A lo largo de la historia se ha demostrado que muchos políticos mexicanos son supersticiosos y esta es una de esas historias.

Uno de los acontecimientos que consolidaron el México que hoy conocemos –ese que tiene más de dos partidos políticos, genera fraude electoral y hace que nuestros gobernantes se paguen unos sueldos inusitados– fue, sin duda, la Revolución Mexicana.

Aquel cuento donde Carranza y Obregón son héroes en lugar de asesinos, donde Plutarco Elías Calles construyó la idea del “dedazo presidencial”; dista mucho de ser como nos lo cuentan en los libros de texto, pero eso es algo que se ha ido descubriendo. Muchos historiadores como Luis Gonzalez y González consideran la Revolución Mexicana como un movimiento de pequeñas rebeliones que tomó su constitución de “revolución nacional” hasta que Obregón tomó el mando, pero más allá del derrocamiento de Porfirio Díaz, la parte más sangrienta de la Revolución ocurrió precisamente cuando todos sus supuestos líderes se traicionaron unos a otros.

Lo cierto es que el inicio de este complejo movimiento tuvo parte de su origen en las ideas de Francisco I. Madero, quien ha sido recubierto por un halo de mitos que rodean su figura, pero entre todos ellos, hay uno que es real y se trata de su relación con el espiritismo y cómo los espíritus –incluido el de su hermano– le dijeron que su destino era cambiar a México.

La Sociedad de Estudios Psíquicos de San Pedro

Aunque parece difícil de creer el espiritismo fue una doctrina que tuvo mucho auge durante el siglo XIX y hasta bien entrado el siglo XX. Desde personajes como Abraham Lincon hasta Sir Arthur Conan Doyle, escritor de Sherlock Holmes, tuvieron escarceos con el espiritismo.

Todo empezó con Allan Kardec, padre del espiritismo, quien en realidad se llamaba Hippolyte León Denizard Rivail y se dedico a sistematizar el espiritismo cuando, por primera vez en 1854, escuchó hablar del fenómeno de las “mesas parlantes”.

Kardec se convenció de la existencia de que una región espiritual era habitada por las almas una vez que abandonaban el cuerpo. Luego de revisar una serie de escritos psicográficos y asistir a una serie de sesiones esperitistas donde según él sus preguntas eran contestadas por una medium de “manera precisa, profunda y lógica”, Kardec escribió El libro de mediums y Los espíritus superiores, el cual se publicó el 18 de abril de 1857 agotándose en muy pocos días. Incluso, Kardec llegó a conocer 16 reediciones de su libro antes de morir.

Allan Kardec, considerado el padre del espiritismo.

En El libro de los espíritus… de Allan Kardec se puede leer:

“Los espíritus anuncian que los tiempos designados por la providencia para una manifestación universal han llegado ya, y que siendo ministros de Dios y agentes de su voluntad, su misión es la de instruir e ilustrar a los hombres, abriendo una nueva era a la regeneración de la humanidad. Este libro es la recopilación de su enseñanza”.

Francisco I. Madero viajó a Francia donde conoció la doctrina de de Allan Kardec y con casi 30 años de edad decidió regresar a su rancho en San Pedro, su pueblo natal, para poner en práctica la facultad que en Francia se le había revelado. Madero se concibió a sí mismo en ese viaje como un médium escribiente.

En sus memorias, escritas en 1909, Madero apunta lo siguiente:

“Cuando me penetré de lo racional y lógico que era la doctrina espritista, concurrí en París algunso centros espiritistas, en los cuales presencie algunos fenómenos interesantes. Los individuos cuyos trabajos fui a presenciar me manifestaron que yo también era “medium” escribiente. Desde luego quise convencerme de ello y me puse a experimentar según las indicaciones que hace Kardec en el Libro de los mediums”.

Y más adelante señala:

“Como no sría justo que no se beneficiaran mis hermanos –me refiero a la Humanidad en general­ cob esos conocimientos y esa práctica que he adquirido, pienso escribir un libro sobre estos asuntos, tan pronto como pueda disponer de una temporada de calma. Quizá al terminarse la campaña electoral de 1910 o un poco más tarde, a menos que los azares de la lucha me lleven al calabozo, en donde poré dedicarme con toda calma a escribir mi libro”.

