El director español nos contó los secretos de una de las mejores películas de horror de este siglo.

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Hacía un frío de cagarse. Pero supongo que ese es el clima adecuado para una función de horror al aire libre. El nuevo Autocinema Coyote, ahí a un costado de Insurgentes en Guadalupe Inn, resonaba con el tráfico nocturno, las ambulancias, patrullas y helicópteros que plagan nuestra ciudad.

Y todo esto daba un marco perfecto para la ansiedad que crea una de las mejores cintas de horror de lo que va de este siglo: REC es una maldita joya de puntualidad en el formato y una clase de cine en ritmo y dirección; una obra sorprendente para unos directores primerizos con más entusiasmo que dinero.

Ahora, el festival Mórbido y REC cumplen, juntos, 10 años de existencia. Y ahí nos encontrábamos, en un estacionamiento congelado, una mezcla perfecta de locos: el director de Mórbido, los que trabajan incansables en el festival, los voluntarios maquillados, los fanáticos comiendo hamburguesas y tomando malteadas, algunos directores y actores latinoamericanos bailando unos acordes de Grease y el gran Paco Plaza, en su chamarra de calacas plateadas, fumando tranquilamente.

Los fans fueron a verlo y, en poco tiempo, el director estaba rodeado de gente tomándose fotos con él. La función iba a empezar y Plaza estaba visiblemente emocionado. Es por eso que, cuando le preguntaron por qué había elegido México para celebrar este aniversario, respondió con todo candor:

No hay mejor lugar para ver esta película que aquí. No en el Grand Palais de Cannes, sino aquí, en México, en este maravilloso festival y con ustedes. Aquí no hay hostias ni pretensiones, sólo somos personas a las que nos gusta ver cine de terror y ya.”

La función se desarrolló entre los ruidos de la ciudad y las luces menguantes de las oficinas demasiado altas. Algunos voluntarios del Autocinema estaban felices de espantar a gente entre las filas. Algunos, supongo, no sabían que estaban intentando asustar a las actrices de Trauma, del chileno Lucio A. Rojas… es decir, que intentaban espantar a gente que ya no se espanta con nada.

La película termina con una lluvia de aplausos que vienen desde los coches de atrás hasta las filas adelante y Plaza se sube al escenario para responder con entusiasmo a las preguntas de un público ávido.

Con los mezcales, la ocasión del aniversario, la lluvia de aplausos y los ruidos de la Ciudad en una noche fría, Plaza estaba feliz de compartir las entrañas de su cinta.

Y todo empezó, claro, con la niña Medeiros. Le preguntaron el porqué de esa locura y de dónde había salido. Y Plaza, de nuevo, fue cándido al respecto:

La niña Medeiros fue una ocurrencia de un día antes. Parece que todo lo hacíamos un día antes. Estábamos tomando una cerveza Jaume y yo y habíamos pensado tener al cura Albelda allá arriba en el ático. Habíamos intentado de todo, ponerlo calvo y con bigote y como fuera pero no servía mucho… Y de pronto se nos ocurrió que todo sería más macabro con tetas y el cuerpo extrañísimo de Javier Botet. Él es un gran actor y luego fue para hacer Alien y muchas cosas. Pero aquí, cuando lo vimos caracterizado, nos pareció perfecto.”

Pero sus comentarios sobre la niña Medeiros no pararon ahí, todavía quedaban algunos detalles escondidos que no sabíamos del rodaje… algunos detalles que tenían que ver con el pene de esa criatura:

“Lo único digital que retocamos en la niña Medeiros fue el tremendo paquete del actor. Porque él tiene algunas partes de su cuerpo muy desarrolladas y eso era algo tremendo que rozaba lo vulgar. Tuvimos que retocar eso en la escena que se voltea porque era muy visible…”

También regresaron por ahí algunos comentarios sobre el diseño de producción del horrible ático del Padre Albelda. Un conocedor preguntó sobre la escena que sale en el material extra de algún DVD: una escena en un pasillo lleno de clavos y niños desnudos. Como si no fuera suficientemente sacante de pedo ese ático…

El pasillo de clavos lo tuvimos que quitar al final. La cosa la decidimos, de nuevo, un día antes o el mismo día porque habíamos pensado en montar un pasillo con los niños desnudos clavados ahí por los experimentos de los curas. Uno de los niños como el que rompe la antorcha de Pablo al final de la cinta. Pero la cosa se puso rara cuando llegaron todos estos niños con sus padres y teníamos que decirles ahí que se desnudaran y untaran de sangre para colgarlos en un pasillo y filmarlos… todo eso sonaba terriblemente mal. Entonces sí, les dijimos que se vistieran y bañaran y se fueran y cambiamos esas escenas. Créanme, el equipo de arte no estaba nada contento, había trabajado todo un día poniendo clavos ahí y cuando les dijimos que no lo íbamos a usar me querían arrancar la cabeza.”

