Reseña: Console Wars – Un apasionante documental sobre la guerra entre Nintendo y Sega

| 1 de diciembre de 2020
Console Wars es un documental que narra, de manera ágil y entretenida, la terrible guerra corporativa entre Sega y Nintendo.

En esta reseña hablaremos de Console Wars, un documental enérgico y lleno de nostalgia sobre la guerra secreta de marketing e innovación entre Sega y Nintendo.

Traten de recordar la importancia que tuvo Nintendo en nuestras vidas. Al menos para los millennials que, como yo, nacieron a finales de los ochenta, las consolas de Nintendo fueron, durante un tiempo, el pilar alrededor del cual bailaban sueños y deseos.

Los juegos que ahí jugábamos eran la plática en el patio escolar. Los intercambios de trucos, de revistas, de fórmulas para el Fatality hacían que, incluso cuando estábamos lejos de las consolas, las lleváramos con nosotros. Nuestro mundo, durante muchos años, giró alrededor de lo que Nintendo y su competidor más cercano, Sega, sacaban al mercado.

Es por eso interesante darse cuenta, a través de Console Wars, el documental que adapta el intenso libro de Blake J. Harris del mismo nombre, de todo lo que implicó la competencia entre estas dos compañías. Sin que lo supiéramos, nuestra infancia estuvo implicada en una lucha propagandística, de investigación tecnológica y de presiones económicas que llegó a implicar actores políticos y que, finalmente, generó el nacimiento de uno de los mercados más grandes de la historia.

Con Console Wars, el enérgico documental realizado por el autor Blake J. Harris y el documentalista Jonah Tulis, pueden adentrarse en la ríspida lucha que libraron Sega of America y Nintendo para ganarse nuestros corazones.

(HBO)

La guerra secreta

Tanto el libro de Blake Harris como el documental que hizo junto a Jonah Tulis se centran en la figura de un hombre que fue esencial para el desarrollo de los videojuegos; un hombre que pocos recuerdan y que no figura en los lugares prominentes de Ralph Baer o Shigeru Miyamoto; un hombre que, probablemente, nunca han escuchado nombrar. Se trata de Tom Kalinske, el Ken de la mercadotecnia, el rey de la venta de juguetes.

A finales de los años sesenta, Kalinske fue contratado por una compañía farmacéutica para implementar estrategias en la venta de multivitamínicos. Ahí, Kalinske fue el responsable de crear las vitaminas de Los Picapiedra que se convirtieron en un éxito enorme y un recuerdo de culto. Miles de cartas de padres agradecidos llegaban todos los días a su oficina. Y Kalinske es estaba convirtiendo en el mercadólogo más importante del mundo.

Con el éxito rotundo de esta campaña, Kalinske fue contratado por Mattel para rediseñar la estrategia de una muñeca que parecía tener los días contados: Barbie. El empresario cambió toda la personalidad de Barbie para que no fuera, nada más, la figura de una fashionista. Así, a partir de la llegada de Kalinske, Barbie se convirtió en un sueño aspiracional: Barbie astronauta, Barbie periodista, Barbie científica y Barbie siendo todo lo que una niña pudiera desear. La estrategia rescató a Barbie del olvido y la regresó a su puesto de honor como uno de los juguetes más vendidos del mundo.

Como contraparte a la estrategia de Barbie, Kalinske desarrolló un estudio de mercado para vender muñecos específicamente para niños (eran los noventa y estas diferencias de género eran el prisma mismo de la publicidad). El estudio produjo interesantes lecturas sociales que culminaron en un muñeco musculoso llamado He-Man. Así, Kalinske después de salvar a Barbie del olvido se convirtió en el creador de Los amos del universo.

De ahí, el cielo era el límite. Después de generar millones de dólares en ganancias para Mattel, la compañía lo recompensó convirtiéndolo en CEO. En el trono de una de las compañías de juguetes más poderosas del mundo, Kalinske lo tenía todo. Y, sin embargo, a pesar de todos los pronósticos, abandonó los privilegios conseguidos con Mattel para tratar de salvar a una compañía de videojuegos al borde de la ruina: Sega.

A pesar de tener gráficas impresionantes y muy buen software, Sega nunca había podido competir contra el imperio de Nintendo. Consideren que, cuando Kalinske llegó a ocuparse de Sega of America, Nintendo controlaba el 95% del mercado de los videojuegos en Estados Unidos. Era un monopolio imposible de vencer en el que las cadenas de distribución estaban coptadas, el cabildeo estaba puesto y las preferencias del público eran unilaterales. Pero a Tom Kalinske siempre le gustaron los retos y, con enorme sagacidad, el empresario volteó las cartas para que Sega pasara de generar 72 millones de dólares a producir más de 1.5 mil millones de dólares al año.