Es a partir de 1891 que Madero empieza a desarrollar sus “facultades” como escribiente y, para cuando estaba de regreso, ya dominaba con cierta holgura este talento. Así, decidió esparcir su conocimiento y crear la Sociedad de Estudios Psíquicos de San Pedro, donde –curiosamente– el único que tomaba notas durante las sesiones era el propio Francisco.

La revolución de los espíritus

Por fortuna para la Historia, existe un registro de las anotaciones de todo lo que los espíritus le dictaban a Francisco I. Madero en una suerte de cartas que están publicadas como diarios espiritistas, en ellas se puede apreciar lo que los espíritus le dictaban a Madero.

Este grabado muestra a Francisco I. Madero en una sesión espiritista.

Existen dos etapas de los diarios espiritas de Madero, una que abarca de 1901 a 1904 y comprende los inicios de Madero en la doctrina. Aquí se hacen presentes las sesiones que dos espíritus pertenecientes a la familia Madero le dictaban, Raúl y José Ramiro.

Al respecto escribía Madero en esa época:

“Estas comunicaciones me hicieron comprender a fondo la filosofía espiritista y, sobre todo, su parte moral, y como en lo íntimo me hablaban con gran claridad de los invisibles que se comunicaban conmigo, lograron transformarme, y de un joven libertino e inútil para la sociedad, han hecho de mí un hombre de familia, honrado, que se preocupa por el bien de la patria y que tiende a servirla en la medida de sus fuerzas”.

La segunda etapa de estas comunicaciones del más allá tienen lugar entre 1907 y 1908 y son las que más nos interesan, ya que en ellas “los espíritus” guían con claridad a Madero hacia la revolución. José Ramiro ­quien generalmente firma como José– llama a Madero “soldado de la libertad y el progreso” y “luchador infatigable para la causa de la libertad”, tal como señala Alejandro Rosas Robles.

Y por su parte Raúl, quien además era el hermano pequeño de Madero que había perdido la vida a los cuatro años, muestra una madurez inusitada al momento de alentar al caudillo a la lucha.

“San Pedro, octubre 21/1907 Querido hermano: La lucha se acerca; para ti realmente va a principiar desde que empieces a escribir tu trabajo que tienes en preparación. Antes de la lucha pueden adquirir un gran desarrollo todas tus fuerzas, a fin de que desde la primera acometida sea mortal para tu enemigo, pues si empiezas la lucha débilmente será a la derrota a donde marcharás con seguridad y aunque después de mucho tiempo vuelvas a rehacerte, habrás perdido la principal oportunidad de prestigiarte y después tu voz no tendrá el mismo peso, y tú dejarás incompleta tu obra. ¿Qué tan incompleta será? Depende de lo más o menos fuerte que estés cuando principie la lucha. Durante la lucha, indudablemente te crecerás, pero este crecimiento será proporcional al punto de partida, y sobre todo lo será en cierto sentido, pues hay ciertas fuerzas que se adquieren cuando el espíritu está en calma, en reposo completo, y ésas son las más importantes, las más útiles, son las que después pueden tener gran desarrollo durante la lucha. Querido hermano: No olvides que si acaso desperdicias esta oportunidad de vencer, quizá ya no sea posible que mis ardientes deseos se realicen. Al decirte esto, siento una emanación muy superior a la que tú mismo sientes…”.

Raúl

Aquí, sólo se ha expuesto un pequeño fragmento de la relación de Francisco I. Madero con la doctrina espiritista, pero las comunicaciones de los diarios espiritistas, lejos de toda charlatanería, consolidaron las ideas de Madero para derrocar a Porfirio Díaz y le dieron claridad a sus pensamientos democráticos. Desde luego, resulta interesante considerar un momento, que estos “espíritus” contribuyeron a las ideas que darían pauta a la Revolución Mexicana.

Una cosa más. Francisco Ignacio Madero, no fue el único revolucionario que tuvo un acercamiento con estas ideas, como señala José Gil Olmos en su libro Los brujos en el poder, también Felipe Ángeles, Plutarco Elías Calles, José Álvarez y Álvarez, José Luis Amezcua, Juan Andreu Almazán y muchos años después de la revolución, el propio Miguel Alemán Valdez eran aficionados de consultar a los espíritus del más allá.

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