El proyecto futurista dejó de ser viable al duplicar el costo previsto en tan sólo dos años.

El pasado 13 de septiembre del 2013, el Comité Olímpico eligió a la ciudad de Tokio como la sede para celebrar los XXXII Juegos Olímpicos, siendo así la segunda vez que este evento se celebrará en la capital nipona. Uno de las cartas fuertes para asignarle este honor a la nación del sol naciente fue el proyecto de la arquitecta británica Zaha Hadid (celebre por haber diseñado el Centro de Arte Contemporáneo Rosenthal en Ohio y el Pabellón Puente en Zaragoza, España) en donde vislumbraba un espectacular estadio parecido a una nave espacial.

El costo previsto para este increíble estadio (que contaría con una cubierta hecha de materiales textiles con la capacidad de retirarse para los eventos al aire libre, además de ser sostenible y re utilizable para eventos posteriores) era de 1,000 millones de dólares. Para estas fechas, debido a fallas de planificación y diseño, ya se había gastado el doble de lo que inicialmente iba a costar.

Pero este motivo, el primer ministro japonés Shinzo Abe decidió cancelar el proyecto, aceptando la falla como un error de su administración pero a la vez un gran acierto al cancelar el proyecto a tiempo para crear uno nuevo y llegar en tiempo y en forma a la cita de los Juegos Olímpicos que se llevarán a cabo en 5 años.

fuente The Wall Street Journal

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