Recomendación de la semana: Dog Soldiers

Dog Soldiers es uno de los últimos destellos que nos dejó el cine de hombres lobo a inicios de los dosmiles.

Hacer películas de hombres lobo no es cosa fácil. Piensen en todas las historias de licántropos que han visto en la pantalla, y estoy seguro que las buenas películas se pueden contar con los dedos de una mano.

Dog Soldiers (2002) es una de esas pocas cintas que han logrado entrar al Olimpo de la luna llena, más allá de los grandes clásicos como The Wolf Man (1941) con el inmortal Lon Chaney Jr, An American Werewolf in London (1981) de John Landis o The Howling (1981) de Joe Dante.

En esta película, el director y guionista Neil Marshall —mismo responsable de la inquietante The Descent (2005) y ahora de la nueva adaptación de Hellboy (2019)— logra mezclar terror y acción en una misma receta tan bien cuajada que, en su momento, fue comparada por la crítica con películas del calibre de Aliens (1986) y Predator (1987). Y claro, a fin de cuentas la trama de Dog Soldiers también nos habla del terror de lo bélico y lo sobrenatural: del cazador que se convierte en presa.

(Pathé)

Aquí, Neil Marshall nos lleva a las nebulosas montañas de Escocia, donde un pequeño grupo de soldados deberá abandonar lo que parecía ser un simple ejercicio de rutina para refugiarse en una solitaria cabaña en medio del bosque. La razón: una jauría de hombres lobo que caza soldados como sabuesos a las liebres. (Si la historia les suena familiar, tal vez sea porque el capítulo “Shape-Shifters” de Love, Death & Robots (2019) parece una secuela espiritual).

Dog Soldiers presume, además, de un espectacular trabajo de efectos especiales tradicionales con unos brutales licántropos de cuerpo entero que harían sonrojar hasta al mismísimo Rick Baker. A eso súmenle las actuaciones de Sean Pertwee (Alfred Pennyworth en Gotham) en el papel principal, y de Liam Cunningham (Ser Davos en Game of Thrones) como el antagonista.

La ópera prima de Marshall es uno de los últimos destellos que nos dejó el cine de hombres lobo a inicios de los dosmiles… sólo por debajo, quizás, de esa maravilla de terror intimista que es Ginger Snaps (2000).