Investigadores sugieren que las posibilidades de suicidio son mayores en los adolescentes que pasan más tiempo en sus teléfonos.

Un nuevo estudio realizado por la Universidad Estatal de San Diego, Estados Unidos, encontró que los adolescentes que más tiempo pasan interactuando con su smartphone (ya sea en redes sociales, jugando, etc.), no son tan felices como los que conviven con otras personas o practican deportes.

Los datos fueron obtenidos al investigar una población compuesta por más de un millón de estudiantes de octavo, décimo y doceavo grado de educación básica, con los que descubrieron que el uso del teléfono contribuye a hacerlos infelices y no al revés. Además, Jean M. Twenge, autora principal del estudio y profesor de psicología, indica que la abstinencia no parece solucionar el problema.

“Aunque este estudio no puede mostrar la causalidad, varios otros estudios han demostrado que un mayor uso de las redes sociales conduce a la infelicidad, pero la infelicidad no conduce a un mayor uso de las redes sociales”, dijo Twenge.

En contexto, en 2017 otro estudio demostró que Instagram era una de las redes sociales más nocivas para la salud mental de los jóvenes.

Este círculo vicioso se hizo evidente a partir del 2012, cuando “las tasas de depresión, los intentos de suicidio y el suicidio en sí mismo aumentaron repentinamente entre los adolescentes, especialmente entre las niñas”, describe el estudio. Esa fecha coincide con la época en la que los teléfonos inteligentes comenzaron a hacerse populares en Estados Unidos. El estudio también indica que es muy probable que los niños se vean afectados de la misma manera que las niñas, aunque ellos pasan menos tiempo en las redes sociales y más jugando, “lo que podría no afectar tanto la salud mental”.

“Descubrimos que los adolescentes que pasaban más tiempo en línea tenían más probabilidades de tener al menos un resultado relacionado con el suicidio, como depresión, pensar en suicidarse, hacer un plan suicida o haber intentado suicidarse en el pasado”, agregó la investigadora.

Según el estudio, el problema no es el uso de la tecnología, sino el tiempo que se pasa en ella. Eso, en combinación con la edad de los usuarios –que cada vez es menor–, representa un enorme problema de cara al futuro.

Una de las soluciones preventivas para evitar que el problema escale es limitar el uso de teléfonos inteligentes a los adolescentes “a dos horas por día”, sugirió en una entrevista Twenge. Y añadió que es indispensable “dejar fuera de los dormitorios los equipos móviles por la noche“para alentar a dormir mejor”.

fuente Chicago Tribune

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