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¿Por qué Chernobyl expone la irresponsabilidad de los influencers?

La serie de Chernobyl ha expuesto el lado oscuro de los influencers y sus artimañas para ganar atención.

La serie de Chernobyl de HBO fue un éxito arrasador entre la crítica y la audiencia. Su vívido relato de la tragedia de aquel terrible 26 de abril de 1986 nos ha sacudido a muchos de nosotros, incluso a aquellos que ya habíamos leído o visto documentales al respecto.

Y es que, la representación de la serie es de gran impacto por su sentido del miedo y la recreación magistral de una tragedia nacional. Además, Chernobyl ha provocado una discusión sobre cómo traza paralelos con la forma en que la política moderna, los políticos actuales y los canales de noticias están devaluando, prostituyendo la verdad.

Sin embargo, también ha iniciado una tendencia sin buscarlo, inadvertidamente, que está completamente desprovista de sentido común, de respeto, en la algunos influencers de Instagram que posan en fotos (algunas de las cuales presentan modelos semidesnudas) en la ciudad abandonada. Un acto de irresponsabilidad que nos habla de hasta donde son capaces de llegar los influencers por un like, por atención, sin tomar en cuenta las consecuencias por llevar este tipo de vida.

¿Qué es un influencer?

Con el crecimiento y expansión de las redes sociales, han aparecidos personajes que, por carisma, conocimiento y alcance, se han convertido en una voz escuchada por millones y tienen la credibilidad de una industria o nicho en específico. A estos personajes los conocemos como influencers.

Los influencers en las redes sociales son personas que se han ganado una reputación por su conocimiento y experiencia en un tema en particular. Hacen publicaciones regulares sobre su tema de interés en sus canales de redes sociales preferidos y generan grandes seguidores de personas entusiastas y comprometidas, que prestan mucha atención a sus puntos de vista o simplemente disfrutan de su sentido del humor o les provoca simpatía su manera de expresarse.

A las marcas les encantan los influencers de las redes sociales porque pueden crear tendencias y animar a sus seguidores a comprar productos que promocionan.

Se ha vuelto tan rentable ser influencer, que muchos jóvenes y no tan jóvenes aspiran a convertirse en uno y son capaces de lo que sea para lograrlo, aún exponerse al ridículo… o peor.

Chernobyl y la desesperación por likes

Este mensaje es del creador y escritor de Chernobyl. En el texto invita a los visitantes a la Zona de Exclusión o de  Alienación de Chernóbil (el área en la que el turismo está permitido) a que comprendan que hay que tener respeto por aquellos que han sufrido y que se sacrificaron como consecuencia del accidente nuclear.

Y es que este tuit viene precedido por una enorme cantidad de personas, con aspiraciones de ser influencer, que han ido a tomarse fotos a la zona y las han compartido en Instagram, buscando aumentar su número de seguidores, con mensajes sentimentaloides que acompañan imágenes que rozan con el mal gusto. Por ejemplo:

Buscando subirse al “tren del mame”, esta gente está abordando sin el respeto que merece una tragedia. Como aquellos que van a excampos de concentración a tomarse selfies, sin terminar de comprender la magnitud de las desgracias que tuvieron lugar en esos sitios.

Sus posts pueden invitar a otros  a tratar de hacer lo mismo, sin medir las consecuencias, simplemente por imitación, por la influencia de sus gurús de internet o por inconsciencia.

Esto nos lleva a preguntarnos, ¿todo se vale por likes, reproducciones y seguidores?  ¿En verdad la vida de influencer vale tanto la pena?

Una vida dedicada a estar siempre en personaje

Logan Paul adquirió fama por sus dinámicos videos de su vida cotidiana y su carisma le valió que su canal de YouTube contara con 15 millones de suscriptores. Entonces, con la presión de mantener la atención, de ser relevante, cometió el error de grabar un video que muestra el cuerpo de una víctima en el “Bosque de suicidio” de Japón.

