaciones? ¿Cuándo está permitido violentar la intimidad?

Cuando Holm marca a Michael, el padre adolorido que secuestró a Iben tras el asesinato de su hijo, rompe una línea de la que no puede regresar. Todo lo que hace, en estos 85 minutos, está grabado, observado, catalogado… y no hay forma de que no tenga consecuencias, un día antes de su juicio. Pero Holm decide, lúcidamente, continuar con su investigación ilegal, decide entrometerse en algo que debería dejar ir, decide indagar algo que no le corresponde resolver.

Las razones por las que un hombre como Holm, un hombre que cometió un crimen y que va a mentir en un jurado al día siguiente, decida aventurarse en algo ilegal tan gratuito son complejas. Entendemos el impulso del personaje, sin embargo, con el trueque final: Holm quiere hacer algo bien, salvar una vida, pagar con algo el horror que él cometió, sentir nuevamente que está del lado del bien.

(Magnolia Pictures)

Su acto de desesperación, el asesinato que comete es, en cierto sentido, un gesto de justicia: harto del mundo, quiere destruir algo malo de manera directa, concreta. Pero, al hacerlo, se convierte en lo mismo que quería destruir. Toda la idea de la cinta es ver la espiral de autodestrucción de un ser culpable que se inmola para salvarse. Y si eso no es profundamente dostoievskiano, no sé qué lo sea.

Entendemos, desde la primeras dos llamadas, que Holm tiene esos resabios de paternalismo moralino: es sádico y condescendiente con el terror real del hombre drogado y castiga con espera y vergüenza al hombre que fue asaltado por una prostituta. Parece estar encima de todo: de sus compañeros, de las personas que piden su ayuda, de la sociedad que lo irrita. Y ese mismo hartazgo es el que, finalmente, debe voltear contra sí mismo al darse cuenta, por fin, que también cometió un crimen, que no es mejor que Iben y que también es culpable. Este momento ocurre en el instante de máxima empatía con la asesina confesa: cuando juntos planean visitar un acuario para perderse, soñando con el silencio de los océanos.

Hasta ese momento, Holm se siente superior, incluso, a las leyes que debería proteger. Mató impunemente alegando defensa propia… y nadie duda de su inocencia. Rompe el protocolo, más que para ayudar a alguien, para salvarse a sí mismo. Acaba, incluso, enjaretando a su compañero en una espiral de mentiras e, incluso, crímenes (cuando lo obliga a allanar, sin permiso, una morada). Con todo, Holm tiene el mismo espíritu altivo y despreciativo de Raskolnikov. Con sus acciones, demuestra que se siente encima de las convenciones sociales, convenciones que pueden doblegarse al capricho de sus necesidades egoístas. Y esto, hasta las últimas consecuencias.

Al final, cuando salva a Iben de saltar del puente, lo hace con una confesión y, en el acto mismo, intercambia su libertad por la vida de una asesina con serios problemas mentales. No salva a un inocente, no salva a alguien perfecto, salva a otro ser dañado que, a pesar de haber cometido actos atroces, es mejor que él. Holm entiende que Iben no sabía lo que hacía cuando destripaba a su hijo… él, en cambio, siempre supo que quería matar a ese joven de 19 años. Rebajado a la escoria misma que detesta, dándose cuenta de su terrible camino, Holm debe ser despiadado consigo mismo e inmolarse en el altar en el que quería destruir la maldad

Al final, cuando lo vemos en el marco de la puerta, ya no podemos escuchar a quién le llama. Todo su camino de redención, culpa y autoinmolación fue compartido con nosotros porque somos parte de esa humanidad falible. La redención, la puerta de luz para afuera, es algo que no podemos presenciar y el corte a negros es también una realización de nuestra propia culpa; culpa que tendrá que ser expiada por nuestros propios medios. Con el personaje vivimos, entonces, la oscuridad y el infierno de los demonios internos (en la luz roja del momento cúspide)… pero solamente entrevemos la salvación.

La idea es absolutamente oscura y, por eso, el final de esta cinta no es un final alegre. Aquí no hay una resolución amigable, sino un espejo despiadado para mirarnos en los prejuicios, en el odio, en el paternalismo, en la sensación egoísta de superioridad, en la facilidad en que podemos pasar por encima el contexto. Una película confinada a un cuarto se convierte así en la máxima imagen formal de la introspección y de la ceguera en la que todos vivimos: viendo para nosotros, olvidamos que todos los demás comparten demonios.

(Magnolia Pictures)

Lo bueno
  • La enorme dirección detallista de Gustav Möller.
  • La titánica actuación de Jakob Cedergren.
  • Las perfectas actuaciones de voz en off.
  • El enorme trabajo de edición de sonido.
  • La edición.
  • La premisa brillante.
  • El resabio de Dostoievski en este personaje torturado.
  • Que llegue a salas mexicanas una película tan improbable.
  • Que no hicieron la estupidez de doblarla como en Skjelvet.
Lo malo
  • Que pocas personas la verán.
  • Que no se hacen más películas así de rápidas, así de propositivas.
  • Que no se valore lo suficiente el valor de lo humilde.
  • Que no se valore lo suficiente la creatividad en las restricciones.
Veredicto

El Culpable (Den Skyldige), es un thriller perfectamente fabricado para medir a cuentagotas las dosis de información, las relaciones de culpa, las formas terribles de avanzar la trama entre lo que se oculta y lo que se revela. Ésta es una cinta que esconde una reflexión intrigante sobre la relación del espectador con el personaje central que recuerda mucho al pensamiento de Dostoievski. De paso, como tanto le gustaba al escritor ruso, ahonda en relaciones de culpa y crimen, de tormentos internos y de sociedades violentas. Una joya inesperada que demuestra una evidencia muchas veces olvidada: la diversión nunca ha estado peleada con la inteligencia.

Título: Den Skyldige (El Culpable)

Duración: 85 min.

Director: Gustav Möller.

Elenco: Jakob Cedergren, Jessica Dinnage (voz), Omar Shargawi (voz), Johan Olsen (voz), Katinka Evers-Jahnsen (voz), Jacob Lohmann (voz).

País: Dinamarca.

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