La estrepitosa caída de WeWork: entrevista con Jed Rothstein, director del nuevo documental sobre la startup

En entrevista exclusiva, Jed Rothstein, director del nuevo documental sobre WeWork nos cuenta de la estrepitosa caída de la strartup.

En 2019, WeWork pasó de ser una de las compañías mejor valoradas del mundo a perder toda su reputación en una desastrosa salida a la bolsa. El responsable de este fracaso, uno de los más ridículos y notorios en el mundo de los negocios, fue Adam Neumann, co-fundador y rostro inevitable de WeWork.

Neumann compraba aviones cada tres días, le cumplía los más extraños caprichos a su esposa Rebekah (que ya quería reformar todo el sistema educativo de Estados Unidos con un montessori más hippie) y, sobre todo, le ocultaba sistemáticamente a los inversionistas que su compañía estaba sangrando dinero. Poco a poco, las arcas se vaciaban. Mientras WeWork seguía expandiéndose agresivamente, las trompetas del fin sonaban.

Hasta que todo se derrumbó.

El pasado 17 de marzo, en el festival South by Southwest (SXSW) pudimos ver el estreno de un intrigante documental, producido por Hulu sobre la caída de WeWork y la locura megalomaniaca de su fundador. También, pudimos platicar con Jed Rothstein, el creador de este documental sobre la fragilidad del sistema financiero, las esperanzas millennials y la frustración de ver un mundo que se derrumba y que no puede cambiar.

¿Qué te llevó a esta historia y por qué piensas que es importante contar este cuento trágico de esperanzas millennials desgarradas?

Bueno, quise hacer esta historia porque es una fábula para nuestro tiempo. Tiene a un personaje muy carismático, Adam Newman, en el centro de todo, y es un personaje que tuvo un ascenso y una caída muy dramáticos. Así, esta historia personifica las esperanzas y los sueños de su generación, de la generación millennial, que quiere insistentemente ser parte de algo más grande que ellos mismos.

Adam construyó algo real, las personas que estuvieron ahí vivieron verdaderas experiencias de vida en WeWork. Pero, al final, se quedaron también con la sensación de haber sido profundamente traicionados. Entonces, hay un arco dramático en esa historia y creo que, en ese arco, viendo cómo las cosas crecieron y se desmoronaron, podemos aprender mucho de cómo tratamos al otro, de cómo tratamos de unirnos para crear comunidades. Y eso es algo que deberíamos de pensar todos. Al menos yo lo estoy pensando mucho, ahora que estamos atravesando una pandemia terrible. ¿Cómo podemos reconstruir nuestra sociedad en formas mejores y más útiles cuando salgamos de ella? Eso es lo que me parece más interesante de todo esto.

Hay algo que me gustó mucho de la película, justamente, al final. Que ésta no es nada más una historia sobre Adam Newman y las terribles decisiones que tomó, sino sobre la gente, sobre sus esperanzas, sobre las ideas con las que querían construir una comunidad; ideas que tal vez siguen siendo válidas…

Era muy importante para mí que esta película no fuera sobre Adam. Digo, él está en el centro de todo y es un personaje muy carismático y es la razón por la que todo esto sucedió. Pero lo que le da un verdadero peso emocional a la historia son todas las personas que construyeron WeWork: el staff, los miembros, los participantes, todos tiene una historia colectiva que hizo de WeWork algo tan especial. Estas personas se unieron y sintieron un sentido real de comunidad. Al mismo tiempo, les tocó el horror de las partes oscuras de esta historia.

En ese sentido, lo que siempre me atrajo de esta historia es la zona gris en la que se mueve: las cosas que aquí presentamos son, al mismo tiempo, buenas y malas. WeWork es como esta cárcel del “yo” y del “nosotros”; de lo bueno y de lo malo. Por una parte tenemos el deseo de estar juntos y crear comunidades; y del otro un terrible egoísmo y una horrible codicia. Creo que en Adam esos dos valores siempre estuvieron compitiendo. Creo que WeWork, como un todo, era una compañía que expresaba esos valores. Y creo que los testimonios que mostramos al final de la película explican cómo se vivieron esas experiencias: a todos WeWork les regaló algo muy valioso; les enseñó a comunicarse con las personas, forjar relaciones y crear comunidades; pero también se llevaron cicatrices terribles. Una cosa no viene sin la otra.

Para mí era muy importante que el viaje de esas personas, con lo bueno y lo malo, estuviera en el corazón de esta historia. Si lo piensas, la experiencia de WeWork, en realidad, son estas personas. Adam y Rebecca, su esposa, están en el centro de todo, pero estas personas son las que vivieron el auge y la caída de esta empresa. Hay muchos más de ellos y quería asegurarme de contar sus historias.

Esta entrevista es sobre ti y sobre tu documental, pero también, en un sentido, es sobre mí. Y es que me siento como un completo idiota. Yo fui, por trabajo, a entrevistar al encargado de WeWork en Latinoamérica cuando abrieron sus oficinas en México, en 2017. Y me engañaron totalmente, escribí un artículo de puro amor sobre la revolución del trabajo y me tragué todo lo que me dijeron. ¿Crees que los millennials estamos desesperados por creer en cualquier cosa?

