(Especial)

Carlos Fuentes es uno de los mayores exponentes de la literatura mexicana –nos guste o no– alrededor del mundo. De hecho, es considerado parte del llamado Boom Latinoamericano al lado de Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, sólo por citar a los autores más representativos de ese movimiento literario.

El Boom Latinoamericano es un fenómeno editorial que ocurrió durante la década de 1960-1970 y, si bien, todas las voces de esta generación son muy distintas, la mayoría tenían (incluso, sin proponérselo) un rasgo en común: volver América Latina un sub-continente exótico y misterioso para el público europeo y anglosajón. Así, novelas como Cien Años de Soledad o Pantaleón y las visitadoras, muestran un continente rico en imaginación y paisajes exuberantes.

Tal vez, muchos asocien a Carlos Fuentes con novelas como La región más transparente, Gringo Viejo o Tierra Nostra, sin embargo, el escritor mexicano tiene un registro que va más allá de la novela histórica, y que llega a la literatura fantástica.

Lo cierto es que en un lugar como México y Latinoamérica, el siglo XX fue abundante en este tipo de literatura, un poco porque existió Jorge Luis Borges, otro poco porque la dicotomía cultural ayudó a que la conquista del continente por parte de los españoles y portugueses generara que las historias prehispánicas se mezclaran con las europeas, y existiera un caldo de cultivo ideal para que la imaginación diera rienda suelta a este tipo de historias.

A continuación te presentamos tres relatos imprescindibles de Carlos Fuentes que tienes que leer si eres fanático del género fantástico.

Tlactocatzine, del jardín de Flandes

Los días enmascarados es el nombre del primer libro publicado por Carlos Fuentes, y casi todo cualquier libro primerizo es una obra irregular. Pero, dentro del volumen existen dos relatos que muestran lo mejor del imaginario de Fuentes como escritor de literatura fantástica. El primero de ellos es “Tlactocatzine, del jardín de Flandes”. En este relato el protagonista llega a cuidar una mansión y, utilizando la escritura diarística –uno de los recursos más utilizados en la literatura fantástica–, nos introduce a una historia donde un fantasma pasea a través de un jardín en el cual nunca deja de llover. Al final, la historia no carece de ingenio y nos remonta a un pasaje histórico de la vida del México convulso del siglo XIX.

Chac-Mool

Los recursos estilísticos de este relato no distan mucho de los de “Tlactocatzine”. El narrador de la historia es un amigo de Filiberto, un sujeto que –desde las primeras líneas nos enteramos– murió ahogado en las playas de Acapulco y qué es víctima de una maldición relacionada con el Chac-Mool, una estatua prehispánica atribuida a la cultura Tolteca-Maya. Pensando en algo así como el Golem, el Chac-Mol cobra vida y persigue a Filiberto a lo largo de todo el relato. Lo mejor del cuento es el humor que rodea a toda la historia. Una escena que me parece de lo más divertida es cuando el Chac-Mool utiliza la bata de Filiberto para estar en su casa.

Aura

Tal vez sea el relato fantástico más conocido de Carlos Fuentes, porque en algunas escuelas católicas su lectura fue prohibida a inicios del nuevo milenio. ¿Por qué? Por su contenido erótico, y su supuesta incitación a rituales satánicos y a la brujería. Muchos críticos consideran que Aura es una copia del cuento de “La cena” de Alfonso Reyes. Sin embargo, Aura tiene sus peculiaridades. Por ejemplo, el relato está escrito en segunda persona (uno de los registros de escritura más complejos de lograr).

En Aura, un periodista encuentra un anunció en un periódico que parece estrictamente dirigido a él, así llega a una casa donde vive una anciana que le pide revisar y poner en orden los papeles de su difunto marido por una cantidad bastante generosa. El protagonista acepta y mientras hace su trabajo se da cuenta que en la casa también vive una joven llamada Aura, de la cual queda totalmente prendido. Poco a poco, todo se empieza a volver más y más raro hasta que llegamos a un punto donde el terror y el erotismo se apoderan de la escena para revelarnos un final perturbador.

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Estos no son los únicos relatos fantásticos de Carlos Fuentes, la mayoría se encuentran reunidos en una antología llamada Cuentos sobrenaturales, aunque faltan algunos que son francamente menores, como esa fallida y ridícula (no a propósito) historia llamada Vlad, que imagina al famoso conde Drácula viviendo en México.

Lo mejor de Carlos Fuentes está en sus primeros libros y en sus novelas de largo aliento, al final, volverse una figura pública muy reconocida, y ocupar distintos cargos diplomáticos provocó que su obra viniera a menos. Pero no deja de ser uno de los autores mexicanos más prolíficos que ha dado este país.

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