¿Cómo lo logró? ¿Cómo venció al imperio de Nintendo en su propio juego? ¿Cómo convenció a Wall-Mart de que vendiera el Sega Genesis? ¿Cómo evitó que el congreso de Estados Unidos censurara Mortal Kombat?

Toda la historia de esta guerra secreta se relata en este enérgico documental que, más allá de contar una historia apasionante, transporta al espectador al momento mismo del conflicto. Ver Console Wars es, en efecto, volver a sentir cómo era vivir en los noventa.

(HBO)

Un documental vibrante

Muchos críticos literarios atacaron al libro de Blake Harris por el estilo de narración. A la prensa especializada le parecía que el libro era demasiado novelesco para ser verídico. El escritor neoyorquino quiso imprimir la pasión que sentía por la historia de Kalinske; y quiso hacerlo, además, a través de adopciones genéricas para convertir esta historia de rivalidad corporativa en algo verdaderamente trepidante.

Es por eso que el libro está contado de manera muy cinemática, narrativamente arrebatada, muy novelesca. Con todo esto, la intención de Blake Harris era transparente, como nos lo dijo en entrevista exclusiva:

“Fue muy importante para nosotros contar la historia de forma que resonara con cualquier audiencia. Sobre todo porque nos sorprendió lo grande que es el mundo de los videojuegos y qué tan pocos libros y películas y novelas gráficas se han escrito sobre esta industria fascinante. Así que, con el libro, quería contarlo en un estilo novelesco que pudiera ser apreciado incluso por mi abuela que nunca entendió nada de videojuegos.”

Si bien el libro de Blake Harris es mucho más completo que el documental, lo audiovisual es un soporte que funciona mucho mejor para lo que Harris, en el fondo, quería lograr. Y es evidente que, en la adaptación, Harris y Tulis entendieron muy bien la importancia del soporte visual para contar esta historia. Un soporte visual que reposa, por supuesto, en la voz directa de los protagonistas.

“Estoy muy orgulloso de mi libro  y de cómo está escrito”, explica Harris, “pero no creo que ninguna escritura pueda acercarse a cómo Tom (Kalinske) o Ellen (van Buskirk) cuentan su historia. Por supuesto, trabajé con ellos y traté de hacer que el diálogo se pareciera a lo que me decían, traté de capturar el tono y todo, pero nada se compara con el documental. Es impresionante escucharlo con la voz de los personajes, como si fuera una gran reunión alrededor del fuego, como si estuviéramos invitados a una congregación privada entre los grandes pioneros de SEGA y de Nintendo para que te platican qué es lo que sucedió y cómo fue vivir en ese momento.”

(HBO)

Es por eso que Console Wars se estructura a través de talking heads y voces en off sobre una amplísima selección de materiales de archivo y unas adorables animaciones retro que pasan de la estética de 16 bits a los recuerdos de caricaturas que veíamos en los noventa. Esta manera de construir el documental tiene enormes méritos y funciona mucho mejor que la novelización de los diálogos en el libro.

El hecho de que todo esté narrado por los protagonistas de la guerra corporativa (por un lado Tom Kalinske, Shinobu Toyoda y Ellen van Buskirk; por el otro Peter Main y el despiadado equipo de Nintendo), le da una frescura y pertinencia única al documental. Aquí no hay un tercer narrador encima de los protagonistas, sino que entendemos el encono, la frustración y la competitividad encarnada por los que vivieron esta guerra y se jugaron el futuro.

Además, el efecto de esta narración directa de los hechos, junto al enorme trabajo de archivo y las animaciones retro crea un certero efecto de nostalgia y un poderoso contexto. En este documental, verdaderamente, se revive una época.

El booth de Sega en el CES 1991

Como hemos visto, por ejemplo, en diferentes documentales de Asif Kapadia (sobre todo en la maravillosa obra de reconstrucción audiovisual que hizo sobre Ayrton Senna en 2011), la narración a través de material de archivo puede ser una herramienta poderosa. Aquí, en particular, el archivo no nada más sirve para vestir gráficamente lo que cuentan los protagonistas de esta historia, sino para presentar una amplia visión del marketing en los años noventa.

A través de imágenes televisivas, de comerciales, reels de noticias, videos promocionales e imágenes de películas precisamente contextualizadas, Tulis y Blake recrearon un ambiente cultural audiovisual que nos transporta de manera vívida y poderosa a lo que fue vivir en esa época. La música, por supuesto, también es sumamente pertinente en una combinación puntual de lo diegético y extradiegético.

