Foto: Eduardo Islas

Arqueólogos descubrieron que su carne era una de las más populares de Mesoamérica.

Luego de que los peregrinos europeos llegaran a Norteamérica para quedarse con las tierras de las tribus indígenas, inventaron la historia del Día de Acción de Gracias y compartieron un pavo en agradecimiento con los nativos. Lo que seguramente no sabían los peregrinos es que en este continente ya comíamos esa ave desde hacía muchos siglos atrás. Y no sólo eso, sino que tenía implicaciones culturales mucho más profundas de las de ser una simple ave de corral.

Uno de los nahuales en los que se podía transformar el dios Tezcatlipoca, era el huexólotl, el monstruo viejo, animal que recibió el nombre de guajolote con la castellanización de las cosas. Su gluglutear causaba espanto en las noches sin luna, pero en las mañanas se convertía en un manjar. De hecho, hay pruebas de que el guajolote fue la carne más popular en Mesoamérica, solo después de la del perro.

En el norte del continente, las culturas Apache y Hopi, asociaban al guajolote con prácticas curativas y agrícolas. Para ellos era la representación del “dador de vida” y en sus leyendas aparecer como personaje en la creación de la tierra.

El huexólotl era uno de los nahuales en los que se podía transformar el dios Tezcatlipoca.

Los registros más antiguos que se tienen de la domesticación de esta ave, conocida en el mundo como pavo (Meleagris gallopavo), datan de hace 1,500 años, en la zona de Fortaleza Mitla, Oaxaca. Por cierto, esta zona es conocida como “lugar de los muertos” en tres idiomas: náhuatl, zapoteco y mixteco.

Recientemente, un grupo de arqueólogos descubrió en la zona de Mitla restos de pavos adultos y juveniles, huevos enteros sin eclosionar, y cascarones dentro de las ruinas de una casa fechada entre 300 y 1200 D.C. Esto significa que tenían un uso doméstico y ritual cotidiano. Según la investigación, los zapotecas solían sacrificarlos en los rituales de matrimonio, nacimiento y muerte, y para brindar protección contra la mala salud y las malas cosechas.

“Algunos restos fueron encontrados en áreas donde se enterró basura doméstica, pero otros –tanto huevos como huesos– fueron descubiertos en lugares dentro de las residencias que estaban asociados con rituales domésticos”.

Los arqueólogos también encontraron tres esqueletos individuales de pavo en una tumba, probablemente parte de un sacrificio fúnebre. Dos palas de obsidiana también estaban cerca, y probablemente se utilizaron para matar a las aves.

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Los restos de las aves fueron encontradas cerca de una vivienda.

En la investigación, publicada por el Journal of Archaeological Sciences, se dio a conocer que aproximadamente una cuarta parte de los huesos de pavo que los investigadores encontraron habían sido modificados para servir como herramientas, tales como punzones o perforadores textiles, o para ser usados como joyas. La investigación concluye que los huesos descubiertos revelaron que tanto hembras como machos fueron criados, probablemente, para comerlos.

“La gente ha hecho conjeturas sobre la domesticación de pavos basados en la presencia o ausencia de huesos en sitios arqueológicos. Pero ahora estamos introduciendo clases de información que no estaban disponibles antes, estamos proporcionando pruebas sólidas para confirmar hipótesis anteriores”, aseguró el arqueólogo Gary Feinman.

Las pruebas a las que Feinman se refiere es el inusual alto número de restos de otros animales que fueron descubiertas en la zona. Esto sugiere que la carne de pavo era un alimento básico importante en la dieta local. Sin embargo, los investigadores también encontraron evidencia de tortugas, ciervos, zarigüeyas, zorrillos y zorzales, así como un surtido de pájaros – palomas, búhos, halcones y codorniz, por nombrar algunos.

vía LiveScience

fuente Journal of Archaeological Sciences

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