Se habló en algún momento, claro, de la más grande polémica que levantó REC en su momento y que hace de su argumento algo tan original: ¿Qué carajos le pasó a la niña Medeiros? ¿Fue algo religioso o algo viral?

Y Plaza zanjó aquí la cuestión con un curioso debate entre los dos directores a cargo de la cinta:

Jaume y yo tenemos opiniones diferentes sobre lo que era esa enfermedad zombie. Para Jaume que es un increyente era una cuestión más viral, para mí, que soy creyente, como ya vieron en REC 2, era una cuestión más religiosa. Me gustaba eso de las posesiones infernales y hacer el exorcismo del niño y todo eso que era muy guay. La verdad a mí siempre me pareció más tenebroso algo infernal que una gripe. Pero creo que Jaume nunca supo lo que yo pensaba hasta después… Porque de cualquier forma podíamos poner la idea de un cura científico que estaba entre las dos cosas buscando acabar con un mal tan físico como espiritual.”

Y, en medio de todos estos detalles cinéfilos, tuvimos también algunos jugosos detalles futbolísticos. Porque Plaza es un gran fanático del Valencia. Y se discutió sobre la convivencia entre Jaume Balagueró y él durante el rodaje; convivencia pacífica salvo en un detalle insorteable…

“El cura se llamaba Albelda en honor a David Albelda el gran jugador del Valencia. Y lo único que me duele de volver a ver esta película, la única cosa que cambiaría si pudiera es la camiseta del Barca del niño chino. Yo quería ponerle una camiseta del Valencia de David Villa, que era mi jugador favorito del momento. Pero Jaume tenía razón, había un desacuerdo ahí que ganó un argumento contundente: ¿por qué coño un niño chino que vive en Barcelona tendría una camiseta del Valencia? Entonces le pusimos una de Ronaldinho porque antes del alcohol y las drogas era un gran futbolista. Ni modo, esa camisa del Barca está ahí y me parece repugnante pero estábamos filmando en Barcelona y pues hay veces en las que hay que dormir con el enemigo.”

Finalmente, Paco Plaza se confesó sobre su manera de recordar, diez años después, su obra maestra.

“No le cambiaría nada a mi película porque es como un álbum de fotografías familiares al que regresas. Una película sólo se produce en ciertos momentos de tu vida y se vuelve un retrato de ese momento. Volviéndola a ver aquí casi lloro porque me acuerdo de ese 23 de octubre de 2006 cuando empezamos el rodaje y que era el cumpleaños de Manuela. De hecho, en esa escena con los bomberos cenando, después de cortar, sacamos una torta y nos comimos una torta ahí con los bomberos. Las películas son como el rastro que deja detrás de sí un caracol, son la baba que muestra nuestro paso por una vida dedicada al cine.”

Y, antes de irse a lo que uno espera haya sido una larga noche de fiesta, Plaza nos dijo unas cuantas cosas más en confidencia. Pidió que no las escribiéramos pero creo que son muy bellas e inocentes para no contarlas. Además de que hablan maravillas de una visión adelantada a su tiempo por parte de los dos directores que crearon esta joya independiente de culto:

“Les voy a confesar algo pero no pueden tuitearlo. Al principio pensábamos que esta película no iba a ser distribuida, que era algo hecho medio en broma, por el puro gusto de hacer algo tan friki. La primera vez que proyectamos la película de REC nos dijeron que era insostenible. Muchas personas se salieron de la sala en completo silencio y no nos dijeron nada, pero el que se quedó nos dijo que esa película no podía proyectarse así porque era algo de nicho, era solamente para frikis. Y pues allá en 2007 nosotros teníamos la intuición de que el mundo estaba lleno completamente de frikis… y parece que tuvimos razón.”

En efecto Paco, esta película envejece con una elegancia única y es una muestra del valor de culto que tienen ahora los productos más sinceramente frikis. Los ñoños dominamos ahora el mundo.

El carisma de REC, su espontaneidad y su humor se transparentan en la persona de Paco Plaza. Un hombre que hace películas con una tremenda personalidad, que se sigue riendo de sí mismo y que muestra una generosidad única.

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