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¿Los videojuegos son los culpables de la violencia en las escuelas?

Los tiroteos en las escuelas ponen a los videojuegos en la mira de los medios quienes los acusan de ser culpables de la violencia.

A inicios de agosto del 2019 ocurrieron en Estados Unidos dos masacres, en las ciudades de El Paso y Daytona, perpetradas por hombres relacionados con grupos de supremacistas blancos. En respuesta a la tragedia Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, responsabilizó a los videojuegos y al internet por estos acontecimientos. Cito:

“Debemos detener la glorificación de la violencia en nuestra sociedad. Esto incluye a los videojuegos terribles que ahora son lugar común […] Es muy fácil para jóvenes con problemas rodearse de una cultura que celebra la violencia. Debemos detener o reducir sustancialmente esto. Y debemos comenzar de inmediato.”

Por si fuera poco, cuando empiezan a indagar en los perfiles y vidas de los que cometen estos asesinatos, los medios suelen resaltar cosas como: “le gustaba el anime y el metal.” Y no es que esto sea la primera vez que se busca llevar el debate y la discusión a este terreno. Si se acuerdan, cuando ocurrió la masacre de Columbine, en 1999, se llegó hasta a señalar a Marylin Manson entre los responsables porque los dos asesinos eran fans a su música.

Como era de esperarse, toda la comunidad de videojugadores salieron a defender y protestar por estas posturas, que simplifican un problema que es mucho más complejo y profundo que el hecho de jugar Halo, Gears of War, Mortal Kombat, Doom, Gran Theft Auto o cualquier otro título que sea explícitamente violento te convierta en una asesino serial o en masa en potencia. Hasta el expresidente de Nintendo, Reggie Fils-Aime, tuiteó una imagen en la se retrata como el problema no son los videojuegos.

No, tampoco ver anime te trastorna. Ni escuchar metal te perturbará la mente. Más bien, es darnos cuenta y estar más atentos a las personas que nos rodean. Porque los detalles cambian, pero la esencia es la misma. A menudo, pero no siempre, no hay padre en la casa.

A menudo, pero no siempre, el tirador tiene pocos o ningún amigo y nada parecido a una red de apoyo real. A menudo, pero no siempre, el tirador está desempleado o apenas empleado. A menudo, pero no siempre, el tirador tiene algún problema de salud mental, a veces diagnosticado formalmente, a veces no. A menudo, pero no siempre, el tirador jugaba videojuegos violentos. A menudo, pero no siempre, el tirador estaba activo en tableros de chat extremistas o centrados en Columbine o tenía un notable interés u obsesión por los tiroteos masivos anteriores. A menudo, pero no siempre, el tirador tenía problemas en la escuela o había sido expulsado.

Es decir, no sólo se debe a un factor, si no a varios. Y los videojuegos, el anime o la música son los que menos deberían preocuparnos en todo esta peligrosa combinación.

Es hora de darnos cuenta que no necesitamos defender ni a los videojuegos, ni al anime ni a la música ni a los cómics, etc. Porque lo que tenemos que hacer es aceptar que lo que está fallando es la sociedad y desde hace mucho tiempo.

Es momento de entender que el problema de la violencia nos concierne directamente a todos. Así que no, no son los videojuegos. Como dice el editor de CNN, Josh Grishman: “Nunca son solo las armas. Nunca es solo la salud mental. Nunca es sólo una ideología radical. Nunca es solo una masculinidad triste. Casi siempre es una combinación tóxica.”