(Suspira muy hondo) mmmm Creo que todos estamos totalmente desesperados por creer en algo. Mira lo que acabamos de vivir: tuvimos un tirano asqueroso dirigiendo nuestro país por cuatro años. Un tirano que casi logra destruir nuestro país… Quiero creer, después de eso, en el bien común, en la colectividad, en la idea de que podemos crear algo mejor todos juntos. Creo que los millennials saben expresar mejor este deseo honestamente y saben cómo compartirlo. Al menos mejor que mi generación (soy genX) que es mucho más cínica.

Lo que estaba vendiendo Adam era algo bueno. Creo que había verdades interesantes y valores interesantes en su producto. Al final, Adam hizo cosas que traicionaron esos valores y ese ethos. Pero no creo que el deseo de construir una comunidad y construir algo juntos sea algo malo o inocente. Es algo bueno. Es lo que decíamos en la pregunta anterior: la gente pudo salir con cosas importantes de esta experiencia. Adam la embarró, al final: se convirtió en un tipo egoísta, pidió demasiado y abarcó demasiado y sus alas se quemaron como Ícaro. Se derrumbó y colapsó su versión de WeWork. Pero el hecho de que queramos crear comunidades juntos, de que queramos ser parte de algo más grande que nosotros mismos son metas reales. Si a los millennials los critican por creer en eso, lo entiendo, pero yo no comparto esas críticas. De hecho, admiro el deseo que impulsa estos sentimientos, el deseo de un mundo más justo.

Y, claro, en la película se nota que no estás siendo crítico hacia todos los que se creyeron este sueño…

No, claro, evidentemente. Y, mira, nadie se murió, ¿verdad? Algunas personas fueron traicionadas, hubo verdadera traición y egoísmo y cupidez y no subestimo la parte oscura de esta historia. Pero creo que, al final del día, las cosas son más complicadas, la gente es más complicada. Casi nadie es fundamentalmente bueno o malo…. bueno, no, sí hay gente fundamentalmente mala, ya lo hemos visto (se ríe).

Cuando empecemos a reimaginar la sociedad, saliendo de estos terribles tiempos, podemos tomar las cosas buenas que dejamos en el camino. Quiero que esta película nos recuerde que nos podemos enfocar en estar juntos y en crear comunidades más justas y mejores. Esa es mi esperanza y quiero que esta película sirva para alimentar esas conversaciones.

Hiciste una película sobre el hussle chino, luego sucedió la burbuja inmobiliaria de 2008, y en esta película vemos que hay tanto capital moviéndose en un castillo de naipes que es ofensivo… ¿Crees que este sistema financiero es estable?

¡JA! (Se ríe)

Digo, parece que nada más estamos siendo conducidos a ciegas por imbéciles megalómanos mientras no podemos hacer nada al respecto…

Bueno, claramente no es un sistema estable. Es un sistema que no está funcionando en muchos lugares alrededor del mundo, tanto en México como en Estados Unidos es palpable. Alguien me preguntó alguna vez si yo estaba a favor o en contra del capitalismo. Y creo que no es una buena pregunta. No es cuestión de estar a favor o en contra: este es el lenguaje en el que establecimos nuestras interacciones. Por eso, lo importante sería aprender este lenguaje y, a través de eso, mejorar nuestras comunidades. El capitalismo no es un sistema inherentemente correcto, como la física del universo dada por Dios. Solamente es una forma práctica de mover cosas de un lugar a otro. Podemos hacerlo a nuestra medida, limitarlo, confinarlo, podemos hacer cualquier cosa con este sistema si lo entendemos lo suficiente.

El modelo tardío del capitalismo tiene muchos problemas y espero que viendo una historia como la de Adam y WeWork podamos entender eso. Digo, él llamó a su empresa con un oxímorón interesante: un kibutz capitalista, una especie de comunismo capitalista. Claro, eso no se pudo mantener porque el impulso del capitalismo es tomar para ti mismo y el del comunismo, repartir los bienes. ¿Pero habrá una manera de pensar en sus errores y hacer un mejor sistema para el futuro? No tengo una respuesta, pero espero que este documental plantee al menos la pregunta y abra la conversación.

¿Crees que el cine puede cambiar al mundo?

Oh… Bueno, sí, definitivamente el cine puede cambiar al mundo. Definitivamente. Creo que algunas de mis películas favoritas son de cineastas mexicanos, ustedes hacen cosas increíbles. Últimamente, claro, Iñárritu, Cuarón, demás. Viendo los universos que crearon, es evidente que el cine puede ayudarnos a entendernos, a escucharnos y a compartir experiencias que nos humanicen. Es muy fácil pensar a los otros como demonios cuando no los conoces. Al conocer a la gente, verla, escucharla, entendemos que somos complicados, que no podemos caer en categorías absolutas de bondad o maldad. En ese sentido, el cine puede ser un gran universo de lenguajes que puede servir para unirnos a todos.

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