(YouTube)

Por su parte, Natalie Schlater, una influencer sueca de Instagram que contaba con 12 mil seguidores, tuvo que borrar su cuenta por subir una foto que ella publicó vestida en bikini, mirando un campo de arroz en Bali y “pensando en lo diferente que es mi vida del hombre que recoge en el campo de arroz cada mañana”. El mensaje recibió reacciones negativas, y la gente acusó a Schlater de “presumir de humildad” y la llamaron “narcisista”.

(Instagram)

Otra sueca,  Emma Hallberg, se hizo pasar por una mujer negra. En su canal de YouTube e Instagram, la joven de 19 años parecía presentarse como una mujer de color, con piel color caramelo, cabello y cejas negros, ojos café oscuro y labios muy carnosos. Sus ofertas eran en su mayoría con marcas de moda y maquillaje que atienden específicamente al mercado negro, como la marca de ropa Fashion Nova. Pero entonces, la cacharon. Resultó que se bronceaba artificialmente para adquirir ese tono. Su escándalo resultó que esto era una tendencia entre varios influencers.

(Instagram)

También está el caso de Yovana Mendoza. La mexicoamericana construyó su identidad en línea, y los patrocinios de su marca, en su veganismo. Entonces, una tormenta se desató en redes sociales cuando Mendoza, que utiliza el apodo de Rawvana en línea, apareció en el video de un compañera Vlogger con un plato de pescado frente a ella.  En un video de YouTube, Mendoza se disculpó con sus admiradores y dijo que los médicos la habían alentado a reincorporar algunas proteínas animales a su dieta después de que ella dejara de menstruar y desarrollara un crecimiento en su intestino delgado.

(YouTube)

Aunque perdió a varios seguidores a raíz del escándalo, muchos la acusaron de explotar la plataforma vegana con fines comerciales y mentir al público, Mendoza continúa su actividad en las redes sociales.

Estos son algunos de los ejemplos del peso que cargan los influencers. Construyen una imagen, un personaje del que no se pueden desprender en ningún momento, porque un descuido les puede costar todo por lo que han trabajado. Su fama se basa en algo que proyectan, aunque no necesariamente sea algo en lo que ven verdad crean o compartan. Necesitan estar atentos las 24 horas del día, estar siempre en personaje, no descuidarse y no soltar su teléfono. Deben de estar vigentes, constantemente generar conversación y mantenerse ahí, siempre ahí, al alcance de un like de Facebook, un corazón de Instagram, un play de YouTube.

Verdadera toma de conciencia

Casi todos los que hemos salido de vacaciones, gustamos de subir fotos del lugar al que visitamos. Es muy común tratar de registrar todo lo que hacemos, pero en verdad hay realmente algo malo e irresponsable con esta tendencia por usar las escenas de algunos de los desastres más grandes en la historia de la humanidad como un ingenioso telón de fondo de Instagram o escenografía para un video de YouTube.

Cuando los influencers usan lugares como Chernóbil en sus publicaciones en las redes sociales, lo suelen hacer para compartir un mensaje sobre ellos mismos: para mostrar qué días festivos más cultos están teniendo, o qué tan viajados son, o qué tan “intelectuales” se sienten con un mensaje elaborado. Están usando escenarios de verdaderas tragedias humanas, de desastre de proporciones casi inconcebibles como apoyo a lo que nos quieren decir de ellos. Le restan importancia al hecho para volverse los protagonistas.

Y eso es irresponsable, porque transmiten un mensaje equivocado. Los sitios de desastres históricos no existen para proporcionar que los influencers o las personas hagan gala de su egoísmo. Son lugares del dolor, de tragedia, de pérdida y de muerte.

Hay muchas maneras de respetar y honrar a las víctimas de desastres históricos sin usar los sitios de esos desastres para dar un mensaje de lo genial que eres. Esa otra gran lección que nos deja Chernobyl.