Las imágenes del CES de 1991 en Las Vegas, por ejemplo, son absolutamente maravillosas.

“Es muy chistoso porque cuando ves el CES del 91”, explica Blake, “ves máquinas de fax, cámaras de video enormes, a Hulk Hogan, etc. Todo ese mundo, toda esta locura, es de hace tres décadas y siento que fue ayer. Me acuerdo de mi papá grabándome con una de esas cámaras y ver a mi mamá tratando de mandar un fax. No siento que hayan pasado décadas. Pero pasaron.”

El booth de SNK en el CES de 1991

Todo este contexto revive, entonces, a través de memoria audiovisual, la tecnología de una década. Aquí es donde se recrea, vívidamente, la arena de lucha entre Sega y Nintendo. Porque ésta fue una guerra de marketing. El marketing, por supuesto, entendido desde el capitalismo tardío americano: con la posibilidad de golpes bajos de cabildeo, presiones económicas que rozan lo ilegal y las posibilidades de manufactura en un mundo globalizado.

Pero el marketing, al final, es el centro de este conflicto. Y es también en la reconstrucción vívida de las publicidades de esa época que entendemos cómo fuimos parte de esta guerra. El grito de Sega, el slogan de “Take it to the Next Level” frente al “Play it Loud” de Nintendo, los anuncios con música grunge, la forma de crear viajes visuales centrados en la estética de MTV para elaborar sobre lo “cool”, todo esto formó parte del imaginario que atrapó la imaginación de millones de adolescentes y niños.

Todo esto se junta con un montaje rápido, extremadamente rítmico que mantiene viva la tensión visual y narrativa durante los 90 minutos de película. Un logro, pues, de condensación de la información para un documental que, con el material del libro, pudo extenderse por cuatro o cinco horas.

(HBO)

Todo héroe tiene manos ensangrentadas

Lo más interesante de este documental, me parece, es que Blake y Tulis evitan caer en la tentación de las narrativas fáciles. Después de tener las primeras reuniones con
Tom Kalinske y de tomar un evidente partido por su versión de esta historia, bien pudieron hacer un documental sobre la maldad monopólica de Nintendo y cómo un grupo de misfits underdogs, lucharon para destronarlos.

Por supuesto, el equipo de Sega sí aparece aquí como los héroes desfavorecidos y Kalinske como el vencedor de los derrotados. También vemos, en contraparte, las prácticas terribles de presión política y económica de Nintendo y la manera en que sorteaban las multas monopólicas.

“Cuando éramos niños y jugábamos Nintendo.” Explica Blake. “Esta marca representaba algo mágico, magnífico y único. Ese era el Nintendo que conocíamos. Cuando vimos la historia de Sega contra Nintendo, descubrimos que la empresa que tanto admirábamos era tremendamente controladora y monopólica. Y nos sorprendimos mucho: nunca pudimos verlos de la misma manera.”

(HBO)

Sin embargo, la cinta no se queda ahí. Console Wars siempre permite que aparezca el discurso de los dos bandos y admite la importancia de Nintendo. Finalmente, sin Nintendo, después de la debacle de Atari y del infame juego de E.T., no existiría la industria de los videojuegos como la conocemos.

“Para el final de la cinta”, explica Tulis, “entiendes por qué Nintendo se portó como se portó. Al menos entiendes lo que pasaba por sus mentes. No creo que se puedan justificar sus acciones, pero en esta película no estamos contando la historia de un bueno o un malo sino de dos compañías con personalidades excéntricas que estaban peleando una guerra sin cuartel.”

También, Blake y Tulis, siempre preocupados por un equilibro a la tentación de lo maniqueo, muestran varias movidas del equipo de Sega que no son particularmente éticas. Una de estas estrategias fue, por ejemplo, la publicidad sobre el llamado “Blast Procesing”; un supuesto procesador que permitía la enorme velocidad de juegos seminales como el primer Sonic. En realidad, ese procesador no era más que una estrategia de marketing y la velocidad del Sega Mega Drive venía, más bien, de un algoritmo original creado por la compañía. En todo caso, la estrategia funcionó porque, junto a comerciales particularmente agresivos, la idea de un “Blast Procesing” se quedó impregnada en la mente de miles de adolescentes sobreexcitados.

“Creo que era muy importante para nosotros”, explica Tulis, “que la gente cuestionara el concepto mismo de “guerra”. Por eso quisimos hacer una historia universal que criticara las narrativas del héroe. Una de las cosas que platicamos mucho Blake y yo, por ejemplo, fue el caso del llamado “Blast Processing”. Para ese momento en la película ya todos estaban apoyando a SEGA y todos creíamos que estos underdogs eran lo máximo, pero cuando escuchas lo del “Blast Processing” es inevitable pensar que fue una movida profundamente manipuladora. Es una estrategia turbia que abusa del cliente.“

(HBO)

En este sentido, Console Wars no nada más es un documental cumplidor, entretenido y muy bien logrado, sino que resulta particularmente pertinente para el actual ambiente enrarecido del mundo de los videojuegos. Con cierta perspectiva, entender lo que sucedió en la guerra entre Peter Main y Tom Kalinske, entre Nintendo y Sega, es entender una lucha desesperada y a muerte. El contexto, pues, es muy diferente de las actuales disputas por la supremacía de las consolas.

De hecho, si no fuera por Tom Kalinske y su relación con Silicon Graphics, no habría nacido el Nintendo 64 o el Playstation. La aniquilación final de Sega dio paso al nacimiento de las consolas como las conocemos ahora. Así que, incluso en la derrota, incluso frente al exterminio anunciado, estos hombres siguieron creando con toda generosidad. Por eso, regresar a ese momento debería darnos, justamente, una nueva perspectiva sobre las tóxicas discusiones de la industria actual.

“Los noventa fueron una época de descubrimiento”. Explica Tulis. “Hoy en día, si compraras una grabadora de video o un fax, tendrías 10 reseñas en línea. La primera vez que interectuarías con ese artefacto ya tendrías muchísima información al respecto. Las noticias, hoy en día, son muy impresionantes porque, antes de ver las noticias en sí, estás viendo las reacciones de la gente a las noticias. Creo que hay algo de esa era que amábamos porque nos sentíamos como exploradores en un barco encontrando territorios desconocidos y formando opiniones propias antes de recibir las opiniones de otros.”

(HBO)

Tulis explica así la lección final del regreso nostálgico a los noventa y por qué hizo una representación sopesada, poco maniquea, de esta guerra corporativa. Este documental nos da la oportunidad de recordar un pensamiento más libre, menos violentado por las constantes opiniones radicales de las redes sociales. Ver este gran conflicto entre compañías sirve para comprender la futilidad de la actual guerra de consolas en la opinión pública y empezar a considerar, tal vez, que se podría lograr más en esta industria sin pequeños conflictos miserables.

El final y el principio de esta película muestran una entrevista, en blanco y negro, con Ralph Baer jugando el mítico Pong. En la entrevista, Baer está tratando de convencer a la audiencia de que los videojuegos pueden llegar a ser una industria rentable. Hoy, este mercado vale más que toda la industria del cine y de la música combinadas.

Actualmente, nos parece evidente que vale la pena pelearse por el X-Box o el Playstation o el Switch. Porque somos unos escuincles mimados que nunca hemos visto, de cara, la posibilidad de que los videojuegos no existan. Entendemos a las consolas como algo que está ahí, eterno y para quedarse.

Por eso importa este documental. Porque Console Wars nos regresa a la perspectiva de los años salvajes de los videojuegos y nos muestra el largo camino que hemos recorrido. Toda una historia que, a través de estas imágenes recuperadas, podemos volver a vivir. En el camino, si tenemos suerte, tal vez recordaremos cómo fue abrir un regalo en navidad con el viejo logo de Sega o de Nintendo; y, tal vez, así, volveremos a sentirnos agradecidos con lo que tenemos.

Tom Kalinske posando en los noventa junto a una figura de Sonic

Lo bueno
  • La ágil adaptación del enorme libro de Harris.
  • El uso arqueológico del material de archivo.
  • El montaje de ritmo incesante.
  • La pertinencia de las entrevistas.
  • La pasión de los realizadores.
  • Lo enormemente disfrutable que resulta esta historia.
  • Ver a Tom Kalinske contarla.
Lo malo
  • Que tiene poca innovación formal.
  • Que no se hacen más documentales sobre esta industria.
  • Que no ha sido visto por muchas personas ni tan sonado como debería.
Veredicto

Es un logro increíble haber reducido un libro de más de quinientas páginas, por más novelesco que fuera, a un documental tan autoconsciente y sintético. Así, Console Wars es un ejercicio pertinente, preciso, informativo y extremadamente divertido. A pesar de que este documental no rompe ninguna barrera formal, hay un empleo elocuente de los elementos necesarios para transmitir el ethos de una época y el meollo apasionante de una guerra de la que todos fuimos parte insospechada.

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